La ‘Pulga’ aérea

Manuel J. Jáuregui

Como una especie de “Pulga” (mercado o bazar) aérea, el Gobierno federal puso en exhibición y venta un total de 72 aeronaves con las que se daban gusto paseando el anterior Presidente y sus subalternos. Muestra ésta de la AUSTERIDAD que pretende imponer el nuevo Gobierno federal.

Esto de la eliminación de gastos superfluos y lujos inaceptables resulta ser algo loable y merecedor de ser reconocido al Gobierno del Presidente López O., mas aún así no dejó de presentarse una piedrita en el arroz. Se les permitió (y seguro argumentarán razones de seguridad) al Secretario de la Defensa y al Secretario de Marina conservar para su uso exclusivo sendos jets ejecutivos de gran lujo y prestaciones: éstos un par de Gulfstreams G550 comprados en 2016 con un costo de CINCUENTA Y CUATRO millones de dólares CADA UNO.

Tendremos entonces la contrastante paradoja de que mientras el Presidente se mueve en aerolínea, dos de sus jefes militares viajarán en aviones privados como los que utilizan los magnates empresariales más acaudalados a nivel mundial. Como por ejemplo el co-chairman del Carlyle Group, David Rubenstein, quien comanda uno de los fondos de inversión más grandes del mundo y tiene a su disposición uno de estos Gulfstreams. Fuera de este detalle nos parece excelente que el Gobierno federal haya decidido deshacerse de tanto y tan caro JUGUETE para ingresar recursos a las arcas nacionales, ahorrar gasto y evitar tentaciones.

Sería bueno saber, por ejemplo, si están incluidas en la SUBASTA las aeronaves, tanto de ala fija (aviones) como de ala rotativa (helicópteros) que emplean paraestatales como PEMEX y la CFE. Recordamos que el que fuera director de PEMEX, Emilio Lozoya Austin, solía darse enorme gusto apuntando horas de vuelo en la bitácora de los aviones de PEMEX, tan lujosos que hasta se los solicitaban en “préstamo” otros funcionarios del Gobierno peñanietista.

Dentro del total de 72 aeronaves de las que pretende deshacerse el Gobierno morenista hay una muy buena cantidad que son “chatarra”, esto es, viejos y descuidados, por los cuales seguramente no recibirán gran cosa, dado que quien los compre será sólo para el deshuesadero. Nos explicaban que en el caso de los aviones viejos el mantenimiento rebasa por mucho en costo el valor de la aeronave. Es el caso de aquel compadre que le ofreció a su amigo un excelente burro: “No, gracias, compadre”, le respondió el potencial comprador, “no es lo que cuesta el burro, ¡sino lo que vale el maíz!”.

Los más codiciados elementos de este aerobazar, pues, son dos de los tres Gulfstreams con los que se quedaron nuestros jefes militares. El deshacerse de tanto avión, no obstante, representa un gran ahorro para el Gobierno federal: menos sueldos de tripulaciones, menos costo de entrenamientos, menos pago de refacciones, de mecánicos, de turbosina, de reparaciones, de pagos por uso del espacio aéreo, etcétera.

No puede menospreciarse el poder de la señal que emana de tal decisión en lo que a la práctica de la austeridad se refiere. No hay más potente prédica que el ejemplo, por lo que al deshacerse de tanto avión y helicóptero el Gobierno morenista sienta un buen precedente: no es posible montar sobre los vencidos hombros de un pueblo pobre una clase elitista de burócratas que rápido y pronto se acostumbran a los lujos y los privilegios CON CARGO AL PUEBLO.

Muerto el perro, se acabó la rabia. Idos los juguetes y con las riendas del gasto bien apretadas, nuestra burocracia tendrá que ajustarse a lo modesto y prudente, acorde a las necesidades de una sociedad en la que abundan las carencias. Se acabaron esos episodios en los que bajaba un helicóptero Augusta 109 en el Campo Marte para recoger al “foursome” del Presidente Peña (Emilio Gamboa & Co.) para irse a jugar golf.

Esto, por supuesto, con cargo a los mexicanos, pues el costo de adquisición y operación de los helis y jets que usaban los funcionarios del pasado sexenio iba directo contra las aportaciones fiscales pagadas por todos los ciudadanos cautivos del fisco mexicano, en el pasado tan bueno para exigir, pero tan malo para rendir cuentas claras.

Editorial…

El enemigo útil

         En una mañana en que lanzó una andanada de tweets, Donald Trump amenazó ayer nuevamente a México. “Los soldados de México recientemente apuntaron a nuestros soldados de la Guardia Nacional, probablemente como una táctica de desvío de atención para los narcotraficantes en la Frontera. ¡Mejor que no pase otra vez! Estamos enviando ahora SOLDADOS ARMADOS a la Frontera. México no está haciendo lo suficiente en aprehender y devolver”.

         Un tweet anterior afirmaba: “Una Caravana muy grande de más de 20 mil personas ha empezado a avanzar por México. Ha sido reducida de tamaño por México, pero todavía viene. México debe aprehender al resto o nos veremos forzados a cerrar esa sección de la frontera y llamar al Ejército. ¡Los Coyotes y Cárteles tienen armas!”

         Trump está en son de guerra, preparando su campaña de reelección, tras la exoneración por su supuesta colaboración con Rusia en el proceso electoral de 2016; y está recurriendo nuevamente a la estrategia que más beneficios le ha rendido: hacer de México y de los mexicanos un enemigo.

         Benjamin Moffitt, profesor de la Universidad Católica Australiana y autor de The Global Rise of Populism, señala que una de las características más significativas del populista es pretender que representa al “pueblo” frente a un enemigo perverso. Según la posmarxista belga Chantal Mouffe: “No hay un ‘nosotros’ sin un ‘ellos’.” Para Hitler el enemigo eran los judíos, para Hugo Chávez los capitalistas y los yanquis, para Nigel Farrage la Unión Europea, para Marine Le Pen los inmigrantes, para López Obrador la mafia del poder, los conservadores/neoliberales y la prensa fifí, para Trump los medios de fake news y los mexicanos.

         En el caso de los soldados mexicanos que según Trump encañonaron a militares estadounidense para “probablemente” proteger a narcotraficantes, la secretaria de gobernación Olga Sánchez Cordero declaró: “Creo que pensaban que estaban en territorio mexicano, los soldados mexicanos, y ya estaban, creo que ya estaban en territorio norteamericano. Ahí hubo una confusión en la línea divisoria”. Según el canciller Marcelo Ebrard estas confusiones son comunes, pero no hay duda de que el presidente Trump la está aprovechando.

         Trump está aprovechando también el ingreso a México de nuevas caravanas de inmigrantes para generar alarma entre sus posibles electores. Las propias autoridades mexicanas han reconocido que hay un aumento “inédito” en los inmigrantes, especialmente hondureños, pero tampoco podemos sorprendernos. El nuevo gobierno mexicano está ofreciendo protección, apoyos y empleos a quienes lleguen a nuestro país; son incentivos enormes para quienes en sus países no tienen nada.

         López Obrador ha sido insistente en sus respuestas a las amenazas de Trump. Ayer, en la mañanera, dijo: “Nosotros no vamos a caer en ninguna provocación. Le digo al presidente Donald Trump que nosotros queremos mantener una relación respetuosa y de amistad con su gobierno”.

         El presidente no se equivoca al tratar de mantener una relación respetuosa con Trump, pero Trump ya está haciendo daño a México. El cierre parcial de la frontera por el retiro de personal de las aduanas está generando pérdidas millonarias a exportadores y transportistas mexicanos. Trump sabe el poder que Estados Unidos puede tener sobre México y nos está dando apenas una probadita. Si necesita tomar medidas adicionales para su reelección lo hará. Somos para Trump un enemigo útil.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Hace siete años de que entró en vigor la Ley General contra la Trata de Personas, y a 15 años de que México ratificó el Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, México sigue en pañales en esta materia.

Vergonzosamente, apenas leímos la noticia de que más de 20 personas estaban en calidad de esclavas en una cueva de Chihuahua, y algunas de ellas tenían más de 2 años en esa condición, siendo utilizadas por grupos armados para levantar cosechas de enervantes.

Por fortuna no los mataron y los sobrevivientes de este negro episodio pudieron ser rescatados, tras una denuncia a las autoridades, y luego de que se realizó una investigación para dar con el sitio exacto de la cueva donde tenían a los secuestrados.

¿Esto es trata de personas, o secuestro? Es trata. El secuestro se configura cuando una persona es raptada para pedir un rescate por su vida. Pero en este caso se ejerció la desaparición forzada no para pedir dinero por liberarlos, sino para usarlos como esclavos. De esa manera, los jefes del narco lograban cultivar los campos sin que les costara pagar un jornal.

De acuerdo la ley vigente, la trata de personas es la comercialización de las personas con fines de explotación, y un fin de explotación es obligar a las personas a actividades delictivas, ilícitas.

¿Qué está haciendo el gobierno en este sector? Bueno, primero decir que el problema de inseguridad es demasiado complejo, porque poco a poco el simple trasiego de estupefacientes se fue combinando con otros delitos, abarcando diversos sectores de la vida pública, y la trata es uno de ellos, quizás el más difícil de combatir, pues estamos ante poderosas redes cuyos tentáculos son incluso de alcance internacional.

Por ejemplo, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) dio a conocer  un diagnóstico que refleja la situación de trata de personas en México, con información desde el 15 de junio de 2012, cuando entró en vigor la actual Ley General Contra la Trata de Personas, al 31 de julio de 2017.

Este diagnóstico, aunque incompleto, reveló diversos puntos finos que las instituciones del Estado Mexicano han sido incapaces de superar. El informe dice que más de 2 mil víctimas de trata fueron auxiliadas en los consulados de México en Estados Unidos, lo cual significa que tales personas fueron sacadas de este país, con fines de explotación sexual o laboral, y que sólo allá tuvieron la oportunidad de dar a conocer sus casos.

Pero el caso es todavía más tenebroso, porque la CNDH revela que sólo una de cada 10 víctimas de trata de personas  puede denunciar y se puede librar de sus captores. Luego entonces, esas 2 mil víctimas que sí lograron escapar, representan el 1 por ciento de las que no han corrido con esa suerte.

Y esa es sólo la cifra de los casos internacionales, porque la trata se da mayormente dentro de nuestras fronteras, como es el caso de los esclavos de Chihuahua, caso similar al que sucedió en Zapopan, Jalisco, hace unos dos años, cuando se descubrió una red de trata que obligaba a los esclavos a laborar para una empresa extranjera, y quienes vivían en condiciones infrahumanas. O bien a los esclavos del narco en Guadalajara, la mayoría jóvenes que eran reclutados con engaños, a través de anuncios de oferta de trabajo, pero que eran llevados a zonas inaccesibles para entrenarlos como sicarios.

El informe de la CNDH reporta que a lo largo de 5 años, de 2012 a 2017, se detectaron unas 5 mil 245 víctimas de delitos en materia de trata de personas (más de mil por año, según información de las Procuradurías y Fiscalías Generales en el país).

Pero, ojo, la gran mayoría de estas, son mujeres. Hasta 85 por ciento de las víctimas de trata son mujeres de todas las edades, y sólo 15 por ciento son hombres y niños.

Y aquí radica el gravísimo nivel de riesgo para las mujeres y niñas en México, quienes están en la mira de los tratantes.

Por lo tanto, a propósito del despliegue de la Guardia Nacional por el territorio del país, urge que se reactiven los programas contra la trata de personas, que según expertos se quedaron en veremos al cambio de gobierno, y que esto se haga tanto dentro como fuera del país.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

Cinco Ayuntamientos sin Consejo Municipal de Protección Civil

Para América Patricia Zamacona Hernández

Promedio de diez en la especialidad en Estomatología Pediátrica. ¡Felicidades! 

“Los cambios son para los valientes, los cobardes siempre preferirán quedarse donde están aunque no sean felices allí.” Elizabeth Camacho

Mis estimados, antes de la entrega, voy a contarles brevemente que viaje de Zihuatanejo a Chilpancingo en coche, y de ahí a la Ciudad de México en autobús. El recorrido lo hice a propósito, ya que algunos viajeros se quejan de la inseguridad en la vía, como también de malas condiciones de la misma, y quería corroborar con mis propios ojos si es cierto lo dicho por los paseantes.

El tours que me aventé fue genial, me encantó el viaje. El servicio de los autobuses es cómodo y bueno, las carreteras sin novedad, nada de asaltos ni de presencia de escorpiones venenosos en el camino; a pesar de los paisajes verdes y hermosos de los cerros, no se divisó a ninguno. Ya ven que la madre naturaleza es buena con los malagradecidos humanos, pues a las primeras lluvias reverdece todo el campo, por eso el paisaje en las carreteras es muy bonito. Además de que lucen reparadas y sin baches. Súper bien la carretera, al grado de que regresé encantada y vuelvo a repetir el viaje aunque acabe cansada, pues tiene bonita vista toda la vía.

Sin embargo, lo mejor del recorrido fue ver el desplazamiento de turistas con rumbo hacia los destinos del estado de Guerrero. ¡Impresionante!
Automóviles de distintas entidades viajaban con rumbo al puerto de Acapulco, y ya en el trayecto hacia Zihuatanejo, pude ver automóviles con placas de Puebla, Ciudad de México, Aguascalientes y Querétaro.

Seguro los turistas disfrutarán los destinos de la Costa Grande, que por cierto también se agradece la buena condicione de la carretera. Asimismo sin novedad en cuanto a seguridad, el camino tranquilo; después de varios días enmarañados, hoy lucen tranquilos.

Esperamos que siga así hasta el final de las vacaciones de verano, por el bien de los destinos de playa y la gente.

Es estupendo ver con cuánta alegría el turismo viene a disfrutar las playas guerrerenses; por eso, tanto los prestadores turísticos, comerciantes y empresarios, tienen la obligación de cuidar y atender bien al turista nacional, pues son centenares de vacacionistas los que arribaron a los puertos desde el pasado fin de semana, según la Secretaría de Turismo de Guerrero.

De manera general, los destinos turísticos de la entidad registraron una ocupación hotelera de 80.9 por ciento este fin de semana. Acapulco obtuvo un 79.7 por ciento, Zona Dorada un 90.4 por ciento, seguido de las zonas Tradicional y Diamante con 67 y 65 por ciento.

En cambio, Ixtapa-Zihuatanejo, el fin de semana reportó 82.3 por ciento de ocupación hotelera. Ixtapa alcanzó 85.8 y Zihuatanejo 56.8 por ciento.

Según hoteleros de Ixtapa, no hay habitaciones libres, están al tope.

Y volvemos a corroborar que digan lo que digan de las playas y de los puertos del estado de Guerrero, los vacacionistas eligen los destinos guerrerenses para vacacionar, ellos son fieles a las playas.

Incluso visitaron las playas del puerto de Acapulco que fueron bombardeadas por medios impresos, electrónicos y hasta las redes, señaladas de ser las playas más contaminadas del país.

Sin embargo, con todo eso, el turismo llegó al puerto acapulqueño, pues como Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo no hay dos. Jejeje.

Por cierto, el gobernador Héctor Astudillo Flores, en el marco de la puesta en marcha del operativo conjunto de seguridad de la temporada de vacaciones de verano, así como en la sesión extraordinaria del Consejo Estatal de Protección Civil, aceptó la contaminación de las playas, pero tampoco lo aprobó.

Al contrario, recomendó que si hay observaciones por parte de Cofepris, que todos se pongan a trabajar, tanto las autoridades como la sociedad para la limpieza de las playas.

Por su parte, la alcaldesa Adela Román Ocampo reconoció que dos de las playas mencionadas por Cofepris, la Suave y Manzanillo, no son aptas para uso recreativo, y que avisarían a los vacacionistas que no entraran a bañarse a esas playas, pero los prestadores de servicios turísticos que se vieron amenazados no los dejaron a los empleados del municipio colocar el aviso; enfurecidos, dijeron que si colocaban la manta habría problemas para los empleados municipales, y se enojaron con la presidenta porteña.

La alcaldesa optó porque no se colocaran las mantas para cuidar la integridad de los servidores públicos.

¿Pero qué necesidad, para qué tanto problema? Diálogo antes del marrazo; acuérdense, señores funcionarios, no confronten al pueblo con el pueblo.

También el gobernador Héctor Astudillo Flores dijo que las playas de Guerrero son un gran atractivo para el turismo nacional e internacional, por sus aguas tibias ideales para uso recreativo y de descanso. “El turismo es de las cosas positivas del estado y no podemos abandonarlo, ni distraernos, ésta es una actividad que nos genera bienestar, genera empleo, movimiento económico, y cuando cuidamos el turismo se generan buenos comentarios de los puertos Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo. Esperamos en Guerrero 1 millón 350 de turistas que viajan a Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo, Taxco, la Costa Chica y sus municipios, por su puesto Costa Grande”, expuso el mandatario.

Astudillo Flores mencionó que en los 500 kilómetros de playas que tiene el estado, habría resguardo policial para los turistas, con el apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional, Marina y Policía Federal, así como 702 elementos de la Policía Estatal desplegados todos en distintos puntos turísticos de Guerrero.

Esperamos que no sucedan tragedias y que las vacaciones de verano trascurran en santa paz, porque las lluvias y los pronósticos de éstas no son muy alentadoras para el estado de Guerrero, y como con la naturaleza no se juega, es mejor prevenir que lamentar.

Durante la reunión del Consejo Estatal de Protección Civil, el secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, echó hartas flores al gobernador Héctor Astudillo Flores. Dijo que Guerrero era ejemplo en materia de Protección Civil para otras entidades, por fomentar la cultura de la autoprotección de los guerrerenses y entre los mexicanos.

Ha sido una labor de los tres órdenes de gobierno, dijo.

También Leonardo González Neri, reconoció la labor en mataría de Protección Civil del mandatario estatal. “Lo más importante es salvaguardar el derecho de la humanidad que es la vida del ser humano, por eso nuestro reconocimiento al gobernador Héctor Astudillo Flores, por mantener este tipo de sesiones, ya que los brazos operativos en materia de Protección Civil son la Secretaría de la Defensa Nacional y la Policía Federal. Por cualquier evento meteorológico hay que estar prevenidos, por lo que la Protección Civil no debe detenerse”, recalcó.

Exhortó el funcionario a los 81 municipios a constituir sus consejos municipales de Protección Civil, a fin de estar alertas ante cualquier eventualidad.

Por su parte, Astudillo Flores instó a los presidentes municipales a no subestimar los efectos de los fenómenos meteorológicos en las zonas costeras y del interior del territorio guerrerense. Y es que, aunque ustedes no lo crean, el secretario de Protección, Marcos César Mayares Salvador, apuntó que son cinco los alcaldes que no han instalado sus consejos municipales de Protección Civil. Lo malo no dijo los nombres de esos alcaldes para tan siquiera mencionarlos. Por eso mejor digo: Cabritos, no se confíen del temporal de lluvias, apúrense a instalar el consejo de Protección Civil, pues ya un representante de la dependencia a nivel federal les envió misiva a los alcaldes indolentes: O instalan los consejos municipales de Protección Civil a la brevedad o les mando una nota roja. Jojojo. Digo, es una recomendación, no les vaya a tocar la de malas y caiga una tromba en sus municipios y sólo van a soñar que eran presidentes municipales, porque los van a destronar, ya ven que con la naturaleza no se juega, y si ocurre una tragedia por contingencia meteorológica, ahí no van a poder justificarse diciendo que les dejaron una larga herencia de males. ¡Sobre aviso no hay engaño!

La Guardia Nacional y la militarización de las fronteras

Oswaldo Zavala

El pasado 21 de junio, la fotoperiodista Hérika Martínez capturó en Ciudad Juárez una escena inconcebible en los inicios del gobierno de Andrés Manuel López Obrador: soldados de la Guardia Nacional –el nuevo cuerpo de seguridad creado el 28 de febrero con el objetivo de desmilitarizar gradualmente el país– detenían a dos mujeres y a una niña que intentaban cruzar el río Bravo hacia Estados Unidos. Según la agencia de noticias AFP, se trataba de una familia nicaragüense que fue separada al momento del cruce. Los hombres de la familia lograron atravesar la frontera, pero también fueron detenidos al norte del río.

No se trataba de indocumentados entrando a México por la frontera sur, sino de migrantes intentando salir del país en la frontera norte. En la imagen, los efectivos de la Guardia Nacional igualaban las funciones propias de la Border Patrol estadunidense. En más de un modo, los militares mexicanos suplementaban de facto la política antinmigrante del presidente Donald Trump desde México. Operaban, en efecto, al servicio del gobierno de Estados Unidos.

La actual instrumentalización de la Guardia Nacional para establecer un muro virtual en las fronteras mexicanas, tanto en el sur como en el norte, corre el riesgo de desarticular uno de los pilares del proyecto presidencial de López Obrador –la pacificación del país– y escalar hasta convertirse en la nueva “guerra” en nombre de la “seguridad nacional” de México y Estados Unidos. Propongo, en lo que sigue, analizar las terribles implicaciones que podría tener este nuevo conflicto militarizado en nuestro país.

Como sabemos, la movilización de la Guardia Nacional es el resultado del acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos convenido el pasado 7 de junio tras la crisis política que el presidente Trump desató cuando amenazó, mediante un post desde su cuenta personal de Twitter, con la imposición de 5% de aranceles a las exportaciones de México si la actual ola de refugiados centroamericanos no era atendida por el gobierno de AMLO en términos satisfactorios para Washington. Tras varios días de negociación, la delegación mexicana, encabezada por el canciller Marcelo Ebrard, anunció en un comunicado conjunto con el gobierno de Estados Unidos que “México incrementará significativamente su esfuerzo de aplicación de la ley mexicana a fin de reducir la migración irregular, incluyendo el despliegue de la Guardia Nacional en todo el territorio nacional, dando prioridad a la frontera sur”. El acuerdo también especifica que los migrantes que soliciten asilo en Estados Unidos “serán retornados sin demora a México, donde podrán esperar la resolución de sus solicitudes”. Finalmente, México se comprometió a ofrecer “oportunidades laborales y acceso a la salud y educación de los migrantes y sus familias”, además de “protección a sus derechos humanos”.

La concesión de este endurecimiento en la política migratoria mexicana significa más que una derrota diplomática para el gobierno de AMLO, como fue entendido entre los principales medios de comunicación del país. Las fotografías de las detenciones de migrantes en la frontera norte son la ilustración más elocuente de un complejo proceso de transformación de la política de seguridad del gobierno de AMLO que, lejos de avanzar hacia la pacificación del país, parece dirigirse ahora en sentido contrario.

Recordemos que la campaña presidencial de AMLO se distinguió precisamente por un mensaje de pacificación que, entre otros temas, se enfocó en la retirada del Ejército de las tareas de seguridad asignadas desde el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) durante el supuesto combate a los “cárteles de la droga”.

Con el anuncio de su Plan Nacional de Paz y Seguridad, AMLO y su equipo de transición dejaron claro que se alejarían de la política antidrogas estadunidense y que en cambio se enfocarían en atender el problema del consumo de drogas como una cuestión de salud pública y no como una emergencia que debiera ser combatida militarmente. La propuesta de campaña se formalizó durante la rueda de prensa matutina del 31 de enero de 2019, cuando AMLO declaró el fin de la “guerra contra el narco”: “Oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz y vamos a conseguirla”, dijo entonces. En consecuencia, menos de un mes más tarde, la creación de la Guardia Nacional marcó un plazo de cinco años para el regreso del Ejército a los cuarteles y se estructuró con un mando civil a cargo de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana.
Cuando comenzó a agravarse la crisis migratoria de centroamericanos que masivamente comenzaron a cruzar el país hacia la frontera norte en las llamadas “caravanas”, el gobierno de AMLO una vez más se mostró decidido a un cambio radical de las políticas neoliberales de los gobiernos anteriores. El 17 de enero decidió abrir la frontera para los refugiados y agilizar los trámites para recibir a los migrantes indocumentados. Para principios de febrero, su gobierno ya había otorgado 12 mil 500 visas humanitarias en lo que fue considerado como un “gesto histórico”.

Dos meses después, el panorama era otro. Según datos oficiales, el gobierno de AMLO deportó a más de 37 mil 450 migrantes centroamericanos en los primeros cinco meses de su gobierno. Entre marzo y abril, la política de deportaciones ya había superado en 67% las cifras del gobierno de Enrique Peña Nieto (2012-2018) durante el mismo periodo. Según una nota de The New York Times, la bienvenida inicial que el gobierno mexicano ofreció a los migrantes pudo haber contribuido a aumentar el desplazamiento de centroamericanos a la frontera sur. Las cifras oficiales en la frontera norte también se dispararon: las autoridades estadunidenses dijeron haber detenido a 109 mil indocumentados sólo en abril, la cifra más alta desde 2007.

Con el acuerdo migratorio del 7 de junio, AMLO decidió abandonar su discurso de pacificación y se comprometió a desplegar a 6 mil elementos de la Guardia Nacional para reforzar la detención y deportación de migrantes. Presionado, el gobierno mexicano ha adoptado el lenguaje de la “crisis fronteriza” que el presidente Trump ha estado repitiendo como parte de su estrategia para la reelección en los comicios de 2020.

Pero en el panorama mexicano el acuerdo tiene un peso simbólico muy distinto: obligó al gobierno de AMLO a la aceptación pública de un nuevo conflicto de “seguridad nacional” que amerita el uso de su Guardia Nacional ya no para la pacificación del país, sino para echar a andar un continuo y violento mecanismo de militarización de las fronteras en contra de un flujo migrante que, siguiendo la crisis política, económica y ambiental de Centroamérica, lejos de agotarse, con toda certeza repuntará en los siguientes años. Entre 2014 y 2018, según un estudio hecho por especialistas de la Universidad de Texas en Austin, la migración de los países del llamado “triángulo norte” (El Salvador, Guatemala y Honduras) se incrementó y se estabilizó en alrededor de 300 mil refugiados que anualmente abandonan sus países para intentar migrar a Estados Unidos. Para 2019, sin embargo, se estima que esa cifra rebase los 700 mil refugiados.

A la problemática militarización de las fronteras se suma el hecho de que México admitirá en su territorio a los migrantes que consigan solicitar asilo en Estados Unidos. Y aunque el gobierno mexicano celebró haber rechazado que México sea designado como “tercer país seguro” –una de las propuestas del gobierno de Trump más insistentes–, el acuerdo migratorio orilla a México prácticamente a realizar esa función, pero sin los beneficios de un acuerdo formal que conllevaría una compensación financiera por los servicios necesarios para recibir a los refugiados.

En este punto no podemos exagerar la dramática alteración de la política migratoria de AMLO, que ha sido reconfigurada esencialmente como una nueva política de seguridad nacional que da continuidad a la sistemática violación de derechos humanos de los refugiados en Estados Unidos. Sin objetar la separación de familias y la detención de niños en “campos de concentración” carentes de las más básicas condiciones sanitarias, como sí lo ha denunciado la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, el gobierno de México está renunciando por igual a la protección de los derechos humanos de los migrantes en su propio territorio nacional.

La militarización de las fronteras mexicanas funciona, entonces, como una extensión dire150

Editorial…

Legítima defensa

La “mafia del poder” desapareció del vocabulario presidencial. Los nuevos villanos son la prensa “conservadora” y en especial Reforma.

A medida que el sexenio le arranca hojas al calendario, crecen las críticas presidenciales a diversos medios. Entre los señalados están Proceso, The Wall Street Journal, El Financiero, Uno TV y El Universal. A ninguno ha distinguido tanto como a Reforma, el diario capitalino ungido como ejemplo de la prensa “conservadora”, “hipócrita”, “fifí”. Señalamientos graves pero endebles, por carecer de sustento fáctico. Es decir, si Grupo Reforma viola los códigos de ética periodística, el Presidente tiene que demostrarlo, utilizando para ello el derecho de réplica. Lo otro son diatribas para la galería.

El encono hacia el Grupo Reforma tiene años incubándose, porque medio y político han tenido carreras paralelas. Reforma empezó a circular en noviembre de 1993, cuando López Obrador estaba dando el brinco de la política tabasqueña a la nacional. La beligerancia e independencia del diario provocaron una reacción ambivalente en López Obrador. Se alegraba con las encuestas que lo mostraban de puntero y se enojaba cuando publicaba información “imprudente”. Jamás habíamos llegado a la hostilidad actual. ¿Cómo explicarla?

Una de las razones es que AMLO hace política con enemigos que sirven de referente a sus seguidores. A Carlos Salinas lo calificó como el “innombrable”, luego vino la “mafia del poder”, un grupo de poderosos ya descontinuado porque algunos de ellos se incorporaron a las filas de los nuevos amigos del Presidente. Hubiera sido lógico que la sustituyera con los partidos opositores o con Donald Trump; opciones inviables, porque los primeros son ánimas que vagan por el purgatorio y el segundo es demasiado poderoso. Quedaban los medios críticos.

¿Cuál es el peso que tienen las descalificaciones o, parafraseando al Presidente, “qué sucede” a los periodistas que “se pasan” y rebasan los límites de la “prudencia” con preguntas o afirmaciones incómodas? Por ahora, solo hay que soportar las tundas de adjetivos e insultos vertidas por sus partidarios en las redes sociales; palizas legitimadas y aprobadas por el Presidente con silencios y elogios a la sabiduría popular. También importa que las cúpulas de Morena se abstengan de lanzarse contra los periodistas “imprudentes” y “conservadores”.

Si la realidad no se ajusta a las expectativas, la hostilidad podría transformarse en agresiones que empeorarían la precaria existencia de un gremio acosado por criminales y poderosos. Es decir, aun aceptando la imposibilidad de cambiar al país en cuatro meses, el tiempo pasa y seguimos con denuncias sin castigo y promesas sin resultados. Sólo vemos que a Elba Esther Gordillo le regresaron bienes, que el crimen organizado masacra con impunidad a trece personas en Veracruz (territorio totalmente Morena) y que el Presidente coquetea con “La tentación autoritaria” (tomo la frase de Proceso).

De mantenerse esta situación, crecerá la campaña para presentar a los medios “imprudentes” y a Reforma como cómplices de una conspiración urdida en las sombras contra el gobierno de la Cuarta Transformación. En otras palabras, los adversarios ya están convertidos en enemigos.

El relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Edison Lanza, advirtió sobre las consecuencias en una entrevista para Leonardo Curzio: “Cuando un Presidente, un ministro, un legislador se dedican a desacreditar a la prensa” llamándola “corrupta, enemiga del pueblo, deshonesta, etcétera” se debilita una “institución fundamental de la democracia” y “se la expone a más violencia”.

¿Qué pasará? Lo deseable sería que el Presidente sustituyera los exabruptos mañaneros con críticas fundamentadas sobre los errores periodísticos. Difícilmente lo hará; necesita un enemigo que justifique sus errores o limitaciones. Al periodismo independiente solo le queda recoger el guante para responder con informaciones y opiniones bien fundamentadas, mientras busca apoyo en algunas instituciones nacionales y en la comunidad internacional. En síntesis, ante las descalificaciones, razones y acciones que contengan la agresiva retórica presidencial: la legítima defensa.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

El sector salud de México tiene un déficit de 123 mil médicos, heredado por gobiernos anteriores, aseguró este sábado el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Durante decenios se suprimió la formación de médicos para el sector público, y más bien se privilegió la medicina privada.

El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, reveló esto en su visita al Hospital Rural de Villamar, en Michoacán, en el marco de su gira por el país, visitando clínicas y hospitales públicos, como ya lo hizo en Chiapas.

El presidente dijo: “Hay 270 mil 600 médicos generales en el país y debemos tener, de acuerdo con la norma internacional, 393 mil 600 médicos; es decir, nos faltan 123 mil médicos en el país”, dijo

Y es que de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un país debe tener tres médicos por cada mil habitantes, es decir, uno por cada 333 personas.

¿Qué sucedió para tener este déficit? Algo tenebroso se tramó desde las universidades públicas, que comenzaron a limitar el acceso a las aulas a los aspirantes a estudiar medicina.

Entonces el presidente hizo un anuncio alentador: Que se estimulará a las facultades de medicina, para la formación de médicos generales y de especialidades, a fin de cubrir la demanda del sector público.

Pero aclaró que el recurso ya no se les entregará a las universidades en paquete, sino que etiquetado específicamente para la carrera de Medicina, porque amparándose en la autonomía universitaria, los rectores y su cuerpo administrativo han hecho y deshecho al interior de las casas de estudio públicas.

Acusó de que hay cacicazgos muy poderosos dentro de las universidades que les impiden crecer, por lo cual estos centros de estudio han incumplido sus propias metas.

Reprochó que existan tan pocos médicos habiendo tantas universidades que se financian con recursos públicos.

El anuncio de López Obrador es alentador. En nuestro medio, sabemos que tener un lugar en la UAGro para estudiar medicina es casi imposible, a menos que se pague por ello jugosas cantidades. Es decir, que es vox populli que el ingreso está controlado y son para los recomendados.

Si alguien quiere estudiar esta carrera, entonces tiene que emigrar al estado de Puebla, de Michoacán, de Morelos, con todo lo que eso representa en gastos para las familias.

Es debido a la escasez de médicos que las clínicas y hospitales están operando con médicos con doble plaza, y que también se dan el lujo de atender sus despachos privados. Esto es, que tienen plaza en una o dos instituciones del sector público, y asimismo atienden la medicina privada, lo cual se refleja forzosamente en la calidad de la atención y en el tiempo disponible por los galenos.

Y conste que estamos hablando únicamente de los médicos generales, porque si revisamos el déficit de los médicos de especialidades, nos damos de topes.

El ex gobernador Zeferino Torreblanca siempre expuso este problema, y dijo que los hospitales generales de Guerrero estaban operando de una manera caótica, por falta de médicos especialistas. Se dieron apoyos para la formación de especialistas, pero estos una vez que obtuvieron su título, se movieron a la medicina privada, o se negaron a volver a las regiones y municipios, para quedarse en las ciudades.

Se sintió este déficit tremendamente en el caso de ginecólogos, por lo cual Guerrero llegó a ocupar el deshonroso primer lugar en el número de muertes materno-infantil.

Pero viene un cambio. El presidente dijo: “Vamos a hacer acuerdos con las universidades públicas y con las escuelas o facultades de medicina, pero no será de ‘a ver, te vamos a dar presupuesto a la universidad y tú ve cómo le aumentas la matrícula’. No (será así)”.

El presupuesto para la formación de médicos, dijo, será específico: “Lo que te vamos a dar va a ser para eso, o sea muy dirigido, porque si no, no avanzamos. Yo voy a ser respetuoso de la autonomía de las universidades, pero ya se acabó eso de ‘dame y dame y dame, y no rendir cuentas”.

Esperemos que AMLO visite los hospitales de Guerrero, donde las carencias de personal, medicinas y material de curación, están a la orden del día.

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