Consejos (no pedidos) al
presidente
Raymundo Riva Palacio
Aunque parezca imposible, en
tres semanas desde que se dio el culiacanazo,
el presidente Andrés Manuel López Obrador no aprendió nada sobre manejo de
crisis y ordenamiento del mensaje. Todos los días da tumbos, aumentando por
horas de manera unilateral su número de enemigos, y hundiéndose en el pantano.
Nadie le ha dicho que cuando cae en arenas movedizas hay que moverse despacio,
y él mismo es muy refractario al aprendizaje continuo, por lo que sigue nadando
a toda velocidad. La matanza de la familia LeBarón, con sus inéditos grados de
crueldad, le agregó problemas al enorme de sí que ya tenía en México -por su
docilidad ante los cárteles de la droga y la inaplicación de la Ley-, pues al
ser un crimen contra ciudadanos estadounidenses, se involucró el gobierno, el
Congreso, los medios y la sociedad estadounidense. En este caso, también siguió
López Obrador sin moverse un ápice.
Los medios de comunicación
en Estados Unidos siguieron tundiendo el jueves al presidente por la catástrofe
de su estrategia de seguridad, diagnóstico ampliamente compartido en México,
que escaló a niveles con voces en The New
York Times, el periódico más influyente del mundo, sugiriendo que este país
se iba rumbo a ser un estado fallido, que es un concepto que no se utilizaba allá
desde 2005, cuando el narcotráfico floreció durante el gobierno de Vicente Fox
-por hacer lo mismo que López Obrador: no combatir a los cárteles de la droga-,
y el Pentágono preparó un informe donde anticipaban ese destino para los
mexicanos. Es la primera vez en el gobierno del presidente Donald Trump que
todos los actores políticos y sociales en su país, están alineados en un tema.
La reacción que han tenido en
Palacio Nacional, es que parecieran sentirse acorralados. El lenguaje
crecientemente ácido del presidente contra los medios, clasificados
oficialmente por él como “adversarios” –sinónimo de enemigos-, va acompañado
por su inocultable irritación mañanera. No hay quien lo pueda calmar porque
López Obrador es un peleador que goza de mantener la fricción en la relación
con sus interlocutores y disfruta el enfrentamiento. Le funcionó en el pasado
porque era el opositor de todos y la victimización le funcionaba. Ahora como
presidente, la victimización tiene un efecto contrario, y a quien ataca
fortalece, como ha sucedido paradójicamente con su némesis, el ex presidente
Felipe Calderón. Con Calderón ha sucedido lo que positivamente pasó con él
cuando Fox quiso meterlo a la cárcel: como no lo mató políticamente, lo
fortaleció. Sugerirle que es mejor ignorarlo que enfrentarlo, no es lo único
que podría hacer. Hay otros consejos no pedidos por el presidente, que podría considerar:
1.- No debe tomar como
ejemplo inverso la inacción del presidente Enrique Peña Nieto cuando el crimen
de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala. Quince días de inacción y otros
de dubitación, hicieron que un crimen municipal que debió quedarse encapsulado
en Guerrero, se convirtiera en un crimen de Estado. Al irse al otro extremo, la
sobreexposición de López Obrador le ha provocado tres semanas de caída
sostenida en aprobación. Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, considera
que la caída del presidente será de alrededor de tres puntos. Ayotzinapa le
costó a Peña Nieto, pero no en el corto sino en el mediano plazo. Es decir, si
se confirma la caída, estadísticamente será monumental.
2.- No puede atrapar todos
los negativos todo el tiempo. El culiacanazo,
con todo el desorden de versiones encontradas del gobierno para explicar lo
inexplicable, desarrollado en este espacio en los últimos días, debió haberlos
centrado en cómo administrar una crisis y unificar el mensaje. Sin embargo, prueba
el caso de los LeBarón, el gobierno sigue entrampado en su insaciable vocación de
ocupar todos los espacios, aunque no le pertenezcan. Pese al horror de la
masacre y la utilización de armas prohibidas en México, mientras la Fiscalía
General no lo atraiga, es un delito del fueron común –tipificado como homicidio-,
cuya responsabilidad recae en la Fiscalía de Sonora. Por eso, es inaudito que fuera
un general -¿porqué volvió a meter a los militares en lo que no les compete?- quien
divulgara los primeros peritajes del asesinato colectivo -¿no debía hacerlos el
fiscal de Sonora y una autoridad civil?- que, además, contradice las primeras
versiones oficiales. La síntesis del desastre comunicación de Palacio es eso:
su versión oficial contradice su otra versión oficial.
3.- No debe mantenerse en la
negación absoluta de la realidad que lo atropella todos los días. El caso
LeBarón requiere una estrategia (real) de comunicación política. El presidente dejó
escapar la iniciativa de ponerse en contacto con Trump, no al revés, para
informarle lo que había sucedido con sus connacionales. El canciller Marcelo
Ebrard debió haber hecho lo mismo con el secretario de Estado Mike Pompeo. No
fue, ni tampoco impidieron las amenazas intervencionistas de Trump. Siguen
dejando el campo abierto. Urge que Ebrard y la embajadora Martha Bárcena, busquen
entrevistas en los medios de comunicación de ese país y acudan a los populares programas
de análisis dominicales, para evitar que los sigan quemando a fuego rápido.
4.- Debe entender que el
fusible no es él. Esta semana que termina ha sido prolífica en desatinos.
Administrar su voz y manejar de manera más inteligente los silencios le ayudará
mucho a recomponerse internamente y mejorar su comunicación externa. Tiene, por
lo mismo, que huir de los temas de seguridad y dejar que sean otros los que se
desgasten, porque en esos asuntos, debe entender, nadie sale bien librado.
El presidente quiere
absorber todo, por autoritario, por vanidoso, porque no confía o por lo que
sea. Eso no le da rendimientos. Encapsularse todavía mas, es aislarse más. Es
tiempo que empiece a admitirlo.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
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