Editorial

¿Qué hay detrás de la rapiña?

No es casual que las tragedias se desaten en lugares impronunciables o inéditos para el resto de los citadinos. Ayotzinapa, Tlatlaya o ahora Tlahuelilpan terminan por convertirse en nombres familiares por las razones más siniestras, a golpe de muertos. Y tampoco es casual que sean nombres indígenas; los desastres suelen presentarse allá donde el hambre es mayor, donde los poderes reinantes son más salvajes y la vida de los personas es más vulnerable ante las fuerzas naturales o de las otras que los vapulean. Así como las grandes epidemias, las hambrunas o los genocidios tienen lugar en los sótanos del planeta, en las zonas atrasadas de África o de Medio Oriente, en nuestro país se ceba sobre nuestro tercer mundo local.

Alrededor de setenta muertos y contando es el saldo que ha dejado la explosión en Tlahuelilpan (y sí, apréndase este nombre porque desde ahora formará parte, junto huachicol o Ayotzinapa, del léxico rojo con el que intentamos nombrar lo innombrable).

Las tragedias suelen atribuirse a muchos padres, dependiendo del lugar en donde estemos parados. Algunos aprovecharán el dolor y la indignación para cargarlo a la factura política de López Obrador, insistiendo en que esto no se habría presentado si el Gobierno hubiera encarado de otra manera la batalla contra las mafias que trafican con el hidrocarburo. Otros apuntarán el dedo flamígero contra el Ejército por no haber impedido que la gente convirtiera en una romería la fuga de gasolina. Otros responsabilizarán, en primera instancia, a la propia población que mire por donde se mire estaba cometiendo un acto de rapiña en contra de las órdenes de la autoridad. Y algún exigente, incluso, podrá argumentar que tampoco esto se habría presentado si los gobernadores de la región Centro Occidente no hubieran exigido tan categóricamente la reactivación de los ductos, a pesar de que el Gobierno federal no había terminado el operativo de revisión de fugas y blindaje de seguridad.

Todos estos no son más que seudoargumentos. No nos engañemos, el responsable es el crimen organizado y la guerra que ha desatado aparentemente en contra del Gobierno federal, pero en realidad en contra de la sociedad en su conjunto. Los huachicoleros no sólo sabotean los ductos para provocar desabasto en las ciudades y desencadenar la indignación de los habitantes en contra de la campaña que el Gobierno ha puesto en marcha; además usan a la población literalmente como carne de cañón para encarecer los saldos de esta guerra.

Lo de Tlahuelilpan es un ejemplo típico de esta estrategia. Una perforación con la consiguiente fuga y una convocatoria a la población para que acuda a la rapiña. Un crimen tan astuto como cobarde. Buscar ahora otros responsables no hace sino seguirle el juego a este perverso montaje.

El crimen organizado es resultado de la impunidad que se ha instalado en la vida pública en México; la ausencia de Estado de Derecho y la corrupción de las policías han prohijado el surgimiento de poderosos sindicatos dedicados a la delincuencia. Pero en el huachicoleo existe un factor adicional: la extendida cultura de rapiña entre la población.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

El fin de semana anterior nos sorprendió con una tragedia por guachicoleo. Tarde o temprano, las hordas de ladrones de combustible –lamento usar esa frase pero es real-, se auto-inmolarían en aras de sostener un negocio que en realidad les es ajeno, pues mientras ellos se ganan unos cuantos pesos por los bidones que logran recolectar, los verdaderos dueños del negocio y que mueven a miles de familias en zonas rurales de varios municipios del país, están actuando con cálculo y sigilo, movilizando a su favor a los pauperizados, los habitantes de los traspatios de este país, a donde el desarrollo no ha llegado, y donde se viven niveles de pobreza catastróficos.

Esta es la herencia maldita del gobierno que recién dejó la presidencia de la República. Imposible no decirlo. Sabemos que esto provoca prurito entre los priístas del país, pero para ser sinceros, las bases del partido son inocentes de lo que desde las cúpulas se haya fraguado. Además, no están solos, pues en este negocito también figuran los panistas, quienes gobernaron desde el año 2000 al 2012. Y aunque Vicente Fox Quezada diga que en su sexenio no se conocía de ese delito, en efecto hubo pocas tomas clandestinas, pero el guachicoleo de cuello blanco, el que opera desde dentro de Pemex y en todas las áreas, ya existía.

¿Alguien recuerda, por ejemplo, las explosiones del 22 de abril en Guadalajara? Esa tragedia registrada en la perla tapatía en 1992, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari y del priísta gobernador Guillermo Cosío Vidaurri, también fue provocada por los guachicoleros de cuello blanco, quienes quedaron en la total impunidad porque todo el aparato de justicia y de gobierno se confabuló para protegerlos.

Los guachicoleros se habían robado tanto combustible, que ante la amenaza de una auditoría de la cual recibieron el pitazo, derramaron millones de litros de gasolina al drenaje, desde la planta de la colonia La Nogalera, situada en un lugar alto de la ciudad. El combustible corrió por el drenaje aguas abajo, pero se taponó justo en la avenida Independencia, donde en su cruce con la avenida Juárez, frente al mercado de San Juan de Dios, tuvieron que hacer un sifón en el colector de aguas negras para construir el paso del tren ligero.

Este sifón permitía el paso del agua, pero no de los mortales vapores de la gasolina. Calles arriba, en varias colonias del Sector Reforma de la ciudad, la gente comenzó a denunciar que de los drenajes de sus baños y regaderas salía olor a gasolina. Incluso de las losetas de sus pisos fluía el olor. Fueron varios días lo que los expertos de Protección Civil trabajaron, tratando de encontrar el origen de esos olores. Sólo detectaron la presencia de gasolina y otros hidrocarburos, pero no con el origen de ello. Una tarde, cuando ya era el olor insoportable y viendo que incluso salía vapor de las alcantarillas, Protección Civil Estatal comenzó a quitar todas las tapas del drenaje, dejándolas abiertas. Era un día martes. Al día siguiente, a las 10:00 de la mañana comenzaron a reventar las calles del céntrico barrio de Analco, afectando también a las colonias Atlas, San Carlos y Las Conchas, y otras de más arriba.

En un instante, 15 kilómetros de calles estallaron y aquello parecía una zona de guerra. Y es que levantaron las tapas del drenaje, pero no impidieron el paso de vehículos ni de personas, porque los expertos de Pemex no se dignaron a dar instrucciones, sabiendo que la gasolina es volátil y altamente inflamable. Tampoco evacuaron porque el alcalde de Guadalajara determinó que no había riesgo. Además eran días de asueto –Semana Santa-, y los niños estaban en sus hogares. Según cifras oficiales, esas explosiones que se registraron una a una ininterrumpidamente, ocasionaron la muerte de más de 700 personas, dejaron casi 800 heridos y 15 mil personas sin hogar. Sin embargo, periodistas y civiles que estuvieron cubriendo la tragedia reportan por lo menos el doble de muertos, siguiendo su propia contabilidad en los lugares que se habilitaron como morgues, donde se les iba colocando un número a los cuerpos, sin contar los que murieron en clínicas y hospitales posteriormente.

Pero el caso no paró ahí. Esas explosiones abrieron una verdadera cloaca que de haberse combatido en su época, se le hubiera cortado el pescuezo al monstruo guachicolero que ahora conocemos. Días después de estas explosiones, los expertos de la paraestatal –que para entonces ya estaban involucrados en las investigaciones- detectaron gasolina en el subsuelo de la colonia La Nogalera, precisamente donde se ubica la planta de Pemex en Guadalajara, y otras aledañas. Para recuperar el combustible, cavaron pozos de absorción para captar el agua del nivel freático y con ella la gasolina que se fugó por los drenajes rotos. Como consecuencia, al ser el suelo de Guadalajara de xal (piedra liviana y porosa), y al quedar sin agua porque la drenaron, el subsuelo se hundió provocando que cientos de casas se cuartearan.

Las pérdidas fueron incuantificables. Veamos la explicación del gobierno salinista: “Tubos de agua nuevos, hechos de hierro revestido de zinc, fueron emplazados cerca de una tubería de acero perteneciente a Pemex. La humedad de la tierra hizo que los metales tuvieran una reacción electrolítica, que eventualmente ocasionó la corrosión de esta última, creando un agujero que provocó que la gasolina se fugase al subsuelo y en la tubería principal municipal”. Un vil cuento, para tan grande tragedia. Eran tiempos salinistas, y lo que fue la evidencia de un robo hormiga, aumentó hasta convertirse en lo que ahora conocemos como “guachicoleo”.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

México, en riesgo de dejar de recibir turismo extranjero

Mis estimados, les informo que el secretario de Turismo Federal, Miguel Torruco Marqués, dio el tiro de gracia a más 124 destinos turísticos de México, pues confirmó el funcionario durante la inauguración de las Perspectivas Turísticas para México en 2019, presentada por la Universidad Anáhuac, que por instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador, todo el recurso recabado por el Derecho de No Residente (DNR), que correspondía a la promoción turística, se destinará para la construcción del Tren Maya.

Lo que parecía una idea, ya es un hecho por disposición presidencial, dijo el secretario de turismo.

Lo dicho por Torruco Marqués creo molestia en el sector privado, al grado de que recibió airados reclamos. Le dijeron que la iniciativa privada tenían planeada una reunión con el presidente AMLO para solicitarle 2 mil 200 millones de pesos precisamente del impuesto denominado Derecho de No Residente (DNR), para destinarlos a la promoción turística; pero les contestó Torruco Marqués: “Les recuerdo que se harán propuestas sobre un nuevo modelo, donde se trasparenten todos los recursos y sobre cómo llevar a cabo las representaciones turísticas en diferentes países, pero ya manejadas por el sector privado, con la concesión de la marca México, la cual tenemos nosotros en la Sectur”.

Es decir, quien quiera publicitar sus destinos turísticos tendrán que hacerlo con recursos propios. Torruco lo dejó bien clarito, como el agua clara.

Sin embargo, la iniciativa privada no se rinde y al conocer la decisión presidencial de desviar el recurso del DNR para la contrición del Tren Maya, los empresarios repararon como caballos briosos, y dijeron que el dinero recaudado a través del DNR no puede, por Ley, destinarse a otros fines que no sean los de la promoción de los destinos turísticos del país.

No obstante, el decreto está firmado y el secretario de turismo Federal ni suda ni se acongoja, y ante el reclamo de la iniciativa privada dio cifras alegres para halagarse a sí mismo. Afirmó que el turismo en México seguirá creciendo, aunque al mismo tiempo reculó el funcionario federal y aceptó que el sector tendrá un ritmo de crecimiento menor que antes, pero aclaró que no es por la escasez de gasolina.

“Hemos tenido un poco de problemas en Guanajuato, pero se han venido solucionando poco a poco”, indicó. Pero los empresarios no se referían al turismo nacional y siguieron cuestionando al secretario de Turismo, que bien mono dijo que no crecerá el turismo debido a “factores cíclicos”, observados desde 50 años, y por otros factores, como las alertas de seguridad de viaje emitidas por el gobierno de Estados Unidos.

¿Cómo ven al secretario de Turismo federal? Se aventó una pluma fuerte. Pero le sigo contando lo choros del secretario Miguel Torruco, que casi hace que se infarten los empresarios de un coraje, pues el funcionario recordó que el turismo interno representa en nuestro país un 80 por ciento de la ocupación hotelera; y para consolarlos, les anticipó que en este año van a construir 23 mil nuevos cuartos de hotel, lo que genera entre 140 mil y 150 mil nuevos empleos directos. ¡Que chulada!, como dicen los calentanos. Bien reza el adagio que el prometer no empobrece, cumplir es lo difícil.

El titular de la SECTUR mencionó que en 2018 vinieron al país 41 millones 535 mil turistas extranjeros, dejando una derrama económica de 22 mil 440 millones de dólares. No obstante, Torruco Marqué se quejó de que esos turistas extranjeros se concentraron en sólo 5 destinos de los 124 con vocación turística que tiene el país. ¡Rayos!

Qué bonita manera de contentarnos por la desviación del recurso destinado a la promoción turística del país para la construcción del Tren Maya. Eso es ser cabeza dura, ya que los funcionarios de turismo reconocen que los viajeros internacionales dejan una derrama económica considerable; entonces, ¿por qué la necedad de desaviar el billete a una obra que no saben si va a funcionar? En serio que se necesita ser muy bruto para no aceptar una realidad que está comprobada, para ir experimentar a una nueva. Neta, ahora sí se volaron la barda.  

El que pegó el grito al cielo -no es la primera vez que lo hace, desde que el gobierno de AMLO decidió finiquitar el Consejo Nacional Empresarial Turístico (CNET)-, y que no para de decir que el turismo internacional va a disminuir en el país por falta de promoción, es Pablo Azcárraga.

Incluso, el directivo añadió que el país podría perder unos 20 millones de visitantes internacionales, en el mediano plazo, si insisten en desviar el recurso destinado para la promoción de las joyas turísticas nacionales, para a la construcción del Tren Maya.

“Estamos molestos –dijo Pablo Azcárraga-, y también gritando, porque cómo se les ocurre ahorita quitar el dinero para la promoción en un momento crítico, no tiene sentido”.

Y terminó su participación augurando que el turismo se puede desplomar entre 20 y 30 por ciento en el verano de este año, si continúan paradas las campañas de promoción turística. Remató

De por si no hacen promoción a todos los destinos turísticos, porque promueven sólo los de Quintana Roo.

Los empresarios están bien enfurecidos con la decisión presidencial de AMLO, pues a decir de ellos el Tren Maya no augura nada bueno y menos en lo que respecta al medio ambiente. ¡Me lleva la que me trajo!

Mientras son peras o manzanas, la decisión está tomada y el decreto lanzado: el recurso por el Derecho de No Residente (DNR), va completo a la construcción del Tren Maya.

Ni hablar, donde manda capitán, no gobierna marinero.

Bien dice el dicho, que no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. En lo personal, me alegré cuando el presidente AMLO nombró a Miguel Torruco Marqués como secretario de Turismo, pues el ahora secretario es experto en el área turística. Leí un libro de él y en serio tiene mucha capacidad en el ramo turístico, y conoce perfectamente los 124 destinos que tiene el país, sabe de las carencias y conoce las necesidades de cada una de ellos. Pero al escucharlo, da entender que no habrá ningún avance. Peor aún, muchos de estos destinos quedarán estancados, pues si recibiendo ese impuesto que ahora tienen para su promoción, están enanos, imaginemos si les quitan el recurso para destinarlo a otro fin, seguro que van a tener problemas para sobrevivir, y entre ellos se encuentran los destinos del estado de Guerrero, sobre todo Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo, Playa Troncones, del municipio de La Unión, y Barra de Potosí, del municipio de Petatlán. Estos son destinos que más viajeros internacionales reciben.

Sin embargo, los empresarios tienen tiempo para buscar soluciones, pues tampoco se pueden quedar llorando sus penas. Hay que buscar soluciones ante la nueva realidad. La iniciativa privada tiene que buscar la forma de promover los destinos turísticos del estado de Guerrero; digo, porque no tiene otra alternativa. A lo hacho pecho, como dice el dicho popular.

Es viernes mis estimados, disfruten a sus hijos. Ya ven que en familia todo es mejor. ¡Feliz fin de semana!

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Los partidos del Frente por México: PAN, PRD y MC, votaron el pasado miércoles en contra del proyecto de reforma constitucional para crear la Guardia Nacional, con el argumento de que, aunque se le antepuso un mando civil, dependerá en estricto sentido de una junta mayor integrada por mandos militares.

Consideran los diputados de lo que fue el Frente por México en la pasada elección presidencial, que la seguridad pública no debe ser “militarizada”.

Fue el diputado panista Jorge Romero, quien dio el posicionamiento de su grupo parlamentario: “Se nos quiere vender aquí que (la Guardia Nacional) va a tener un mando civil. Ajá. Todos los demás artículos de su dictamen señalan, sin duda, la naturaleza militar, castrense, de esa guardia.

“Ejemplo: su máximo órgano deliberativo habrá de ser una Junta de Estado Mayor con mandos militares. Ustedes dicen que (la SSP) se encargará de lo administrativo, lo estratégico, de la planeación”.

Bueno, los argumentos son válidos viniendo de alguien que no tuviera cola que le pisen, que no es el caso de estos partidos. Que nos expliquen estos señores –que además firmaron orondos el Pacto por México para despojar al país de su soberanía energética-, cómo es que el modelo calderonista, basado en la militarización del país, no fue refutado. Y por qué el modelo de Enrique Peña Nieto tampoco fue observado, aunque éste eliminó la Secretaría de Seguridad Pública (obviamente por la podredumbre en que la dejó Genaro García Luna, el súper policía del calderonato), y concentró todo en la Secretaría de Gobernación, haciendo de ésta una “Súpersecretaría de Estado”, pero inútil, porque en estricto sentido, el modelo de Peña Nieto fue también un esquema militar disfrazado.

Recordemos que EPN dividió al país por regiones, y en cada entidad impuso a los secretarios de seguridad pública, todos mandos militares de alto rango, que operan por encima de los gobernadores, y quienes han venido haciendo de las entidades federativas su coto de poder. Guerrero es un claro ejemplo de ello, pues hasta la fecha, desde que se fue el General Pedro Almazán, impuesto desde la defenestración de Ángel Aguirre Rivero, todavía no se nombra al titular de Seguridad Pública, sino que se tiene a un encargado de despacho.

En resumen, el gobernador Héctor Astudillo no ha tenido la facultad de nombrar a su secretario de seguridad pública, y por lo tanto tampoco ha tenido la opción de tener un plan de seguridad propio, sino que le fue impuesto desde la Federación, a través de un General del Ejército Mexicano.

Sabido es que Pedro Almazán dio órdenes a los mandos de la Policía Estatal para que no hicieran detenciones en ciertos cuadrantes de la entidad. De ahí muchas noticias en donde sabemos del hallazgo de droga y armas, pero ningún detenido.

Y valdría la pena preguntarse si Pedro Almazán, siendo un General en activo de la Sedena, a quién le rendía cuentas; si a su General, Salvador Cienfuegos, o al gobernador del estado de Guerrero. Bueno, con eso de que dicen que un soldado nunca deja de serlo, aunque esté en retiro…y mucho menos si está de comisión.

Por si fuera poco, además de imponer a los titulares de Seguridad, el gobierno de EPN diseñó lo que se conoce como los Grupos de Coordinación estatales, todos dirigidos por mandos militares, quienes ni siquiera dan la cara al pueblo, pues tienen un vocero que sale a explicar lo que está sucediendo en la entidad, pero que no es otra cosa que un recuento absurdo de daños. Nada de prevención, nada de nada.

En Guerrero todo ha empeorado y el mismo gobernador ha lanzado varios SOS a la Federación, obviamente sin dar detalles del problema, pero es evidente que lo tienen atado, en medio de un hormiguero.

Se necesita ser ciego, sordo y mudo para no enterarnos de la trama que urdieron para apoderarse de los estados, algo que Felipe Calderón no hizo porque si de algo se quejó el ex presidente panista, es que los gobernadores no se alinearon con su política de seguridad y de ahí el fracaso, en lo cual tenía harta razón.

Quizás por ello Peña Nieto cambió de estrategia y en lugar de estar peleando con los gobernadores, o dejando que estos tomaran decisiones en los asuntos de seguridad, les amarró las manos y tomó el control prácticamente de todo el país, a través de Cienfuegos. Bueno, hasta una ley a modo les iba a dar a los militares, para que México entrara de lleno en un estado de excepción.

Lo peor que nos puede suceder como país es continuar por la misma ruta. Algo se tiene que hacer para recuperar los territorios perdidos, y quienes ya tuvieron la oportunidad de trabajar por México, pero fracasaron, sería bueno que optaran por el silencio en lugar de exhibirse.

Porque resulta abrumador que se hayan aliado para enterrar a este país en el más ignominioso de los destinos, pero que ahora que se está tratando de sacarlo a flote se resistan, revestidos de un hipócrita manto democrático.

México ya no tiene remedio, señores. Ya se lo tragaron, o dejaron que se lo tragaran los más terribles devoradores. La militarización ya no es una opción para nosotros, sino que es el único camino posible, pues todo en la vida pública de este país está contaminado. Y como ejemplo tenemos Pemex.

Editorial

La justicia que necesitamos

Inicia 2019 y hay ya temas de interés público en el ámbito judicial sobre los cuales conversar. Tras la elección del ministro Arturo Zaldívar como representante de la Suprema Corte, mi firme intención era dedicar esta primera opinión a resaltar las líneas generales de trabajo 2019-2022 que presentó previo a convertirse en su nuevo presidente, pues si logra convencer al resto de sus colegas en el máximo Tribunal de avanzar en una misma dirección, es posible que dentro de cuatro años se haya logrado una transformación radical en el Poder Judicial de la Federación.

Una que convierta a cada juzgado y tribunal de amparo en sólidos, constantes y confiables garantes de nuestros derechos humanos. Un ejército de instancias judiciales dispuestas a defender a las personas frente a quienes ejercen el poder y con el único compromiso de acatar la Constitución y tratados internacionales que ofrezcan la mayor protección posible a la población. Tribunales al servicio de la gente merecedores de todas las garantías institucionales para ser independientes.

Cuando la Corte en su comunicado nos alecciona y recuerda que en el artículo 94 constitucional se prevé una garantía de irreductibilidad de las remuneraciones en el Poder Judicial federal, a la par que destaca que en el artículo 123 constitucional se establece el principio de que a igual trabajo corresponde igual remuneración, lo que realmente hace es tomar partido por la postura que más le conviene pero sin considerar todas las normas constitucionales. Y eso es algo que no debe evadirse.

Por supuesto que alguien puede investigar si las remuneraciones del presidente de la República van libre y directamente a sus bolsillos y si todos sus gastos están cubiertos en el presupuesto; obviamente debemos considerar que en sentido opuesto, las personas que se desempeñan en el Poder Judicial federal no pueden emplearse en otra actividad remunerada mientras realizan su función, conforme al artículo 101 constitucional; en lo personal, no tengo duda de que la gran mayoría del personal y titulares judiciales sacrifican mucho más de lo que debieran al llevar a cabo sus responsabilidades, así como que sería necesario asegurarles horarios y cargas de trabajo más humanas, invirtiendo mucho más dinero en los juzgados.

Pero no se trata de eso, de lo que se trata es del compromiso de cumplir con la Constitución, con todas sus normas y no nada más con las que convengan para obtener el resultado que por anticipado se desea. Cuando se reformó el artículo 127 constitucional hace diez años, se estableció una regla especial aplicable no obstante los artículos 94 y 123 aludidos. Las remuneraciones se tenían que ajustar para no sobrepasar las de la Presidencia de la República. La Suprema Corte es la primera obligada por ese mandato constitucional, pues con su ejemplo ilustra no solamente a todos los juzgados y tribunales del país, sino a todas las autoridades.

La independencia y autonomía judiciales no están por encima de la Constitución. Con suerte el resto del gobierno no insistirá más y este tema quedará saldado. Pero la Corte no debe olvidar que su autoridad, su legitimidad y el apoyo social que requiere, las gana o pierde con el respeto total a la Constitución, y nada más.

Editorial

Otra vez Fragata

Con el conflicto por el agua potable en la Unidad Habitacional Fragata, se vuelve a abrir el debate en torno a las constructoras.

Desde hace décadas, este tipo de empresas han llegado al municipio con proyectos habitacionales que suponen un detonante de desarrollo. Se anuncian como grandes soluciones para el tema de la vivienda, las autoridades apapachan estas inversiones y al final, el resultado no es como se había planeado.

Ejemplos hay muchos en Zihuatanejo: Geo se vendió como el gran remedio habitacional de Ixtapa, pero en los hechos, presenta errores que nadie sabe, bien a bien, quién se los va a resolver: el tema de sus accesos; su drenaje pluvial; alumbrado y agua potable. Como ya se sabe, Geo se declaró en quiebra y con eso se lavó las manos para resarcir lo que no hizo bien.

Ahora es Fragata. Las casas fueron inauguradas en noviembre de 2013, por el entonces gobernador Ángel Aguirre. Se invirtieron 111 millones de pesos y el inversionista mayoritario fue el ex dirigente de la sección 14 del SNTE, Hilario Ruiz Estrada.

Se dijo que estaba pensada para profesores, con créditos “accesibles” y atractivos “beneficios”. No hubo tal: casi de inmediato comenzaron a surgir inconformidades por el asunto hipotecario, por la mala construcción de las casas y también, por el tema del agua.

Al comprar las viviendas, se les aseguró a los clientes que el lugar contaría con su propio pozo de abastecimiento para que ellos pudieran contar con agua las 24 horas del día, a diferencia del resto de la ciudad, por lo mismo no les permitieron colocar tinacos.

La semana pasada, la constructora responsable del lugar les cortó el suministro de agua, les exigió un pago mensual y retroactivo de los últimos 4 años, equivalente a unos 4 mil 500 pesos.

Desde el año pasado, la constructora les impuso el pago de 70 pesos mensuales, algo que consideraron ilegal, pues la empresa no es dueña de los pozos de los que se hizo cargo desde un principio para la edificación de las casas. La semana pasada subió la cuota a 120 pesos y solicitó el retroactivo de 4 años. Además, les aclaró que si un vecino no pagaba, no habría servicio para nadie.

La inconformidad de los vecinos radica en que la constructora no tiene la facultad para realizar al cobro y tampoco puede retirarles el servicio, pues atenta contra los derechos humanos.

No es la primera queja contra esta unidad habitacional y seguramente no será la última. Bien harían los responsables en dar la cara y dirimir el problema de manera rápida, para luego seguir con los demás pendientes, que seguramente, los hay.

No lo harán.

Ahora tocará al gobierno municipal, dirimir un problema que pudo ahorrarse si la autoridad en turno hubiese revisado las “letras chiquitas” del proyecto. 8 años después, resultará más complejo, porque tendrán que “reparar” algo que no avalaron.

Las iniciativas para desarrollar nuevas unidades habitacionales en el municipio, tendrán que revisarse con lupa, pues de lo contrario, lo único que heredarán serán problemas, tal y como ha ocurrido hasta ahora.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Ante el debate del rescate del campo, y el conflicto que se está adelantando por la reducción en el presupuesto del fertilizante, parece que los productores de Guerrero están dejando de lado algo que también es sumamente importante, y tiene que ver con el mantenimiento y conservación de los bosques, de los que la Costa Grande depende.

Los macizos boscosos de la Sierra son la vida para Guerrero y parte de la biodiversidad de México y del planeta en su conjunto. Sin embargo, a nadie le importan. Un puñado de ecologistas viene desde los años 90 advirtiendo el deterioro de la Sierra Madre del Sur, y el riesgo que implica el deterioro de los bosques, que parece que para nadie son importantes, a pesar de que estos sustentan la vida misma, pues representan agua, oxígeno, suelo, paisaje, turismo y en general los bosques sostienen prácticamente toda la economía, la primaria sobre todo.

En realidad, los gobiernos estatales no están invirtiendo en la conservación de bosques. Los presupuestos de las dependencias medioambientales son muy pobres y han fallado los intentos por rescatarlos. En los municipios el panorama es de plano patético. Mucho menos se ha hecho efectiva la vigilancia de parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), organismo que más bien ha sido un membrete en la entidad, al grado de que habiendo 7 regiones, además de la Sierra, sólo se tienen oficinas de esa dependencia en Acapulco.

En este sector todo está fallando, y el impacto negativo hace muchos años que lo estamos viendo: incendios forestales, ríos secos y contaminados, escasez de agua en la mayor parte del territorio estatal (y nacional), saqueo de los bosques de manera indiscriminada sin devolverles nada.

Esperemos que de parte del nuevo gobierno federal se tenga una estrategia genuina para impactar en el sector medioambiental, pues la corrupción permea en todas las áreas y ésta no es la excepción. Al contrario, el campo y la ecología son tan vulnerables, que todo mundo contamina sin recato.

Para no variar, los programas de reforestación que se han lanzado, a la postre resultan un verdadero fracaso, pues simplemente las metas nunca se cumplen, y los resultados son un desastre.

Sabemos que el gobierno federal tiene diseñado el programa Sembrando Vida, para reforestar de manera masiva los bosques del país, y que esto será motivo para generar empleos. Es decir, se adoptará el modelo de empleo temporal para que los brigadistas trabajen. Hasta ahí todo bien, pues tampoco el esquema de voluntariados ha servido de nada. Los amantes de la ecología están generalmente en las ciudades, advirtiendo de los peligros, pero pocos salen a plantar siquiera un árbol.

En el campo, ni se diga. Nadie quiere problemas con nadie y son pocos los ejidos en donde se tiene un plan de manejo forestal, aunque éste debe ser obligatorio. Los ejidatarios se quejan que la ley se les aplica a ellos de manera puntual, pero no a los terratenientes, quienes disponen de sus recursos naturales arbitrariamente, sin importar el daño que provoquen. Abren tierras al cultivo sin miramiento, derribando bosques de cualquier tipo, cuyos suelos por naturaleza son ácidos, ya que tienen vocación forestal y no agrícola.

Para hacer frente a esta crisis, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador presentó desde octubre pasado el programa Sembrando Vida, que es uno de los 25 proyectos prioritarios de su administración federal.

Tendrá una inversión de 15 mil millones de pesos, para sembrar 1 millón de hectáreas de árboles frutales y maderables e incluir cultivos de ciclo corto.

El gobierno federal aportará las plantas y los recursos para sembrarlas. Cada productor, comunero y ejidatario que se integre a este proyecto cultivará 2.5 hectáreas, por lo que recibirán un jornal de 5,000 pesos mensuales.

Además, deberán formar parte de una comunidad de aprendizaje integrada por 25 campesinos que recibirán capacitación de un técnico social, quien trabajará para favorecer el bienestar de la comunidad, impulsando relaciones de cooperación, armonía y corresponsabilidad; un técnico productivo, que los asesorará sobre técnicas de producción, tipos de suelo y cultivos mejor adaptados; y tres becarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro, que vivan en la comunidad y que participarán en los procesos productivos y sociales.

Esto último es lo que me parece que marca la diferencia con otros programas, como el que lanzó Felipe Calderón y que resultó un fiasco. Primero, se dispone de suficientes recursos económicos; segundo, se impulsa la reforestación con fines económicos; y tercero, se impulsará la reeducación y concientización de la gente del campo es, asesorados por técnicos.

Sin un cambio de mentalidad en la población será muy difícil superar los niveles de deterioro ambiental, en un país que es el cuarto por su biodiversidad, y por lo tanto uno de los más importantes para el sostenimiento de la vida en el planeta.

Guerrero, por sus sierras, es uno de los pulmones del país. Y aunque aquí el problema de rescate es mucho más complejo por la situación de inseguridad en esa región, la intervención de los ejidos, de las familias y gobiernos, será crucial para lograr la meta.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

El “Guachicolazo”, pese a ser un problema demasiado complejo y a los errores de logística cometidos por el gobierno federal, le está sirviendo al presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, como nueva catapulta política.

Según el diario El Financiero, prácticamente 90 de cada 100 mexicanos está a favor de esta cruzada anticorrupción en Pemex, contra 11 en contra. La empresa encuestadora de María de las Heras da un 72 por ciento a favor, contra 18 en contra. Mientras que Mitofsky registra 57 contra 36 por ciento.

Y en general, 76 de cada 100 mexicanos aprueban su gestión, a mes y medio de que comenzó, lo cual es la calificación más alta de cualquier mandatario en la historia.

Esto contrasta diametralmente con la imagen que se está tratando de afianzar en redes sociales, en el sentido de que el pueblo repudia la medida de control de AMLO, para frenar el robo de combustible, no en los ductos, sino lo que se roba desde dentro de la paraestatal y que es 80 por ciento del total, y que el presidente estaba perdiendo sus bonos políticos. Nada más alejado de la realidad, pues los números son fríos y no mienten.

Los números que día a día, en sus conferencias matutinas, ha ido presentando, son escalofriantes. Y aunque ya medios nacionales habían incursionado en ese espinoso tema –incluso hay libros que hablan de cómo Pemex estaba cooptado por una mafia de cuello blanco-, faltaba una estrategia con el rigor que está siendo llevada, para que todas las ratas salieran de la ratonera, literalmente.

Y queremos pensar que todavía no sabemos todo. Ayer, el presidente dijo que el robo de combustible, popularmente conocido como “guachicoleo” (aunque en realidad este término habla de un proceso de adulteración y no de robo de un producto como tal) comenzaba desde las plataformas petroleras. Estamos hablando entonces de una cadena de saqueo que dista mucho de ser el ya tan conocido “robo hormiga” que sucede en todas las dependencias públicas, e incluso en las empresas privadas.

Este es un caso apocalíptico, que forzosamente derivó en un obligado aumento al precio de la gasolina, y un incremento en las importaciones, para robarlo y para ir compensando el desfalco -que si nos atenemos a los listados de Forbes, mismos que revelan solamente lo robado por los guachicoleros de a pie, pero no de la mafia de cuello blanco-, fue durante el sexenio de Enrique Peña Nieto cuando todo se salió de control, al pasar de 189 tomas clandestinas en el año 2000, en el inicio del gobierno del presidente Vicente Fox Quesada, a 12 mil 581 en 2018, con el regreso del PRI al poder.

Pero aún durante Calderón el problema estuvo de algún modo controlado, pues en 2007, su primer año de gobierno, se detectaron 323 tomas en los ductos de Pemex, contra 1,635 en 2012.

Fue con Peña Nieto cuando todo se volvió un saqueo descarado, tanto dentro como fuera de Pemex. El sexenio comenzó en 2013 con 2,781 tomas clandestinas, hasta alcanzar las 12 mil 581 en 2018, y el guachicoleo se generalizó en el país, con la intervención de grupos delincuenciales, sobre todo en el triángulo rojo de Puebla, donde se aprovecha la pendiente de las cumbres de Maltrata en Veracruz, para chupar los ductos de Pemex, pues en ese punto, aunque los ductos sean cerrados, el combustible sigue fluyendo hasta por dos horas, por la sola atracción de la gravedad.

En ese triángulo, por lo menos 5 municipios poblanos tienen una economía basada en el robo de combustible, y es en ese punto donde continúan los boquetes en los ductos, de ahí la importancia de que permanezcan cerrados.

Pero lo peor está sucediendo dentro de la paraestatal, y la madeja apenas comienza a desenredarse. Un funcionario de Hacienda dijo antier que en el esquema de robo están metidos hasta ex alcaldes, diputados, empresarios y un largo etcétera.

¿Cómo no va a respaldar la gente de México esta cruzada? ¿No era lo que queríamos, que se combatiera la corrupción? Pues bien, ahí tenemos la repuesta. Sabíamos que era un cáncer masivo, y en este combate habrá muchos daños, incluidos los inconvenientes de ir a una gasolinera y que te digan que no hay combustible.

Salir de la versión móvil