Lo que nadie sabía de la COVID-19

Jorge Zepeda Patterson

La tentación de convertir a la pandemia en bandera para crucificar al Gobierno del López Obrador o, por el contrario, motivo para ensalzarlo por la revolucionaria y heroica manera de enfrentarla, habría que someterla al saludable ejercicio de contrastar desempeños contra realidad.

La tarea ha sido compleja por tratarse de un fenómeno inédito y del que el mundo, como un todo, ha ido aprendiendo sobre la marcha. No ha habido una fórmula correcta y otra equivocada de combatir la pandemia porque había demasiadas variables desconocidas en juego. Y si bien el continente americano tuvo la fortuna de afrontar la emergencia casi dos meses más tarde que Europa o Asia, se tradujo en escasa ventaja pues el punto de partida de los sistemas de salud pública en nuestros países tenían años de atraso.

Sin embargo, a ocho meses de distancia comienzan a construirse estadísticas que permiten hacer cortes de caja más allá de las estridencias a las que nos llevan nuestras fobias y filias políticas. Lo que hoy se sabe permite romper varios mitos: primero, el nivel de contagio ha sido exponencialmente mayor al que creíamos o al que reportan las cifras oficiales de cada país. Algo que se intuía, pero hoy podemos por fin dimensionarlo. The Economist de esta semana hace un análisis transversal y concluye que el número de contagiados real es siete veces más alto en Estados Unidos que la estadística oficial, en España habría que multiplicar por 10, en Inglaterra por 14, en Suecia por 17, en Rusia por 27, en India por 271. Por desgracia la revista británica no incluye a México, pero podemos asumir que estaríamos más próximos a la situación de Rusia que, al igual que nosotros, prefirió concentrar sus esfuerzos en otros frentes que en el de monitoreo de la población con pruebas clínicas. Solo por ponerle un número más realista, esto significa que en el caso mexicano habría que multiplicar por 20 o por 30 el número de contagios conocido (721 mil), lo cual supondría que entre 14 y 21 millones de personas habrían contraído el virus hasta ahora, hayan o no tenido síntomas.

Otra manera de acercarse de bulto al tamaño de la pandemia deriva de las investigaciones que se han hecho a población abierta. El reporte de The Economist cita el balance que arrojan 271 encuestas de análisis de sangre realizadas en 19 países en muestras representativas. Proyectadas al conjunto de la población ofrecen un dato brutal: entre 6 y 10 por ciento de los seres humanos ya habrían contraído la COVID-19. Para México esto significaría entre 8 y 12 millones de habitantes.

Lo que esta nueva información muestra es que el contagio es muchísimo más vasto de lo que se creía, pero al menos trae aparejada una buena noticia. La letalidad es infinitamente menor. Incluso asumiendo que muchas muertes por error no fueron atribuidas a este virus, el número de fallecidos tendría que ser dividido por una enorme masa de contagiados reales. Las estimaciones para América Latina señalan que el número de muertos por la enfermedad se situaría 50 por ciento por encima de la cifra oficial (75 mil en México). En tal caso estaríamos hablando de que 112,000 compatriotas habrían fallecido por esta causa, grosso modo 1 de cada 100 personas contagiadas.

Si eso son los datos reales, ¿qué decir de las estrategias para enfrentarlos? Según los expertos hay dos áreas básicas: por un lado, atender los enfermos graves; por otro, impedir nuevos contagios. A su vez, hay tres medidas para conseguir esto último: 1.- Reducir los contactos entre la población (evitar aglomeraciones y buscar diversos grados de confinamiento). 2.- Reducir la probabilidad de que los contactos deriven en contagios (propiciar sana distancia, medidas de higiene y de protección como cubrebocas y similares). 3.- Reducir el número de contagios que pueda provocar una persona infectada (localizar y propiciar el aislamiento de las personas que han sido contagiadas). Pero en última instancia, retrasar una pandemia solo evita el colapso del sistema de salud en un momento dado; los contagios no desaparecen hasta que no se consiga una vacuna o se alcance la inmunidad de rebaño. Un confinamiento severo en la primera oleada simplemente se traduce en segundas y terceras oleadas más crudas.

¿Conociendo lo que ahora sabemos, pudo el Gobierno mexicano haber hecho algo más? Está claro que la 4T decidió volcar los recursos en atender la primera trinchera de esta guerra: los enfermos. El déficit del sistema de salud para afrontar la crisis obligó a un esfuerzo ingente en la habilitación de camas, hospitales y personal médico. Contra ese objetivo habría que evaluar a López-Gatell y los suyos y en lo general salen bien librados: el sistema nunca se saturó. Se dice fácil pero no es poca cosa. En cambio el balance es menos favorable respecto al segundo objetivo: atenuar la velocidad de la pandemia. Se optó por una versión ligera de los puntos 1 (confinamiento parcial y voluntario con parálisis de la actividad económica), y 2 (sana distancia y medidas de prevención). Y para ser realistas tampoco es que daba para más. El Estado mexicano no puede evitar que la población se siga matando a razón de 100 por día, mucho menos habría podido hacer cumplir medidas más draconianas a 125 millones de habitantes. Tampoco tenía la capacidad para impulsar el punto 3 (monitorear contagiados y buscar aislarlos), de allí el escaso interés en hacer pruebas a la población.

Otros países no salen mejor librados. Salvo el éxito de las naciones asiáticas, por razones culturales e institucionales imposible de abordar en este espacio, el resto del mundo simplemente retrasó la pandemia a un costo social y económico brutal. Los gobiernos operaron sobre el ensayo y el error y aún lo siguen haciendo. Los rebrotes en España, Inglaterra o Alemania revelan que incluso ahora se habrían precipitado en el manejo de sus semáforos sanitarios, aunque no lo llamen así.

En suma, el Gobierno mexicano habría cumplido con el desafío más relevante que era poner en pie al sistema de salud para atender a las víctimas más graves de la pandemia. Su desempeño para acortar la primera ola de infecciones ha sido menos satisfactoria, incluso asumiendo que hubiera podido hacer algo más significativo que ponerle cubrebocas al Presidente. Si de lo que se trataba era de esperar la inmunización de rebaño, esto no tendría mayores consecuencias porque tarde o temprano vendrán segundas y terceras oleadas: el objetivo era fortalecer un sistema de salud para afrontarlas. Pero esto cambia si aparece pronto una vacuna y evita una tercera oleada, por ejemplo. En tal caso atenuar la pandemia equivale a salvar vidas. Lo dicho, el balance final tendrá que esperar al desenlace de la pandemia; mientras tanto, seguir operando con recursos escasos e información parcial. Demasiado poco para crucificar o glorificar a una autoridad.

Contener la violencia

La violencia en todas sus modalidades, se ha dicho en múltiples formas, constituye uno de los signos de nuestra sociedad. Y la estadística demuestra que, lejos de estar siendo contenida, va en incremento o, cuando menos, que hoy existe una cultura de la denuncia que va en aumento.

Todas las formas de violencia deben preocuparnos y ocuparnos, desde luego. Pero la violencia ejercida en contra de quienes son más vulnerables necesariamente debe ocuparnos más porque se trata de una manifestación de abuso que debemos erradicar.

¿Qué estamos haciendo para lograrlo? ¿Qué estrategias estamos instrumentando como sociedad para visibilizar el problema y atenderlo de manera eficaz? O quizá deberíamos preguntarnos ¿qué es lo que no estamos haciendo?, ¿qué es lo que nos falta por hacer?

De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), entre enero y agosto de este año se incrementó en 9 por ciento el número de llamadas para denunciar violencia específica contra la mujer, abuso sexual, acoso u hostigamiento, actos de violación, violencia de pareja y violencia en las familias.

Estamos hablando de un promedio de 150 llamadas diarias, es decir, una cada 10 minutos aproximadamente. ¿Qué dicen estas cifras de nosotros como comunidad? ¿Qué dicen de nuestra cultura y de los valores que individual y colectivamente practicamos?

No estamos aquí ante cifras de carácter anecdótico. Estamos ante el retrato de conductas delictivas cometidas a gran escala. Porque conductas como el abuso sexual, el acoso, el hostigamiento, la violación o la violencia física constituyen delitos tipificados en nuestro Código Penal.

Se trata de conductas para las cuales existen castigos específicos que claramente no están sirviendo de disuasores eficaces para impedir que ocurran. Decir lo anterior es necesario porque lo importante no es castigar a quien incurre en dichas conductas, sino evitar que ocurran.

Es necesario, desde luego, que cuando estos hechos infortunadamente se registren, las víctimas tengan la confianza para denunciarlos y se encuentren con una autoridad diligente y eficaz que investigue los hechos, integre el caso respectivo y lo lleve ante un juez para imponer la sanción correspondiente.

Pero lo deseable no es eso, sino que la cultura de nuestra sociedad se transforme de manera que resulte inaceptable para cualquiera el ejecutar tales actos. Mejor aún: lo deseable será que nadie considere siquiera la posibilidad de incurrir en ellos porque esté convencido de que se trata de conductas impropias de individuos civilizados.

Esa debe ser la meta y a lograrla deberíamos orientar todas nuestras energías. Para que la siguiente vez que revisemos el indicador veamos que el número de denuncias disminuye y estemos ciertos de que no es porque se esté denunciando menos, sino porque realmente está dejando de ocurrir.

ESTRICTAMENTE PERSONAL

El último narc

Raymundo Riva Palacio

A principio de los años 80, el presidente Ronald Reagan estaba empeñado en derrocar al gobierno sandinista en Nicaragua. Su primer instinto fue una invasión, pero luego de consultas con varios países latinoamericanos donde no encontró el apoyo para hacerlo, decidió hacer su propia guerra, como lo había hecho décadas antes en Guatemala. En el Capitolio lo frenaron, y por iniciativa del diputado de Massachusetts, Edward Boland, se enmendó el presupuesto de 1982 que limitaba la asistencia a los contras en Nicaragua a sólo asistencia humanitaria. La llamada Enmienda Boland impedía que Estados Unidos financiera una guerra. 

La Casa Blanca y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) decidieron, por la vía clandestina, financiar la guerra. La logística incluyó la participación del Cártel de Guadalajara y de la Dirección Federal de Seguridad, que dependía de Manuel Bartlett, en ese entonces secretario de Gobernación, y el territorio mexicano sirvió como la ruta de abastecimiento de armas a los contras, a cambio de cerrar los ojos al tráfico de drogas. Ese manejo ilegal de dos gobiernos con el narcotráfico, causó el asesinato de Manuel Buendía, el principal columnista político en el último medio siglo en 1983, y el de Enrique Camarena Salazar, el agente de la DEA en 1985.

Esta historia siniestra y de complicidades criminales volvió a resurgir al estrenarse la serie de cuatro capítulos en Amazon Prime llamada “The Last Narc”, sobre el asesinato de Camarena Salazar. “The Last Narc” no se debe traducir como “El último Narco”. La palabra “Narc” fue acuñada en la DEA para identificar a los agentes de campo, como era Camarena Salazar, asignado a la oficina de la agencia en Guadalajara, y a quien mandaron matar los entonces jefes del Cártel de Guadalajara, Miguel Ángel Félix Gallardo, aún preso, Ernesto Fonseca, que recuperó su libertad en 2017, y Rafael Caro Quintero, quien por un descuido –por ser lo más generoso- de la vieja PGR, fue liberado en 2013.

“The Last Narc” recuerda la historia contada por varios de sus protagonistas desde hace 20 años, de cómo la CIA, en complicidad con el gobierno mexicano y el Cártel de Guadalajara, tuvo en México un centro de entrenamiento y logística para los contras nicaragüenses, en un rancho en Veracruz. Paradójicamente, cuando preparaba la invasión a Guatemala en 1954, la CIA entrenó mercenarios en un rancho en Los Tuxtlas, también en Veracruz. Las armas para los contras llegaban por México procedentes de Irán y de los depósitos de la OTAN, que transportaba el Cártel de Guadalajara de Estados Unidos hasta entregarlos a contratistas de la CIA en Centroamérica, para evitar que hubiera rastros del involucramiento del gobierno de Reagan en violación de la Enmienda Boland.  

Lo hicieron con el apoyo del gobierno mexicano, en particular del secretario Bartlett y la Dirección Federal de Seguridad, que trabajaba con la CIA. Rogelio Hernández, un periodista de investigación, publicó en aquellos años en Excélsior, algunos detalles que en ese entonces parecían fragmentados, de cómo varios agentes e la DFS introducían droga en pipas del sindicato petrolero por las fronteras de Tamaulipas, donde las aduanas estadounidenses se abrían sin problema, y regresaban con armas. En pláticas semanas antes de que lo asesinaran, Buendía comentaba la ruta de Tamaulipas a Guadalajara y de la capital tapatía a la frontera con Guatemala, donde el Cártel de Guadalajara jugaba de protagonista. Tampoco sabía en ese entonces que todo ello correspondía a lo que pocos años después se conoció como el Irán-Contras.

“The Last Narc” no revela casi nada, pero refresca la memoria de las imputaciones que la CIA tuvo un papel central en el asesinato de Camarena Salazar, de quien temían iba a descubrir el entramado clandestino. La CIA, que no suele opinar sobre estos temas, siempre lo ha negado. La serie no es objetiva ni equilibrada, al apoyarse completamente en las afirmaciones de Héctor Berrellez, quien estuvo a cargo en un principio de la investigación del asesinato, y que gradualmente fue encontrando, para su sorpresa, el involucramiento de la CIA.

Todo fue, sin embargo, de oídas, sin pruebas documentales. Bartlett jugaba un papel central como miembro del crimen organizado, según un testigo de Berrellez, Víctor Lawrence Harrison, que manejaba las comunicaciones del Cártel de Guadalajara, que acusó al entonces secretario de Gobernación y hoy director de la Comisión Federal de Electricidad, y a los entonces jefes de la DFS, de vinculaciones con el crimen organizado. Un juez en Los Angeles censuró el testimonio de Harrison en el juicio de Camarena, luego que llegara a un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos para eliminara su acusación a cambio de inmunidad.

El conflicto entre la DEA y la CIA no era nuevo, y se alimentaba de objetivos distintos. La primera era policía, mientras la segunda atendía los asuntos de interés para la seguridad estadounidense. Chocaron en Colombia y Panamá, donde la DEA ganó la batalla al lograr el asesinato de Pablo Escobar y la captura de Manuel Antonio Noriega, que estaban en la nómina de la CIA. La perdieron en Honduras, donde la CIA organizó y armó a los contras. Y perdió en México con el asesinato de Camarena Salazar. La dinámica de confrontación se daba en los diferentes campos de batalla donde sus metas eran excluyentes.

“The Last Narc” nos estrella en la cara que este pasaje siniestro en la historia de la Guerra Fría en nuestra región, no lo hemos discutido debidamente. Bartlett es el mejor ejemplo, y sigue siendo poderoso y arropado por la impunidad. Pero él es sólo una pieza. El Estado Mexicano no ha aireado lo que fuimos y lo que somos, donde por años los gobiernos, incluido el actual, no han querido abrir esa puerta. Quizás, porque todos saben que son culpables de algo y no quieren que se sepa. Mejor el olvido, que rendir cuentas.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

La influenza es una enfermedad infecciosa que se comporta de una manera muy semejante al Covid-19, pues las personas presentan fiebre, tos, dolor de garganta y dolor en músculos y articulaciones.

En el mes de octubre, estimado lector (o sea, mañana jueves), comienza la temporada de influenza, que se extiende hasta por 6 meses, aprovechando el inicio de la época de frío.

La recomendación que está dando la Secretaría de Salud federal es que sean vacunados contra la influenza los adultos mayores, embarazadas y menores de edad, pues se trata de un padecimiento que también provoca neumonía, pero para el cual, afortunadamente, ya hay una vacuna.

Lamentablemente, las autoridades locales no han anunciado si las vacunas ya están disponibles en los centros de salud, o en los hospitales regionales y comunitarios. Pero por la situación de emergencia que se tiene por la pandemia de Covid-19, y por las similitudes con los síntomas, vale más que actuemos antes de tiempo, para por lo menos descartar la influenza entre la población vulnerable, y que no se vayan a perder vidas por la confusión con los síntomas.

Recuerden que cuando comenzó el Covid-19 en nuestro medio, los médicos lo diagnosticaban como dengue, o como fiebre tifoidea -sobre todo aquellos cuadros donde la diarrea era el principal síntoma- y mucha gente es agravó a partir de estos diagnósticos confusos.

Por otra parte, hay que entender que mientras las lluvias persistan (el ciclo de lluvias abarca el mes de octubre), todavía estamos en época de dengue, y de ahí que tanto las familias como los médicos en general, deban estar alertas acerca de los síntomas, tratando de descartar qué es Covid, qué es influenza y qué es dengue.

De verdad que todo parece complicarse, y por lo tanto la disciplina en el cumplimiento de las normas de control e higiene del Covid-19 no deben relajarse.

Desafortunadamente, la gente ya bajó la guardia. Nos enteramos de personas que han muerto por Covid-19 y aún así, en lugar de que los familiares los velen el tiempo reglamentario, hacen las velaciones de manera tradicional, con música de viento, aglomeración de personas y todo el rito. Lo único que cambió la iglesia católica, por cierto, es que ahora la misa de muertos la hacen vía internet, mediante alguna de las aplicaciones disponibles para ministrar a los difuntos por computadora o pantalla, lo cual es una buena medida, que viene a resolver la necesidad de las personas porque sus familiares muertos reciban los sacramentos mortuorios, como por la protección de los párrocos, a los que no les ha ido nada bien con el Covid-19, pues varios ya han fallecido por esta enfermedad.

El gobernador Héctor Astudillo volvió a hacer hincapié en el uso del cubrebocas. Día con día, el mandatario estatal ha estado haciendo un llamado a la población para que se proteja. Desafortunadamente, también hay que decirlo, se lee en los medios cómo gente de la política ha estado haciendo fiestas y francachelas. Por ejemplo, leíamos que, en Ometepec, con el pretexto de una fiesta religiosa, en este mes de septiembre fueron inevitables las borracheras y las aglomeraciones con el pretexto de los rezos, en torno a una fiesta que saca la Danza del Toro de Petate. Hubo videos de una trifulca que se armó en las calles del centro de la ciudad, donde desde temprano la gente comenzó a beber, hasta que todo terminó en golpes.

Y este domingo, los mayordomos de la fiesta fueron a entregar al toro a los que harán el festejo para el siguiente año. Pero resulta que el que recibió la mayordomía es nada más y nada menos que el ¡regidor de Salud del municipio!, junto con su padre, un líder ganadero. Lo más grave es que el presidente municipal envió al director de Reglamentos para pedirles que se suspendiera esa reunión, pero el sujeto, quien por cierto es del PRI, no quiso y siguió con su fiesta. Y, para colmo, al reportero que estuvo cubriendo ese desfiguro le dijeron que “por eso amanecen muertos los periodistas”.

Lamentable suceso. Y como estos, hay muchos más que contar en el estado. Por lo tanto, el gobernador y los presidentes municipales deben ser mucho más estrictos y por lo menos a sus allegados meterlos en cintura, porque son los que ponen el mal ejemplo. Mínimo un exhorto para ese regidor de parte de los diputados locales, o del Cabildo municipal.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

Vaticinio fatal para Guerrero: en 15 días, semáforo rojo, según López Gatell

“Difícil es templar en el poder a los que por ambición simularon ser honrados.” Salustio

Mis estimados, los guerrerenses estamos más cerca del semáforo rojo que del amarillo. Así lo advirtió el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell. Expuso que en Guerrero han crecido los contagios y el aumento de hospitalización en cuidados intensivos por Covid-19, lo que obliga a la Secretaría de Salud Federal a retroceder la entidad a semáforo epidemiológico rojo.

A pesar que el gobernador Héctor Astudillo Flores, aseguró que el estado no retrocedería a semáforo rojo, que se mantendría en naranja, hasta el 11 de octubre, el subsecretario de Salud, Lopez Gatell, da una noticia aplastante para la entidad suriana.

Si las cosas no mejoran, en 15 días Guerrero retrocede aún más en el semáforo de riesgo epidemiológico; es decir, semáforo rojo, cierre total.

Pues han crecido los contagios del Covid-19 de forma exponencial. ¿Qué significa esto, mis estimados? Que volvemos al confinamiento y el cierre de negocios con actividades no esenciales, así como también el cierre de playas.

Aunque este último punto continúa en debate, pues al parecer no serán cerradas. Pero si las autoridades de Salud federal ordenan cerrarlas, se van a cerrar, y hasta ahí vamos a llegar muchos, me incluyo, mis estimados, porque ha sido muy difícil mantener un negocio en esta situación. En verdad ha sido muy duro y volver a semáforo rojo prácticamente es morirse, pues durante casi siete meses que ya duró la pandemia, se viene sufriendo demasiado para al menos sacar los gastos de producción, pero ni eso logramos sacar y no hay dinero para la nómina, la cuota del IMSS e Infonavit, entre otros impuestos.

Estábamos comenzando a retomar las ventas cuando volvimos atrás, y no sólo al semáforo epidemiológico naranja, sino que en 15 días retrocedemos al semáforo rojo, insisto, si las cosas no mejoran.

Y la neta llega la desilusión, máxime cuando escuchamos a personas en la calle decir: “Pues ya si me toca morir, pues muero, pero tengo que trabajar para sacar dinero para que coman mis hijos. el gobierno no me regala nada”. Así se expresan resignadas las personas.

Sin embargo, cuidar la salud y ser diciplinados no es difícil ni tampoco caro, usar cubrebocas es lo mínimo que podemos hacer, así como mantener un constante lavado de manos. Además, usar desinfectantes en nuestro hogar, para no introducir el virus al resto de la familia.

Pueden alegar que es caro, pero si compran uno de tela y lo lavan diario, listo, no pasa nada. Pero no es eso, tristemente las personas no quieren acatar las reglas de salud para su propio bien y el de su familia.

Miren porqué se los digo: Me di a la tarea de platicar con algunos propietarios de negocios no esenciales´, los cuales están muy enojados con el gobierno estatal y local. Con el único que quieren trato es con el gobierno federal. Cuando les dije que deberían usar cubrebocas, pues había personas con gripe y era peligroso, me dijeron: “Toda la vida hemos trabando con catarro, fiebre, traemos una tos horrible casi con pulmonía y seguimos trabajando, nunca nos dijeron nada de cubrebocas, ahora cargan un escándalo con ese cubrebocas, puro comercio de los promotores”.

Luego, agrego una señora, “pero mi cabecita de algodón no usa cubrebocas, entonces nosotros tampoco vamos a usarlo; quién sabe de quién es ese negocio de los cubrebocas, ha de ser de un político priista por eso tanta exigencia. Es puro cuento, publique que nos dejen trabajar y si nos toca morir, pues ni modo, hay menos gente en Zihuatanejo. Es puro cuento; a ver, ¿dónde ha escuchado que los malandros han muerto de coronavirus?, y aquí hay varios, andan por todo el pueblo y ni gripa les da; o un político, ¿verdad que no? Que nos dejen trabajar, que nos deje en paz el gobierno. Si no nos da, que no nos cierre el puerto”.

Cuando le dije que la orden de cerrar el puerto vino por medio de la Secretaría de Salud federal, las señoras respingaron y me contestaron que no era cierto, que todo viene del gobierno priista. Jejeje.

Bien dice el dicho, cría fama y échate a dormir.

Y antes que se prendieran más las mujeres, me salí de ese lugar, pues de hecho ya estaban enojadas por la marcha de organizaciones que se manifiestan a favor del aborto y por los feminicidios ocurridos en el municipio de Zihuatanejo; por ejemplo, se manifestaron el Colectivo Marejada y Colectivo Raíz de Guerra. Ambos marcharon y gritaron consignas, sin llegar a cometer desmanes en la ciudad, como si concurrió en otros estados, donde hubo hasta golpes.

Les decía que por eso estaban enojadas las señoras, por la marcha en la cual iban muchas jovencitas, y las señoras no están de acuerdo en el aborto legal.

También opinaron que hay tantos anticonceptivos para no embarazarse, pero las mujeres de ahora no tienen sentimientos y prefieren exigir que les permitan abortar una cría. “Eso es no tener corazón, yo no estoy de acuerdo que aprueben el aborto; pero, bueno, si lo aprueban ni modo cada quien va a pagar sus pecados porque abortar es un pecado grande. Cuando es violación, pues todavía pasa”, dijo una señora mayor, quien contó una historia triste de una niña de 12 años que había sido violada por su propio abuelo, y la familia del padre de la niña pedía que abortara, la otra familia dijo que no, que nacería el bebé, pero eso se los cuento en otra entrega.

No fue grandioso para su servidora acercarme a ese grupo de mujeres, pues entre todas me tundieron, ya que están enojadas por el cierre del puerto de Zihutanejo y más les molestó que les comenté que en 15 días tal vez lo vuelvan a cerrar, fue para ellas terrible la noticia.

“Usted me dice que volverán a cerrar, nosotros no cerraremos nuestros negocios. El gobierno nada hace sin ganar, no da paso sin guarache, nos quiere tener encerrados para ellos hacer sus marranadas, no cerraremos, allá ustedes si vuelven a cerrar y encerrarse, porque nosotros aquí no cerraremos”, recalcaron.

Y como esas personas hay varios en el puerto. Pero una cosa debe quedar bien clara, mis estimados, el cierre de la playa y los negocios, o del puerto, no fue idea del gobierno para burlarse de nadie y quebrar negocios, fue para cuidar la salud de los guerrerenses, y evitar una mayor mortandad. Y aún con esos cuidados ha muerto mucha gente, en el municipio de Zihutanejo y en Guerrero, pero no es por culpa del presidente municipal, del gobernador, o del presidente de la República. No, señores, que no los engañen, es por nuestra culpa, pues no queremos acatar las reglas de higiene que no son nada difíciles de obedecer, no es gran cosa, solamente usar cubrebocas y lavarse las manos constantemente con agua y jabón o, en su caso, usar gel; pero no queremos hacer ningún esfuerzo y menos respetar reglas.

¡Caray!, el gobierno ha presentado testimonios de personas que se recuperaron; sin embargo, quedaron con secuelas graves, y son de aquí del puerto, y aun así varios siguen dudando de la gravedad del virus.

Algunos comerciantes comentan que ya no quedan ganas ni fuerzas para continuar trabajando, pues no ven ganancias sino puras pérdidas. “Y tampoco hay apoyo del gobierno, nada, estamos solos. Ni los políticos que andan en campaña se han acercado. Antes esos venían para acá a prometerte cosas, pero ahora ni a eso se han acercado, ningún político. Los hijos nos dicen que andan en las redes inventando cosas, creen que por ahí van a garrar más gente, eso jamás, los que hacemos a los políticos somos nosotros y aquí tienen que venir, sólo que sea todo esto para ellos no gastar… Pero le digo, estamos muy amolados, no hay ni préstamos para nadie, en los bancos te ven y se esconden los ejecutivos, no hay ninguna prestación ni de Pymes, nada, estamos en problemas”.

De veras que, si vuelven a cerrar el puerto, ahora sí se ha acaba mi Zihuatanejo querido.

Y pues con la pena, mis estimados, el escenario del Covid-19 en Guerrero, es muy triste, pues crecieron tanto los contagios del coronavirus que Salud Federal estableció que en 15 días Guerrero regresa a semáforo epidemiológico rojo.

También estoy triste y también me duele el pronóstico. Dios quiera haya un cambio en Guerrero y continuemos en semáforo naranja e incluso avancemos hacia el amarillo, para seguir trabajando. ¡Feliz martes, mis estimados!

Lealtad a ciegas

La lealtad en un proyecto político es una de las cosas más complicadas de definir. Se entiende perfectamente que un líder pida a sus colaboradores que compartan la visión de país o de Estado que hay detrás de su ejercicio de Gobierno; no solo es plausible sino deseable. El problema es definir esa sutil frontera entre lealtad y complicidad, el momento en que la obediencia a ciegas que pide el Presidente se convierte en ceguera cómplice, cerrar los ojos ante algo que pueda ser incorrecto, ilegal o simplemente considerado por un funcionario como no correcto éticamente.

Lo que dice con toda elegancia Jaime Cárdenas en su carta de renuncia no es que no esté de acuerdo con el proyecto del Gobierno de López Obrador, sino que se le pidió hacer cosas ilegales o con procedimientos incorrectos. La administración pública no es para todos, en eso tiene razón el Presidente, porque a diferencia del común de los mortales, quien trabaja en el Gobierno solo puede hacer lo que la ley expresamente le permite, todo lo demás implica incurrir en falta. Cárdenas se fue porque le pedían operar decisiones no contempladas en la ley que hubiesen implicado que él como funcionario público incurriera en faltas administrativas sino es que en la comisión de delitos.

Cuando el proyecto de Gobierno está atravesado todos los días por la ocurrencia del momento la lealtad ya no es la visión de un grupo que encabeza el Presidente –una visión que le permitiría al funcionario público establecer una ruta de trabajo– sino una sumisión. Lo que le pedían a Jaime Cárdenas era una actuación urgente y fuera de la ley para ocultar el fracaso de la rifa del avión. Su deslealtad fue no haberse prestado al juego y eso le costó la denostación pública, que le acusaran urbi et orbi de desleal, falto de compromiso y hasta flojo.

Poco a poco la mazorca se va desgranando en el Gobierno y las voces disonantes y discordantes se van bajando del barco. El capitán no quiere oficiales que miren lejos, anticipen tormentas o propongan ajustes en el derrotero, ninguno que cuestione sus decisiones o tenga opinión propia respecto al manejo del barco, solo quiere marineros obedientes, que ejecuten las órdenes y canten loas.

No hay mejor lealtad que la de quien anticipa los problemas, pero esa lealtad no es ciega, por el contrario, es incómoda y reveladora. No hay peor ayuda que la del ciego cómplice, el que prefiere no ver para no molestar al tlatoani. Pueden los funcionarios públicos más convencidos cerrar los ojos y dejarse llevar, tener fe ciega en su líder y creer desde el fondo de su alma que el Presidente sabe mejor que nadie lo que quiere el pueblo y lo que necesita México. Lo que no pueden es cerrar los ojos ante lo que es ilegal porque los problemas futuros no los tendrá el Presidente, los tendrá el funcionario obediente.

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Faltaba que las mujeres de este país se manifestaran, para conocer los alcances de sus protestas y de lo que son capaces. Claro, no son cualquier mujer. Tampoco representan al promedio de la mujer mexicana. Son las mujeres, maduras y jóvenes, quienes tomaron un día la bandera feminista, y que a todo comenzaron a ponerle esa etiqueta. Bueno, incluso el 16 de septiembre anunciaron que darían “La Grita de Independencia”, por considerar que el histórico y tradicional “Grito”, es masculino y, por lo tanto, viola sus derechos femeninos.

¿Por qué tanto y extremo enojo? ¿Contra quién se manifiestan? ¿Se trata de manifestaciones reales, o son manipuladas?

Ya no se sabe de lo que es real y lo que es inventado en este país. Desde que se nos informa que incluso los movimientos sociales, pasando por periodistas y opinadores, y hasta historiadores, son financiados con recursos privados y de organizaciones golpistas, tanto nacionales como extranjeras, ya no sabemos diferencial lo real de lo verdadero.

Pero al ver la furia con la que las feministas salen a la calle, armadas hasta con martillos y otro tipo de armas contundentes, para reclamar el derecho a abortar, sin lugar a dudas se trata de uno de tantos movimientos financiados desde los más oscuros y recónditos espacios de lo que se conoce como el gobierno profundo, que no es otra cosa que una mezcla de intereses de dominio, mediante la enajenación y la perversión social.

Y es que las mujeres pueden abortar realmente en este país. Nadie se los prohíbe. Conozco decenas de casos de mujeres que han abortado, y no están en la cárcel. Además, en la Ciudad de México, desde tiempos de Marcelo Ebrard, actual secretario de Relaciones Exteriores, se legalizó el aborto y cualquiera puede ir a practicarse uno.

¿Entonces qué es lo que buscan realmente? El aborto legal en todo el país. Es decir, que les sea reconocido como un derecho y quede plasmado en la Constitución.

Esa es una lucha vieja. La han venido impulsando poco a poco, y han ido penetrando estado por estado, considerando que las entidades federativas son autónomas, de modo que aunque no se reconoce el derecho a abortar a un no nato -eso significa matarlo-, en la Constitución Política del país, sí lo han podido implantar en algunos estados, siendo el primero de ellos la propia Ciudad de México, donde expertos precisan que esta práctica de muerte ha matado a más niños que la violencia y las enfermedades infantiles.

De ese tamaño es el paquete de sangre del que estamos hablando, que además es también un negocio, pues al legalizar el aborto, se legalizaría también el método, que en este caso buscan que sea mediante una pastilla que se prescribe desde hace más de 10 años, y la cual se introduce por ambas vías: la vaginal y la oral.

¿Quién gana entonces? Los laboratorios que produzcan la píldora, porque la venderán al por mayor, tal como ahora ocurre con la pastilla del día siguiente, que se pensó vendría a detener los embarazos no deseados, pero fue todo lo contrario, porque entonces las parejas dejaron de usar el condón y otros métodos anticonceptivos, confiando en que si se les pasaba la mano recurrirían a la pastilla opcional.

Al contrario, la pastilla del día siguiente, disponible desde los inicios de este siglo, no frenó los embarazos, pero sí provocó el incremento de los casos de SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.

Volviendo al tema, nadie entiende la feroz violencia que han estado demostrando los grupos feministas. Afortunadamente, las redes sociales han contribuido a ir desenmascarando a todos, y sin aceptar que todas las líderes del movimiento están siguiendo un libreto escrito por otros, sí se han expuesto casos de farsantes, por decir lo menos. Mujeres que luchan contra la igualdad y una vida sin violencia, pero ellas mismas son violentas con sus parejas mujeres, porque la otra verdad es que en esos colectivos hay muchas mujeres que son parte de la comunidad LGTB.

La violencia extrema, decíamos, ya es en sí misma sospechosa y no representa a las mujeres mexicanas, mucho menos a las mujeres indígenas que podrían ser las mujeres que por su condición de pobreza y porque están sometidas a sus usos y costumbres, son las de mayor riesgo a la hora de practicarse un aborto en condiciones insalubres y lejos de algún centro hospitalario que las pueda auxiliar en caso de que se compliquen.

Y, bueno, el aborto legal implicaría el que cualquier médico y en cualquier clínica u hospital de sector salud, se vería obligado a practicar el aborto a la solicitante, so riesgo de ser demandado y despedido de su trabajo.

Negociar el presupuesto

El presidente Andrés Manuel López Obrador fijó posición ayer ante la solicitud de los mandatarios estatales de la denominada “alianza federalista” de abrir un espacio de diálogo para estudiar alternativas a la propuesta de presupuesto de egresos para 2021 del Ejecutivo Federal. “Se mantiene”, afirmó lacónico en su conferencia de prensa matutina.

De acuerdo con el mandatario, “no hay nada ilegal, no hay nada injusto” en la propuesta remitida al Poder Legislativo y si los gobiernos de los estados consideran que los recursos que les corresponderían el año próximo son insuficientes, “ellos tienen que buscar la forma de ahorrar”.

La respuesta no sorprende porque se trata de la fórmula en la cual López Obrador ha insistido a lo largo de los casi 21 meses de su gobierno: si no hay dinero suficiente en las arcas públicas, entonces solamente existe un camino para superar tal situación: la austeridad.

En esencia el planteamiento es correcto, aunque solo parcialmente. En efecto, frente a un ingreso disminuido necesariamente debe pensarse en implementar algún programa de austeridad de forma que los recursos existentes se utilicen con mayor eficiencia.

Pero esa no es la única respuesta posible. Al menos no en el caso del presupuesto de un país cuyo modelo de organización es un pacto federal, lo cual implica que la unión se logra merced al acuerdo de un conjunto de estados libres y soberanos que son, en la realidad jurídica por lo menos, la esencia misma del conjunto.

Desde esa perspectiva, la respuesta del Presidente es una que pareciera partir del supuesto -equivocado- de que la Federación es una suerte de orden jerárquico “superior” y por ello las entidades federativas y los municipios deben “subordinarse” a los dictados del centro.

El planteamiento es todavía más equivocado cuando se tiene en cuenta que la totalidad de los ingresos que la Federación capta a través de los distintos mecanismos de recaudación existentes son, en esencia, recursos generados en los estados de la República.

Tiene razón, desde luego el Presidente cuando plantea que el gobierno debe ser austero y que los recursos públicos deben utilizarse con eficiencia y para ello es necesario erradicar prácticas como la corrupción, el despilfarro y los gastos superfluos.

Pero los supuestos anteriores se utilizan una vez que el reparto de los recursos ha sido aprobado y no como un criterio de “castigo” derivado de conductas que constituyen, en tanto no exista un dictamen al respecto, solamente presunciones o supuestos.

Lo peor de la situación es que, con la respuesta ofrecida ayer, López Obrador pareciera haber cerrado la puerta al diálogo, lo cual acerca peligrosamente la posición presidencial al territorio del autoritarismo.

Es deseable que dicha postura sea flexibilizada, porque implica una pésima señal para la estabilidad y la gobernabilidad nacionales en un momento en el cual lo que más se requiere es justamente lo contrario.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

Aunque sin brillo, aún tienen vida los destinos de Guerrero

“Mi enojo no es por la injusticia sino por el empeño con que muchos lo disfrazan”: Isabel Cendal.

Mis estimados, los destinos del estado de Guerrero celebraron el Día Mundial de Turismo hundidos en la peor crisis de la historia de este país. Es una crisis económica, pero también social y cultural, decadencia que pega a los destinos del México lindo y querido.

Y aunque la industria turística atraviesa el peor momento de su historia, debido a la pandemia por Covid-19, los destinos se resisten a morir, pues con todo lo que hoy ocurre en Guerrero, y aunque los destinos pierden brillo, aún tienen vida, pues siguen llegando turistas. Los visitantes siguen prefiriendo las playas guerrerenses para pasar unas vacaciones agradables en las playas. Inclusive, este fin de semana Ixtapa-Zihuatanejo, alcanzó 42.5 por ciento de ocupación hotelera, y el hermano puerto de Acapulco llegó a 35.9 por ciento.

Ixtapa, vuelve a marcar la diferencia y este destino turístico se ubica como preferente de los visitantes nacionales. Y aunque las circunstancias para la llamada industria sin chimenea no son las mejores, el sector debe continuar caminando, pues la vida sigue.

Si bien es cierto que Guerrero se encuentra en semáforo epidemiológico naranja, y así continuaremos hasta el 11 de octubre, hubo restricciones para varios negocios, con lo que se reduce también el ingreso económico, y crece el desempleo.

Sin embargo, los guerrerenses, a pesar de ver los buenos resultados, no hemos respondido con empuje, seguimos siendo indiferentes.

Lo grave de todo, mis estimados, es que si seguimos como vamos con los contagios del virus, estando en semáforo epidemiológico naranja, corremos el riesgo de volver al rojo; es decir, al cierre total de playas.

Si es así, preparémonos para que destinos del llamado Triángulo del Sol, Acapulco, Ixtapa-Zihuatanejo y Taxco, pierdan el turismo de invierno, pues ningún turista extranjero querrá venir a un destino repleto de contagiados por coronavirus.

Para su conocimiento, los pronósticos de expertos en esa materia es que no viajará a Guerrero el turismo estadunidense ni canadiense, en caso de que la pandemia no sea controlada en estos municipios o en todo caso exista la vacuna.

Y entonces, si los destinos no se reactivan y avanzan hacia el semáforo amarillo y verde, no podrán sobrevivir sin el turismo extranjero. Ciertamente, el turista nacional ha sostenido a los destinos en las buenas y en las malas, inclusive en plenos ríos de sangre los nacionales llegaron a los destinos, pero esta vez no sólo es la pandemia, también el olor a muerte por la violencia persiste, así como la crisis económica amedrantan y eso evitará que se traslade el turismo nacional a los puertos.

Suman casi siete meses de pérdidas y la esperanza del sector es la temporada de invierno; sin embargo, mis estimados, no estamos actuando para que bajen los contagios del virus en el municipio de Azueta. Seguimos actuando varios con mucha irresponsabilidad, sobre todo en Acapulco. Y para que entiendan mejor el mensaje, en el puerto acapulqueño hace más de cuatro años que el turismo estadunidense y canadiense dejó de pisar esas bellas playas, y esta vez el panorama se divisa peor, pues el coronavirus tiene de cabeza a los acapulqueños y no hay compromiso para que eso disminuya. Y eso pone en riesgo la temporada de invierno.

Lo bueno que los semáforos epidemiológicos se controlarán por regiones. A la Costa Grande le corresponde Zihuatanejo, y Azueta es el municipio con más contagios de coronavirus. Por lo tanto, si queremos salir del color naranja y transitar hacia el amarillo o verde, tenemos que comprometernos todos.

Es obvio que Zihuatanejo debe controlar los contagios en el municipio y todos tenemos que entrarle, porque todos comemos del puerto, ninguno come aire, arena o sol.

Por otra parte, los destinos no se promueven solos, deben organizarse para comenzar a promoverlos. Pueden ver en las redes y páginas de otros destinos para aprender de ellos cómo están promoviéndolos en México y otras naciones.

Entren a la nueva era, la situación los obliga a modernizarse, pues tanto la pandemia como la crisis no dejan otra opción más que ingresar y aprender la nueva modalidad.

Y pues el que se niegue a aprenderte se queda paralizado y desaparecerá de un momento a otro.

En otro tema, mis estimados, a los gobiernos en Guerrero los persiguen sus errores, pues al estado suriano muchos sucesos lo han marcado de por vida. Por ejemplo, la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, marcó con sangre para siempre al sufrido estado suriano, pues de ahí a la fecha la desgracia persigue a la entidad, como si esos sucesos fuesen un augurio de maldición para los guerrerenses.

Ningún acto de violencia justifica los fines, pero tampoco los discursos ilusorios de los gobernantes son admitidos. A estas alturas, a 6 años de esos terribles sucesos, no hay pero que valga de ninguna autoridad, y de algo deben estar seguros los gobernantes y los padres de familia de esos muchachos: la verdad va salir a la luz bien pronto, los culpables de ese suceso van a pagar por sus culpas.

Mientras tanto, los guerrerenses no somos nadie para juzgar a los estudiantes o a sus padres. si los chicos fueron obligados A hacer cosas indebidas, no debieron desaparecerlos de esa forma o asesinarlos, porque están muertos. Y es que, si los estudiantes estuvieron vivos, ya los hubieran regresado.

Todo indica que los muchachos fueron asesinados y quién sabe cómo se deshicieron de tanto cadáver. Con todo, ninguno tiene el derecho de burlarse del dolor ajeno, pues nadie entiende una situación de esta índole hasta que no te toca el dolor a tu corazón. Entonces, cuando te desaparecen a tu hijo, o lo matan, siendo un chavo que se dedicaba a trabajar que no andaba en malos pasos, y al que manos asesinas lo matan, es hasta entonces cuando te das cuenta que es necesario el respaldo entre los ciudadanos, unirnos como sociedad para exigir al gobierno que haga su trabajo.

Pero en vez de apoyar, criticamos a los deudos; somos buenos juzgadores, pensamos que esos padres no educaron bien a sus hijos. Y aunque no todos los muchachos se portan bien, ninguno tenemos derecho a juzgar a nadie, y si los delincuentes tienen derechos, entonces estos chicos también los tenían.

Pero a lo que quiero llegar, mis estimados, es que no juzguemos porque en este mundo estamos en la tabla del jabonero, donde el que no cae, resbala; y es mejor guardar silencio. Si no apoya, tampoco opine.

Lo cierto, mis estimados, es que estamos viviendo en un mundo corrompido, donde hay mucha maldad. Se siente impotencia al ver tanta injusticia.

La chica desaparecida en Michoacán y que luego fue encontrada muerta asesinada con saña, es otro ejemplo. Todo apunta a un joven de escasos 18 años o al menos el tipo la sacó de la casa y se la llevó. Aquí lo grave del tema. Según las organizaciones feministas, la fiscalía de Michoacán hizo oídos sordos cuando le dijeran que ese chavo había sacado de su casa a la chica, la autoridad no actuó y el chavo, de nombre Diego Melgoza, huyo.

Según internautas en las redes se fue a España con la familia, pues resulta que los padres del tipo tienen recursos como para enceguecer a las autoridades y moverse a otro país, protegiendo a su vástago que es presunto asesino.

Y las manifestaciones en Morelia de centenares de organizaciones han subido de tono, al grado que pretenden quemar el palacio de gobierno. Aquí es donde muchos no estamos de acuerdo; sin embargo, el gobierno no entiende otro lenguaje, más que el de consignas y arrebatos.

Tristemente sólo así hacen caso, y malo porque afectan al pueblo. Los recursos para arreglar los daños salen de los bolsillos de los ciudadanos, pero al no haber otra forma de exigir justicia, pues ni modo, que griten los que tengan que gritar. Y me uno a ese clamor: Justicia para Jessica y para todos los demás feminicidios en el país.

¡Feliz lunes, mis estimados!

Seis años sin los 43

Rubén Martín

Ayotzinapa no es sólo una geografía y un calendario en la larga lista de masacres y violencia estatal contra los de abajo en México; es también un punto de quiebre en la época de barbarie que los mexicanos vivimos desde 2006, cuando el Estado desató una guerra contra la población con el pretexto de combatir al crimen organizado. La masacre de Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014, donde se asesinó a seis personas y se desapareció a 43 jóvenes estudiantes de la normal rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, fue un punto de quiebre porque desató la indignación de millones de personas en México y en varios países del mundo.

Casi de inmediato se entendió que los hechos de Iguala fueron un crimen estatal: “Fue el Estado”, se pintó en calles, muros y carteles de todo el país al tomar conciencia del hecho represivo de semejantes proporciones.

De la reconstrucción de hechos, recolección de testimonios y visitas al lugar, los expertos del Grupo Internacional de Expertos Independientes (GIEI) encontraron que los ataques contra los normalistas incluyeron nueve escenarios y episodios de violencia diferentes, en los cuales murieron seis personas, entre ellas tres normalistas que fueron ejecutados con disparos a quemarropa y otro más torturado y después asesinado: Julio César Mondragón. Además de los 43 jóvenes desaparecidos, otras cerca de 120 personas sufrieron ataques contra sus vidas por disparos de armas de fuego; casi 40 de esas personas resultaron heridas, algunas de ellas de extrema gravedad, además de que un grupo de 14 normalistas fue perseguido. Los ataques se dieron entre las 21:40 horas y las 2:00 horas aproximadamente, de los días 26 y 27 de septiembre, lo cual muestra una capacidad operativa y coordinación de las acciones de nivel centralizado.

El reporte del GIEI destacó las proporciones de la agresión a los normalistas: un ataque masivo que produjo 180 víctimas directas, seis ejecutados, 40 heridos, 43 desparecidos y 700 familiares directos con impactos.

La investigación del GIEI demostró que existía información compartida de lo que estaba sucediendo en el ataque a los normalistas entre diferentes corporaciones del Estado a través del C-4 y a través de otros mecanismos e instituciones.

Además de revelar el estado de guerra que vivimos, la masacre de Iguala contribuyó a visibilizar la gran tragedia nacional de la desaparición de personas y de las fosas clandestinas donde muchos de los desaparecidos encuentran su fin, pero no así el consuelo para sus familiares que los siguen buscando tenaz y desesperadamente.

A pesar de la tenacidad de los padres, familiares y organizaciones que los acompañan, a pesar de las movilizaciones sin parar desde 2014, a pesar de desmontar lo que el Gobierno de Enrique Peña Nieto llamó la “verdad histórica” y a pesar de conseguir que el Estado constituyera una Comisión de la Verdad para el caso Ayotzinapa, todavía no se sabe donde están los 43 estudiantes desaparecidos.

Las movilizaciones para exigir la presentación con vida de los normalistas no fueron suficientes para detener el fenómeno de las desapariciones en México. Triste y lamentablemente no sólo no se sabe donde están los 43 sino que en estos seis años se han acumulado decenas de miles más de casos de personas desaparecidos en todo el país.

Algunas lecturas de lo ocurrido en Iguala sostienen que esta masacre reveló la disfunción de las policías, la corrupción de los gobiernos locales y ambas como expresiones de un Estado fallido. Pero lamentablemente esto que se mira como fracaso de un modelo de Estado es un éxito para un modelo de control y reorganización del territorio y de las poblaciones. La violencia, el terror, la desaparición y muerte para quienes se oponen al despojo de territorios y de bienes comunes se impusieron como una constante por parte del Estado y el capital en México. La violencia parece caótica, indescifrable, pero todo indica que la violencia, la represión y el virtual Estado de excepción sirven para el despojo, la desterritorialización y la explotación: es una violencia funcional al capitalismo de acumulación por despojo que se impone a la sociedad mexicana.

Mientras el Estado apuesta por el olvido y la impunidad, las movilizaciones para no olvidar la masacre de Iguala y otras, la apuesta por no olvidar a los desaparecidos, no olvidar a los bebés que murieron en el incendio de la Guardería ABC y otros terribles casos ocurridos en años recientes, es una apuesta contra la impunidad, contra las desapariciones, contra el despojo y la represión que están detrás de esta violencia estatal en esta fase de acumulación por desposesión.

Vía: Sin Embargo

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