ARTÍCULO DE OPINIÓN 40 – Implementan Evelyn Salgado y Esthela Damián estrategia “Reconecta con la Paz” en Guerrero

Ricardo Castillo Barrientos

La reciente visita de la Consejera Jurídica del Ejecutivo Federal, Esthela Damián Peralta, a su tierra natal Chilpancingo para llevar a cabo la implementación de la estrategia “Reconecta con la Paz en Guerrero”, generó múltiples opiniones favorables por la trascendencia de este programa nacional impulsado por la Presidencia Claudia Sheinbaum, con el objetivo de reintegrar a jóvenes en situación de vulnerabilidad a la vida social. 

La estrategia federal implementada en el país por la maestra Damián Peralte busca reconstruir el tejido social y reducir la incidencia delictiva en jóvenes de 12 a 35 años que cometieron delitos no graves y que podrían estar a expensas de grupos criminales de incorporarlos a sus filas.

El programa federal ofrece oportunidades educativas y laborales, acompañamiento social y actividades comunitarias como alternativas de reinserción social y transformación personal, tendiente a romper el circulo vicioso de la violencia. Esta estrategia se suma a otros esfuerzos de seguridad y paz mediante el reforzamiento de la coordinación interinstitucional.

La Consejera Jurídica de la Presidencia de la República fue recibida en Casa Guerrero por la gobernadora Evelyn Salgado Pineda y funcionarios del gabinete estatal, donde la mandataria estatal estableció el compromiso de participación de todas las dependencias del Gobierno del Estado, a fin de ofrecer resultaos tangibles en beneficio de jóvenes guerrerenses que desviaron el camino, truncando transitoriamente sus aspiraciones, oportunidades educativas y laborales.

La chilpancingueña Damián Peralta, es la funcionaria guerrerense más desstacada en la política nacional, mantiene una estrecha cercanía con la Presidenta Sheinbaum, con quien viene trabajando y le ha otorgado responsabilidades de primer nivel en el gobierno de la Ciudad de México y actualmente, en el gabinete presidencial.

La presencia en Guerrero de Esthela Damián Peralta vino echar por tierra algunas voces discordantes que cuestionan un supuesto desarraigo en la entidad, mientras importantes segmentos de guerrerenses le manifiestan admiración y reconocimiento por su vocación de servicio en las altas esferas del poder público a favor de miles de jóvenes mexicanos, a través de programas orientados a la reconstrucción del tejido social y la paz pública.

En los últimos meses se viene mencionando con insistencia que Damián Peralta se perfila como la inminente sucesora de la gobernadora Evelyn Salgado, porque reúne las características idóneas en este momento crucial de Guerrero, en lo referente a la grave problemática de inseguridad prevaleciente, afectando a miles de familias de todos los sectores sociales.

Se tiene previsto que en breve, Esthela Damián habrá de presentar su renuncia al alto cargo que desempeña para aceptar la candidatura de MORENA a la gubernatura del estado, después que el CEN dé a conocer los resultados de la encuesta que habrá de favorecer a la abogada chilpancingueña, por ser la aspirante que ha venido sumando el mayor número de simpatizantes de los diversos sectores sociales.

La relación Prensa-Poder en Guerrero -Tinta Jurídica

Dr. Trinidad Zamacona López.

“En todos los gobiernos existen las áreas de comunicación social, un espacio en donde se dice lo que se hace por parte del ejecutivo y sus áreas, es una tarea delicada, que René Posselt, ha sabido dirigir.

A la llegada al gobierno de la Maestra Evelyn Salgado Pineda, la primera mujer en 171 años de existir el Estado de Guerrero, un área que estaba reservado solo para hombres, pero la historia cambió. Desde un inicio nombró de su administración nombró en esa área delicada a René Posselt Aguirre, un profesional apasionado de su encargo, de buen trato, sencillo, por citar solo un comentario en redes, habría que ver la expresión el día que ha cumplido año, como se expresa la ciudadanía de su persona, por ejemplo “Wendy ReymundoCastro, escribió, “Este chavo si me cae bien, es de los pocos que no se ha subido a su tabique. Feliz cumpleaños, conserva tu sencillez”, esto no es obra de la casualidad, se debe esto que expresa la cibernaútica, que sin conocerlo de manera personal, pero lo ve en su función; y así la mayoría de los que expresan su felicitación para este servidor público sencillo y de buen trato.

El área de comunicación social, tiene que ver con el derecho fundamental de los ciudadanos, a estar informados de lo que hace el gobierno, cómo lo hace, dónde lo hace, con qué lo hace, a eso se le llama comunicación estratégica, lo que debe de cuidar su titular en cada acto que la mandataria realiza.

El que esté al frente de la Comunicación Social, en cualquiera de los Estados o del País, debe de cuidar la relación Prensa-Poder, esa relación entre el poder y la prensa en Guerrero y en México debe basarse en el respeto mutuo, con los directores de los medios de las plataformas digitales, los periodistas independientes, columnistas, o comentócratas, con todos ellos la relación debe de ser con transparencia y la rendición de cuentas, garantizando la libertad de expresión sin censura ni hostilidad, así se lleva en la actualidad con el actual titular, en una democracia participativa, el periodismo funciona como contrapeso para vigilar al poder político, requiriendo un distanciamiento crítico en lugar de complicidad o subordinación, no se habla bien de todo lo que se hace, pero se resalta el respeto a la diversidad de opinión, Posselt Aguirre, lo realiza con una cirugía milimétrica, cuidar lo que se difunde, lo bueno, lo malo pero sobre todo aquello que puede perjudicar a los Guerrerenses. Raúl  

Qué aspectos claves se deben de cuidar y aplicar para una relación democrática, con la relación Prensa-Poder, en la actualidad, son más las plataformas que existen en Guerrero, que empresas periodísticas, son más los periodistas independientes que escriben de manera libre, la relación de respeto es con todos que se cuida, la relación, privilegiando el respeto a disentir, la libertad de expresión, esta garantizada en la entidad, porque se evita la descalificación y el lenguaje hostil desde el poder hacia los periodistas, la descalificación, y la persecución por la forma de opinión, o la forma de escribir lo que se hace en el gobierno. 

En Guerrero se reconoce, desde la Dirección de Comunicación Social, el derecho a la información, no solo de los Guerrerenses, si no el derecho de respetar lo que se por los periodistas que tiene la nota todos los días, se ejerce el periodismo con transparencia activa y acceso a datos oficiales, sin fobias a la escritura, a la crítica, a la opinión diversa, eso ayuda para mejorar y corregir errores, en la función pública, cada dependencia informa, cada servidor público ayuda con los datos que aporta de su función que realiza, todo se cuida, un error puede ser lo malo de gobierno, pero un descuido de lo que no se revisa, todos trabajan para un Estado, pero existe una área que se dedica a difundir lo bueno de lo que se hace y se dice, y esa área es la de Posselt Aguirre. 

Otro aspecto que cuida el Director de Comunicación Social es que se blinda el principio de Independencia en la libertada de expresión, es decir los medios deben evitar ser voceros del gobierno, con ese se busca mantener una postura crítica para el escrutinio público, el pueblo tiene diferentes tipos de ciudadanos, en el aspecto social, económica, político, científico, educativo, y la función de las actividades de la mandataria estatal la ven desde diferentes puntos de vista. 

dentro de su responsabilidad en la Comunicación Social, se cuida de que no se den noticias falsas, los canales oficiales deben de informar de manera oportuna, para no caer en las famosa “fake news” (noticias falsas) en Guerrero como en México son informaciones engañosas, inexactas o fabricadas deliberadamente que se difunden de forma masiva, principalmente a través de redes sociales páginas de (Facebook, WhatsApp, X) y sitios web falsos, con la intención de desinformar, manipular la opinión pública, generar pánico o causar daño, la función es de que la prensa debe verificar la información para evitar la desinformación, esa es otra de las funciones que ha desempeñado al pie de la letra el funcionario estatal.

Se ofreció desde la llegada al gobierno un cambio de la forma de cómo manejar la Comunicación Social, el resultado está a la vista, no ha sido fácil, pero imposible tampoco, se busca superar el modelo de complicidad histórica para transitar a una vigilancia cívica, es decir se dejó el modelo en donde los medios evaluaban al gobierno, ahora son los ciudadanos quienes lo hacen de viva voz, en la radio, prensa, televisión, redes sociales, a ellos se les dejó esa función, en la modernidad de las tecnologías, de ahí se toman las críticas para mejorar la relación, Presa-Poder-Ciudadanía; la Comunicación Social es compartida, el derecho del ciudadano a estar informado, los medios de comunicación a informar con veracidad lo que acontece, y el Gobierno garantizando las libertad de expresión, 

René Posselt, sabe que tiene desafíos actuales, primero no distanciarse con los medios de comunicación, garantizar desde su posición de encargado de informar con veracidad, respetar y tolerar la crítica constructiva de aquellos que no piensan igual, y velar porque se cumpla lo que establece el artículo 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, son derechos fundamentales que obligan a que el Estado los respete, pero además de que los garantice, en bien de una sociedad democrática, informada, critica, participativa en la vida social. 

No debe de existir confrontación, aun que vea difícil o compleja, con tantas redes sociales, y cada día más medios de comunicación, con estos compromisos es que la Dirección de Comunicación Social, ha estado en buenas manos, la sencillez de su titular han sido piezas claves para que todo marche en los cánones de la civilidad, en toda función existen riesgos, pero no está en peligro la libertad de prensa ni de expresión, su titular sabe que estos actores enfrentan riesgos por la violencia y amagos políticos, que existen en la entidad, pero sabrá garantizar y proteger a quienes la ejercen, en bien de los Guerrerenses.

Como dato relevante, en el 2023, René Posselt asistió a la clausura de la Facultad de Comunicación y Mercadotecnia de la UAGro, vio de frente a los futuros periodistas, y les dijo; “El mundo profesional es basto en retos y complejidades, pero hoy ustedes egresan, con herramientas para hacer frente a la vida, que los ha formado la UAGro, esto durante la clausura de la generación 2019-2023, que llevó el nombre de “Leticia Jiménez Zamora”, de la Facultad de Comunicación y Mercadotecnia de la Universidad Autónoma de Guerrero, Posselt Aguirre, resaltó que los egresados han dado un gran paso para su formación laboral y personal, por lo que los exhortó a todos a seguir sus sueños y ser un aporte para esta sociedad, agregó que sus conocimientos serán de vital importancia para dar continuidad a los cambios positivos que está viviendo Guerrero, encabezado por la gobernadora Evelyn Salgado Pineda” en esa tesitura el funcionario ha estado, en donde se forman los periodistas, ha conversado con ellos; y el día del periodista, y en de la conmemoración de la Libertad de Expresión, ha estado con ellos, por eso el reconocimiento que tiene en la entidad por su destacado trabajo, de buen trato y más de respeto. Bien por Posselt Aguirre, en horabuena por sus resultados en Comunicación Social. 

Serapio

Jorge Luis Reyes López

“Hay cosas que son muy difíciles en soledad y muy gratas en compañía”. Juan Villoro, El libro salvaje.

Por una calle que un día fue un callejón, los dos hermanos caminaban despacio. Claramente se ve la gran diferencia entre sus edades. Llevan gorras puestas. Las puntas lacias del pelo se escapaban caprichosamente de su prisión transitoria en la cabeza del mayor. El menor tiene un rostro expresivo que contrasta con el de su hermano. Sus ojos parecen querer huir de sus cuencas.

Frente a ellos avanza un peatón. Cuando el menor y el peatón se reconocen, se lanzan miradas de alegría, de picardía y tal vez una que otra maldición cariñosa. Frente a frente, superada la distancia que los separaba, se tornan elocuentes, efusivos. Sus caras revelan la estatura de su amistad.

—¿Sabes quién es? —pregunta, señalando al hermano.

El aludido mira al hombre de bigote, al que las puntas del cabello se le salen por la nuca. Busca en el palacio de la memoria y no encuentra el lugar donde lo vio. Otra mirada barre al enigma. Balta —que así llama al menor de los hermanos— está disfrutando de la congoja ajena. El otro no coopera. Parece una esfinge. Está parado. No mueve parte alguna de su cuerpo. No habla. No sonríe.

¿Quién jodidos es? El caso es que lo conozco, pero no lo recuerdo, piensa el peatón. Algo tiene que ver con el granuja de Balta.

—¡Es Rubén, mi hermano!

¡Claro, eso es! ¡El marido de Margarita! Rota la barrera del reconocimiento, los saludos se precipitan. Rápidamente son invitados a casa de Nely para que la saluden y puedan concertar una reunión con otros amigos.

Entran entre las mesas ocupadas por gente desayunando, atraviesan esa zona y se internan en dirección al patio, pasando por la cocina, rodeando a Rocky, el perro. Salen del pasillo estrecho y desembocan en un patio sombreado por un viejo mango criollo.

Nely y Rubén —otro Rubén— miran al trío, desconcertados por la presencia del peatón que justo unos minutos antes se había despedido de ellos. Reconocen a Balta, pero no a su hermano. Es momento de cobrársela a quienes nada le deben, piensa el peatón.

—¿Quién es? —pregunta, señalando al trigueño delgado que se quedó quieto cerca de Nely, mientras la mujer lo mira de arriba abajo, sentada cómodamente.

Rubén, el profesor, más osado, se apoya en su bastón, se pone de pie sonriendo al otro lado de la mesa y suelta un nombre absolutamente ajeno al del visitante.

¡Suficiente! El guía improvisado ya no quiere esperar. Los tiene en sus manos. No hay duda de que ni remotamente tienen la menor idea de quién está frente a ellos. Lo mismo que le sucedió a él. No fui el único, se consuela para sus adentros.

—¡Es Rubén, el hermano de Balta! —dejó escapar de su boca, satisfecho de la parálisis pasajera que provocó en todos.

Lo que sucedió después fue mágico, alucinante y tempestuoso: Nely, a sus 88 años, se paró misteriosamente rápido, como un cometa fugaz. La esfinge cobró vida. Ante la vista de todos se fundieron en un tierno y expresivo abrazo. Emocionada, la mujer repetía, como si no pudiera creerlo:

—¡Eres tú, eres tú, Rubén!

Nely está al borde de sus sentimientos. Los ojos se le han enrojecido. Toda ella es presa de un remolino de emociones. El profesor, al otro lado de la mesa, esperaba su turno. Se le veía feliz. Entendía el significado del reencuentro y lo gozaba cabalmente.

Los amigos pactaron reunirse dos días después, el jueves, ahí mismo. Intentarían que Rodolfo y Nico estuvieran para esa fecha.

Es jueves. Cuando entro al patio, Nely y Rubén Valencia están sentados en sillas contiguas. Un par de mesas los separan del profesor Rubén y de Nico, con su inigualable continente asiático. Alejado de los dos binomios, Baltasar Cabrera gesticula. Me acomodo entre los hermanos sin mayor recato. El grupo está encarrerado. Solo hay que escuchar y estar atento al hilo de la charla.

—¿Quién le puso “guanábano” al profe? —No sé —respondió Valencia—. Entre la palomilla alguien lo hizo. —¡Fuiste tú! Jaime me lo dijo.

Tema cerrado. La conversación se fue por la tangente.

Cuando los profesores Guadalupe García Ayala, Eustolio Encarnación y Lázaro Ramírez llegaron, dormían en los salones de la escuela en catres de tijera. Eran de jarcia, ese tejido vegetal que hacía las veces de colchón. Bueno, incluso ya casado, el profe Lupe vivió un rato ahí.

—Oye, Nely, ¿bailaste con Panito? —Sí, y con Gilberto también.

La señora, de 88 años, se para. Mueve la cintura, los hombros y los brazos con las manos extendidas, bailoteando hacia adelante y hacia atrás. Una genuina alegría contagia a los veteranos.

—Gilberto era muy bueno para bailar —afirma mientras retoma su lugar en la silla—. Usaba unas camisas de manga larga con olanes. Con él ganamos un primer lugar en una competencia.

—¿Y peleaban, Nely? —Ay, amigo, éramos pesados, junto con Lilia López, la que crió Cheque Arciga.

Vendaval sin rumbo, como dice la canción, es la conversación. Qué me importa tu vida, si la mía es otra.

—Mi madre me dijo que un alacrán puede matar a un elefante —continúa—. Me hierve la sangre nomás de acordarme de esa mujer alta como vara de guamúchil, y yo bajita, gruesecita. Fui a llevar la masa al molino de don Alberto Castro. La chamaca me maltrataba, vieras cómo me tapó de cosas. Entonces me llamó don Alberto y me preguntó: “Nely, ¿le tienes miedo? ¿Por qué permites que te ofenda tanto?” —Está muy grande, don Alberto. —¡No te le rajes!

Y me acuerdo del alacrán y del elefante.

—Oiga, don Alberto, ¿pero qué hago con mi mamá si se entera? —Eso lo arreglo yo. ¡Vámonos recio, cuarranga!

Amigo, que la recibo con un rodillazo a los bajos. Nuevamente la relatora estaba de pie. Y métole un dos: con los puños cerrados dibuja en el aire un jab y un gancho al hígado.

—Ahí se acabó el pleito. Nunca más esa chamaca me molestó.

—¿Y cómo les fue con Toña, la de Hermila? —No, no, ahí la cosa era distinta. Toña Orozco eran palabras mayores. Mis respetos. Un día Lilia me dijo: “Date un cierre con Toña”. —¿Pero cómo crees? —¿Le tienes miedo? —La verdad, sí. Hay que reconocerlo. —¿Por qué no la retas tú? ¡También te arrugas! —Bueno, entre las dos. —No, Lilia, no. Hay que reconocer: nos jode a las dos.

Y nunca peleamos con ella. Toña era pesada. Tenía en un puño al barrio.

El rostro de Nico dice que está divertido. Cuando ríe, una clara línea se dibuja en sus ojos, haciéndolos casi desaparecer. Todos están gozosos. Juntos rebasan los 500 años. Esperan que no pase mucho tiempo antes de que la fortuna les dé la oportunidad de reunirse otra vez.

Políticamente Incorrecto – Lealtades desechables, principios de ocasión

Roberto Camps

Cuando las lealtades se terminan, los principios comienzan a diluirse. Y cuando los principios se esfuman, lo que sigue casi siempre es una cadena de malas decisiones que no sólo desdibujan trayectorias políticas, sino que traicionan las enseñanzas que en algún momento dieron rumbo y sentido a un grupo político.

La política, como la vida, se construye sobre convicciones. No se trata únicamente de ocupar espacios o de sobrevivir en la coyuntura; se trata de sostener una línea de congruencia, incluso cuando las circunstancias cambian.

Por eso resulta oportuno observar cómo, en medio de las definiciones internas que hoy se discuten en Morena, surgen voces que, más que abonar al debate democrático, parecen responder a posicionamientos dictados.

El caso reciente de Sofío Ramírez es ilustrativo. Su declaración contra los lineamientos del Consejo Nacional de Morena —particularmente aquellos que buscan erradicar prácticas como el nepotismo electoral y la reelección— no sólo abre un frente innecesario, sino que revela una contradicción de fondo: se invoca la defensa de derechos constitucionales mientras se desestima el derecho de los partidos a establecer reglas internas que fortalezcan su vida democrática.

Llamar a la movilización contra decisiones partidistas, sugerir litigios y advertir supuestas violaciones a derechos humanos, puede sonar atractivo en el discurso, pero en el fondo erosiona la institucionalidad que se dice defender.

La democracia no se construye a partir de presiones coyunturales ni de interpretaciones a conveniencia; se sostiene en reglas claras, en procesos y en el respeto a las decisiones colectivas.

Más aún, llama la atención el tono de confrontación que se intenta instalar en un momento en el que lo que más requiere Guerrero —y el país— es estabilidad, unidad y visión de futuro. La política no puede convertirse en un espacio de revancha ni en una plataforma para ajustar cuentas personales.

En este contexto, resulta pertinente dejar claridad sobre las posiciones y los deslindes. El ex gobernador Ángel Aguirre Rivero ha sido enfático al respecto. En entrevista concedida a este columnista, precisó sin titubeos: “no coincido absolutamente en nada con las apreciaciones de quien fuera mi colaborador Sofío Ramírez, quien ya no mantiene ningún vínculo o relación política con mi persona; desde hace un buen tiempo él ha tomado su propio camino y sus propias decisiones”.

La declaración no es menor. Marca una línea clara entre una trayectoria política construida desde la responsabilidad institucional y una ruta individual que hoy parece alejarse de esos principios. En política, los deslindes también son definiciones éticas.

Porque al final, más allá de nombres y coyunturas, lo que está en juego es algo más profundo: la credibilidad de los actores públicos. Cuando se pierden las lealtades, no sólo se rompen relaciones; se debilita la confianza. Y cuando se abandonan los principios, se pierde el rumbo.

Guerrero ha aprendido, muchas veces a golpes, que las improvisaciones y las decisiones tomadas desde la visceralidad tienen costos altos. Por eso hoy más que nunca se requiere mesura, responsabilidad y una profunda convicción democrática.

La política no es para los que reaccionan, sino para los que construyen. Y construir implica, ante todo, no olvidar de dónde se viene ni traicionar aquello que alguna vez se defendió

Sofío tal vez, ingenuamente, cree que lo premiarán con algún cargo de representación popular.

Si cree eso se sobreestima, nada más alejado de la realidad: la dirigencia nacional y la propia Presidenta de la República ha tomado nota de quienes asumen posturas de chantaje, y no han entendido que Morena lo que pretende desterrar son los viejos vicios que tanto daño le han hecho a la política.

SERAPIO

Jorge Luis Reyes López

La tarde anterior, Lapo y Roberto conversaron entusiasmados. Había una idea general del tema comentado. Roberto no estaba satisfecho. Ahora su atención, su curiosidad, era saber más de la esposa de Montenegro. Así lo dejó claro. El abuelo carraspeó y se frotó la oreja antes de empezar.

La referencia más añeja que tengo es de la pareja formada por Jorja Moreno Pérez y Constancio Rosas Rumbo. No fue una gran descendencia. Solo tuvieron un hijo, Julián. Las demás fueron mujeres. Una de ellas, Nicha, vivió toda su vida con Agustín Sotelo. Nunca procrearon. Agustín iba y venía en una bestia mular; vivieron en el barrio del Mitote. Toña inició a su familia en el oficio de la panadería, panes que se horneaban a la manera artesanal de la época. El domicilio lo tenía en la actual calle Catalina González, que por cierto no tengo ni la menor idea de quién es o por qué bautizaron la calle con ese nombre.

De Julián se dice que murió tratando de poner orden en el pueblo donde vivía. Con Luisa Mercado Bracamontes tuvo hijos: Florinda, Lucía, Juan y Gabriela. Esta última fue la esposa —hoy viuda— de Felipe Reyes Montenegro.

Cómo son las cosas, amigo Roberto. A mí no me llaman mucho los deportes. Sin embargo, en esos años había dos jóvenes beisbolistas con mucha categoría, poderosos y elegantes. Ambos jugaban en la posición de cátcher. Uno, Darío Reyes, y el otro, Félix Rosas. La Güela era hermano por parte de padre de Gabriela. Así las cosas, el beisbolista fue cuñado de Montenegro. El sobrenombre se lo ganó a pulso: no podía pronunciar la palabra “abuela”, entonces balbuceaba “güela”, y Güela le quedó.

Las calles de la ciudad tenían historia. Se extendían y se comunicaban, conectando sucesos, familias, épocas. Absorbían como esponjas el pasado, dispuestas siempre a ser exprimidas y compartir su memoria. Montenegro, sus hijos y su esposa podían caminar una cuadra en dirección al norte, una vez que habían salido de su casa. Una cuadra después doblaban a la derecha y, en la esquina de la primera cuadra, encontraban el primer rastro filial. Siguiendo por la misma calle, hoy llamada Catalina González, llegaban a la esquina donde vivía Jorja, la abuela de Gabriela, la matriarca del clan Reyes Rosas.

Frente a esa esquina se extendía una mancha verde integrada por palmeras de coco, árboles de mango criollo; los guanábanos esparcían un dulce olor cuando alcanzaban la madurez; las guayabas caían, a veces, rebosando los límites de su plenitud, abriéndose al chocar con el suelo y ofreciendo una desagradable vista cuando los gusanos de color amarillo salían arrastrándose del interior de la fruta. Los limoneros no solo aportaban la oportunidad de refrescarse con una fresca agua de sabor: sus hojas hervidas producían un oloroso té. Toda la mancha verde se prolongaba hasta llegar a la escuela Vicente Guerrero. La masa verde marcaba la frontera donde terminaba el caserío. Ahora esa calle tiene el nombre de Vicente Guerrero y los frutales desaparecieron.

El sacamuelas guardó silencio solo un momento. Pensativo, expresó lo fácil que resulta conectarse con la gente cuando los pueblos son chicos. Ese Zihuatanejo era un libro abierto. Los descendientes del matrimonio Reyes Rosas se han convertido en un tejido social con vasos comunicantes con apellidos como los Sotelo, González, Obregón. El pueblo se convirtió en ciudad. Los nietos han volado y construido nidos. Sí, así es, Roberto. Cada calle trae lo suyo. Es importante alimentar la memoria histórica de las comunidades.

Montenegro no tenía el negocio en una esquina. Tradicionalmente, las esquinas son codiciadas. En las actuales calles de Ejido y Cuauhtémoc estaba un próspero negocio de frutas y verduras. Los dueños eran Juan Ayvar y Gudelia Pineda. Enfrente, en la otra esquina, vivía el matrimonio formado por Federico Ruíz y Francisca Olea. Con el paso de los años, los hijos varones pusieron negocios: Irlaín vendía esquimos muy demandados por niños, jóvenes y adultos.

La vivienda de la familia Ayvar-Pineda tenía dos esquinas: una sobre la calle Cuauhtémoc y la otra en la Hermenegildo Galeana. Lo mismo sucedía con la casa de la familia Ruiz-Olea. En las esquinas de Cuauhtémoc y Juan N. Álvarez, dos negocios bien socorridos: Las Landitas —su apellido era Romero— vendían dulces. Las aguas frescas de tamarindo eran codiciadas por los estudiantes de la escuela primaria Vicente Guerrero, que aprovechaban el recreo para saciar su deseo. Al otro lado de la acera, la tienda de don Salvador Espino tenía una variedad de ofertas. Fue en su terreno donde se estableció la primera gasolinera.

Sí, las esquinas tienen su encanto. Aunque la fascinación estaba en cualquier parte en ese pueblo que era auténticamente mágico. El antiguo cine Janeiro, sobre la actual calle Juan N. Álvarez, por supuesto que estaba a mitad de cuadra. La diversión también se vivía en la orilla del caserío. Esto corría por cuenta de los síncaros, a quienes los habitantes simplemente nombraban como húngaros.

El cine improvisado se montaba en Las Salinas. Cada espectador llevaba su silla, banco o lo que le sirviera como asiento. Un gran lienzo blanco de tela hacía de pantalla. La función obligadamente iniciaba cuando el día moría. La planta generadora de energía eléctrica se encendía. La fantasía estaba a punto de sorprender al público. Del proyector, una luz en forma de cono salía y pronto la distancia entre el aparato y la habilitada pantalla era alcanzada. La audiencia estallaba en algarabía. Las imágenes en blanco y negro se apoderaban de la sábana. Héroes y villanos eran aplaudidos por igual. Así, cada visita de los húngaros traía alegría a la comunidad. Reafirmaban la popularidad de actores y actrices mexicanas. El Llanero Solitario y Toro, a la par de Tarzán, eran las películas extranjeras más ovacionadas.

¡Uff, Lapo! ¡Qué paseo! Desde Montenegro hasta Toro, pasando por Tarzán. Así era Zihuatanejo, ¿qué quieres que haga?

SERAPIO

Jorge Luis Reyes López

—¿Qué comes? —¡Tolondrones pa’ los preguntones!

La respuesta de Lapo desató las carcajadas de Cruz. Entre ellos esas chanzas eran permitidas. Entrados en años los dos, habían tejido una sólida amistad basada en la franqueza. Hombres claridosos que no sentían la obligación de decirle incondicionalmente “sí” al otro. Eso sí: acostumbrados a que, si se acusaban de torpes, el acusador estaba obligado a probarlo o disculparse si no acreditaba con argumentos la torpeza ajena.

Cruz, de piel blanca, tenía una cicatriz debajo del pómulo izquierdo, hundiendo la mejilla y logrando que el rostro pareciera más delgado. Pelo abundante, lacio, entrecano y rebelde al peine. La barbilla pequeña. Cotidianamente olía a alcohol. El pulso, extrañamente firme para un alcohólico dedicado a extraer dientes y muelas. Su nombre completo era Cruz Roberto. Lapo le decía Cruz; el resto de las personas lo llamaban Roberto “el sacamuelas”. Sus brazos delgados hacían dudar de si podría, o no, extraer algún molar. Para los pacientes resultaba ser un buen doctor: no había dolor, no sufrían durante el proceso, no se les hinchaban las mejillas; tampoco se sabía de infecciones en algún sujeto. Cruz tenía un maletín negro, la clásica valija de los años sesenta. En el pueblo nadie sabía dónde estudió o aprendió el oficio de dentista. En esa maleta pequeña traía todos los instrumentos necesarios para arreglar cualquier muela que ofreciera resistencia.

Lapo no sacaba muelas. Él, como buen yerbero, sabía curar las postemillas: esos abscesos dolorosos, inflamados y constantemente con pus. El sacamuelas era un médico ambulante. Por periodos largos de tiempo se ausentaba del Puerto mientras recorría la sierra y los pueblos cercanos a Zihuatanejo. Estando en el Puerto, era inquilino permanente de Lapo. En algún momento de la tarde se sentaban a conversar. El abuelo recreaba su ritual: cortaba la hoja de maíz; en su mano izquierda, en forma de cuenco, la sostenía; con la mano derecha sacaba de una bolsa tabaco picado y lo esparcía en la hoja de maíz. Cuidadosamente enrollaba el pedazo de hoja y el tabaco; pasaba la lengua por el borde donde terminaba el rollo, usando la saliva como pegamento. Esperaba unos segundos para encender el cigarro. Una vez encendido, chupaba profundamente; después expulsaba el humo con un “ahh” que expandía el olor a tabaco junto con una sensación relajante. Ahora estaba listo para escuchar y hablar. Cruz Roberto aún no estaba preparado para sostener diálogo alguno. Lapo tendría que esperar.

Parsimoniosamente llevó un vasito con granos de sal y lo puso al centro de la mesita de madera. Partió un limón, colocándolo en un plato hondo. Luego llevó el premio mayor. Cuidadosamente, como si se tratara de una criatura delicada y tierna, acariciaba y veía la botella de tequila Viuda de Romero. Se sentó frente a Lapo, vació un chisguete de tequila y lentamente lo sorbió. Tomó la mitad del limón y lo presionó sobre los granos de sal, llevándoselo a los labios para chuparlo; sacudía la cabeza al tiempo que decía: “¡Ahh, qué sabroso!”.

—Puñaladas iguales, cobardía correr —soltó el sacamuelas.

Los viejos amigos estaban felices.

—Lapo, eres viejo viviendo en Zihuatanejo; supongo que conocerás detalles de la vida de algunos pobladores. Tengo curiosidad por saber algo de Montenegro; casi no sé nada de él. —No eres el único —respondió el abuelo—. Lo poco que sé es lo que muchos sabemos, lo que pude platicar con él en contadas ocasiones y algo más que me comentó su hijo Vicente.

Seguramente el apellido Montenegro tenía más sonoridad que el de Reyes, su primer apellido. Su nombre completo era Felipe Reyes Montenegro. Se dice que una noche apacible unos militares acuartelados en Tenancingo, Estado de México, fueron al domicilio de Jesús Reyes Romero y Luisa Montenegro Suárez. Golpearon la puerta, asustando a la señora.

—¿Qué querían esos militares a deshoras de la noche? —Temerosa, les preguntó si se les ofrecía algo. —Venimos a ver a su hijo Felipe.

El corazón le latía aprisa. El muchacho estaba dormido.

—¿Por qué?, ¿qué hizo? —Serénese, señora. Su hijo no ha hecho nada. Estamos aquí porque sabemos que Felipe y su hermano Manuel son peluqueros. Mi general quiere que Felipe sea su peluquero. Le van a pagar. Tendrá instrucción militar y grado. —¡Bendito sea el Señor! —exclamó Luisa—. Felipe tendrá asegurado el futuro.

—Hombre, quesque es militar el tal Montenegro, ¿cómo la ves? ¿Cómo llegaría aquí, al Puerto? Eso solo lo sabe Dios. Lo cierto es que, por el año de 1950, Montenegro tenía una recua de burros con los que transportaba mercancías, particularmente ropa. Compraba en Ario de Rosales, Michoacán, y bajaba por las rancherías vendiendo con su peculiar estilo. —Lapo, Lapo, no me digas que ya tenía su bocinita en forma de corneta. —No, todavía no. Ese recurso lo usó aquí en Zihuatanejo. Se estableció en la calle principal, hoy llamada Cuauhtémoc, en una local propiedad de Guillermo Leyva. Ahí vivió y murió.

Encontrabas todo más barato: telas de popelina, “para la bailarina”; terlenka, “para el que no es chenca”, resistente, duradera y de fácil cuidado; tusor, “para que no tengas escozor”, cien por ciento algodón, aunque la veas rústica y arrugada, es resistente; satín, “para que se te quite lo hablantín y te veas brillante y lujoso”; tafetán, “como perfetán”, firme y crujiente; gabardina, “orina que no se nota”, buena para repeler agua y viento. Era una maravilla oírlo con su bocina invitando a los marchantes a comprar. Encontrabas pantalones de lino, los mil rayas, el dril, camisas Gacela y Medalla.

—Oye, Lapo, bájale tantito; también se oía que la ropa encogía.

El abuelo sonríe y se rasca la oreja.

—Mira, Roberto, algunas telas, por su naturaleza, se encogen después de lavarlas. Lo importante es que a nadie engañaba y sí ofrecía alegrías pasajeras. Había un amigo de la colonia Darío Galeana —que creo vive todavía—, Pedro “el tarrayero”. Lo fue a ver y le dijo a Montenegro: “Mi hermano se va a casar y le quiero regalar un pantalón, pero que no se encoja, ¿he?”. —Hermanito, tú lo que quieres es un wash and wear —le contestó.

O tienes el otro caso, que ya no se sabe si es cierto o no, pero le pueden preguntar al Chato Meneses. Dicen que le compraron un pantalón ahí con Montenegro. Se puso feliz cuando lo estrenó. Cuando lo usó nuevamente, después de haber lavado el pantalón, le llegaba arriba del coacoyul. Cuando el Chato lo vio, se llenó de felicidad; salió corriendo de la casa, atravesó la calle y llegó al negocio familiar gritando:

—¡Mamá, mamá, estoy creciendo, estoy creciendo!

Con mirada bondadosa, la madre meneó la cabeza diciendo:

—Ah, cómo serás inocente… ¡Los compré con Montenegro!

—Oye, Lapo, ¿sí sería militar? —Te comento un detalle: un día, borracho y quizá drogado, Marcelino Pan y Vino lo quiso agredir con un cuchillo. Montenegro sacó una pistola .380 que tenía entre las ropas y le disparó a la canilla para disuadirlo. El pelotón de soldados tenía su cuartel en donde está hoy el restaurante Coconuts. Rápido llegaron y se lo llevaron con todo y pistola. El caso es que luego lo regresaron con todo y arma, y se le cuadraron antes de retirarse.

—Ahí te la dejo —dijo Gómez.

SERAPIO

Jorge Luis Reyes López

Todos los escurrideros y arroyos terminan vaciando sus aguas en la bahía. En sus márgenes hay una diversidad de árboles que cubren parte de las corrientes. Gruesos y altos hujes, como silenciosos centinelas, extienden sus raíces. En sus ramas crecen pequeños bultos que, una vez tostados y molidos, se asemejan al café. Los avillos, con sus troncos ásperos, copas frondosas y sus ruedas con gajos que cuelgan como fruto prohibido, causan sobresaltos nocturnos cuando truenan las ruedas al abrirse. Algunos riachuelos proporcionan la oportunidad de tomar agua limpia. Los habitantes acostumbran excavar en las orillas. Hacen pozos cuadrados colocando tablas verticales en cada costado. Dejan que la arena filtre el líquido. Los cuidan y los respetan. En la parte superior los tapan también con madera. Las mujeres, a veces con el dorso desnudo, lavan ropa. Se agrupan en su tarea. Los hijos pequeños las acompañan. Las piedras de la ribera sirven como tendederos mudos. Al final, la ropa seca es doblada y colocada en la artesa de madera, que viaja sobre la cabeza femenina, amortiguando el golpe con un yagual que impide el contacto directo entre el cráneo y el recipiente rectangular.

Durante los descansos platican. Se ayudan en la vigilancia de los menores. No conviene dejarlos sueltos porque corren riesgo de ser jugados por los chaneques. Los hijos quedarían güilos. Nadie desea tener esa desgracia en su hogar solo por haber sido descuidada.

Se cuentan cosas espantosas de sucesos no verificados, pero que encantan los oídos y sazonan las charlas. Leyendas de otros lares, de otros pueblos. Cuentan de un hombre montado en un caballo negro que aparece en los caminos de herradura por la noche. Busca cobrar almas o comprarlas por dinero. En el batidero de leyendas, la Llorona es popular. El Nagual, una tradición prehispánica, tiene residencia en el puerto. Los hombres solitarios que viven en las faldas de los cerros son los más propicios para ser tenidos por sospechosos. Los curanderos, en especial. Aquí se oyen tantas cosas, de tantos lugares, que a veces algunas inocentes pasan noches acongojadas. Brujas abundan, como aquella mulata presa y acusada de hechicera, que escapó de la cárcel dibujando con carbón un barco en la blanca pared, para después subirse a la nave.

Sin duda, la tarde fue intensa en el intercambio de leyendas. Los chaneques dominan las conversaciones populares cuando de seres misteriosos y poderosos se trata.

Doña Martina tiene la casa río arriba. Hace dos años el marido se fue para el norte, dejándola con dos hijos: Noé, de ocho años, y Saúl, de seis. Para mantenerlos, lava y plancha ropa ajena. Desde que el padre de los niños se fue, no ha escrito carta alguna ni le ha mandado dinero. Ella ha perdido toda esperanza de que alguna vez regrese.

Los sábados temprano, doña Martina se levanta, prepara el bastimento para la comida del mediodía. Antes de irse a lavar, desayunará con sus hijos. No los dejará solos en la casa; tendrán que acompañarla. La ropa sucia la lleva en un costal. En una cubeta de lámina metió dos panes de jabón de cachaza, hecho con grasa de puerco y sosa. Suficientes para lavar al menos tres docenas. Esperaba que el día fuera soleado para regresar a casa temprano después de comer. En la orilla del río hay una poza sombreada por el viejo jovero; ahí lavará. Hay suficientes rocas grandes para tender la ropa y aprovechar cabalmente el calor solar para obtener un secado rápido. Mientras lava, dejará que Noé cuide de Saúl, en tanto ella se encarga de la ropa. Al terminar de desayunar, la familia camina en dirección a la poza; ahí iniciará su faena. El jovero cubre con sus ramas un amplio espacio, suficiente para protegerla del sol durante el tiempo que estará lavando.

Noé y Saúl decidieron buscar cáscaras de pochota para jugar a los barquitos. El mayor de los hermanos tenía el encargo de cuidar del menor. Se le dijo con claridad que se quedara en el río, a la vista de la madre. Si había necesidad de ir al monte, que no se alejara del río, y que de ninguna manera dejara solo a Saúl. Martina vació el costal, apartando pantalones y camisas. Pronto su atención y esfuerzo se centraron en la tarea de lavar.

Los niños, con el agua entre rodilla y tobillo, caminaban por entre la arena gruesa, divertidos con el avistamiento de los pececitos que les mordisqueaban los pies. Reían felices. Cerca de las piedras se movían algunas crías de langostinos. Todo un mundo en miniatura. “Están muy chiquitos los animalitos”, expresó Saúl. “Aquí todo es pequeño”, confirmó Noé. Se sentaron en la arena. El agua no les llegaba al pecho. Con las manos golpeaban la superficie del río, salpicando agua y carcajadas. Así, sin prisa para ellos, el sol fue cambiando su posición, disminuyendo la sombra del jovero. La piel de sus dedos estaba arrugada.

“Espérame aquí, no te vayas a mover, hermano”, le recomendó Noé a Saúl. “¿A dónde vas?” “Al monte, no me tardo.”

Al quedarse solo, el pequeño siguió sentado; pronto empezó a chapotear, entretenido por el sonido sordo que producía la corriente al ser golpeada con las palmas de las manos. Pequeñas piedras caían a su alrededor, haciendo ondas expansivas interrumpidas por su cuerpo. El niño rió haciéndose el desentendido, dando por hecho que era una travesura de su hermano. No buscó el lugar de donde salían los miniproyectiles, hasta que sintió en la espalda pequeños punzantes como alfileres tocando la piel. Volteó y lo vio. Un niño de menor tamaño que el suyo. Bien vestido. Rostro agradable, con una sonrisa amable, con las manos extendidas haciendo ademanes de invitación. En una de sus manos traía algo parecido a una fruta, quizá una naranja, que parecía ofrecérsela. Saúl salió del agua y caminó hacia el desconocido sin temor alguno.

“¿Cómo te llamas?” “Chanito. ¿Tú?” “Saúl.”

Noé regresaba al río. Una boruca parlanchina llegó a sus oídos, causándole extrañeza. Con sigilo avanzó entre la maleza siguiendo la dirección del sonido. Pudo ver, en un claro, a su hermano jugando con un extraño niño que tenía un rostro de adulto con una mirada pícara. No le gustó la invitación que le hacía a su hermano para que se adentraran en el monte. Desde su espalda gritó:

“¡No!”

Mientras abandonaba la espesura. Chanito y Saúl voltearon a mirarlo.

“¡Mi hermano no va a ninguna parte contigo!”

Chanito sonrió y, tronando los dedos, contestó:

“Así sea.”

Al terminar de hablar, solo quedaron los hermanos, desconcertados por la fulminante ausencia de Chanito.

Convertidos en adultos, Noé y Saúl sostienen que los chaneques existen, y así lo transmiten a sus hijos y nietos.

Serapio

Jorge Luis Reyes López

En el Zihuatanejo de los años cincuenta, donde el polvo se levanta como un suspiro antiguo y las campanas repican más por costumbre que por fe, nadie olvidó el día en que Chucho se robó a Petra.

No fue un rapto de sombras ni de violencia, sino de decisiones apresuradas y orgullo juvenil. Chucho la esperó junto al tamarindo grande, al borde del camino que sale hacia Agua de Correa. Petra llegó con un rebozo azul y una maleta pequeña. No lloraba. Tenía los ojos firmes, como quien ya ha tomado una decisión y nada la hará cambiar. Se subió a la camioneta sin mirar atrás. El motor tosió dos veces antes de arrancar y alejarse.

Al amanecer, la noticia ya estaba en todas las bocas. La abuela de Petra, doña Pulito, no gritó ni rompió platos. Se sentó en su mecedora de madera, frente al fogón apagado, y miró el patio como si esperara que la tierra misma le devolviera a su nieta. Era una mujer pequeña, pero de espaldas anchas y manos endurecidas por años de partir leña y desgranar maíz.

Chucho y Petra pasaron tres días en el rancho de un pariente lejano. Allí, bajo un techo de lámina, hablaron del futuro como si fuera un animal que podían domesticar. Pero el murmullo del pueblo llegó hasta ellos. No bastaba con quererse; había que enfrentar la ofensa.

Fue Chucho quien decidió volver primero. —Iré a pedir perdón —dijo, sintiendo que cada sílaba le raspaba la garganta. Petra asintió en silencio.

Regresó una tarde dorada, cuando el sol cae oblicuo sobre las techumbres del caserío. Caminó hasta la casa de doña Pulito con el sombrero apretado entre las manos. En el patio estaban la abuela y dos vecinas que fingían desgranar frijol mientras aguardaban el espectáculo.

Chucho cruzó el umbral y el aire se volvió espeso. Se hincó frente a la anciana, apoyando las rodillas en la tierra dura.

—Vengo a pedir perdón —dijo, sin levantar la mirada—. Amo a Petra y quiero hacer las cosas bien.

Durante un instante que pareció eterno, doña Pulito no respondió. Se levantó despacio de la mecedora. Sin decir palabra, caminó hasta el rincón donde se apilaba la leña. Tomó una raja gruesa de palo de arco, todavía áspera de corteza. Chucho levantó apenas la vista, confundido, justo a tiempo para ver cómo el brazo de la abuela se alzaba con una fuerza que desmentía su edad.

El primer golpe le dio en la cabeza. Seco. Contundente. El sonido resonó en el patio como un disparo mudo. Chucho tambaleó, pero no se levantó. El segundo golpe cayó sobre su espalda, arrancándole un quejido que quiso tragarse. No hubo insultos ni maldiciones, solo el ritmo severo de la madera contra la carne, como si la anciana no estuviera castigando su cuerpo, sino su orgullo.

—Para que aprendas —murmuró al fin— que el amor no se roba. —¡Remátalo! —gritó una de las vecinas.

Chucho permaneció hincado, con la frente casi tocando el suelo. Sentía el calor punzante en la cabeza y la espalda, pero más le ardía la vergüenza. No alzó la mano para defenderse. Sabía que cada golpe era también una medida de la herida que había abierto en esa casa.

—Total, ¿qué conejo tiene la cola larga? —escupió otra vecina, como diciendo: “¿Cuál es el miedo de seguirlo castigando?”

Cuando doña Pulito dejó caer el leño, el silencio volvió a ocupar su sitio. Las vecinas desviaron la mirada. La abuela respiró hondo y señaló la puerta.

—Si de verdad la quieres, vuelve con tus padres. Tráelos. Que se hable como se debe.

Chucho se levantó despacio. Tenía una línea de sangre fina que le corría por la sien. Se acomodó el sombrero y, antes de irse, inclinó la cabeza en señal de respeto.

Esa noche, el pueblo murmuró menos. Supieron que no todo estaba perdido. Porque en Zihuatanejo incluso los errores podían enderezarse, pero primero había que sentir el peso del leño y la dignidad de los viejos sobre la espalda.

Años pasaron desde aquel soberbio castigo. Petra y Chucho tuvieron hijos y nietos. En las noches frescas del invierno, la pareja se mece en la ancha hamaca. Con la confianza que dan los años de convivencia y en un ambiente relajado, Petra pregunta:

—Viejo, ¿te lastimó la abuela? —Los golpes los sentí como caricias maternas —respondió el marido.

SERAPIO

JORGE LUIS REYES LÓPEZ

Anastacio roncaba encogido en la hamaca. En una esquina de la casa, un pedazo de estiércol de vaca era una brasa humeante que ahuyentaba a los molestos zancudos. La noche era prisionera de un bochorno pegajoso. El cuerpo estaba mojado por el sudor. Solo traía puesto un calzoncillo; así era más tolerable dormir. El puerto era una cuna natural que abrigaba el nacimiento y desarrollo de una variedad de insectos. En un costado del pueblo, el estero, con sus aguas salobres encharcadas durante el verano, tenía las condiciones adecuadas para ser un criadero de mosquitos. En el otro lado del caserío, la laguna también aportaba su dotación a la plaga. El humo no siempre lograba apartar a los desagradables visitantes de la casa.

En la contraesquina del hogar reposaba un mosquito de manera diferente a la mayoría de sus congéneres. Los otros se colocaban en forma paralela al suelo negro y húmedo. Este insecto tenía el abdomen levantado; su cuerpo estaba inclinado. Sus alas parecían moteadas, nada similar a las de sus parientes. Parecía que estaba cazando, agazapado, paciente, esperando su momento, su oportunidad. Salió de una charca de agua clara. Era una hembra que necesitaba sangre para que sus huevos se desarrollaran. Levantó el vuelo con un zumbido sordo. Fue directo, sin titubeos, a la pierna de Tacho. Con precisión silenciosa, sus estiletes perforaron la piel. Ya había localizado un vaso sanguíneo. Procedió a inyectarle saliva para evitar que la sangre se coagulara y empezó a chupar. Su víctima no se movió; no se enteró del pequeño hurto.

No estaba del todo claro el día cuando Tacho se despertó. Estiró las piernas y se colocó de costado. Pasados unos minutos, se sentó. Finalmente se levantó y se vistió. Tenía que subir al cerro para continuar los trabajos a fin de preparar la tierra. Necesitaba dejarla lista antes de que las lluvias llegaran. Habían pasado más de diez días de aquella noche en la que le sustrajeron la sangre mientras dormía. Se sentía agripado; a veces tenía escalofríos. Si quería tener buena cosecha, no podía descuidar el terreno. Tacho vivía solo. Tenía buena relación con los Jiménez, sus vecinos.

Regresó a casa cansado. Descansó en la hamaca. La cabeza le punzaba, le dolía. Seguramente era a causa del sol, que estuvo intenso. Se preparó un brebaje. No era muy dado a visitar doctores, además de que estaban muy escasos en el puerto. Calentó agua y, cuando empezó a hervir, aventó unas rajas de canela. Le pondría limón y un chisguete de mezcal, y con eso se cortaría lo que para él era una gripa latosa. Durante la noche durmió mal y sudaba diferente.

De vez en vez llegaba un médico al puerto. Bien a bien no se sabía de dónde era. Tenía prestigio de ser un buen doctor. Moreno y alto, de buen humor, y algo que ayudaba a sus pacientes era la paciencia para escucharlos. “El Dr. Princes”, le llamaban algunos.

Hace una semana que empezaron los escalofríos. Ahora tenía temperatura alta. El dolor de cabeza se había vuelto permanente. Los músculos le dolían y fácilmente se fatigaba. En ocasiones salía con urgencia a defecar en el baño del patio, un cuarto de tablas con un asiento de madera desgastada con un hoyo redondo en el centro. Cuando terminaba, aventaba cal sobre el excremento líquido. Le quedaba un fuerte dolor abdominal. Con dificultad se levantaba. No bien lo hizo cuando le empezó una náusea repentina. Arqueaba el cuerpo mientras vomitaba lo poco que su estómago había tolerado.

Don Pedro, vecino de Tacho, era carnicero y se había percatado de la salud mermada de Tacho. Le pidió a su esposa que preparara un caldo de gallina, que, a su juicio, le ayudaría a recuperar la salud. Dos tortillitas hechas a mano, calientitas, completaron la receta gastronómica. Cuando el señor Jiménez llegó a la casa del enfermo, lo llamó por su nombre. Nadie respondió. Impaciente y preocupado, empujó la puerta y entró. Lo que miró lo alarmó. Hecho un ovillo, yacía en la hamaca su vecino, temblando como si estuviera convulsionando.

—Tacho, Tacho, ¿qué te pasa? —¿Eres tú, papá? —preguntó el enfermo—. Acércate, papá. Me siento mal. ¡Ayúdame, no me dejes solo, papá!

“Este hombre está muy mal. Está delirando”, pensó don Pedro. Dejó el caldo en la mesa y salió apresuradamente en dirección a su casa. Ahí, de forma breve, explicó a su esposa la crítica salud del vecino. Altagracia, su mujer, le sugirió que fuera a casa de doña Juve, lugar donde se hospedaba el médico cuando venía al puerto, y preguntara por él. “Con suerte ya está en el pueblo. Si lo encuentras, tráelo de inmediato”.

El marido salió de casa y se dirigió diligente a la posada de doña Juve. Al llegar, vio al médico sentado, balanceándose en una mecedora frente a una mesita donde había un jarro de barro que seguramente tendría café, pensó don Pedro. Lo saludó y, con premura, le pidió que fuera a ver al enfermo. Botiquín en mano, el Dr. Princes acompañó a Jiménez hasta llegar con Tacho, que respiraba con dificultad. Colocó el termómetro en la axila. Treinta y nueve grados. Vio que la piel estaba amarilla. No dudó en el diagnóstico:

—Paludismo. Tiene paludismo. Le haremos la lucha; tal vez no sea demasiado tarde. Ayúdeme, don Pedro, tómele el brazo. Voy a inyectarle quinina en la vena. Es necesario matar el parásito. Mientras, traiga una cubeta con agua y bañe todo su cuerpo, de cabeza a pies.

Tacho se sacudía al contacto con el líquido. Don Pedro se convirtió en su enfermero atento y vigilante. Trapos mojados eran puestos en el estómago y en la frente. Consiguió hielo, muy escaso en el pueblo, y lo mezclaba con el agua antes de bañar al enfermo.

—No puedo hacer más —dijo el doctor—. Cuídelo. Regreso mañana.

La noche fue difícil para paciente y enfermero. En la madrugada la fiebre desapareció. Pasaron tres días en los que el enfermo tomó agua de coco y caldo de gallina. Ya no tenía sudoraciones. Estaba consciente. En las últimas veinticuatro horas no tuvo fiebre. El color amarillento de su piel casi no existía. El Dr. Princes decidió quedarse más días en el puerto para asistir a Tacho en el periodo de convalecencia. Después regresaría a la capital del país.

Los días pasaban. La medicina ya no era inyectada; ahora tomaba tabletas. Energía y apetito habían regresado. Antes de partir, el doctor visitó al paciente.

—Toma las medicinas, aunque te sientas mejor. Si no lo haces, puedes tener una recaída.

Años después, platicando don Pedro Jiménez con el doctor Princes y Tacho, recordaban los momentos difíciles que habían puesto en el dintel de la muerte al paciente.

—La malaria —dijo el doctor— puede ser mortal de no atenderse a tiempo. —¡Qué bueno que yo tuve paludismo! —exclamó aliviado Tacho.

Palabra de Mujer – Guerrero abre nuevas rutas aéreas – Hay créditos disponibles para micro y pequeños empresarios

Ruth Tamayo Hernández

“El turismo, al final, tiene como objetivo la construcción de mejores personas y no de mejores fortunas”. —Sergio Rodríguez Abitia.

Mis estimados, hay buenas noticias para los destinos de playa Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo. Los dos municipios estrenan nuevas rutas aéreas desde Querétaro y Puebla.

El Hogar del Sol los espera con los brazos abiertos. Haga planes de visitar Guerrero; ya no hay pretextos. Señores visitantes de Puebla, jálense al puerto más bello de México: Ixtapa-Zihuatanejo.

Estos dos destinos guerrerenses estrenan nuevas rutas aéreas de Volaris, que comenzarán operaciones a partir del 2 de junio de 2026: Acapulco-Querétaro, con tres frecuencias semanales —martes, jueves y domingo—; así mismo, Zihuatanejo-Puebla, con tres frecuencias semanales —martes, jueves y sábado—.

Les decía que la fortuna sigue rondando al Hogar del Sol, pues en este primer puente largo del año 2026 otra vez se rebasaron las expectativas que se habían propuesto las autoridades y el mismo sector turístico, ya que desde el viernes hasta el lunes Guerrero superó el 90 por ciento de ocupación hotelera.

¡Vaya, vaya! ¿Saben por qué mi expresión? Porque unas semanas atrás, en algunos medios, comenzaron a compartir publicaciones en redes sociales en las que alertaban a los turistas para no viajar al puerto de Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo debido a la violencia que acosa a estos municipios; y la recomendación era, según señalaba el texto, no viajar a esos lugares turísticos.

Sin embargo, y como dice el dicho, “que su boca se haga chicharrón”, porque al menos en Zihuatanejo no hay esa violencia que añoran estos medios. Una golondrina no hace verano, señores; no se ahoguen en un vaso de agua. Este municipio no tiene la violencia que ustedes quisieran ver. Afortunadamente, el turismo no hace caso a calumnias y siempre nos visitan.

El puerto de Zihuatanejo se mantuvo a más del 85 por ciento de ocupación hotelera en este puente vacacional por los festejos del 5 de febrero, Día de la Constitución Política de México. Fue maravilloso este primer puente largo del año para este destino turístico. No se niega que hay situaciones que no están en manos de las personas evitar, pues por un fuerte accidente automovilístico en la carretera Siglo XXI, en la ruta Morelia-Ixtapa, se cerró la vía por varias horas; estuvo bloqueada y los turistas permanecieron varados en ese tramo carretero. Tristemente, fue un accidente muy trágico.

En contraparte, el bloqueo de la Autopista del Sol fue muy lamentable. Ahí sí se pasaron de frijoles refritos sin chorizo los bloqueadores. De verdad que se pasaron. Señores, ahí sí sufrieron muy feo los visitantes, ya que permanecieron varados en el lugar por más de siete horas. ¡Qué terrible!

Es muy triste ese tema, sobre todo porque los manifestantes son ciudadanos guerrerenses que también comen del turismo, y no se vale que dañen a terceras personas bloqueando carreteras cuando pudieron hacerlo en otro día si de veras querían bloquear la vía para exigir seguridad. ¡Caray!, somos bien testarudos.

Pero bueno, ya tendrán tiempo de recapacitar esos comisarios y delegados de Tierra Colorada. No se les olvide que el municipio de Acapulco mantiene a todos los demás municipios del estado y sus comunidades; y si ustedes siguen empeñados en matar a la gallina de los huevos de oro, así como lo hicieron en este puente, muy pronto se alejará el turismo y ustedes también se quedarán sin tragar. No crean que sólo los acapulqueños sufrirán.

Les decía que, a pesar de la mala leche de algunos medios, afortunadamente el visitante volvió a los destinos guerrerenses a disfrutar de nuestras playas y dejó una excelente derrama económica.

Aprovecho también este espacio, mis estimados, para advertirles que no cometan el error de aumentar precios estratosféricos para sangrar al turismo, porque se pierden los destinos de playa —así sean los más bellos del mundo— debido a la pérdida de competitividad por el sobreprecio. Es decir, vender demasiado caro, especialmente si la calidad del servicio no lo justifica. Todos esos actos de voracidad llevan al visitante a alejarse del destino de playa; migran a otros balnearios donde los precios no son tan altos y la atención es mejor.

Por esta ocasión no diré los nombres de los negocios que denunciaron; me los guardo. Pero corrijan, por piedad.

Los negocios en vacaciones cuentan con doble menú; o sea, según el cliente es la carta que le presentan. Y si ven que las personas no llevan chelines, no les dan servicio; les dicen que está todo reservado.

En uno de los negocios que denunciaron me dijeron que una langosta tenía un precio de mil pesos. ¡Uuufff! Gracias a Dios que no me gustan las langostas, dije para mis adentros. Jejeje.

Ahí le voy a parar; no quiero meter más cizaña. Más bien les recomiendo a todos los restauranteros tomar cartas en el asunto, debido a que estos actos son los que hacen que los puertos se queden solos, aunque sus playas sean muy bonitas. Y como ejemplo, volteen a ver Tulum: se quedaron solos, se fue el visitante, siendo un puerto bellísimo, pero estratosféricamente caro.

Créditos disponibles

Por cierto, mis estimados, les quiero recordar lo que la presidenta Lizete Tapia y el secretario de Turismo del Estado de Guerrero, Simón Quiñónez Orozco, dijeron en una reunión el pasado viernes sobre la estrategia nacional Avanzamos por México. La alcaldesa hizo una invitación a los empresarios turísticos de Ixtapa-Zihuatanejo para que aprovechen el apoyo financiero que representantes de BBVA (antes Bancomer) presentaron en apoyo al ramo turístico. Se trata de un programa de financiamiento que se ha venido presentando en este municipio y que deriva de un convenio nacional celebrado entre el gobierno federal y BBVA.

Concretamente, son créditos a pequeños comercios de zonas turísticas para desarrollo digital y bancarización de estos negocios catalogados como Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Mipymes), porque están rezagados en esta materia.

La meta es apoyar a 250 municipios, 177 Pueblos Mágicos y 73 comunidades turísticas del país, incluido Zihuatanejo.

Les doy detalles: Avanzamos por México es una alianza estratégica entre la Secretaría de Turismo (Sectur) y BBVA México, lanzada en marzo de 2025, que también incluye a artesanos y prestadores de servicios, y que se enfoca en los Pueblos Mágicos y comunidades turísticas.

Busca integrar sistemas de pago electrónico (apps, terminales) para reducir la dependencia del efectivo y modernizar los 177 Pueblos Mágicos.

Se basa en cinco ejes: digitalización de mipymes turísticas, promoción de la marca México, planes para tarjetahabientes BBVA (“Modo Avión”), educación financiera y financiamiento.

Su meta es colaborar para posicionar a México entre los cinco primeros destinos turísticos más visitados del mundo.

Los beneficiarios del programa tendrán acceso a créditos para mejorar la experiencia del turista y fortalecer la economía local mediante la inclusión financiera de pequeños empresarios. Porque cuando un negocio no maneja pagos con tarjeta y transferencias, se le va el cliente, ya que hoy en día ya no cargan dinero en efectivo para evitar robos y asaltos.

Esta iniciativa ya se está implementando en Sinaloa, Hidalgo, Nuevo León y Yucatán a lo largo de 2025. Y apresúrense los interesados, porque el programa no es para siempre, sino que está diseñado para dos años solamente: 2025 y 2026.

La presidenta Tapia Castro instó a los empresarios turísticos del puerto de Ixtapa-Zihuatanejo a que tomen en serio este apoyo y lo aprovechen, ya que los intereses del financiamiento que otorga BBVA son muy inferiores a los de la banca comercial.

La alcaldesa del puerto de Zihuatanejo dijo a los micro, pequeños y medianos empresarios turísticos que no dejen pasar el tren de la oportunidad. Y es verdad, señores: las oportunidades no se presentan dos veces ni se dan en maceta. Eso lo decía mi padre.

Tengan lindo día.

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