Editorial

Caso Miroslava: Gobernador en apuros

Chihuahua está procesando en estos días el juicio penal oral por el caso del homicidio de la periodista Miroslava Breach Velducea. Al final, la justicia la está impartiendo un tribunal federal y la Fiscalía General de la República, que ejercitaron la atracción del caso y que en circunstancias ordinarias estaría a cargo del fuero común.

Miroslava Breach fue una periodista muy activa en la escena chihuahuense, corresponsal, en diversos momentos, de publicaciones de la capital de la República. Fue una mujer que dejó huella en el ejercicio de su profesión y que supo, al alto precio de arriesgar su vida, meterse en camisa de once varas cuando se involucró el derecho a la información de la sociedad. Es, con otros y otras colegas, parte de esa cifra ominosa que ha convertido al periodismo en una profesión de alto riesgo, casi casi como corresponsal de guerra en un territorio inmerso en conflicto bélico.

Los edificios que albergan los tribunales federales en Chihuahua prácticamente están sitiados por un dispositivo policiaco que ha mostrado que las audiencias públicas, la máxima publicidad y la transparencia de estos casos son poco menos que nugatorias.

Adicionalmente a la causa penal, quien ha entrado en apuros es el Gobernador del estado Javier Corral Jurado, durante muchos años amigo cercano de Miroslava, ultimada por el crimen organizado del narcotráfico en una región de la que Miroslava era oriunda, lo que seguramente la dotó de mayores elementos cuando publicó cómo, durante las elecciones locales de 2016, los delincuentes se apoderaban, a través de candidaturas, de regiones de la zona serrana, donde hasta ahora se padece una especie de extraterritorialidad en la que estado y gobierno están ausentes.

Los apuros de Javier Corral tienen características tangibles, están a la vista. Lo más importante es que puede ser responsable por omisión al no haber prestado el auxilio y la protección para salvar la vida que se cegó, privando a la comunicación política de un activo inteligente y honrado. Se han mostrado evidencias de que el Gobernador sabía del peligro, de las amenazas, de los riesgos y no actuó con la diligencia debida que dicta, indiscutiblemente, el conocimiento que él tiene de lo que esto significa y, además, de los medios en sus manos para disuadir o evitar estos crímenes.

La evidencia es fuerte y se complementa al estar involucrados tanto su partido, Acción Nacional, como adherentes o militantes al mismo en la ciudad de Chihuahua, particularmente en la región del municipio de Chínipas. Se suma a esto una grabación de audio hecha por algunos panistas a Miroslava, que procesaron como una especie de prueba para mostrársela a los delincuentes, lo que finalmente produjo dos resultados: ponerse ellos, los panistas, fuera de riesgo por las filtraciones de información que los delincuentes les imputaban, y el asesinato a mansalva de la periodista. Estos son hechos duros y evidencias que difícilmente se podrán desvirtuar con los medios y las probanzas legales dispuestos por el Código de Procedimientos Penales.

La familia de Miroslava sostiene, con coherencia y vigor, que el Gobernador Corral estaba enterado de las amenazas, para deducir de eso que pudo haber tomado prevenciones protectoras y no lo hizo. La respuesta de Corral ha sido de ira, de considerarlas “embusteras” y de “mentir con todas las letras”, no sin antes expresar, casi con lágrimas de cocodrilo, una especie de lamentación porque se hayan decantado las cosas a ese grado.

En diversos círculos de Chihuahua se sostiene ahora que el Gobernador debiera pedir licencia y ser investigado, simultáneamente con sus correligionarios involucrados, porque de no ser así el vacío que dejaría la justicia en este caso sería mayor. Podrán decir mil cosas si se les llevara a juicio, incluso aducir la negligencia de su propio desempeño, aun si ocurrió en el contexto de no saber medir las consecuencias de actos frente a los cuales la única salida posible es la prudencia y la autocontención.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Guerrero continúa siendo la entidad más lópezobradorista de México, según la reciente encuesta de Enkoll, que aunque es sencilla, pues no fue un sondeo exhaustivo, sí arroja resultados sumamente interesantes.

Veamos uno de ellos: Que la gestión del presidente Andrés Manuel López Obrador es aprobado por 86 por ciento de los guerrerenses. Y solamente 7 por ciento lo desaprueba.

¡Wow! Con razón los morenistas andan tan alborotados, y con razón Luis Walton Aburto dejó su partido, el Movimiento Ciudadano, y está peleando la candidatura de Morena como externo –aunque con pocas posibilidades, claro. Lo mismo que Beatriz Mojica Morga dejó el PRD, después de desgraciarlo, porque ella y Alejandra Barrales idearon el maridaje con el PAN, para votar en contra de López Obrador en la elección pasada.

Aunque ahora, tanto Walton como Beatriz traten de justificarse, su posición de líderes de sus partidos, ella a nivel nacional, y él a nivel estatal, su propia historia los condena.

Sólo falta que cumplan su palabra de que aunque cuando no sean los candidatos, apoyarán al partido lópezobradorista, o si se van al Partido del Trabajo, como lo han estado anunciando diversos opinadores.

Volviendo al tema, la encuesta de Enkoll nos demuestra que el Efecto Peje sí persiste en Guerrero, y que eso se decantará en la elección del 2021, quieran o no los partidos de oposición, que le apostaron al desgate político del presidente y, por ende, el de su partido.

Podemos afirmar, de hecho, que la popularidad de Morena en Guerrero se debe al presidente y no a ninguno de los morenistas locales, porque a los nuevos no los conoce la gente, y a los viejos les conoce las mañas.

Luego entonces, para los morenistas la elección de Guerrero está cantada y será un mero trámite. Por supuesto, tendrán que elegir al candidato idóneo y respaldarlo, porque lo que se olfatea en Morena es la traición.

Hay un grupo que representa un peligro, y ellos lo saben. Son los mismos que se apoderaron del partido, y que en caso de no ser ellos los que sean favorecidos, entonces trabajarán en contra, porque ya lo han hecho, así se movieron en la elección pasado.

Así pues, el enemigo de quien resulte candidato de Morena en Guerrero está dentro del mismo partido, no fuera.

Por otra parte, hay que aclarar que según la encuestadora, el objetivo del sondeo era revisar algunos problemas del país y del estado de Guerrero, cuestionando también a la gente con qué partido se identifican, por qué partido votarían y por cuál partido nunca votarían.

Los encuestados también respondieron acerca de qué personaje político conocían, lo cual nos permite medir la popularidad de los actores políticos de la entidad y del país, considerando únicamente al presidente de la República, en lo nacional, y  al gobernador del estado, Héctor Astudillo Flores, junto con otros aspirantes a sucederlo, en cuanto a lo estatal.

Los más conocidos con el presidente AMLO, con 99 por ciento de respuestas; el gobernador Astudillo, con 92 por ciento; el senador priísta Manuel Añorve, con 76 por ciento; el senador morenista, Félix Salgado Macedonio, con 72 por ciento; el ex alcalde de Acapulco, el perredista Evodio Velázquez, con 60 por ciento.

A partir de ahí, todos los demás aspirantes están por debajo del 50 por ciento en cuanto al conocimiento que de ellos tiene la población.

Por ejemplo, a Luis Walton dijeron conocerlo 54 por ciento de los encuestados. A Adela Román, alcaldesa de Acapulco, 52 por ciento. Y al delegado del gobierno federal para los programas sociales, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, únicamente 35 por ciento.

Esta variante es importante, pues eso implica que los que estén por debajo de los 50 puntos, pero que tengan aspiraciones firmes al gobierno del estado, deben comenzar a menearse por la entidad ya, para que reposicionen su nombre.

Otro aspecto es el de la opinión que  la gente tiene de las figuras políticas. Es decir, que no basta que te conozcan, sino qué se dice de cada quien.

Y en este punto el presidente se mantiene con una opinión “muy buena” por parte de los encuestados, seguido de Pablo Amílcar Sandoval, con 32 por ciento de buena opinión; 16 por ciento regular, y 16 por ciento muy mala, más 32 por ciento que no sabe (aquí aparece nuevamente el desconocimiento de su figura). Su calificación global fue de más 16.

A Pablo, lo ubica menos gente que a Félix Salgado Macedonio o a Manuel Añorve Baños, pero tienen mejor opinión de él.

En cambio, a Félix fue calificado con 30 puntos como muy bueno; 23 puntos como regular; y 33 puntos como muy malo. El resultado es un menos 3.

Añorve, por su parte, tiene 28 puntos como muy bueno; 21 como regular, y 40 como muy malo. Su resultado global es un menos 12.

Así las cosas en Morena, y en Guerrero.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

Conmociona muerte de universitarios en Puebla

Para Liz y Gaby Tapia Castro, por la muerte de su mamá Basilia Castro Rodríguez, mi más sentido pésame  

“Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos”: Martín Luther King

Mis estimados, al México lindo y querido sino le llueve, le graniza; sin embargo, me niego a creer que somos una nación corrupta, donde impera el mal con todas sus consecuencias. Me niego a creer que la corrupción es la enfermedad que padecen gobernantes y gobernados.

Sin dudarlo podemos afirmar que México padece problemas ancestrales; somos un país con la riqueza más grande y la pobreza más cruel. Es verdad, pero eso no quiere decir que los mexicanos sean malos. Aunque así nos denigren algunas personas, no lo somos; incluso, el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador, expresaba en sus mañaneras recién recibió el cargo, que todos los mexicanos somos corruptos, mentimos y todos tenemos cola que nos pisen.

También el Papa Francisco dijo en referencia a la violencia que azota a esta nación, “que el diablo le tiene bronca a México.”

Sin duda que la violencia tiene al país en el ojo del huracán ante el mundo, pues no paran las desdichas en  la República; sino son niñas, adolescentes, madres, estudiantes, periodistas o locutores de radio, la cosa que la violencia e inseguridad tienen a México de cabeza.

Nuestro país vive tiempos impetuosos y terribles; y por si fuera poco, el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi), ratificó que el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, se contrajo 0.1 por ciento en 2019, provocando que sea la primera vez desde 2009 que la economía mexicana cae esta magnitud.

Se sintió el bajón el año pasado y lo corroboraron los analistas, hasta que el INEGI los puso al descubierto. Expuso el organismo que la economía sufrió el pasado año un estancamiento brusco, aunque varios analistas lo negaron y continuaron negándolo hasta no poder seguir ocultándolo.

Cabe hacer mención que en 2009, cuando el país y el mundo resintieron efectos de la crisis económica global, en México la economía cayó en un 5 por ciento.

Sin embargo, la entrega no es para hablar de crisis económica, ya ven que los especialistas en la materia son positivos y aseguran que en México no hay recesión. Entonces, contágiese del espíritu positivo de los expertos en economía.

Más bien, el tema que quiero compartir con ustedes, mis estimados, es para que seamos conscientes de los tiempos violentos que estamos viviendo y que no estamos exentos, ni nosotros ni sus hijos, de padecerlos.

Son dolorosas las noticias con las que nos despertamos cada maña. El secuestro y asesinato de tres estudiantes de medicina y un chofer de Uber en Puebla, es algo que nunca debió suceder.

Dos de ellos, José Antonio y Ximena, eran estudiantes de Medicina originarios de Colombia, que estaban de intercambio, mientras que Francisco Javier, realizaba su servicio social y era originario de Veracruz, los tres de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Según sus compañeros, que se manifestaron el pasado martes en las calles exigiendo justicia, dijeron que los estudiantes coincidieron en Puebla, y acordaron asistir al Carnaval de Huejotzingo el fin de semana. Pero ya no volvieron, pues fueron víctimas de la violencia e inseguridad que azota al estado poblano, gobernado por Miguel Barbosa, de Morena.

Fue en la madrugada del pasado lunes que los estudiantes y el taxista fueron encontrados asesinados, en la comunidad de Santa Ana Xalmimilulco, perteneciente al municipio de Huejotzingo. Ahí, sobre unos canales de riego, encontraron sus cuerpos amontonados unos sobre otros.

La noticia consternó a la sociedad universitaria, al grado de que se manifestaron los estudiantes para exigir justicia a este artero crimen.

La noticia corrió como reguero de pólvora. De inmediato corearon: “Matan a estudiantes, son malos los mexicanos, no brindan seguridad a estudiantes”.

También el cónsul de Colombia en México, exigió esclarecer el crimen de los estudiantes de su país, y de inmediato el secretario de Seguridad de Puebla informó que ya habían detenido a presuntos involucrados en el crimen y que presumían fue por el robo de carro. ¿Qué tal?

El problema apenas se divisa, pues la familia del estudiante José Antonio habían estado comunicándose con su hijo, pero de buenas a primeras perdieron el contacto.
La madre del muchacho dice que se preocupó porque el celular de su hijo mostraba un paraje desconocido y “ahí fue donde nos preocupamos; sabíamos que mi hijo andaba con una amiga colombiana, con un mexicano llamado Javier, que habían ido a ese poblado por invitación de un compañero. Buscamos a un compañero de residencia de mi hijo y le contamos lo del teléfono y él inmediatamente dio parte a la policía. Nosotros pensamos que mi hijo había botado el celular o lo había perdido, pero nunca esta tragedia que hoy vivimos”, dijeron sus padres.

¡Qué terrible! Y lo grave del cuadro es que algunos medios revelaron que los estudiantes tenían el tiro de gracia.

El joven colombiano traía su celular en la bolsa, por eso dieron con su cuerpo. Por fortuna, el GPS del celular mostró dónde estaban. Entonces se descarta el robo, como dijo el secretario de seguridad.

Ya ven que hasta reza el refrán: Piensa mal y acertarás.

También en Guerrero se cuecen bien las habas, pues continúan los asesinatos. En Iguala de la Independencia asesinaron al locutor de radio Rosendo Arroyo y a su esposa Banca Alicia. El matrimonio fue asesinado en su propia casa en la colonia Paraíso, cerca de las instalaciones del 27 Batallón de Infantería y de los terrenos de la feria.

Colonos hablaron al 911 para reportar detonaciones de arma de fuego en una casa de la calle Azucenas, a unos 100 metros de la escuela primaria Teófilo Rivera Vega.

El locutor era hermano de Raymundo Arroyo Delgado, actual rector de la Universidad Tecnológica de la región Norte, el cual fue el primero en llegar a la casa de su hermano, pero tanto él como su cuñada estaban muertos, tirados en el patio de la casa.

Un amigo, dijo: “Con una desgracia de éstas, la vida te cambia demasiado”. Y es verdad, ya no eres igual.

Por eso, no sean indiferentes.

En otro tema, no puedo dejar de contarles que en la Ciudad de México jóvenes drogaron con galletas  a señoritas en la Plaza Reforma 222. Los chicos dijeron a las chicas que les compraran las galletas ya que ocupaban el dinero para mantener sus estudios, y ellas accedieron a comprarlas; sin embargo, cuando las comieron se dieron cuenta que tenían alguna sustancia toxica; se asustaron y hablaron a su familia, para que fuera por ellas.

Las muchachas se pusieron mal, las llevaron al hospital y ahí les dijeron que fueron drogadas. Las sustancias que encontraron en el sistema de las jóvenes fueron mariguana, benzodiacepina y barbitúricos, que usan para sedar y tranquilizar.

En este otro caso las chicas lograron avisar a su familia y un tío de una de ellas puso la denuncia a la Fiscalía y la subió a Twitter, donde pidió a los cibernautas compartir para alertar a la ciudadanía de estos jóvenes que abundan en la capital vendiendo estas galletas.

¡Uuufff y recontra uufff! Siempre me gustaba apoyar a esos jóvenes comprando las galletas; sin embargo, ya no les compraré. Ni modo, van a pagar justos por pecadores.

Mis estimados, hablen con sus hijos que no reciban ningún dulce, ni galletas, nada a nadie, al menos que sea usted.

Realmente estamos ante graves problemas de inseguridad.

¡Feliz miércoles para todos!   

Editorial

Todos somos culpables

López Obrador tiene razón, y no la tiene. Es verdad, cada vez son más evidentes los resultados de una era globalizante a la que México entró sin prever las consecuencias.

No se puede negar que este gobierno enfrenta todos los días el resultado de muchos años de malas políticas públicas, pero tendría que haber ofrecido una respuesta a la frustración que todos vivimos ante la brutal ola de feminicidios; especialmente los de Ingrid y Fátima. Las últimas dos son muertes que nos dejan devastados, que nos recuerdan lo vulnerables que somos, nuestra fragilidad e indefensión. Hoy todos somos presas de un miedo que nos detiene y condena. Somos víctimas de un asesinato, como el de Ingrid o Fátima porque sabemos que ellas viven en cada unos de nuestros hijos e hijas, en nosotros. ¿Cómo alimentar con otras perspectivas la conversación que irremediablemente se vuelve necesidad?, ¿de qué manera expiar la culpa y disfrutar la vida a unas cuantas horas de que alguien ha sido capaz de cometer un acto tan espeluznante?

AMLO cerró los ojos. No quiso ver el dolor, respondió con una crítica repetitiva y desgastada que nos está cansando a todos los que votamos por él.

Sin embargo, una parte de lo que dice es real, las mujeres muertas en Juárez, muchas de ellas migrantes desesperadas, desarraigadas de su entorno en busca de nuevas oportunidades, de familias sin recursos, salen todos los días y son “contratadas” por gigantescas maquiladoras en condiciones mínimas. Por las noches, se mueven por las calles huyendo de sus posibles agresores. Si llegan a casa, han sobrevivo un día más, una noche más. Quién sabe si mañana podrán decir lo mismo. Ellas, sin duda, son el resultado de las malas prácticas neoliberales.

Pero hay muchas otras causas. Una de ellas es la falta de respeto y acoso que viven las mujeres todos los días. Esta se da en cualquier nivel, la hemos sufrido muchas de nosotras. Recibir un piropo es el aviso de que un posible violador anda suelto. Quien se atreve a encararlo seguramente perderá el trabajo y será juzgada y acusada de puta por otras mujeres. La sociedad del espectáculo ha convertido esto en una guerra sin cuartel entre géneros. La consecuencia es el odio de las mujeres (en su mayoría profesionistas) hacia los hombres.

Pero hay otro tipo de descomposición social, la que se vive dentro de esa célula desgastada y decadente llamada familia. Es el patriarcado en el que todos le pertenecen al hombre. Las primeras víctimas son los hombres desde la infancia, ya que se les fuerza a actuar como machos. Vulnerables, frágiles, susceptibles al abuso, son agredidos todos los días por otros hombres. Viven en la frustración de ser niños golpeados, hijos de matrimonios en los que la violencia es un modo de relacionarse. El que no es macho es marica. La masculinidad mal entendida se va formando en los hogares de cada posible asesino. Todos hemos sufrido algún tipo de injusticia, por pequeña que sea, hemos tenido que lidiar con ser mujercitas, los hombres tienen que vivir demostrando que son “hombrecitos”. La tradición dice: el macho golpea, la mujer aguanta.

Pero hoy sabemos que en todo ser humano, hombre o mujer, puede darse el más alto nivel de bondad, también el más bajo instinto criminal. Un asesino forma parte de la sociedad; es la manifestación de lo que se ha podrido, de lo que todos hemos hecho que se pudra. No es de hoy. Ha existido siempre, en todas las familias el pequeño abuso cotidiano permite que surjan las víctimas y los victimarios. Por eso duele tanto saber de un asesinato: somos un espejo de esa realidad brutal a la que todos pertenecemos.

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

La semana que comienza arrancó con el destape del delegado de gobierno en Guerrero, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros. El destape de su aspiración por la gubernatura del estado la hizo el presidente municipal de Azoyú, en la región de la Costa Chica, donde se celebró una reunión regional de presidentes y legisladores de Morena, siendo el anfitrión el alcalde azoyuteco, José Efrén López Cortés.

Bueno, en realidad eso fue de mero trámite, porque todos en Guerrero sabemos que Pablo Amílcar es aspirante a la gubernatura, no hacía falta un destape de parte de nadie.

En política, sin embargo, lo que no se expresa no existe. Y es por eso se estilan los destapes y autodestapes, que también ocurren, para decir “aquí está, sí va, si quiere”, o “sí voy, no me descarten ni me desencarten”.

Claro, una vez destapados, ellos mismos se encargan de decir que no, que no son los tiempos, que lo importante es cumplir con la encomienda que en este momento tiene, que llegados los tiempos, si la gente los aclama –digo, si la gente se los pide-, pues con gusto obedecerían la voz del pueblo.

Tanto se ha abusado de esta estrategia política, que ya nos sabemos el libreto.

Bueno, al menos Pablo tuvo la decencia de esperar este año para destaparse, pues los perredistas Carlos Reyes Torres y Evodio Velázquez Aguirre, tienen desde el año pasado encarrerados. Y no comenzaron reconstruyendo al partido, que tanta falta le hace, sino lanzando sus aspiraciones y creando bandos a favor de sus proyectos. El partido puede esperar, que al fin y al cabo ya está tan mermado, que la reciente encuesta de la empresa Enkoll, únicamente 12 por ciento de la preferencia electoral, “si hoy fueran las elecciones”.

Pero en cuanto a identificación de los electores con algún partido político, únicamente 7 de cada 100 se identifica con el PRD.

En contraste, 35 por ciento se identifican con Morena, y si hoy fueran las elecciones, siempre según Enkoll, 60 por ciento votaría por algún candidato morenista.

Y para no variar, en el top ten de Morena en Guerrero figura, prácticamente con un empate técnico, el senador Félix Salgado Macedonio, por quien votaría 36 por ciento de los electores; y el delegado del gobierno federal, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, con 34 por ciento.

Es decir, que estamos ante un empate técnico en Morena, que será muy difícil destrabar.

Pero, no es lo mismo ser senador, un legislador de la República, miembro de la Cámara Alta del Congreso de la Unión, que ser un empleado del Poder Ejecutivo. Máxime cuando el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, quien ha puesto reglas muy claras para quienes aspiren a algún cargo de elección popular: “Primero renuncien”.

Luego entonces, siguiendo esa regla del presidente, Pablo Sandoval tiene contados sus días como delegado en Guerrero, pues de otro modo no podrá cumplir con la norma y corre el riesgo de ser linchado políticamente, y ser acusado de que usa los programas sociales para hacer campaña.

Quizás lo más sensato para él sea volver al Congreso local, como líder de la bancada de Morena, o de plano esperar de aquí a septiembre, que es cuando comienza el proceso electivo, y meterse de lleno a la pelea.

Sea cual sea su decisión, Pablo tiene un escenario complejo delante de sí. En otros tiempos, estaría en el mejor lugar, pero en este momento está en el lugar más peligroso, prácticamente una vitrina, y recordemos que participar en política es como estar en la casa del jabonero, donde el que no cae, resbala.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

*Los feminicidas están en casa, casi siempre

*Caso Jaqueline, más grave de lo que parece

“Entre las diversas maneras de matar la libertad, no hay ninguna más homicida para la República que la impunidad del crimen o la proscripción de la virtud”: Francisco de Miranda.

Mis estimados, los sucesos criminales que se registran en nuestro país, sobre todo los asesinatos de mujeres, son alarmantes y preocupantes, pues en vez de disminuir estos crímenes, se acrecentaron en el país, como si fuese deporte.

Los criminales se soltaron matando damas de diferentes edades, en estados, municipios y comunidades del México lindo y querido, donde nada pasa, aunque pase todo.

Lo lamentable del cuadro, sin embargo, es que los feminicidios en México no son de ahora, con los recientes asesinatos de niñas, señoritas y madres. No, el feminicidio en México siempre ha existido. Ha habido asesinatos horrendos de mujeres, jóvenes mayores, niñas violadas y descuartizadas tiradas en basureros. Son panoramas pavorosos de los cuales nunca se hizo justicia, pues en casi todos los casos registrados, los homicidas repiten el mismo patrón: las violan, las matan de mil maneras y las tiran en un basurero.

Si, mis estimados, el fondo es horrible, temible, pues cuando un asesino se vuelve intocable, es cuando el miedo se apodera de la persona violentada. En cambio, el castigo al criminal, da confianza a las víctimas.

Sin duda que la omisión y abulia oficial tiene al país al borde del colapso, porque lo que antes no sucedía en los municipios pequeños, ahora lo vemos que se repite diariamente; por ejemplo, atropellos de la policía municipal, como ocurrió en Coyuca de Benítez. Los agentes municipales fueron señalados en la red de Facebook de acosar a una jovencita de 16 años llamada Jackelin. Más o menos después de 10 horas de que la adolescente subió a la red la denuncia, la mataron de un tiro en la cabeza.

La joven responsabilizó en sus mensajes a los policías municipales directamente, de lo que le pudiera pasar. Ahí están los mensajes escritos en la red social, están de prueba.

Sin embargo, ninguna autoridad gubernamental tomó cartas en ese asunto, lo dejaron pasar, pues la atención estaba en los homicidas de la niña Fátima. La vista era para esos criminales, pero los familiares y amigos de Jackelin, decidieron marchar para exigir justicia para la adolescente asesinada, aun arriesgando su propia vida, pues algunos continúan recibiendo amenazas si siguen manifestándose en ese municipio.

Lo peor del cuadro es que los presuntos homicidas son servidores públicos, agentes municipales y ni siquiera son de Coyuca de Benítez, pues según los manifestantes, los municipales señalados en el homicidio de Jackelin son de la Ciudad de México.

¡Hágame usted el fabrón cabor! ¿Qué no había gorras meadas en el pueblo, que tenían que traer de otra ciudad puro mañoso? No la jodan, pues.

Pero ahí no acaba la bronca como dice el empleado de la Coca Cola; el pedo es que el presidente municipal de Coyuca de Benítez, Alberto de los Santos, sabía del suceso y no atendió a sus gobernados hasta que estos se manifestaron en marchas para exigir justicia. Entonces el alcalde con cara de “yo les aseguro que no sé nada”, salió a atenderlos y declaró que separó del cargo a los agentes señalados por la muerte de la adolescente Jackelin, y también a los acusados de abuso de autoridad contra los manifestantes y un fotógrafo.

Sin embargo, el alcalde no solo debió separar del cargo a estos depravados agentes, sino que debió denunciarlos con la autoridad competente para que los investiguen, y de resultar culpables sean detenidos y encarcelados por el resto de sus vidas.

Lo raro de todo es por qué no actúan de inmediato contra los agentes municipales, por qué dejarlos libres para que sigan infundiendo terror en el municipio.

De verás que hay poblaciones en la Costa Grande en donde los cambios en sus gobiernos le salen peores de los que habían tenido antes.

Existe un grave abandono oficial en la provincia, pues en sucesos como los de Jackelin no hay justicia, pareciera que no tienen el mismo el valor que los hechos que pasan en la ciudad capital, pues la ilegalidad oficial florece en todo su fulgor en esta zona.

En los municipios de provincia siempre impera la impunidad, por diferentes factores. El más recurrente es el temor a denunciar por parte de la sociedad; sin embargo, hoy contamos con las benditas redes sociales y aunque tarde, la justicia oficial llega, aunque la justicia divina también nos alcanzara algún día, de esa nadie se podrá escapar. El gobierno en sus tres niveles puede dejar impune un homicidio, pero Dios no.

En el mismo municipio de Coyuca de Benítez, el pasado domingo por la tarde, pobladores dieron aviso del cuerpo inerte de una mujer asesinada con arma blanca. Informaron que la dama tenía más de 15 puñaladas, y fue encontrada en un camino que conduce a La Laguna de Coyuca, en el poblado de Bajos del Ejido.

Terrible noticia, pues ayer se informó en la mesa de coordinación para la seguridad y la paz de Guerrero, la detención de un sujeto relacionado con este nuevo asesinato. ¿Y qué creen, mis estimados? Que resultó ser el marido de la mujer.

Luego entonces, se deduce que la Fiscalía ya no se quema las pestañas ni gasta en investigaciones, pues ya sabe dónde buscar. La mayoría de los feminicidas están en casa, y se disfrazan de buenos. Entonces, nomás es cuestión de ir por ellos.

Apenas ayer supimos también de un sujeto que en enero pasado mató a la mujer que pretendía, en Tijuana. Ella desapareció a principios de enero y al día siguiente fue encontrada muerta, con heridas en pecho y zonas genitales. ¿Y qué creen? Pues que en su sepelio el ahora detenido acudió portando una playera de “Ni una más”, demandando justicia.

Sin embargo, sesudas investigaciones dieron con él, porque el GPS de su teléfono registró que estuvo en el lugar donde fue encontrado el cadáver de la chica, y al interrogarlo, pues soltó la sopa el desgraciado.

Les decía que los homicidios en México siempre han existido, pero los dejaron sin castigo, como hasta hace poco ocurrió, y otros homicidas compraron a la justicia con dinero; y los más listos son gente de bien, de traje y corbata, y andan impunes en las calles y otros hasta con cargos públicos en los gobiernos.

Por eso, mis estimados, el país esta teñido en sangre, por la impunidad que impera en cada rincón gubernamental y también por los excesos de la sociedad, pues dejamos los valores en la familia; por lo tanto, perdimos el rumbo y el resultado son los asesinatos de mujeres, niñas y adolescentes, en nuestros municipios, los cuales son consecuencias de nuestra propia deshonestidad.

Las muertes contra mujeres no van a parar mientras no termine el abuso de poder en toda su extensión, tanto de parte de la sociedad civil, al seno de los hogares, como desde el gobierno, donde la expresión más grave de ese abuso de poder es la impunidad y la protección contra los homicidas. No más impunidad.

 Tanto se han perdido los valores en el hogar, mis estimados, que hasta miedo da mandar a los hijos la escuela, pues los estudiantes andan desbocados. Miren lo que sucedió en una escuela primaria, denominada, Julián Adame, ubicada en la colonia del Carmen, en la alcaldía Coyoacán. Reveló el diario El Universal, que una madre de familia denunció ante la Fiscalía General de la Ciudad de México, que un grupo de mujeres fueron drogadas con cristal revuelto con un dulce efervescente. Entre ellos, una niña de 12 años, la cual presentó fuertes dolores de cabeza durante 24 horas. La denunciante llevó a su hija al hospital, pues la menor estaba mal y el diagnóstico médico de la estudiante resultó positivo a una droga.

La madre de la menor denunció los hechos, dijo que su hija y otros cinco compañeros de la escuela habían sido drogados por un compañero que los obligó a comer un polvo azul, que era droga llamada cristal, revuelta con un dulce efervescente. ¡Increíble pero cierto!

Espantosas revelaciones de un estudiante de primaria. Dios libre a sus hijos de semejante crueldad. ¡Feliz martes para todos!  

Editorial

Moralizar o gobernar

Desde que el inefable Gonzalo N. Santos grabara en letras de oro en la cultura política nacional aquello de que “en política moral es un árbol que da moras” el deterioro de la vida pública fue in crescendo. Por supuesto no fue culpa del político potosino, él simplemente sintetizó magistralmente el pensamiento de la época. Salvo los abiertamente cínicos (la mayoría de los políticos son veladamente cínicos) nadie puede estar en desacuerdo con el planteamiento del Presidente de moralizar la vida pública del país, el problema es qué entendemos por ello.

En su propia concepción, López Obrador considera que el deber el Presidente es que los mexicanos seamos buenos, tengamos valores y bienestar material y espiritual. Suena bonito, quizá demasiado a cura desde mi punto de vista, pero otra vez, imposible no estar de acuerdo. Sin embargo, la pregunta es cuál es el papel del Estado y particularmente del jefe de Estado en este tema.

En un país laico y con libertad de creencia la única referencia que puede tener el Estado cuando habla de moralizar la vida púbica es el cumplimiento de la ley. Ese es el gran reto y la vara con la que debemos medir al Presidente. La tentación de los gobernantes de incidir desde el poder en la vida privada de los ciudadanos convirtiendo en políticas públicas normas morales o creencias termina irremediablemente en la confusión de roles entre el Presidente y el líder, el jefe de Estado y el patriarca.

López Obrador aspira, con todo derecho, a pasar a la historia como un gran Presidente, como el hombre que cambió los destinos de un país en quiebra moral y rompió con la tendencia al deterioro de la vida pública. Pero eso no se logra con sermones ni apapachos (que, dicho sea de paso, su cercanía con la gente es quizá el rasgo más importante de su estilo personal de gobernar) sino con políticas púbicas bien pensadas, basadas en evidencia y construidas con inteligencia. El voluntarismo, la improvisación y la moralización de los temas públicos que divide al país en buenos y malos, conmigo y contra mí, están poniendo contra las cuerdas al gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación. A falta de oposición el gobierno vive crisis autoinfligidas, producto de decisiones apresuradas y mal ejecutadas particularmente en materia de salud y seguridad.

Durante algún tiempo pensé que teníamos un Presidente que en realidad quería ser director de Pemex, luego pensé que no, que su verdadera vocación era la de cardenal primado o la de líder evangélico. Pero tampoco, el problema es que no le basta ser Presidente de la república, quiere ser el pastor, el juez, el Tata, el guía moral. Mientras tanto, tristemente, el gobierno se le va de las manos y el cumplimiento de la ley como postulado moral postergado para mejores tiempos.

¿Es ésta la Universidad de la Nación?

La actual administración de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha desarrollado una intensa campaña en la que la institución es presentada como la Universidad de la Nación. La frase es brillante porque refleja tanto la opinión que los universitarios tienen de sí mismos, como la forma en la que les gustaría ser percibidos. Sin embargo, bajo la insistente campaña, se ocultan contradicciones que corresponden al ámbito universitario y no deben ser endosadas al país.

Una de estas contradicciones la representa la forma en la que han abordado las demandas del movimiento feminista en la UNAM; el proceso en sus inicios y en su desarrollo ha permitido a la opinión pública observar cuál es el significado de la autonomía para los actores del conflicto universitario. Para éstos, autonomía y cumplimiento de su propia legislación no están vinculadas porque la entienden a la manera de la sociedad feudal, como un privilegio de carácter colectivo que les permite, en primer lugar, disfrutar de leyes particulares, y en segundo, cumplirlas o no a su arbitrio. Esta manera de entender la autonomía es resultado de la confusión que existe entre aquellos que no conocen la historia ni el significado de la autonomía.

La autonomía no se entiende sin el privilegio. Éste es propio de las sociedades jerárquicas, antidemocráticas, organizadas para preservar la desigualdad. Por esta razón las revoluciones del mundo moderno tienen como rasgo común su lucha contra los privilegios, porque éstos se oponen a la igualdad.

En sus distintas etapas la Universidad ha portado diferentes apellidos, Real, Nacional, y a partir de 1933, Autónoma; pero sin importar el nombre, su función ha sido la de preparar los cuadros al servicio de un proyecto de organización social; en el caso de la Colonia, de organización jerárquica, y en el caso de la etapa posterior a la Revolución Mexicana, de organización horizontal, democrática, lo cual significa que la Universidad cumple una función política porque su vocación desde su inicio es la de servicio público. La idea de que es una institución apolítica, neutral, es resultado de una lectura mal intencionada que pretende, por una parte, desnaturalizar la función para la que fue creada, y por la otra, plantear en términos de conflicto la relación su relación con el Estado.

Los hechos ocurridos entre noviembre del año pasado y el día de hoy han servido a la opinión pública y a las nuevas generaciones de universitarios, observar lo que hoy parte de su comunidad entiende por autonomía, es decir, la forma en la que las autoridades aplican las leyes y la manera en la que las universitarias y los universitarios cumplen las leyes que ellos mismos se han dictado. En pocas palabras, la autonomía, desde la perspectiva moral, no significa ni ausencia de leyes ni suspensión de las mismas; significa, sí, la voluntad de cumplirlas sin necesidad de una fuerza externa que nos obligue a ello. Desde el punto de vista jurídico, la autonomía no significa leyes “a modo”, especiales para un grupo; tampoco significa extraterritorialidad ni licencia para violentar la ley en forma impune.

Los sucesos invitan a la reflexión porque, al amparo de la autonomía, han pasado casi cinco meses desde que estalló el conflicto en algunas dependencias universitarias y lo único que se ha podido observar es que, en vez de diálogo, se formulan invitaciones al diálogo; en vez de un ejercicio racional, existe un ejercicio emocional; en vez de acciones para solucionar el conflicto, se realizan acciones para prolongarlo; en vez de acatar la ley, se proponen modificarla; en vez de participación de la comunidad, la autoexclusión de un sector de la misma. La opinión pública, con razón, se pregunta: ¿Es esto autonomía?

Para no especular sobre la autonomía ni para teorizar sobre ella, basta observar la conducta seguida por los universitarios en dos reuniones recientes. Una la del Consejo Universitario, reunido el 12 del mes en curso, con el propósito de modificar el Artículo 95 del Estatuto General de la UNAM, según el cual se considera falta grave cualquier acto de violencia y en particular la violencia de género que vulnere o limite los derechos humanos y la integridad de las personas que forman parte de la comunidad universitaria.

Ignoro cuál fue la intención de quienes participaron en la redacción de esa modificación, así como la de los consejeros que la aprobaron, casi por unanimidad, de vincular cualquier tipo violencia, en particular la de género, con las garantías a los derechos humanos. Con este enunciado, la violencia en la universidad cubre un espacio tan amplio como el de los derechos humanos, que son el fundamento del estado de derecho.

Resulta alarmante que, a partir de ahora, en este nuevo contexto, si las universitarias o los universitarios realizan una “toma” de las instalaciones y suspenden las actividades, vulneran el derecho humano a la educación. Vale recordar lo que establece el artículo 1º de la Constitución Política: “En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidas en esta Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta Constitución establece.”

SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

¿Las mujeres también matan? La violencia no es privativa de ningún sexo, porque no es algo biológico. Es algo que cada persona desarrolla a lo largo de sus vidas, y con base en sus experiencias personales, y eso incluye su entorno social.

Las mujeres también matan, roban, violan, secuestran, asaltan y agreden. Y las mujeres también matan desde sus vientres a sus propios hijos, o incluso los matan porque les hartan sus llantos, o porque les estorban, o en venganza contra sus maridos, o porque quieren salir de antro. ¿Cuántos casos hemos conocido de estos?

Y con esto no estoy defendiendo a los hombres machistas y asesinos de mujeres, violadores de niños, parricidas, sicarios, descuartizadores y otras porquerías que andan por ahí al por mayor, gracias a que hace cosa de 15 años México comenzó una era de oscuridad y violencia extrema, que todavía no termina y no sabemos realmente cuándo esto terminará.

Pero lo más triste es que a todos ellos los dio a luz y los educó una mujer. Una mujer los amamantó y cuidó sus sueños. Una mujer cuidó su cuna, conoció sus primeras palabras, lo llevó a la escuela. Una mujer le enseñó las primeras canciones.

Una mujer –quiero creer que así fue-, tuvo que enseñarles a esos violentos a rezar. Les dio su bendición, los llevó por primera vez a misa, les habló del amor infinito del Creador.

Y como madre sólo hay una, a esos violentos, feminicidas, violadores, infanticidas, una mujer los vio perderse, extraviarse, disfrazar sus verdaderas intenciones, como el monstruo de Toluca, que además de matar a varias mujeres, mató a su propio padre. Y en su conversación telefónica con su madre desde el penal, le confesaría sus pecados, le diría “no llores, de aquí no ya no salgo, a menos que me suicide”. Cuando ella lloró y le dijo: “Ay, hijo”, él le contestaría “no, no no…no llores”. Entonces ella le confesaría: “Te quiero mucho, haya pasado lo que haya pasado, te quiero mucho, hijo”. Fríamente, el monstruo de Toluca le diría: “Ya, tráeme unas cosas que necesito, unos tenis sin agujeta, jabón, pasta de dientes….”, etcétera.

Y así sucesivamente. Y yo me pregunto: ¿Puede una madre detener la ruta de un asesino? ¿No se dio cuenta esa madre y la de todos los demás feminicidas y asesinos, que algo andaba mal con sus vástagos?

Por experiencia sabemos que los padres conocemos a nuestros hijos demasiado bien. Somos los que los vimos nacer y crecer, y no pueden engañarnos. Una cosa es que finjamos no saber, o que elijamos no saber.

Entonces, decíamos, la violencia no es una cuestión biológica, ni de sexos, ni una cuestión de hombre contra mujeres, ni de mujeres contra hombres, y mucho menos es una cuestión política.

La mala noticia para todas las mujeres y para todos los hombres, es que la violencia es una cuestión de educación, de formación, de inculcar valores.

¿Por qué las mujeres están convocadas a salir a la calle? ¿A quién van a presionar con eso? Sí, al gobierno. Pero si demostrado está que el problema central de la violencia está en los hogares, ¿qué harán con eso?

Tarde o temprano, hombres y mujeres, los matrimonios y hogares todos, tendremos que comenzar a poner en orden en casa, a revisar nuestros cánones de disciplina y reglas de conducta para nuestros hijos, porque la Constitución nos da amplia libertad para educarlos. Luego entonces, los únicos responsables de qué tipo de hijos mandamos al mundo, es nuestra y de nadie más. Al contrario, ahora es la tecnología la que nos está educando a nuestros hijos. Los teléfonos celulares son las nuevas niñeras, como antes lo era la televisión. Pero antes lo más violento era El Chavo del Ocho, o Santo el enmascarado de plata. Hoy, hasta existe un video de música norteña en donde el esposo encuentra a la mujer con otro, la ahorca y la encajuela. Y eso ven nuestros hijos. Eso les permitimos ver.

Dicen los expertos que darle un celular a un hijo, equivale a dejarlo en una ciudad solo, durante toda la noche. ¿Podemos imaginar a cuántos peligros estaría expuesto? También está la música, sucia y sin valores. En los videoclips de ahora, los de Dame más gasolina se quedan cortos, pues cada vez es más obvio lo que están infundiendo en las mentes de nuestros hijos.

Por si algo faltara, están los juegos violentos, juegos de guerra, de peleas a muerte, de destrucción del planeta entero. Y eso están haciendo nuestros hijos.

Pero, sobre todo, está la narcomúsica y las narcoseries, y un sinfín de programas en donde la mujer es poco menos que basura, un producto desechable y para ser usado. Y eso está metiéndose en la mente de nuestros hijos.  Y si de paso nos ven a nosotros pelear, humillar, chantajear, deshonrar, engañar a nuestras esposas, o viceversa, ¿por qué nos extraña que tanto loco ande suelto?

Con la marcha del 9 de marzo, veremos histeria colectiva, destrozos y acusaciones, de mujeres que tienen razón de indignarse en cuanto al incremento de los asesinatos de mujeres y niños, que hace 5 años comenzaron a dispararse.

Pero, ¿qué pasará con la raíz del problema? ¿Cuándo se revertirá esta tendencia? ¿Con la pena de muerte? Ya nos veremos, combatiendo la muerte con la muerte.

El paro no es contra AMLO

De hecho, la agenda feminista chilena de 2020 surgió del Encuentro Plurinacional de las que Luchan, que a su vez forma parte del Programa Contra la Precarización de la Vida. Muchas de las reivindicaciones de los grupos feministas chilenos, claves en la actual ola de protestas que recorre el continente, surgieron en oposición a las políticas conservadoras y neoliberales de aquel país.

En México, incluso, gran parte de la lucha de las mujeres, particularmente en lo que toca a temas de aborto, sexualidad y equidad de género se ha dado históricamente en confrontación con las políticas tradicionales sostenidas por la derecha católica, el panismo, los grupos Pro Vida y organizaciones similares. Y tampoco podemos olvidar que la legislación y las políticas publicas de la Ciudad de México, gobernada por la izquierda desde hace más de 20 años, han sido precursoras en todo el país en temas de equidad de género, libertad y derechos femeninos o tolerancia sexual.

Siempre hay intereses que intentan llevar agua a su molino, pero el agua no tiene la culpa de eso. Hay una enorme preocupación, real y legítima, al margen de los que intentan ponerse la medallita. Interpretar el fenómeno como si se tratase de un malestar inflado o creado por los impresentables impide ver lo qué hay detrás. Y lo qué hay detrás es muchísima gente preocupada por la vulnerabilidad en que se encuentran las hijas y hermanas de todos y todas.

Una vez que los grupos de derecha advirtieron que había una causa popular con la cual se estaba indisponiendo el Presidente, acudieron a ella como moscas a la miel. A pesar de que grupos feministas y participantes del movimiento repudian esos intentos de la derecha conservadora, el Presidente ha seguido quejándose y, por ende, magnificando el peso de tales supuestos voceros, que no lo son.

Por supuesto que frente cualquier crisis la gente exige de manera crítica una mayor intervención de la autoridad y el caso de los feminicidios no ha sido la excepción. Pero lo mismo se hizo en contra de gobiernos panistas o priistas por motivos de pederastia o feminicidios en Juárez. El Gobierno de la 4T tenía todo para hacerse eco de esta preocupación, ponerse al frente de ella y emprender acciones puntuales y políticas públicas para atenderla. Por razones inexplicables decidió desdeñarla. Peor aún, la interpretación de muchos es que ahora pretende boicotear las protestas y oponerse a ellas. ¿O de qué otra manera entender la campaña #Noalparonacional impulsada en círculos oficiales?

Todavía hace dos días, con la imagen difundida en Instagram por Beatriz Gutiérrez Mueller, esposa del Presidente, en la que apoyaba el paro del 9 de marzo y las declaraciones iniciales favorables de mujeres conspicuas de la 4T (Olga Sánchez Cordero, Claudia Sheinbaum o Luisa María Alcalde), parecería que terminarían imponiéndose estos vasos comunicantes entre las reivindicaciones feministas y la agenda social progresista. Pero el mensaje de arrepentimiento de la propia Doña Beatriz, horas más tarde, al subir a Instagram el póster de la campaña contra el paro, dejó sin margen de acción al resto de las mujeres vinculadas a Morena para participar en el movimiento del 9 de marzo.

Desde luego hay motivos respetables para estar en desacuerdo con un paro nacional de mujeres. Hay quienes argumentan que la lucha contra el feminicidio no pasa por la segregación de hombres y mujeres sino por el combate contra el machismo, y que tanto hombres como mujeres somos parte del fenómeno y también sus víctimas. En ese sentido, un paro de mujeres haría pensar a muchos, por exclusión, en una confrontación de género, cuando no lo es. El tema es debatible y escapa a los límites de este espacio.

Hay razones comprensibles y respetables para decidir participar en el paro o para no participar en él; lo que es absurdo es hacerlo o no hacerlo porque se trata de estar en contra o a favor de López Obrador, estar con la derecha o estar en contra de ella. Un terrible y falso dilema.

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