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El bucle opositor

Alejandro Páez Varela

Herido de una costilla a otra, el bloque opositor no ha podido reorganizarse aunque ha hecho algunos intentos de acciones conjuntas. En 2021, en la elección federal donde tenía posibilidades de recuperarse (en las intermedias pierde casi siempre la fuerza en el poder), cedió territorio y apenas con mentiras piadosas pudo maquillar su debacle. Pero su realidad es muy difícil. Tan difícil, que cuando Marko Cortés hablaba de una catástrofe para el PAN en 2022 se quedaba corto porque sus socios caminan hacia su desaparición. Si el PRD llega con registro al 2025 será un milagro. Y si el PRI retiene dos gubernaturas antes de las presidenciales de 2024 deberá agradecérselo a la vida.

El bloque opositor lleva años en un bucle. Da vueltas y vueltas en un espiral descendente, repitiendo sus mismos errores. La única novedad que agregó en años recientes fue la incorporación de los patrones a sus filas, lo cual no es un logro sino un acto de mínima honestidad: los grandes capitales han condimentado el caldo de los políticos durante décadas, llámense Roberto Hernández o Claudio X González. Lo demás es lo mismo. La oposición no quiere reinventarse. Y así, con sus mismos errores y sus mismas dolencias crónicas, intenta fundirse en un mismo cuerpo, cansado y artrítico, que no puede aspirar a más. Y este diagnóstico se conoce internamente pero se tapa hacia afuera, como el vendedor de fruta que pone la rosita en la tapa y esconde abajo la que se pudre.

Me extraña la imposibilidad de la oposición para ver más allá de sus barbas. Presiona a López Obrador justo por donde el Presidente resolverá: el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, las medicinas, la infraestructura (Tren Maya, Dos Bocas, Transístmico). Enumero únicamente de lo más visible. Parece no conocer y no entender al Presidente. Contra viento y marea, este Gobierno entregará toda esa obra. Y cuando menos lo piense el bloque, AMLO estará inaugurando una a una esas obras que son históricas y, como sucedió con la meta de vacunación, los críticos no tendrán otra opción que cerrar la boca y apechugar. Lo he dicho antes: así pasó en la capital con, por ejemplo, los segundos pisos.

Y es curioso que el bloque opositor no aprieta por donde hay una debilidad sistémica: el combate a la corrupción. Más allá de los lugares comunes (que Felipa, que Pío), no tiene un discurso unánime en esa materia. Y podría. Contra todo lo que el Presidente desea, la Fiscalía General de la República (FGR) (y su ente anticorrupción), la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), la Secretaría de la Función Pública (SFP), el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) y la Auditoría Superior de la Federación (ASF) no operan como un solo cuerpo y los resultados son apenas notorios, aislados y muy focalizados. Por distintas razones, estas oficinas no están articuladas y por sí solas tienen deficiencias institucionales (incluso formales) para ir por su cuenta. Y en tres años de 4T no han mostrado músculo.

Pero la oposición está metida en un bucle. Le meten toda la fuerza a temas que el Presidente va resolviendo y luego se ve obligada a guardar silencio. Decían que la falta de ortodoxia económica de AMLO nos llevarían a una crisis espeluznante, a más deuda, a inflación y etcétera, y que todos esos ladrillos –como el anuncio de 2006– desplomarían al país porque “AMLO es un peligro para México”. No sucedió. Apenas hablan ya de eso. Otro ejemplo: Felipe Calderón sacó una tabla donde “demostraba” que nos vacunarían en no sé cuántas décadas. No fue así. Ya no habla de ello y se veía contento –y cómo no, qué alivio– cuando se vacunó.

¿Por qué los críticos en los medios y la oposición no han desencadenado una campaña contra Alejandro Gertz Manero, como sí lo han hecho contra lo demás? Es una pregunta con varias respuestas. La principal es que no comen lumbre: quién de ellos, en su sano juicio, pediría que el brazo anticorrupción de la 4T funcione. Es como si los condenados a muerte en una prisión medieval criticaran a gritos a su verdugo por haber engordado o porque le queda feo el capuchón negro. Piénselo. Calderón y Vicente Fox nunca han calificado de ineficiente a Gertz Manero. Ni lo harán. Para que el Fiscal sea eficiente se necesita que vaya por ellos. Yo dudo que los persiga (y esa es otra respuesta a la pregunta de por qué lo tratan tan bien si es tan ineficiente): Gertz Manero es parte del mismo sistema que se le pidió sanear.

Sin embargo, la oposición como un todo ha caído en un círculo vicioso, una espiral, un bucle eterno en el que critica… y se ve obligada a guardar silencio porque le cierran la boca. Y la materia donde puede criticar no la toca porque si la toca, le muerden la cola. Por eso vemos a una oposición obsesionada con pocos temas. Las tendencias “críticas” que levanta en las redes, una semana cualquiera, son las mismas de antes de la pandemia: Ovidio, Felipa, Pío, la mamá de “El Chapo”. Los que más odian al Presidente (y, a mi gusto, los más estúpidos y con menos vocabulario) lo llaman “cacas” porque AMLO le dijo a los muchachos que unirse al crimen organizado no era “cool”, que era caca, algo que muchos pensamos. Pero hasta allí. Un bucle de pocos temas y pronto perderán varios de ellos. Creo que Dos Bocas, Tren Maya, AIFA y Transístemico dejarán de ser materia (como la economía o la vacunación) apenas se presenten.

En fin. Para mí, al ritmo que van los días, la mayor deuda de la 4T será en justicia y seguridad. La impunidad se enseñorea. Prendieron la luz antes de tiempo (sea a propósito o no) y las ratas corrieron a esconderse y así han estado tres años. Al sistema judicial no le han quitado una sola pluma. Los jueces podridos siguen donde estaban. Se da amparo a los que tienen dinero o poder político. Se mata a quien se quiere matar y pocas veces los asesinos pagan.

Pero la oposición no toca muchos de esos temas porque si los toca, le rompen en hocico. Entonces se cicla en lo mismo: Ovidio, Felipa, Pío, la mamá de “El Chapo”, Dos Bocas, Tren Maya, AIFA. Y en temas coyunturales: Reforma Eléctrica, algún escandalillo de poca monta, Presupuesto de Egresos, una palabra en un discurso, una letra mal dicha. O enchuecan la torre de control en una foto para tener materia. O truquean la foto del hijo del AMLO para que vista Armani o cualquiera de esas marcas caras. Nada, pues. Ah, y no hablan de corrupción, como debieran. Y no hablan porque si hablan, les rompen el hocico. Y entonces el bucle se vuelve eterno. Un bucle opositor, eterno. Y así quieren ganar elecciones. Así ganarán un carajo, como bien saben.

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