SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Los mexicanos no estamos enterados de los asuntos económico-financieros. Ignoramos mucho de esta materia, y por eso cuando vienen y nos dicen que el Producto Interno Bruto del país crecerá menos de 1 por ciento este año, nos apanicamos y pensamos que estamos al borde de una recesión.

De hecho, esta palabra “recesión”, está siendo usada muy recurrentemente por los analistas políticos, y están logrando el objetivo que se plantearon, de provocar pánico entre la población.

Y eso es precisamente lo que quieren, sin ver aspectos como que el peso está fuerte, se tienen inversiones sin precedentes en muchas áreas, como el sector energético que estaba abandonado a propósito, y sobre todo se está combatiendo la corrupción de alto nivel que caracterizó a los gobiernos anteriores.

Sí, la Bolsa Mexicana de Valores está teniendo una mala racha, pero eso es en cuanto al mercado bursátil, el mercado de los capitales, algo que yo llamo el terreno de los apostadores de la economía, los que medran con un mundo económico ficticio, jugando con acciones, pagarés, deudas, etcétera.

¿Por qué decimos que el Producto Interno Bruto de una nación, no significa realmente desarrollo? El presidente lo dijo, al responderle al Fondo Monetario Internacional, que junto con otros organismos calificadores están colocando a México como un foco rojo: “No es lo mismo desarrollo que crecimiento”.

Y tiene razón. Los conceptos de desarrollo son muy distintos a los de crecimiento. Por ejemplo, arrasar un bosque que se traduce en madera para comerciar se llama “crecimiento”, pero sin importar la ruina que esa actividad dejó a su paso, lo cual anula el desarrollo de las personas.

Explotar una mina, sacar toneladas de oro para exportación, al grado de que el país se coloque como el productor número uno de ciertos metales preciosos, es “crecimiento”. Pero no se toma en cuenta que el agua fue contaminada, los bosques devastados, y que la gente que vive alrededor de estos dichos centros de explotación minera queda empobrecida, sin empleos y enferma de muerte.

Como podemos ver, no es lo mismo crecimiento que desarrollo. Y en este punto tiene razón el presidente, que ha dicho que su gobierno buscará el desarrollo sustentable, aunque el nivel de crecimiento sea lento, sobre todo para los capitales extranjeros, que sólo vienen a medrar, explotar, saquear y llevarse la riqueza nacional a sus países de origen.

¿Estamos comprendiendo?

Leamos algo que dijo planteó el líder de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Comparmex): “Está muy claro que el gobierno de AMLO lleva al país por el camino del fracaso y de mayor pobreza para toda la gente”, y advierte que el PIB de México podría crecer sólo el 0.5% en 2019.

“Si el gobierno de Andrés Manuel López Obrador no toma las decisiones importantes, sobre todo en materia energética, que generen certidumbre jurídica a los inversionistas, el crecimiento económico de México podría ubicarse entre 0.50 y 0.75% al finalizar el 2019, alertó Gustavo de Hoyos.

“Las decisiones de esta administración han generado inseguridad jurídica y falta de crecimiento económico, en la antesala de una recesión”, afirmó.

¿Qué tal? Aquí está lo que les platico: están tratando por todos los medios frenar el rescate de Pemex, que debe hacerse a toda costa, para abatir la súper dependencia energética que tenemos del exterior. Pero sobre todo conviene desmentirlos, porque nos están asustando con eso del petate del muerto. El PIB no sirve para evaluar el desarrollo de una nación.

El PIB tiene límites claros, cuando se trata de evaluar el bienestar. El bienestar depende de factores como salud, educación, lazos y relaciones sociales, calidad del medio ambiente y seguridad. Hay que medir todo esto, no porque lo pida AMLO, sino para saber mejor cómo somos y a dónde vamos.

Y para que estemos tranquilos, sepa usted amable lector, que el mismo Simon Kuznets, inventor del indicador del PIB y ganador del Premio Nobel de Economía 1971, dijo que “es muy difícil deducir el bienestar de una nación a partir de su PIB per cápita”, porque “hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento”.

Pero pese a que el inventor del PIB advirtió que la prosperidad no debía equipararse con el crecimiento del PIB per cápita, los economistas y políticos han seguido utilizando esta medición para tratar de convencernos de que las cosas van bien cuando evidentemente van mal. No es sólo ver cuánto tenemos, sino cómo lo obtuvimos, y en qué lo estamos gastando.

Hay otros indicadores que México puede adoptar, como el Índice de Desarrollo Humano (IDH) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que sintetiza en un solo número el progreso humano, al combinar información sobre la salud, la educación y los ingresos de las personas. De acuerdo con el IDH, México ocupa el lugar 74 de entre 189 países. Podría también desarrollar una versión mexicana del Índice Nacional de Felicidad Bruta (INFB), que desde hace años utiliza Bután y que es un índice de un solo número, desarrollado a partir de los 33 indicadores categorizados bajo nueve rubros: 1. Bienestar psicológico; 2. Educación para la salud; 3. Uso del tiempo; 4. Diversidad y resiliencia cultural; 5. Buen gobierno; 6. Vitalidad de la comunidad; 8. Diversidad y resiliencia ecológicas; 9. Estándares de vida.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

Golpea a Guerrero recorte a la inversión pública

“Para salir de la pobreza, hay que salir de la ignorancia. No hay que trabajar más, hay que educar más”: Juan Carlos Atoche.

Mis estimados, no terminan las malas noticias para el estado de Guerrero, pues habrá recortes en la inversión pública federal para los 32 estados de la República, todo como parte de la estrategia de la austeridad republicana del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los recortes para este año a la inversión pública, afectarán a la baja las trasferencias federales a los estados, a los que se les rezagará la inversión en obras públicas y afectará principalmente al estado de Guerrero, así como otras entidades menos desarrolladas.

Según analistas, en 2018 diez entidades registraron una inversión en obra pública menor a 2 por ciento de sus ingresos disponibles. Entre estas entidades federativas se encuentra Guerrero, Chiapas y Tabasco, estados que ostentan los menores desempeños económicos.

Sin embargo, a los guerrerenses nos incumbe el estado suriano, para el cual no es alentador el informe, pues de acuerdo con el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP), al cierre de mayo pasado, el gasto federalizado que se pagó a las entidades federativas reportó una caída de 3.8 por ciento en relación al mismo periodo del año anterior.

Y según Daniela Brandazza, directora de área de Calificaciones de Estados y Municipios, con la disminución del gasto federalizado, la inversión productiva se mantendrá rezagada en el país. Es decir, mermarán obras de infraestructuras; por ejemplo, carreteras, rellenos sanitarios, hospitales, escuelas, fondeaderos, transporte, gas, electricidad, telecomunicaciones, petróleos, abastecimientos de agua, seguridad, entre otras.

Todas estas son construcciones necesarias para el crecimiento económico del estado de Guerrero, pues a menor trasferencia de recursos a los estados, menor inversión física y pequeño crecimiento.

Sin duda, será muy complicada la situación para el estado suriano. De hecho, se veía venir el recorte en obras al estado suriano, pues hace días que el Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo las perspectivas de crecimiento para México a 0.9 por ciento, en lugar del 4 por ciento prometido por la administración del presidente AMLO.

No obstante, la peor parte la llevan los estados menos desarrollados del país, entre ellos Guerrero. Por eso el gobernador Héctor Astudillo Flores, hace algunos días pidió al mandatario federal que no abandonara a la entidad suriana, que también etiquetara obras de alto impacto como las que dispuso para el Sur- Sureste.

Pero la realidad es distinta: se estima que para 2019 la inversión pública no supere 5 por ciento del presupuesto estatal; y lo grave de la trama, según especialistas, es que el porcentaje se mantendrá bajo éste y el próximo año.

Éramos muchos y pario la abuela. El bajón del presupuesto a los estados pegará duro a los guerrerenses y en general a todos los mexicanos, pues los gobernadores, en vez de impulsar obras para la inversión, van a igualar y controlar gastos, pues a varios les queda poco tiempo de mandato y lo que quieren es ir reduciendo los problemas.

Tristemente, Guerrero es amolado por todos lados, ya que la entidad suriana tiene menor inversión física. Aparte, hace uso de recursos propios para atender gastos de capital y estos dependen de los recursos etiquetados provenientes de la Federación.

Entonces, para cerrar el deprimido cuadro, el estado suriano continuará rezagado en inversión pública. ¡Me lleva la que me trajo!

También el que pegó el grito al cielo por la caída de la inversión federal en obra pública para el estado de Guerrero, fue el secretario general de Gobierno, Florencio Salar Adame. Pidió “no condenar al estado a la pobreza histórica con su indeseable violencia”, pues el recorte para este año a la inversión pública federal en Guerrero, es de 0.6 por ciento, lo que nos coloca en el último lugar de los 32 estados.

Según Salazar Adame, Guerrero, encabeza los primeros lugares en pobreza y marginación.

Y también hasta ahora le dolió al secretario de Gobierno, la cancelación de la Zona Económica Especial de Lázaro Cárdenas-La Unión, un proyecto millonario que de buenas a primeras fue cancelado por el presidente AMLO, pues era un plan proyectado por el gobierno de Enrique Peña Nieto, y como hacen todos los presidentes de la República, al cabo que el dinero invertido no es de ellos, lo tiran a la basura, desaparecen todo lo que huela al anterior mandatario.

El presidente AMLO, sin siquiera hacer un estudio, mandó al gorro las ZEE proyectadas en todo el país, y ni siquiera ha dicho qué otra inversión va a programar para esta jodida zona. Y con esta información, dudo que haya inversión para la región de Costa Grande.

Hasta ahora que habla el secretario de Gobierno, porque ninguno ni los diputados federales o locales movieron un dedo para exigir que la ZEE de Guerrero-Michoacán, se mantuviera vigente, porque traería beneficios a estas dos entidades, pero ninguno dijo ni pio.

Son de las cosas que debieron defender desde el inicio del gobierno actual. El mismo presidente AMLO, en campaña presumía que apoyaría esta zona, pero ni siquiera ha venido al municipio de Zihuatanejo, como prometió en campaña, cuando dijo que vendría y apoyaría el puerto. Sin embargo, no ha cumplido, y lo que hizo fue quitar la ZEE. Si no ayuda, pues que no quite.

En todos sus discursos el mandatario dice que va a erradicar la pobreza extrema y a impulsar el cuidado del medio ambiente, que son su prioridad entre otros rubros; no obstante, como pretende hacerlo se mira difícil.

El mandatario no acepta recomendaciones de nadie, sigue montado en su burro y le molesta que le digan que no es ese el camino a seguir. El mandatario federal no acepta la crítica de nadie, menos asesoría, y poco a poco el presidente pierde la calma. Si sigue así, bien pronto va explotar, no va aguantar la presión, ya nos recordó su frase de hace algunos años, “al diablo las instituciones”, pues mandó a la goma al Consejo Nacional de Evaluación de Políticas de Desarrollo Social (Coneval), y negó que sea cierto lo que el organismo reveló en materia de pobreza.

Todos estos son síntomas malos, pues no es la primera vez que el mandatario niega señalamientos de los organismos, él es el dueño de la verdad. Todo esto es muy peligroso. Como bien dicen extranjeros que radican en México, cuidado con el presidente AMLO, el día que pierda la cabeza en su totalidad, puede poner en riesgo el país, pues se molesta de todo, no acepta ninguna indicación que no venga de él mismo. Y ellos piensan que México está próximo a vivir una gran devaluación del peso. Nosotros estamos preparándonos para lo peor, quien tenga dinero, que compre dólares, porque el peso no augura en futuro nada bueno, recomiendan.

Pues dijera una querida amiga, ¿que más nos puede pasar, amiga?, ya nos pasó de todo. Eso sí. Entonces, aguantemos vara.    

Editorial…

Héroes en conflicto

         Al presidente Andrés Manuel López Obrador le gusta dictar cátedra sobre una historia de libro de texto formada por héroes y villanos. Porfirio Díaz y Carlos Salinas de Gortari son los grandes villanos, los que no pueden haber hecho nunca nada positivo, personajes perversos que se retuercen el bigote para enfatizar su maldad. Del otro lado están los héroes impolutos, los que solo hicieron el bien, entre los que se encuentran Benito Juárez, Francisco I. Madero y Emiliano Zapata, el revolucionario de Anenecuilco traicionado y asesinado hoy hace 100 años.

         El problema es que estos héroes tenían principios e ideas no solo distintos sino contradictorios. López Obrador puede ser quizá juarista, maderista o zapatista, pero no las tres cosas a un mismo tiempo.

         Juárez fue un presidente liberal, que impulsó y defendió las Leyes de Reforma, la libertad de comercio, la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley (incluyendo a los indígenas) y la propiedad privada. La Ley de Desamortización de 1856, la Ley Lerdo, buscó acabar con los bienes de manos muertas, los que no estaban en el mercado, y esto puso fin a las tierras que las comunidades indígenas mantenían desde la colonia y que reflejaban formas colectivas de tenencia de la tierra provenientes de los tiempos prehispánicos.

         Madero era un rico hacendado de Coahuila que luchó contra el régimen porfirista para construir una verdadera democracia. El Plan de San Luis, es cierto, cuestionaba el abuso de “la ley de terrenos baldíos”, que había llevado al despojo de “numerosos pequeños propietarios, en su mayoría indígenas”, y ordenaba “restituir a sus antiguos poseedores, los terrenos de que se les despojó de un modo tan inmoral”. Madero, sin embargo, era un firme creyente en la propiedad privada de la tierra y no planteó nunca la posibilidad de revocar la Ley de Desamortización.

         Zapata no era un liberal. Buscaba no solo la restitución de las tierras confiscadas por la Ley de Terrenos Baldíos de 1883 y 1894, sino la cancelación de la desamortización de las tierras comunales indígenas de 1856. Zapata lanzó su Plan de Ayala de rebelión contra Madero, a quien llamó “traidor a la Patria”, el 28 de noviembre de 1911, apenas tres semanas después de que Madero asumiera la Presidencia el 6 de noviembre. Prometió la expropiación, aunque “previa indemnización”, de “la tercera parte de esos monopolios

[latifundios]

a los poderosos propietarios., a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos, o campos de sembradura o de labor.” Sin embargo, Zapata, un agricultor próspero y bien parecido, que gustaba de vestir bien y seducir a las mujeres, que fumaba puro y bebía coñac, no estaba de acuerdo con la propiedad colectiva de la tierra que pregonaban los comunistas.

         Juárez, Madero y Zapata son tres personajes cruciales de nuestro pasado, pero no podemos suponer, como la historia oficial, que defendían los mismos principios. Juárez fue un liberal, Madero un demócrata y Zapata un justiciero que buscaba recuperar las tierras que los hacendados habían arrebatado a sus antepasados.

         Hoy que recordamos el centenario de la ejecución de Zapata debemos tratar de entenderlo, pero no como esa caricatura que nos ofrece la historia oficial, y que repite el presidente desde el púlpito de las mañaneras, sino como un hombre complejo que luchó contra las reformas liberales de Juárez y que llamó traidor a Madero.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Durante su gira por Nuevo León, Alejandro Moreno, mejor conocido entre sus correligionarios como “Alito”, y quien seguramente será el dirigente nacional del PRI, afirmó que Morena es un “ave de paso” y que el tricolor recuperará el poder en la próxima campaña presidencial, pasando por la recuperación del poder en las gubernaturas, en 2021, año en que una decena de estados renovará sus poderes, entre ellos Guerrero y Nuevo León.

El chamaco, desde luego, no sabe lo que dice. Habló de que la arrogancia que caracterizó a los priístas que han gobernado estados y municipios, y obviamente la presidencia de la República, fue lo que hundió al partido. Y propone la ruta de volver a retomar las “causas populares”, pues sólo así los ciudadanos voltearán a ver al PRI.

Sin embargo, Alito sabe que esa no es el único impedimento del tricolor, sino sobre todo la corrupción de alto nivel que lo caracterizó en los últimos años, en que los gobernantes y funcionarios del poder público federal, así como en estados y municipios, se enriquecían saqueando a un pueblo pobre y violentado, dando un espectáculo atroz ante el mundo.

Con la pena, pero Alito tuvo que reconocer que solapar actos de corrupción fue lo que terminó por enterrar al tricolor, al grado de que sigue brotando la pus de los robos y escándalos, como el del abogado de la mafia del poder, Juan Collado; y Emilio Lozoya, el principal operador de Odebretch en México. Aclarando que estos no son los únicos casos, solamente los más recientes.

Con todo esto, Alito dejó una frase para la posteridad en el mundillo de la política, al decir que Morena es una ve de paso, pues “nació ayer, gobierna hoy, pero se va el próximo período electoral”.

Respecto al actual Gobierno federal, dijo que se ha caracterizado por las ocurrencias y los resultados pobres.

Pero con todo y sus promesas, con todo y su discurso envalentonado, Alito no tuvo más remedio que proponer que el PRI se convierta en una “oposición útil”. ¿Pero útil para quién o quiénes?

Alito olvida que el PRI siempre ha sido una “oposición útil”. Nunca una oposición “real”. Durante la era panista, pactaron con el PAN, pese a que en 2006 se fueron al tercer lugar con  la fallida candidatura de Roberto Madrazo Pintado. Pero a fuerza de negociar con el gobierno blanquiazul de Felipe Calderón, lograron mantener una útil interlocución, desplazando en ese tiempo al PRD, que estaba en el segundo lugar como fuerza política.

Incluso en la composición del Congreso federal, el PRI agandalló las comisiones más importantes, precisamente por su utilidad al PAN, desplazando al PRD a lo peor.

El PRI solamente se alejó del PAN cuando le fue necesario, y cuando vieron que ya era tiempo de ser una oposición real, lo que ocurrió en la elección legislativa de 2009, que fue el año en que el tricolor comenzó a elevar su nivel de votación, para tres años después volver a conquistar la Presidencia de la República con Enrique Peña Nieto.

Pero el gusto les duró 6 años (o menos, pues el sexenio de Peña Nieto terminó antes de tiempo en términos reales), ya que no se trataba solamente de retomar el poder, sino de conservarlo a fuerza de ejercer un gobierno progresista, desde el nivel nacional, estatal y hasta los municipales.

Pero fue todo lo contrario. Todavía los mexicanos estamos enfrascados en noticias que dan cuenta del nivel de corrupción al que llegaron los gobernadores del nuevo PRI, comenzando por el veracruzano Javier Duarte, pero también el chihuahuense César Duarte dejó tras de sí una estela de corrupción, lo mismo que el gobernador de Quintana Roo.

Lo último que se supo fue de una cuenta que el gobernador del Estado de México, Alfredito del Mazo, abrió en Andorra, uno de los paraísos fiscales de Europa.

Y, para colmo, al ex secretario de Gobernación y actual senador de la República por el estado de Hidalgo, Miguel Osorio Chong, está al borde de una denuncia por haber recibido dinero del Chapo Guzmán, según lo denunció el domingo el abogado del capo sinaloense, que fue condenado a cadena perpetua la semana anterior, desatando una serie de críticas porque en ese viaje a las Rocallosas debieron acompañarlo quienes fueron sus cómplices.

Con todo esto, Alito sueña con que su partido se recupere en tan poco tiempo, siendo tan grande el daño. Si nos atenemos a lo que ha sucedido en estados y municipios, por lo menos tendrán que transcurrir uno o dos sexenios más, hasta 2030, para que el tricolor vuelva a Palacio Nacional.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

Entre las mejores ciudades del mundo, México, San Miguel de Allende y Oaxaca

“Lo importante en mi opinión no es echar la culpa de un error de alguien, sino averiguar qué causó el error”: Akio Morita.

Mis estimados, sigo contando buenas noticias. Y vaya que son compasivas con nuestro país, pues de plano el barco sigue chueco en nuestro México lindo y querido, y las buenas nuevas dan un respiro al ensangrentado y mutilado México.

Resulta que tres ciudades de México están dentro de las 15 mejores ciudades del mundo. Esto según los World’s Best Awards 2019, reconocimientos que cada año otorgan a los lectores de la revista Travel &Luisure, quienes participan en una encuesta para votar por sus destinos favoritos en diferentes categorías. ¡Wiii! No queda duda lo que dice el dicho: Dios aprieta pero no ahorca. Jejeje.

Siempre hay luz que ilumina nuestra hermosa República, pues los encuestadores, para otorgar los reconocimientos a las ciudades ganadoras, comparten distintas opiniones; por ejemplo, de islas, cruceros, aerolíneas, ciudades trascendentales y más, ya que entre los sitios a evaluar están los de interés cultural, gastronómico y el más importante: la amabilidad de las personas.

Y lo grandioso de este cuadro es que México recibió tres reconocimientos por San Miguel de Allende, Ciudad de México y Oaxaca, ciudades que se encuentran en los primeros lugares de la encuesta.

Sin duda es muy valioso para nuestro país este reconocimiento, pues ustedes saben que ya no hay publicidad para nuestro país en el extranjero, para atraer turismo, y este premio vuelve a la vida a nuestro México, pues la revista especializada en viajes, nombró a San Miguel de Allende la segunda mejor ciudad del mundo. Según le ganó a ciudades como Tokio, Japón, y Florencia, Italia.

¿No les parece emotivo el informe, mis estimados? Es un excelente dato que va a atraer buenos frutos a nuestro país.

Se había comentado en redes sociales que San Miguel de Allende, Guanajuato, es un destino emblemático de México; y corroboramos bien pronto que es verdad.

La Ciudad de México, por su parte, logró el cuarto lugar como mejor ciudad del mundo. Por sus museos, cultura y la atención amable de la gente, tiene en el cuarto sitio de preferencia mundial a la Ciudad de México.

En cambio, Oaxaca es un destino que ocupa el lugar número cinco con una puntuación de 89.16, de acuerdo a la publicación de la revista especializada en viajes.

Los elogios fueron por su gastronomía, escuelas de cocina, cultura y sitios emblemáticos. Estos llevaron a Oaxaca a ocupar el lugar de la quinta mejor ciudad del mundo.

El primer lugar fue para Hoy An, en Vietnam.

Le ganamos a Sevilla, España; a Roma, Italia; a Tokio, Japón; y otras más. Jojojo.

¡Qué bonito es lo bonito!, ¿qué no? Ay, ay, ay ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones. Jejeje. Repitan conmigo, mis estimados, en coro, pues la ocasión lo amerita. ¡Wow! Estoy feliz, como una lombriz, ya que estas noticias que ponen el nombre de México en el mundo en alto, alegran mi corazón. Pues no sólo se benefician las ciudades premiadas, nos favorece a todos el reconocimiento, mayormente ahora que lo necesitamos los destinos de playa, pues ya no hay promoción para ningún puerto en otras naciones. Por eso la felicidad, pues la revista Travel&Leisure es representada por un grupo de expertos que recorren los destinos turísticos más importantes de la República Mexicana para elegir a los ganadores.

Entonces, pongámonos las pilas para que en la próxima visita los expertos vengan a Guerrero. Vamos a poner el esfuerzo para mejorar como destino turístico y entonces también vamos a ser premiados, pues al estado de Guerrero lo distingue su gastronomía, sus playas, lagunas, y sitios emblemáticos; todo esto lo convierten en un estado extraordinario. No todo es violencia en la entidad suriana, hay lugares importantes desde el punto de vista ecológico, histórico, turístico, religioso y étnico, que bien pueden ser encuestados y ganar.

Aunque han etiquetado al estado de Guerrero como un estado bronco; sin embargo, la entidad tiene municipios y comunidades de personas, trabajadoras, bonachones, amables y buena gente; no todos somos flojos, malos, ni matones. Guerrero tiene gente valiosa, así como lugares extraordinarios, y si la entidad se mantiene en pie de lucha para no perderse en ríos de sangre, es porque aún hay guerrerenses buenos y nobles.

No permitamos, mis estimados, que manos peludas destruyan nuestro hermoso estado suriano. Lo comprobamos como ciudadanos, que la clase política busca su bienestar, que la gente les vale un comino. Por ejemplo, llevan meses culpándose por la violencia que azota a la entidad y que no es de ayer ni del fin de semana, pues sólo en Acapulco ocurrieron 20 homicidios dolosos en los últimos tres días.

Esas cifras rivalizaron a los políticos, los que siempre hacen del dolor ajeno un trofeo para sus propios intereses.

La inseguridad y violencia en la entidad y en Acapulco lleva 13 años, y los políticos hasta hoy se preocuparon de ese flagelo. Es que no habían tenido tiempo de ver la estela de muertos que ha dejado este azote por todos lados, mayormente en Acapulco, el puerto turístico que más dinero les ha dado, pero que no han sido capaces de sacar la cara por los acapulqueños.

El grito es fuerte desde hace varios años atrás; piden ayuda y nadie escucha.

Hoy los empresarios, restauranteros y hoteleros, recibieron llamadas y mensajes de desconocidos para extorsionarlos. Les dicen que “por chillones, por andar quejándose y chillando, ahora tienen que darnos tanto de dinero, o de lo contrario les ocurre lo mismo que al bar baleado en La Condesa”. Terrible cuadro, pues en serio el puerto acapulqueño está de cabeza, al grado de que el mismo coordinador del grupo parlamentario de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, estuvo en Acapulco en la presentación de su ponencia “Los abogados ante la cuarta Trasformación”, convocada por el Colegio de Abogados Dr. Eduardo López Betancourt, y pues le tocó la fiesta de los matados en Mr. Bar.

El senador aceptó que el despliegue de la Guardia Nacional en el municipio de Acapulco “tiene que hacerse rápido”, y se comprometió a platicar con el presidente Andrés Manuel López Obrador, para contarle el terror que vive el puerto acapulqueño. “Le contaré que la situación de inseguridad en el puerto de Acapulco, es grave, confío que se va resolver pronto, por mucho en septiembre, cuando lleguen las propuestas del presupuesto”.

Es que según cometan que la GN no ha llegado a varios municipios porque los alcaldes no tienen dinero para rehabilitar espacios para el despliegue de los elementos y sus bases de operaciones; según no tienen chelines varios presidentes para esos espacios, y por eso se ha retrasado el arribo de los soldados a varios municipios de Guerrero.

Por otro lado, el expresidente acapulqueño, Luis Walton Aburto, también califico como delicada la situación de inseguridad que vive el puerto. Visiblemente nervioso, dijo: “Estamos ansiosos por el ataque al bar en La Condesa. Nos enviaron 83 elementos de la Guardia Nacional y Guerrero necesita mil o 2 mil efectivos para hacer frente a la violencia que se vive, y una mayor coordinación entre los tres órdenes de gobierno”.

Walton apuró la puesta en marcha de la Guardia Nacional en el municipio de Acapulco, pues no se ven los resultados en materia de seguridad. “Yo espero que haya una mejor coordinación del municipio, de la Secretaría de Marina y del Ejército, y que la Guardia Nacional comience a trabajar para que dé resultados, pues si la GN no da resultados, estamos perdidos ya no hay a quien recurrir, la situación es delicada, se ve, no podemos apartarnos de la realidad”, expresó Walton Aburto.

Sin embargo, el ex presidente porteño no quiso meterse en camisa de once varas y dijo que la inseguridad del puerto no es culpa de ningún gobernante. “No se puede culpar a la presidenta municipal, al gobernador del estado, o al presidente de la República; el tema es responsabilidad de los tres órdenes de gobierno, ya que la Constitución no hace diferencia”, remató.

Lo cierto es que la clase política no ha sacado la cara por el puerto y han dejado morir sola a la presidenta Adela Román Ocampo; y eso se ve de cerca y lejos, que ni por ser mujer se acomiden los garañones a ayudarle; por el contrario, la critican de que es apática y no acaba con la violencia, como si ellos acabaron con ese azote. Más bien, por su culpa está en el basurero el puerto de Acapulco.         

Collado, la coartada contra Peña Nieto y la “mafia del poder”

Jorge Carrasco Araizaga

El caso del abogado Juan Collado recuerda al de la profesora Elba Esther Gordillo. Sólo que tiene un propósito mayor. El de Gordillo fue un cobro de facturas. El de Collado, una estrategia para marcar “el cambio de régimen”.

Es un caso de grandes implicaciones que según lo señalado por la Fiscalía General de la República (FGR) en la orden de aprehensión contra Collado puede alcanzar al expresidente Enrique Peña Nieto.

Aunque el también expresidente Carlos Salinas es mencionado, la denuncia pone el acento en Peña Nieto no sólo como accionista de la financiera Caja Libertad, sino como el beneficiado con entregas de dinero en efectivo, “en cajas” que eran transportadas en camionetas de traslado de valores.

Si la persecución penal quedara limitada al abogado Collado no tendría sentido que el caso lo haya presentado ante la justicia federal la Unidad Especializada de Investigación de Delitos Cometidos por Servidores Públicos y Contra la Administración de la Justicia de la FGR.

A Gordillo la persiguió el propio Peña Nieto en represalia por su franca oposición a la reforma educativa y de paso para cobrarle su colaboración con los gobiernos del PAN y su operación política contra el PRI.

La acusó de delincuencia organizada, lavado de dinero y evasión fiscal. Ninguno de los cargos prosperó y al final del gobierno de Peña Nieto, ya con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial fue exonerada y quedó en libertad hace casi un año, el 8 de agosto de 2018.

Las mismas acusaciones fueron las que se enderezaron en contra del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien ahora protagoniza, de nueva cuenta, uno más de los escándalos del gobierno de Peña Nieto al asegurar que su entrega fue pactada.

La entonces Procuraduría General de la República, antecedente de la FGR, no pudo comprobar las acusaciones contra Gordillo, además de que fue responsabilizada por haber obtenido información financiera de la exjefa sindical sin autorización judicial.

La FGR ahora acusa a Collado de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita, y al igual que lo hiciera la PGR con Gordillo, en muy poco tiempo, apenas unas cuantas semanas, el ministerio público federal procesó la acusación.

El único denunciante en este caso, Sergio Hugo Bustamante Figueroa, se presentó ante la FGR el 9 de junio cuando se abrió la carpeta de investigación. Bustamante fue ampliando su declaración y la FGR le pidió a la Unidad de Inteligencia Financiera que revisara la denuncia.

En menos de una semana, la UIF, a cargo de Santiago Nieto, defenestrado como fiscal electoral en el gobierno de Peña Nieto en medio del escándalo Odebrecht, avaló la acusación y el día 6 de julio el juez de control en el Reclusorio Norte, Jesús Eduardo Vázquez Rea, firmó la orden de aprehensión. Se cumplió el martes 9.

Así de expedito fue también el proceso para detener a Gordillo. Pero el objetivo era sólo ella. Ni siquiera otros dirigentes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Esta vez, la acción inmediata es en contra de quien puede ser considerado como una síntesis de la “mafia del poder” en la caracterización hecha por López Obrador.

Juan Collado es el personaje que desde el salinato ha estado vinculado a los priistas y panistas con los que durante décadas se enfrentó el ahora presidente. Por eso en la orden de aprehensión se menciona expresamente a Carlos Salinas y, de paso, al exsenador panista y abogado, Diego Fernández de Cevallos.

Pero las acusaciones son más explícitas en contra de Peña Nieto, sobre quien también se puede tender un cerco judicial en el caso de su primer director de Pemex, Emilio Lozoya, por el dispendio en la petrolera en la compra de la chatarra que era Agronitrogenados.

Ya embarcada en la acusación y el escándalo mediático, a la FGR no le queda más que demostrar que el expresidente Peña, sobre quien por años se ha proyectado la sombra de la corrupción, participaba en las supuestas estructuras de triangulación internacional de recursos ilegales a través de Caja Libertad.

De hacerlo, México asistiría por primera vez a una acción penal en contra de un expresidente por delincuencia organizada, con lo que López Obrador estaría actuando en los hechos en contra de “la mafia del poder” que tanto denostó y le daría a los mexicanos lo que tanto han querido: la cabeza de un rey del viejo régimen.

Y sus bonos volverían a subir dentro y fuera del país cuando su presidencia cada vez los necesita más.

Editorial

“Soberanía energética”

La incomprensión de Manuel Bartlett sobre las nuevas dinámicas de la vida pública se ha convertido en un problema grande para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que, señalado entre los equipos técnicos y ahora por el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, no termina de hacerse escuchar.

Político de ya muy larga trayectoria, Bartlett llegó a la titularidad de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a casi 27 años desde su último cargo federal y a 20 años de haber abandonado la gubernatura de Puebla, entonces aún priista, y en tiempos previos a la alternancia del 2000.

La incomprensión de nuevas normas, instituciones y conductas públicas están quedando evidenciadas a cada paso que da, confiado en sus formas viejas con las que convierte en disputa ideológica todo aquel que, con base en la ley y en los criterios económicos, intenta sacarlo de su obstinación.

Miembros del gabinete, colaboradores cercanos, interlocutores de las secretarías de Gobernación y Medio Ambiente, suelen repetir en tono burlón y algo engolado, ante un cuestionamiento técnico jurídico o financiero relativo a la CFE: “Soberanía energética”, “Soberanía energética”, la expresión que Bartlett repite como mantra.

Y es que fue en esa lógica que convenció a la secretaria de Energía, Rocío Nahle, y al propio presidente López Obrador, de que los contratos por gasoductos eran “leoninos” y, por lo tanto, había la necesidad de renegociarlos. El propio mandatario ha dicho que las obras no pasaron por el consejo de administración de la CFE, algo que por otra parte nos coloca frente a otra complejidad que Bartlett no entiende o prefiere atropellar: la existencia de una entidad, el Centro Nacional de Gas, cuya existencia omite. “Soberanía energética”, “Soberanía energética”.

Para Bartlett, la maraña de instituciones con las que puede o no estar de acuerdo, pero que tienen funciones por ley y son positivas y vigentes, parecieran estar fuera de la discusión. Nada del Cenagas, ni de la Comisión Nacional de Hidrocarburos, ni mucho menos de la Comisión reguladora de Energía.

La apuesta es por dos vías: que Olga Sánchez Cordero resuelva hablando con jueces los amparos de comunidades indígenas afectadas por el trazo de los gasoductos, y presionar con arbitrajes internacionales a las empresas contratistas. “Soberanía energética, soberanía energética”.

Nada de resolver las demandas de la gente, que permitirían que se concluyan las obras; nada de someterse a la Ley de Hidrocarburos que instruye tribunales nacionales para diferendos en materia energética.

A más de siete meses de administración y cinco desde que el asunto se puso en la discusión pública, el veterano poblano no consigue resultados respecto de los gasoductos y, según personal de la empresa eléctrica, la semana pasada, ya tan manoseado el asunto, se había tomado la decisión de frenar la ruta de arbitraje internacional.

Fue entonces cuando la renuncia de Carlos Urzúa y su posterior entrevista, revelaron el poder enorme que ha acumulado el director de la CFE, quien, si hasta entonces se sabía, mantenía en su dupla con Rocío Nahle una fuerte presión, por momentos hasta nulificar al director de Pemex, Octavio Romero, ahora se sabe que resultó más poderoso que el secretario de Hacienda.

Bartlett es la burla, sí, pero también es el personaje temible con el que no se debe jugar, porque es capaz de anular a un secretario de Hacienda y llevar al Estado Mexicano a un problema internacional, pues en su perspectiva anquilosada convenció de combatir a una enorme trasnacional, Sempra Energy, en la que tiene intereses Nancy Pelossi, la líder cameral en Estados Unidos, por cuya mano pasa necesariamente el tratado comercial con América del Norte.

López Obrador le dio un espaldarazo público y privado. Así que, sin más, podrá seguir repitiendo por ahí: “Soberanía energética, soberanía energética”.

Salir de la versión móvil