Categoría: Opinion
Editorial
Unir, no dividir
Es extraña esta solicitud del presidente Andrés Manuel López Obrador reclamando perdón por la Conquista de México al Papa Francisco. Un día el mandatario declara ante los obispos que, para él, el Papa es el líder espiritual más importante del mundo; al otro día le reclama con cierta arrogancia que pida perdón por los pecados cometidos durante aquella etapa.
El pontífice ha demostrado que no tiene ningún problema en pedir perdón por ofensas de la Iglesia y crímenes contra los pueblos originarios durante la Conquista de América. Ya lo hizo el 9 de julio de 2015 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en un notable discurso en el II Encuentro de los Movimientos Populares.
Y el 15 de febrero de 2016, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, también exclamó: “Perdón hermanos”, al dirigirse a los indígenas. Y ello para no citar también expresiones similares de sus antecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI. Además, la Iglesia entera hace su mea culpa al inicio de cada celebración eucarística.
Habría que preguntarse quién tendría que pedir perdón por el militarismo invasor y dominador de los aztecas, que conquistaron, sojuzgaron y explotaron a las tribus y comunidades del valle central de México. El presidente López Obrador conoce ciertamente ese dicho mexicano que dice: “La Conquista la hicieron los indígenas y la independencia los españoles”. Porque la Conquista de Hernán Cortés no hubiera sido posible sin la alianza con las tribus del “tercer mundo” del imperio azteca, conquistadas y construidas a pagar tributos y la sangre de sus doncellas para los masivos sacrificios humanos.
El presidente conoce sin duda la experiencia misionera de los 12 apóstoles franciscanos de México, que fue extraordinaria. Ellos convivieron con los indígenas con mucho amor, compenetrándose con su cultura y su lengua, defendiendo sus derechos contra los atropellos que sufrían. Es cierto que la cruz vino con la espada, con todos los compromisos mundanos que eso supone, pero fue también crítica de la espada y suscitó la primera batalla por la justicia en la defensa de los derechos de los indígenas. ¿Acaso la devoción de todo el pueblo mexicano por nuestra señora de Guadalupe es fruto de una imposición violenta de los conquistadores?
Finalmente, cabría preguntarse si no es algo de facilonería reclamar y pedir perdón por los pecados de hace 500 años. Pero, de entonces a la actualidad, ¡cuántos tendrían que pedir perdón –como lo hace la Iglesia de Dios– por la cultura de violencia en México, por los continuos fraudes electorales, políticas liberticidas y asesinatos políticos de décadas atrás, por los enormes bolsones de pobreza que todavía existen por doquier en el país, por el maltrato y la exclusión
López Obrador tiene la posibilidad de liderar un gran movimiento nacional y popular de regeneración y reconstrucción del país o puede sufrir la amenaza de reducirse poco a poco en una nueva versión del “ogro filantrópico” de la “revolución institucionalizada”. Puede movilizar lo mejor del “orgullo” nacional del pueblo mexicano, confiado en la “morenita”, o dejarse llevar por colonizaciones ideológicas o culturales de conventículos elitistas.
SOS COSTA GRANDE
(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
El pasado martes, el gobernador Héctor Astudillo Flores presidió la cuarta sesión ordinaria del Consejo Estatal de Seguridad Pública, donde los alcaldes de Chilpancingo, Acapulco, Zihuatanejo de Azueta, Taxco, Iguala y Chilapa, firmaron los convenios presupuestales que manda la Federación en materia de seguridad para los ayuntamientos, a través del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP) y del Programa de Fortalecimiento para la Seguridad (Fortaseg).
Estamos hablando de 212 millones de pesos adicionales que los municipios citados recibirán para, entre otras cosas, “fomentar el desarrollo de capacidades en las instituciones locales para el diseño de políticas públicas destinadas a la prevención social de la violencia y la delincuencia, con participación ciudadana, en temas de seguridad pública”. También se incluye el desarrollo, profesionalización y certificación policial, así como la adquisición de tecnologías, infraestructura y equipamiento de apoyo a la operación policial.
Para enterarnos un poco acerca de estos dos fondos de seguridad, hay que notar que el FASP es una partida que diseña la Federación en el presupuesto de egresos federal cada año, para distribuirse entre las 32 entidades federativas, con base en fórmulas matemáticas en la que se toman en cuenta el territorio, la población, la tasa de delitos y el tipo de estos, así como el número de personas que entran en delincuencia en cada periodo. Estas variables las dicta y las supervisa el Consejo Nacional de Seguridad Pública.
Este año, por ejemplo, se etiquetaron 7 mil 210 millones de pesos, de los cuales 212 millones 278 mil 138 pesos, le corresponden a Guerrero.
La cantidad descrita es inferior a lo que se transfirió para Guerrero en 2018, y que fue de 223 millones 89 mil 743, de un presupuesto global de 7 mil millones de pesos.
Una vez en la entidad, estos recursos son desplazados a los puntos más críticos, y que en el caso de Guerrero son las ciudades de Chilpancingo, Chilapa, Iguala, Zihuatanejo, Taxco y por supuesto Acapulco.
Sin embargo, estudios a nivel nacional revelan que este dinero que reciben los ayuntamientos de manera adicional, en ocasiones son subutilizados, porque los mecanismos de coordinación son deficientes.
Pero también se reportan falta de controles en el ejercicio del gasto en las entidades federativas que permite los desvíos de recursos.
A nivel nacional, los recursos del FASP parecen excesivos, pero expuestos al dilema nacional de inseguridad, son una bicoca.
¿Por qué las dificultades? Porque se trata de recursos que vienen etiquetados para programas diversos, por lo menos diez que son prioridad nacional. Para cumplir metas, la Federación transfiere los recursos a los estados y de ahí a los municipios, pero hay problemas en la coordinación y los resultados no son nada halagadores.
Por ejemplo, del total del FASP de 2013 a 2017, los estados con mayor subejercicio son Veracruz, con 568.3 millones de pesos; Michoacán, que no gastó 320.9 millones; y Guerrero con 147.4 millones, estados todos que se encuentran enfrentando graves crisis de inseguridad.
Los programas prioritarios son Infraestructura y Equipamiento; Desarrollo y Certificación; Prevención Social; Sistema Penitenciario, Justicia para Adolescentes; Búsqueda de Personas.
La queja en los estados es que cada uno de estos programas viene con recursos ya etiquetados; es decir, se determina desde la Federación cuánto se debe gastar en qué cosa, y ahí estriba el problemón.
Fuentes oficiales indican que el proceso de concertación de los recursos del FASP entre el SESNSP, las oficinas del Secretariado Ejecutivo en los estados, las Secretarías de Finanzas estatales, las Secretarías de Seguridad Pública o las Fiscalías no es lo suficientemente ágil para generar los anexos técnicos, sin los cuales no es posible realizar el ejercicio de los recursos del Fondo.
Esto se debe a que los estados deben reprogramar los recursos muchos meses después de la concertación para ajustar los montos a sus necesidades. En algunos casos, los anexos técnicos están listos en el último trimestre del año, lo que imposibilita un ejercicio eficiente y eficaz para satisfacer los objetivos del FASP.
Por este enredo, los estados prefieren regresar el dinero a la Federación, en lugar de prepararse con los expedientes correspondientes, que permitan un ejercicio de recursos normal.
Y si nos referimos a los municipios, es peor, pues los ayuntamientos carecen de personal especializado en el manejo de este tipo de programas.
Vale la pena, por lo tanto, que comiencen a afinarse estos detalles para que los recursos del FASP se aprovechen al máximo, y que no resulte lo que hasta ahora: que son dineros que van a un barril sin fondo.
Palabra de Mujer
Ruth Tamayo Hernández
En riesgo la ZEE Lázaro Cárdenas-La Unión
Mis estimados, para la entrega haré uso del coloquial refranero mexicano: “Ya éramos muchos y parió la abuela”. La noticia expuesta por el titular de la Zonas Económicas Especiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Rafael Marín Mollinedo, sugiere que podrían decir adiós a las Zonas Económicas que diseñó el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Cayó como balde de agua fría esta noticia sobre michoacanos y guerrerenses, que se verían beneficiados con la Zona Económica Especial Lázaro Cárdenas-La Unión.
Recordemos que son siete zonas en el país con este megaproyecto: Lázaro Cárdenas-La Unión, Coatzacoalcos, Puerto Chiapas, Salinas Cruz, Progreso, Campeche y Tabasco.
Sin presunción, hablaremos en este espacio de la ZEE Lázaro Cárdenas-La Unión, pues después de ver el comunicado del subsecretario de Hacienda, Arturo Herrera, se entiende que la Zona Económica Lázaro Cárdenas- la Unión quedará fuera del esquema que ellos exponen, ya que se moverán poco a poco a otro mecanismo de desarrollo que permita detonar la inversión en la región.
La Zona Económica Especial de nuestra región es la que menos méritos alcanza para mantenerse como tal. Uno de los negativos es la inseguridad que cunde en los dos estados, Michoacán y Guerrero. El funcionario dijo que se definirá la situación de las ZEE en dos meses; sin embargo, fue claro y expresó, que están bien las ZEE, pero que ellos sienten y principalmente la SHCP, que no son redituables por lo de los incentivos fiscales que se les otorgarán. Ya ven que la Federación les condona los impuestos a esas ZEE; por eso no les convence a los de Hacienda, el programa de las Zonas Económicas Especiales, por eso van a modificar el mecanismo para que la SHCP reciba ingresos de esas empresas, que por lo regular su capital es fuerte, pero también generan miles de empleos.
Rafael Marín Mollinedo, director de la Zonas Especiales Económicas de la SHCP, se puso el zapato antes de cortarse, e indicó “que expertos del Banco Mundial (BID), les aconsejaron que las ZEE son excelentes pero que deben establecer por mucho dos Zonas Económicas Especiales en el país, pero no siete.
“Es pulverizado, nos concentraremos a desarrollar una sola ZEE y propongo el Istmo de Tehuantepec”, dijo.
Oiga, don Marín Mollinedo, en la ZEE Lázaro Cárdenas- La Unión, también hay mucha pobreza. Dé un voto de confianza a la ZEE de esta zona, pues ya había avances importantes en inversión y empleos, sobre todo del municipio de La Unión que es El Naranjito, polígono de la ZEE.
El comisario ejidal José Luis Vargas, dijo: “Lamentaríamos mucho que se diera esa resolución, pues parte de los ejidatarios cumplimos en tiempo y forma con la documentación que nos pidió el gobierno del estado, aquí en El Naranjito. Este polígono es el que está más avanzado, ya tenemos como seis meses que se aprobó el dominio pleno, ya hay escrituras, se trata de 119 hectáreas y 33 propietarios con toda la documentación en regla y sólo esperábamos el pago de los predios, tenemos todo avanzado”, Dijo.
Sin embargo, se dice mucho de la ZEE que no sólo sería su punto negativo la inseguridad de la zona, sino también los pleitos con los ejidatarios por los predios. Ese fue el motivo por el que el gobierno siempre dijo que la ZEE sería un proyecto a largo plazo, pues no había acuerdos con los ejidatarios para la venta de los predios. No obstante, eso ya quedó aclarado; los ejidatarios expresan que tienen escriturados sus predios, listos para recibir liquidación por ellos.
Ojalá no sea demasiado tarde, sin embargo, todo apunta a que la SHCP dejará fuera la ZEE de esta región. Lo único que puede ayudar en este caso son las cámaras empresariales de Michoacán, por el liderazgo con el que operan, porque más que incentivos fiscales, lo de la ZEE es un tema político, pues todos los presidentes de la República no dan continuidad a ningún proyecto de administraciones pasadas, y menos de partidos contrarios. A los mandatarios les vale un comino si se van a la basura miles de millones de pesos de proyectos ya encaminados a ellos les vale lo eliminan y punto; al cabo que el dinero no es de ellos.
En este tema, los dirigentes de las cámaras tienen que buscar el respaldo de los gobernadores y estos buscar una entrevista con el jefe de oficina de Presidencia, Alfonso Romo, ya que este funcionario es empresario y también es de la confianza absoluta del presidente Andrés Manuel López Obrador. Romo es el que parte el queso en esa administración. Y por eso los gobernadores, tanto de Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, como el de Guerrero, Héctor Astudillo Flores, deben ir personalmente a hablar con Alfonso Romo y pedirle que convenza al presidente AMLO de darle continuidad a la ZEE Lázaro Cárdenas-La Unión. Que le haga saber que de echar abajo ese proyecto en esta región sería un gran error, por todo lo que se ha vivido en las dos regiones en materia de seguridad, y pues la ZEE se proyectó en este punto precisamente por los altos índices de marginación de los dos estados, Michoacán y Guerrero, entidades con un rezago económico descomunal, que requieren del respaldo total del gobierno federal. Y para el desarrollo de las dos regiones se requiere dar continuidad al megaproyecto de la ZEE, que es para el desarrollo de las comunidades y una herramienta para el trabajo formal del que se carece en estos tiempos.
Cabe hacer mención que hablando con la diputada federal Maricarmen Cabrera Lagunas, me comentó rápido, en relación a las noticias de las desaparición de las ZEE, que esas zonas las debemos defender; “el proyecto de las ZEE son una buena oportunidad de tener un polígono atractivo para las inversiones productivas, y las ZEE, más que un megaproyecto que impulsó el gobierno de Enrique Peña Nieto, deriva de una ley federal promulgada en junio del 2016 en la Cámara de Diputados, y no puede ser finiquitado el proyecto. por eso creo que los gobernadores de los estados deben defender el proyecto de la ZEE Lázaro Cárdenas-La Unión”, dijo.
Pues manos a la obra, señores empresarios y funcionarios, no permitan que se eche abajo el proyecto de la ZEE, ya estuvo bueno que siempre le hacen de chivo los tamales a los guerrerenses. Y les doy un tip: El presidente AMLO viene el 7 de abril al puerto de Acapulco, a la inauguración del Tianguis Turístico. Saquen al presidente Crescencio Reyes Torres de su oficina y juntos vayan a buscar al mandatario federal, y díganle que no la chifle porque es cantada, que le dé continuidad a la ZEE de nuestra región. Si no nos da, pues que no nos quite.
¿No que mucho cariño a los guerrerenses? Que se vea, pues, porque de lengua sólo los tacos son ricos. Perdón, señor presidente AMLO, pero nos dolería mucho que hagan a un lado a Guerrero en este proyecto.
Algunos empresarios ya dicen que la decisión de mandar a freír espárragos a la ZEE por parte de Hacienda es política, no tanto por los incentivos fiscales, pues la ZEE la van a dejar donde ellos tengan sus intereses, y es precisamente en el Sureste, donde construirán también el Tren Maya. ¡Me lleva la que me trajo!
Una cosa es clara como el agua clara: Vean cómo están de alrevesados los gobernantes: quieren acabar con la pobreza pero con puros discursos; cacaraquearon tanto la cuarta trasformación en México, pero quién sabe a qué le llaman trasformación. Pensando así con decisiones personales, el país no puede avanzar, no puede haber bienestar social si no hay desarrollo económico. Denle continuidad a la ZEE Lázaro Cárdenas-La Unión. Por favor, señor presidente AMLO, reaccione y corrija, pues las políticas públicas deberían ir enfocadas hacia la política social.
Intercambio alado…
Editorial
El desaire del presidente a la Marina
El juego de artificios creado por el presidente Andrés Manuel López Obrador con pretexto de la conquista española, ocultó un hecho que provocó decepción y molestia entre los mandos de la Armada de México.
El lunes 25 de marzo, López Obrador viajó a su tierra, Tabasco. Tenía programados dos compromisos en el municipio de Centla. El primero, condecorar al secretario de Marina, Almirante José Rafael Ojeda Durán, en las instalaciones de la Marina en el lugar. El segundo, conmemorar los 500 años de Batalla de Centla, entre los maya-chontales y las huestes del conquistador Hernán Cortés.
Aunque en el fondo su propósito era abonar en su compromiso de convertir a Tabasco en la capital petrolera del país, según lo adelantó en campaña, el presidente cambió la agenda y decidió trasladarse con su esposa, Beatriz Gutiérrez Müeller, a la zona arqueológica de Comalcalco, donde grabó el polémico video de la petición de perdón por parte de España.
Los convocados a la gira se sorprendieron por el repentino viaje del presidente y su esposa, una doctora en literatura a la que designó presidenta del proyecto “Memoria Histórica y Cultural de México”.
El recorrido entre Centla y Comalcalco requiere de casi dos horas de camino. Por eso fue que el presidente canceló su primer evento: la ceremonia de protocolo militar para entregar la Condecoración de Perseverancia Excepcional de Primera Clase nada menos que al Alto Mando de la Marina, el Almirante Ojeda Durán, el hombre de mayor ascendencia en la Armada de México.
Por ese mero hecho, que significa ser el marino de mayor antigüedad en México, el Almirante se convirtió en el titular de la Secretaría de Marina, aun cuando López Obrador pensara diferente.
Es una convención contra la que no pudo ir, a diferencia de su designación al frente de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), donde nombró al general Luis C. Sandoval, a pesar tener apenas un año como divisionario y de que había generales con mayor antigüedad.
Todo estaba puesto en la Quinta Zona Naval, en
el puerto de Frontera, en Centla, para el reconocimiento al jefe militar más
respetado entre los marinos. Pero el presidente, como comandante en jefe de las
Fuerzas Armadas, se desentendió del simbolismo y valores entre los militares y
decidió apuntalar las inquietudes intelectuales de su esposa.
“Era una condecoración, pero se pasa para el 21 de abril, cuando vamos a
Veracruz”, dijo el presidente minimizando la frustrada ceremonia, sin
considerar que los militares son hombres de símbolos.
Más que una descortesía fue un desaire de quien ha apostado a los militares como solución a la crisis de inseguridad del país y por la que se evaluará en parte a su gobierno. Su creación, la Guardia Nacional, tiene entre sus componentes a la Policía Naval.
López Obrador tiene una clara tendencia hacia el Ejército. Cuando en noviembre pasado, a dos semanas de asumir la Presidencia de la República, dio a conocer su plan de seguridad, quien habló a nombre de los militares fue el general Sandoval. El Almirante parecía un convidado de piedra.
Ya en Palacio Nacional, ha llenado de atribuciones y recursos al Ejército. La Marina, que en los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña estuvo a cargo de las detenciones de jefes del narcotráfico, parecen ahora jugar de comparsa en la visión presidencial.
SOS COSTA GRANDE
(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
En una década, pese a lo que nos informan oficialmente, el turismo en Guerrero se ha colapsado. Datos proporcionados ayer por Macario Schettino, en su columna “La Caja Fuerte” de El Financiero, revela que hay muy pocos indicadores que nos permita revisar el crecimiento real del turismo en México, pero basta revisar el indicador “noches-turista”, para enterarnos de cómo nuestra entidad ha venido a menos de manera dramática.
Schettino señala que el caso de Guerrero es “trágico”, pues pasó de 1.3 millones “noches-turista” en 2007, a 0.7 millones en 2017, esto a pesar de contar con el lugar más representativo del turismo por décadas, Acapulco.
“Algo similar le pasa a Colima, que tenía 225 mil turistas-noche en 2007 y ahora apenas pasa de 100 mil”, refirió.
Se nos podrá decir que esto es normal, que en todo el territorio nacional se vive la misma tendencia pero no es así.
En la misma década, se registra un crecimiento inusitado a escala nacional, pues en 2007 se registraron cerca de 60 millones de noches-turista, mientras que para 2017 casi llegaron a 90 millones.
Se refiere que en esa década hubo para nuestro país un crecimiento anual promedio de 4 por ciento.
Es decir, que mientras la media nacional aumentaba, en Guerrero ese mismo indicador decrecía, hasta llegar a menos de tres cuartos de millón de noches-turista.
¿Por qué ese indicador? Porque siempre se mide la ocupación hotelera para definir si una playa está llena o vacía, y en ese sentido vemos que se presume llenos totales en temporadas para Guerrero, pero nada más. En el promedio anual nacional, casi no pintamos.
Señala Schettino que los mayores incrementos entre 2007 y 2017 se registraron en ciudades medias y no en la zona de playas.
Aguascalientes y en Puebla ocupan el primer lugar con 16 y 10 por ciento, respectivamente. Y explica: “Muy probable que en Aguascalientes el impacto de los viajeros de negocios sea significativo, porque en ese periodo la entidad ha multiplicado su presencia en exportación de vehículos. En Puebla ese movimiento ha sido menor, de forma que el turismo de placer puede explicar parte del crecimiento”.
¿Entonces qué pasa con los destinos del Sureste? En términos de volumen, la entidad más importante sigue siendo Quintana Roo, que representa más de la mitad del turismo nacional, con 53 de los 90 millones de noches-turista que hay en todo el territorio.
Pero estamos hablando de crecimiento y aunque Cancún y sus playas vecinas se mantiene en su nivel, no necesariamente ha crecido al ritmo que se proyectó.
La desgracia de Guerrero y sus destinos turísticos es evidente, si nos atenemos a las cifras. Nos pueden decir que vamos bien, que todo está en orden, que seguimos creciendo, pero la realidad es otra. Los números son fríos, no mienten.
Esto es entendible, por la extrema violencia que ha azotado a Guerrero precisamente en la década referida, y la caída que registró Acapulco desde tiempos de Zeferino Torreblanca, con el retiro de los spring-brakers, así como la reducción al mínimo del turismo de cruceros, simplemente no se ha podido recuperar.
Sabemos, con sólo platicar con la gente, que estamos en tiempos de vacas flacas y ahora ya sabemos la razón. Sobrevivimos por temporadas y nos entretienen con cifras temporaleras, dando la idea de que ¡wow!, todo marcha sobre ruedas, pero esconden las cifras duras que revelan la caía.
¡En una década hemos perdido 600 mil noches-turista! ¿Entonces, de dónde sacan que estamos bien en materia turística?
Don Goyo enojado…
Editorial
Andrés y el qué dirán
Sorprende –y preocupa en serio—que el Presidente de México parezca más obsesionado con el qué dirán de aquellos al que considera sus adversarios que en mantener firmemente las riendas de este país. Grave si sus decisiones las toma –o las cambia— en fusión de lo que puedan pensar sus detractores. Lo cierto es que esa ha sido una constante en las últimas semanas y especialmente explícito ante el conflicto con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) en torno a la aprobación de la contra Reforma Educativa.
Andrés Manuel aseguró este jueves que “dio instrucciones” [sic] para que se saque del dictamen correspondiente todo aquello que “afecte” a los maestros… para que no se diga que su Gobierno es igual al anterior. Lo más grave es que, al hacerlo, pasa por encima del Poder Legislativo, en cuyas manos supuestamente está la aprobación de la reforma. Y que lejos de argumentar motivos razonables de su imposición arbitraria, la refiera machaconamente a su afán de demostrar que él es diferente.
El tabasqueño fue enfático al afirmar en su monólogo matutino que “en todo aquello que pueda significar afectar a los maestros he dado instrucciones de que se quite todo… porque no les voy a dar el gusto a los conservadores de que digan de que somos iguales, no”.
Insistió una y otra vez en que los conservadores tratan de hacer ver a su Gobierno igual al anterior. Y recalcó: “Hay grupos que son conservadores, con apariencia de radicales y lo que quieren es hacer sentir o proyectar la idea de que somos iguales nosotros. Entonces no, no somos iguales, no somos simuladores”.
La obsesión de López Obrador ha aflorado repetidas veces. Cada vez más parece actuar no en función de sus convicciones o su proyecto de Nación, sino en no parecerse a los neoliberales y conservadores y en que éstos no tengan pretexto para “vociferar” en su contra. Recientemente ocurrió en la inauguración del estadio de beisbol de los Diablos Rojos del México, en la capital, así como en sus giras por Sonora y Baja California y en sus conferencias mañaneras.
Es temor al qué dirán.
Qué dirán del Tren Maya, decidido como una panacea turística para el sureste mexicano sin tener siquiera a estas alturas los indispensables estudios de impacto ambiental, costo-beneficio y viabilidad económica y operativa.
Qué dirán en fin quienes escucharon varias veces a López Obrador afirmar que las pistas de Santa Lucía empezarían a construirse en dos meses, y cuando ya han transcurrido cuatro resulta que ni siquiera existe un estudio aeronáutico ni un proyecto ejecutivo ni se ha ejecutado un metro de terraplén.
Qué dirán aquellos que confían en las promesas presidenciales sobre un respeto absoluto a la libertad de expresión y a las opiniones diferentes cuando escuchan a AMLO un día sí y otro también denostando a los medios y a los periodistas que según acusa lo “golpean” al ejercer su obligación de informar, así como a los analistas e intelectuales que difieren de sus postulados por que unos y otros obedecen a intereses ligados a la mafia del poder y al neoliberalismo que se resiste a morir.
Qué dirán de muchos de los nombramientos por dedazo vil de funcionarios que no responden precisamente a un perfil de honestidad y capacidad, sino al compadrazgo y al pago de favores que recuerda las peores prácticas de los “oscuros años” de los gobiernos del PRI y del PAN.
Qué dirán en fin quienes creen que de veras en este país se acabó la corrupción. Válgame.
SOS COSTA GRANDE
(Misael Tamayo Hernández, in memoriam)
El gobernador Héctor Astudillo informó ayer que el mes de marzo es uno de los menos violentos de los últimos tres años, al registrarse 120 homicidios, comparados, por ejemplo, con los 191 de enero de 2018.
De hecho, marzo es el tercer mes en que se registra una reducción de homicidios violentos en lo que va de 2019. Esta reducción comenzó desde el mes de enero y coincide con la llegada al poder del nuevo gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador, con quien el gobernador Astudillo afirma que está trabajando de manera coordinada en materia de seguridad.
Todavía en el mes de diciembre se registraron 154 muertes violentas en Guerrero; 167 en noviembre y 159 en octubre, para abarcar el periodo de los nuevos gobiernos municipales.
El promedio estatal durante todo 2018 fue de 165 casos por mes, aunque todo 2017 fue terrible, racha que abarcó hasta el primer trimestre del año pasado, luego de lo cual comenzó una reducción importante que, sin embargo, se mantuvo en los 150 asesinatos, salvo el mes de agosto, cuando se registraron 148 decesos violentos.
El homicidio, si bien no es el único referente de violencia en Guerrero –porque falta revisar asuntos de secuestro, extorsiones, desaparición de personas, etcétera-, sí es el de mayor impacto.
¿A qué se debe la disminución de homicidios? Definitivamente tiene que ver con el reforzamiento de la seguridad en Acapulco, donde ya operan desde hace tiempo grupos de lo que será la Guardia Nacional.
Al ser Acapulco el municipio donde más delitos de este tipo se comenten, es obvio que al reforzar la seguridad el impacto fue global, lográndose la reducción de 3 por ciento, dijo el mandatario estatal.
Se espera que tras la puesta en marcha de la Zona Prioritaria Chilpancingo, por parte de los tres órdenes de gobierno, se pacifique la capital del estado y los municipios de Zumpango y otros del filo mayor, como Tlacotepec, donde la violencia azota a tal grado que cientos de familias han tenido que dejar sus propiedades y estuvieron protestando frente al Palacio de Gobierno en la Ciudad de México, en demanda de garantías para volver a sus tierras.
A diferencia de lo que había sucedido con otros desplazados –fenómeno que comenzó a registrarse desde el gobierno de Ángel Aguirre Rivero-, esta vez los pobladores del Filo Mayor exigieron que las autoridades asumieran su responsabilidad y actuaran contra los grupos que se disputan la zona, colocando a las familias en una constante persecución, hasta que se vieron obligados a dejar sus hogares para salvar la vida.
Recordemos también que un grupo delincuencial del Filo Mayor había amenazado con incursionar en Chilpancingo si no se detenía a uno de sus adversarios, quien por cierto estaba como representante de los desplazados en México, y quien se defendió diciendo que el verdadero conflicto en la sierra no era propiamente la siembra de amapola, sino un proyecto minero que está por ser desarrollado.
Son 600 elementos (400 policías militares y 200 policías federales) los que se esforzarán por frenar la violencia que está afectando a Chilpancingo, pero que fluye desde la Sierra, pues los grupos que se disputan esa parte, se pelean por la capital con los que están en la Montaña baja, convirtiendo desde hace años a la capital del estado en una ciudad violenta.
Ojalá que la estrategia funcione y se adopte algo parecido para Chilapa y la región de la Montaña, donde también los pueblos están desde hace años a merced de por lo menos dos grupos delincuenciales, que mantienen a la zona indígena asolada.
Siempre hemos dicho que la paz de México pasa por Guerrero. Si el gobierno federal, en coordinación con el estado y los municipios, logra pacificar esta entidad, habrán avanzado mucho en la paz del país.
