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Editorial

Del diálogo a la acción

Hace años Gabriel Zaid reflexionó acerca de cómo encauzar la presión ciudadana sin desviaciones partidistas, sin demagogia, sin perder absurdamente el tiempo ni provocar represalias peligrosas, y dijo: “No hay una solución, sino muchas, según las circunstancias y creatividad de cada quien”. Hoy, varias compañeras feministas se preguntan cómo encauzar la energía de las protestas con diamantina, pero sin destrozos y construyendo opciones políticas con sentido de responsabilidad.

El sábado 31 de agosto, dos semanas después del ya histórico viernes 16, un grupo de feministas convocó a un “Diálogo ciudadano entre mujeres todas de la CDMX” en la Capilla del Colegio de San Ildefonso. El objetivo fue, en palabras de las organizadoras, “registrar las coincidencias y los disensos que ayuden a definir una agenda conjunta sobre el acceso a la justicia y el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia en esta ciudad”. Su manera de trabajar fue establecer cinco mesas, a partir de los temas presentes en las expresiones públicas recientes de organizaciones feministas y colectivas de mujeres, o sea, en lo expresado en las demandas y pliegos petitorios.

En cada mesa el trabajo consistió en hacer un análisis de las problemáticas, plantear propuestas de solución y, finalmente, identificar a las autoridades y sectores responsables. A la semana circuló el documento “Agenda del diálogo ciudadano entre mujeres todas de la CDMX”, resultado del trabajo colectivo. Es de aplaudir el esfuerzo que ha implicado esta iniciativa. No es fácil coordinar a grupos y personas disímbolas, por muy feministas que sean.

Las distintas trayectorias, ideologías e incluso edades producen maneras diversas –algunas muy contrapuestas– de entender la política feminista. Cada quien interpreta la problemática según lo que le ha tocado vivir. Y no obstante que valoro el trabajo de articulación que han logrado, luego de leer el documento de 10 páginas (no estuve presente ese sábado) he recordado algunos de los señalamientos pragmáticos de Gabriel Zaid.

Zaid también recomendó: “Hay que medir los propios recursos y la capacidad de sostener una acción terca mucho tiempo”.

Y aunque al menos las cinco coordinadoras han demostrado su compromiso y persistencia a lo largo del tiempo, no sé si eso baste, pues también Zaid previno: “Hay que evitar las metas indefinidas, excesivas o imposibles”. Por eso él continúa: “Cualquiera que pretenda acabar con toda la incompetencia, irresponsabilidad y corrupción fracasará”, y propone definir metas acotadas para lograr el éxito.

Hace años Rossana Rossanda, al hablar del movimiento de las mujeres lo definió como un impulso, una oleada, una marea, por lo cual no tiene los límites ni las reglas de una organización política.

Rossanda pensaba que de ahí venía la dificultad que ha tenido el movimiento de las mujeres para garantizarse una contractualidad, o sea, para ser capaz de “acotar” y avanzar unos pasos. La capacidad de dialogar y llevar a cabo acuerdos y pactos es inseparable de la disposición a hacer política. A esta intelectual y militante italiana le preocupaba si sería posible “liberar la política feminista de la abstracción” y “restituirle inmediatez y humanidad”, sin que por ello perdiera “su capacidad de comunicación y su aliento colectivo”. En México existen muchos feminismos, y no obstante a todos les duele, indigna y preocupa la violencia; y en ocasiones sus distintas formas de accionar –y reaccionar– llegan a chocar. A veces el exceso de discurso utópico liquida la posibilidad de avanzar en lo posible, y sin algo de adhesión a lo posible, de búsqueda de lo posible, no podemos hacer de la política una dimensión humana. Tal vez con menos objetivos y más acotados se podría avanzar más colectivamente.

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