EDITORIAL

La oportunidad institucional

La destrucción de riqueza que va a vivir el mundo será de proporciones catastróficas, como las que cíclicamente ha vivido la humanidad desde que la civilización existe, ya sea por epidemias, como en este caso, por guerras o por crisis económica desatada por “la mano invisible”, bastante más caprichosa de lo que la economía clásica suponía cuando la consideraba esencialmente virtuosa.  

Los órdenes sociales han sido tanto resultado como causa de catástrofes. Las catástrofes de la naturaleza a las que se enfrentaba la humanidad prehistórica estuvieron a punto de extinguir en la cuna a nuestra joven especie, pero mal que bien los seres humanos fueron aprendiendo a lidiar con su entorno natural y a modificarlo para hacerlo cada vez más habitable. Sin embargo, esa domesticación de la naturaleza ha sido fuente de nuevas catástrofes: las epidemias, aunque de naturaleza biológica, han sido acentuadas por el hacinamiento propio de las civilizaciones.

La ilusión ilustrada de que los humanos podíamos controlar y domeñar a la naturaleza se ha mostrado una fantasía, en el largo plazo por la incertidumbre generada por el cambio climático y en el corto por la peste de nuestros días.  Los humanos solemos lidiar con la falta de certeza del entorno creando reglas, protocolos de actuación, maneras de hacer las cosas que tengan carácter general y obligatorio para una comunidad humana a la que se le imponen, con consecuencias distributivas sobre su producción. Pero esas reglas siempre se crean con base en experiencias pasadas, reflejan la fuerza relativa de quienes las crean en su favor y nunca anticipan de manera absoluta los problemas derivados de la complejidad de las interacciones humanas, en crecimiento exponencial en la medida en la que la población se expande y la globalización avanza. 

Las catástrofes, como momentos que trastocan abruptamente el statu quo, son cruciales para el cambio institucional y tienen consecuencias distributivas acusadas. Adam Prezeworsky, entre otros historiadores y politólogos contemporáneos, afirma que los momentos cruciales de distribución a lo largo de la historia se han dado precisamente como resultado de alguna gran catástrofe que reduce intempestivamente la riqueza. Es la destrucción de lo acumulado lo que lleva a un nuevo reparto, ya sea de manera abrupta o a través de ajustes graduales de las reglas del juego con consecuencias distributivas. 

Las catástrofes pueden llevar a renegociaciones contractuales en la política, que pueden llegar a ser relativamente eficientes en términos distributivos, siempre y cuando existan las elites políticas capaces de aprender las lecciones y pactar nuevas reglas para la formación de consensos, para la actuación y para la rendición de cuentas sobre las decisiones que se toman en nombre de la sociedad. Es de esperar que, ante las consecuencias de la crisis actual, tengan mejor capacidad de adaptación los órdenes sociales de acceso abierto, con procesos de toma de decisiones transparentes, que retroalimenten adecuadamente la información generada por la crisis, aunque en el corto plazo parezca que lidiaron más desordenadamente la respuesta. 

Esos estados están más blindados frente a los charlatanes que los llegan a encabezar. El payaso mayor de la política actual, Trump, se ha visto restringido, aunque ahora clame por el poder absoluto. No creo en la bola de cristal como instrumento de trabajo de la ciencia política, pero supongo razonablemente que en Estados Unidos lo que ocurrirá será un proceso de distribución de corte socialdemócrata, de significado parecido al del New Deal de los años treinta del siglo pasado o al acuerdo redistributivo provocado por el movimiento de los derechos civiles de las décadas de 1950 y 1960. Un retroceso del bloque conservador en beneficio del relevo generacional e ideológico, para lograr un orden menos inequitativo. 

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Como se esperaba, el cierre del país no sólo se recrudece, sino que se prolonga. Aunque el presidente había dicho que esperaba que para el día 10 de mayo México pudiera comenzar a recuperarse de la epidemia, lo cierto es que para esa fecha estaremos en la Fase 3, que todavía no se declara, pero que podría hacerse el día 20 de abril, de manera anticipada, como parte de una estrategia que el gobierno ya ha venido aplicando para preparar los escenarios al avance lineal de la epidemia y que, dicen, ha dado buenos resultados.

Recordemos que la fase 2 la adelantamos desde el 20 de marzo, cuando todavía cursábamos la Fase 1, la de casos importados. Luego pasamos a la fase 2, la que estamos cursando en este momento, que es la de los casos de contagio comunitario, y estamos esperando la de contagios masivos, que se espera sea en el mes de mayo, pero que abordaremos de manera general unos 10 días antes.

Por lo tanto, México extenderá las medidas de distanciamiento social hasta el 30 de mayo para evitar que se dispare la pandemia del coronavirus en el país y ante el riesgo, cada vez más latente, de colapso del sistema de salud que llegó a esta pandemia muy debilitado, luego de saqueos históricos de la llamada “mafia de bata blanca”, que por supuesto no incluye a médicos y enfermeras, pero sí a directivos, que son impuestos bajo criterios políticos en las instituciones, a líderes sindicales y políticos de todos los niveles.

Entre tanto, el gobierno trabaja a marchas forzadas para hacer la reconversión hospitalaria, y en medio de una rebatinga cada vez más cruda entre gobernadores y el gobierno central, por los recursos económicos y en especie para enfrentar los contagios por Covid-19, pues mientras el presidente dice que ya adelantó recursos a los gobiernos estatales hasta el mes de julio, estos reclaman recursos extraordinarios y exhiben materiales de baja calidad que les surtieron para el personal médico, materiales que el subsecretario Hugo López Gatell dijo que no son para uso clínico, sino para personal de apoyo de los hospitales, y que tampoco son los insumos comprados en China, sino parte de un donativo, del cual no dio mayores detalles.

Esto nos obliga a hacer un poco de memoria. Recientemente leíamos que una investigación reveló el desvío de unos 400 mil millones de pesos en los últimos 5 años, dinero que se escamoteó al sector que atiende a los más vulnerables, y que en México representan a casi la mitad de la población. Los recursos fueron desviados a través de miles de facturas falsas y de la operación de empresas fantasma. Aquello fue una carnicería. El caso más patético fue el del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien compraba agua para los niños con cáncer. Todo este mazacote de corrupción se detectó a la llegada del nuevo gobierno federal y entonces se declaró el cambio del sistema de salud, cancelando el Seguro Popular para dar paso al Insabi, apenas el 1 de enero de este año, proceso que duraría todo el 2020, pues había que terminar por lo menos 300 hospitales que quedaron a medio construir, uno de ellos el de Tlaxiaco, Oaxaca, que ya el presidente puso en marcha hace dos semanas.

En este proceso estaba la nación cuando llegó el Covid-19, sometiendo al gobierno federal, y a los gobiernos estatales, a una terrible presión. Si a esto le agregamos que para controlar la compra de medicinas e insumos médicos, con el fin de controlar también la corrupción y el desvío de los recursos, el gobierno federal cambió y centralizó las compras, haciendo compras consolidadas a través de la Secretaría de Hacienda, entonces se entiende que hay un desfase en este sector, algo que desde el año pasado se resintió, y que hoy los gobernadores, sobre todo del PAN, están aprovechando para tratar de reventar la imagen del presidente, de su partido y en general de la Cuarta Transformación, con o sin razón.

Porque podrán decir que en este momento la razón les asiste. Pero habría que recordarles, sin el ánimo de tomar partido, que la amnesia los exhibe. Si estamos en esta situación, no es sólo por lo que está haciendo mal este gobierno, que apenas lleva 15 meses en el poder, sino lo que se hizo y se dejó de hacer por años atrás, hasta dejar al sistema de salud en México vilmente en cueros, lo mismo que el sistema energético.

Podemos imaginar que estaríamos en una situación mínimamente ventajosa, si la nueva clase política que vino tras el cambio de régimen en el año 2000, y que incluyó a dos gobiernos panistas y uno priísta, hubieran robado menos. Digo esto porque, pues es imposible pedirle peras al olmo. Aunque sea hubieran hecho lo de Layín, un ex alcalde Nayarit, cuando le preguntaron si robó, y él aceptó que sí, pero poquito. Digo, esto sería lo más honesto.

En medio de esta peligrosa mezcla de pandemia y política, crisis económica que está muy marcada por la caída del petróleo y la depreciación del peso frente al dólar, es que estamos los mexicanos en este momento.

Y esto precisamente nos coloca en el filo de la navaja, pues estamos en el límite de lo prudente y la ingobernabilidad, con una población harta del encierro, con empresas de todos los niveles enfrentadas a una alta posibilidad de quiebra financiera, mientras enfrente hay un desierto de posibilidades de subsistencia.

La pregunta es ¿soportará México un mes y medio más de las cruentas medidas de la cuarentena

Asuma el liderazgo, presidente

Agustín Basave

De usted se pueden criticar muchas cosas, presidente López Obrador, pero no se puede negar que es un líder. Se coincida o no con sus posturas ideológicas y con su estilo personal de gobernar, se tiene que reconocer que entusiasma, convence, dirige. La gente lo sigue. Ganó la elección con una mayoría abrumadora y, pese al reciente descenso de su aprobación, sigue siendo un mandatario popular en quien confían millones de mexicanos. Su liderazgo es carismático (Weber), y además cuenta con lo que los romanos llamaban auctoritas, la credibilidad que suscita natural acatamiento. Yo nunca lo he visto rehuir el mando; al contrario, le reprocho su gobierno autoritario.

Por eso me sorprende tanto su renuencia a asumir el liderazgo de la lucha contra el coronavirus. Primero lo subestimó y luego, cuando admitió su gravedad, optó por mantenerse al margen del manejo de la emergencia. Y no, no se trata de la decisión de dejar que sean los especialistas quienes señalen el rumbo, porque es evidente que el coordinador de esos esfuerzos no dice ni hace casi nada sin consultarlo y crea excepciones a sus reglas o de plano las modifica para no contrariarlo. Se trata de que tome el timón del barco frente a esta tormenta y de cara a la sociedad. Los presidentes o primeros ministros de los países afectados por el covid-19 están al frente de los esfuerzos contra la pandemia, encabezan los anuncios importantes de sus grupos técnicos, dan el ejemplo a la población al asumir ellos mismos las medidas de protección que los expertos determinan. Usted aún no lo ha hecho.

Para empezar, tiene que cuidarse. Si bien es muy importante para lo que viene dar al personal médico, de enfermería y de apoyo en clínicas y hospitales el material de protección que requieren y los equipos e insumos para hacer su trabajo, no lo es menos proteger al jefe de Estado y de gobierno. No quiero ni imaginar qué pasaría si usted se contagiara del coronavirus, con la vulnerabilidad que le dan su edad y sus antecedentes. ¿Por qué no se queda en casa, practica el distanciamiento físico, se hace la prueba por haber estado cerca de un gobernador que dio positivo y de paso da el buen ejemplo a la ciudadanía? Necesitamos a quien fue electo para gobernarnos por seis años con toda su energía presidiendo este país en tiempos aciagos. Cuídese, presidente; sea responsable, por favor. Esa ocurrencia de que convendría que se infectara y desarrollara inmunidad puede perdonarse como un desliz de zalamería, pero nada más. A usted México lo necesita sano y salvo.

Quedarse en Palacio Nacional no es aislarse. Hace unos días declaró que eso es lo que quieren sus adversarios, que se aísle, para que ellos tomen el poder. De lo que parece no darse cuenta es de que sus viajes a los estados para supervisar la construcción de una carretera o una escuela o hasta un hospital constituyen un verdadero aislamiento de la realidad, y que esa actitud de soslayar el desafío más ingente que enfrentamos hoy es lo que le da a “los conservadores” o a quien sea la oportunidad de llenar el vacío que usted mismo está dejando. Nada hay más prioritario en la agenda nacional que la pandemia que nos acecha, que va a provocar muchas más muertes de las que ha causado y va a golpear a la economía nacional en la línea de flotación. Entre el pánico y la indolencia existe un justo medio, y es el de crear conciencia de la seriedad de lo que se nos viene encima y propiciar toda la aplicación que sea necesaria y toda la calma que sea posible. En las actuales circunstancias, aislarse no es quedarse en Palacio en diaria comunicación con las y los mexicanos vía las mañaneras y dirigiendo cuantos mensajes sean necesarios por otros medios: aislarse es viajar y ocuparse personalmente de temas que en estos momentos no nos agobian tanto como ese maldito virus.

A usted no le gustan los avestruces ni las medias tintas. Sabe perfectamente que el problema existe, que es muy grave y que no va a desaparecer porque ponga la cabeza en otra parte, y sabe que a este asunto hay que entrarle con todo. No beneficia ni a usted ni a México continuar con sus giras programadas como si no pasara nada y sólo de refilón decir un par de cosas sobre el covid-19, sin volcarse a coordinar los esfuerzos para disminuir el impacto de la pandemia. Entiendo que ese contacto personal con el pueblo lo llevó a donde está, pero la situación cambió y ahora usted puede perder respaldo social si no toma al toro virulento por los cuernos. Y esto incluye, por cierto, la elaboración de un plan de apoyo económico suficiente (no una aspirina) para las mipymes, que no resistirán cerrar un mes y pagar la nómina de sus empleados. Los grandes consorcios pueden aguantar –y los informales tienen programas sociales–; no es el caso de las micro y pequeñas y medianas empresas, que van a quebrar si no se les ayuda. Nadie habla de salvar a banqueros y magnates ni de las obscenidades del Fobaproa; hablamos de mantener vivos los negocitos que dan trabajo a cerca de 80% de la fuerza laboral. Cierto, el presupuesto está cuadrado, no quedan recursos pero sí dos opciones: deuda o postergación de obras. Sé que la refinería de Dos Bocas y el Tren Maya son proyectos insignia de su gobierno; también sé que la cobija no da más y que es mejor posponer alguno de ellos que endeudarse.

Permítame pedírselo respetuosamente, presidente, en mi calidad de integrante de esa pequeña minoría de mexicanos que no lo odiamos ni lo idolatramos, que reconocemos su honestidad y sus aciertos y criticamos sus errores: asuma el liderazgo del combate al coronavirus. Lo estamos esperando.

Los valores para enfrentar al coronavirus

Por Julio César Hernández Martínez

En los recientes días, los guerrerenses hemos sido testigos como cientos de ciudadanos en todos los rincones de nuestra entidad federativa han demostrado que no solo se requiere a la ciencia médica para enfrentar el covid 19, sino que también es a través de los valores de la solidaridad, altruismo y cooperación se puede salir adelante en este reto mayúsculo.

Hemos vistos como ciudadanos se organizan para entregar alimentos frescos, comida preparada a nuestros paisanos guerrerenses. Así como cubrebocas y equipo de protección a médicos, enfermeras y personal administrativo de diversos hospitales. Recorren los hogares para hacerles llegar los apoyos. Nuestros gobernantes se vieron rebasados por la agilidad y el entusiasmo de la ciudadanía, ávida de servir al prójimo.

Solidaridad, altruismo y cooperación son los valores que se ha hecho valer. Lo han aprendido seguramente de sus familias y de sus maestros. La enorme mayoría de los guerrerenses son gente buena y pacifica que sufren ante el dolor ajeno y que por eso siempre tienen presente el compartir lo poco o mucho que tengan como bienes o riqueza. Es importante reconocerlo.

A veces el carácter fuerte de las mujeres y hombres guerrerenses, acostumbrados a luchar diariamente por la vida y el bienestar de sus familias es vista desde otra óptica. Nada mas alejado de la realidad. Me explico:

Concebimos a la solidaridad como el apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones difíciles.

Altruismo significa la tendencia a procurar el bien de las personas de manera desinteresada, inclusive a costa del interés propio.

Cooperación es el trabajo en común llevado a cabo por parte de personas hacia un objetivo compartido.

            Estos 3 valores han estado presente en todos los rincones de nuestro Estado. Es importante señalar que la mayoría de los personas que ayudan son ciudadanos que no desempeñan ningún cargo publico ni son miembros de partidos políticos. El protagonismo político no ha predominado; sino que ha sido el deseo sincero de ayudar a quien lo necesita.

Al día de hoy en nuestro país existen mas de 5 mil contagiados y en nuestro Estado de Guerrero cerca de100 casos.

Sabemos que la crisis económica se esta agudizando. La actividad económica más importante en Guerrero que es el turismo, se ha reducido prácticamente a cero. Las remesas de nuestros paisanos que viven en Estados Unidos también han sido menores en las recientes semanas. Miles de pequeñas y medianas empresas atraviesan serios problemas. También cientos de guerrerenses han perdido su empleo. Los estragos económicos de la pandemia son más que evidentes.

Ya las autoridades federales en materia de salud han señalado que estamos a punto de ingresar a la fase 3 de la pandemia, por lo que habrá medidas que ordenaran que no salgamos de nuestros hogares, con la excepción de necesidades de urgencia o para comprar alimentos. Son medidas que afectaran también la salud mental de los mexicanos. Por eso acciones de solidaridad, altruismo y cooperación son necesarias para ayudar a nuestros paisanos; para darnos ánimo y fuerza necesarias para vencer a la pandemia. Así se está construyendo un Guerrero mejor.

EDITORIAL

Una oportunidad para replantear el extractivismo

La dramática emergencia que vivimos ha desatado análisis de toda índole a nivel global. Un primer debate de manera natural se decanta en la respuesta de los gobiernos en materia de salud, económica y social. Otras voces señalan al regreso del “Estado” mientras declaran el entierro del neoliberalismo; modelo que terminó debilitando en la región y en la Europa del ¨Welfare” los sistemas públicos destinados a la garantía de derechos fundamentales como la salud, y que en la actual crisis es incapaz de brindar una respuesta global efectiva más allá de los márgenes del mercado. Escenas dantescas se nos presentan donde los países compiten por la obtención de materiales médicos a sobreprecio, condenando a las naciones más pobres a la batalla campal por la anhelada vacuna que enfrenta a las principales economías del mundo, en lugar de promover mecanismos de cooperación internacional para hacer frente a la pandemia.

Por tanto, vivimos momentos donde no solo entra en juego la conducta gubernamental ante la emergencia, sino también se propician reflexiones que cuestionan al sistema económico neoliberal e invitan a formular otras estrategias de desarrollo para enfrentar fenómenos de esta naturaleza, así como orientados a preservar la vida en el planeta de forma más sostenible. A propósito, no deja de resultar paradójico que la salud climática se encuentre espléndida como consecuencia de esta crisis. El desierto que se experimenta en las principales urbes mundiales, el freno del tráfico aéreo y el turismo, la parálisis industrial y la caída exponencial de los precios del petróleo ponen en jaque al modelo extractivista fósil. Pero, la humanidad tendría que pagar este el alto precio para cesar con el ritmo desenfrenado de desarrollo propiciado por el capitalismo, poniendo en riesgo la sobrevivencia de los ecosistemas, generando mayores brechas de desigualdad e impactos socioambientales graves en territorios indígenas y campesinos.

Este complejo contexto, reta a nuestras sociedades a la búsqueda de otros referentes, más que de desarrollo, de economía política diría. Por una parte, con el objetivo de garantizar adecuadamente a la población y en especial a los grupos más excluidos, de derechos humanos básicos: a la salud, al agua y el saneamiento, a la alimentación, la vivienda, el trabajo, la tierra y el territorio, la movilidad colectiva, etc. Al tiempo, que posibiliten revertir la crisis climática que tiene condenado al planeta a la pena capital en los próximos años. Estas respuestas, desde luego se colocan más allá de la frontera extractivista.

La sociedad mexicana, que ha sufrido por décadas las consecuencias del neoliberalismo y que pretende ensayar hoy como respuesta una cuarta transformación desde su Gobierno, tiene ante sí un momento clave para reformular sus políticas de desarrollo. Si bien es cierto, que se ha recuperado una mayor soberanía del Estado en sectores estratégicos con fines más distributivos, el extractivismo continúa, no solo expresado por los nuevos megaproyectos sino en la preservación de los marcos legales neoliberales que a la fecha siguen intactos.

Con el ánimo de contribuir a la reflexión pública sobre estos tópicos y propiciar la reflexión ante nuevos escenarios en tiempos de crisis, les invitamos a ser parte de un debate plural con comunidades, organizaciones e instituciones públicas el próximo 23 de abril a las 12hrs a través del canal de Fundar en YouTube, como parte de nuestra serie de conversaciones digitales “Articulaciones: diálogos sobre COVID-19, derechos y desigualdades”.

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Los gobernadores norteños andan en modo sácale-punta. Se dicen víctimas del federalismo y quieren la revisión del pacto federal, pues señalan que son los que más producen, y los que menos dinero reciben de retorno a sus arcas municipales. En cambio, critican y resienten que los estados del Sur, Guerrero entre ellos, sean los que menos riqueza nacional producen y los que menos dinero ingresan a las arcas nacionales, pero en cambio se les entrega dinero compensatorio.

Nótese, amable lector, el tufillo peyorativo de gente como Jaime Rodríguez El Bronco, gobernador de Nuevo León, quien se duele de que por cada peso que se entrega a la Federación vía impuestos, únicamente le retornan 20 centavos.

Pero no dio las cifras del dinero que retorna a los estados del Sur y sus municipios, porque entonces quedaría en ridículo, pues los presupuestos sureños con de hambre, a pesar de que nuestras regiones producen oro, plata, petróleo y electricidad, así como madera.

Además, los estados del sur son los que conservan los mayores recursos naturales, y sostienen a la industria sin chimeneas, como se le conoce al turismo.

Pese a ello, apenas retornan 4 centavos de cada peso que la Federación se lleva. Es decir, que a pesar de que el pacto federal incluye algunos ramos compensatorios, siguen siendo insuficientes para garantizar el desarrollo del sur del país.

Por lo tanto, para nada somos improductivos, como parece que se nos pinta. Y es justo que se compense a los estados del Sur-Sureste con presupuestos compensatorios que, como dije, para nada son lo que necesitamos, luego de 200 años de explotación y desigualdades, que no tienen que ver con la improductividad, sino con el control político caciquil histórico, el sometimiento de los pueblos originales y el saqueo de nuestros recursos naturales desde tiempos de la Corona. El sur ya era súper explotado por España, mientras el Norte estaba desértico y despoblado.

Molestos con el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, los gobernadores del norte, entre ellos el de Nuevo León, quieren revisión del pacto federal y amenazan salir de él, si no se les escucha.

Eso significa que ya no permitirán que la Federación cobre el IVA y el ISR de la planta productiva y comercial de sus territorios, sino que se quedarían con ese recurso, para -como ellos dicen-, rascarse con sus propias uñas, aunque no tanto porque también amenazan con “coordinarse” con gobiernos de estados vecinos de los Estados Unidos. ¿Qué tal?

En su hipocresía, los gobernadores olvidan una sola cosa: que sus poderosas economías, que han sido consentidas del régimen político nacional por muchos años, dependen nada más y nada menos que de los energéticos que producimos en el sur. A menos, claro, que ahora quieran depender de Estados Unidos de manera directa, lo cual sería prácticamente un acto separatista.

En esta sintonía están Coahuila, Chihuahua, Jalisco y Guanajuato, cuyas economías son de las más fuertes del país.

Nuevo León sólo produce carbón. De las minas de carbón situadas en los cerros que circundan Monterrey, fue que se levantaron como la tercera ciudad más grande del país. Es, eso sí, un centro industrial poderoso, pero que depende de los energéticos del sur: sobre todo petróleo, gas, y electricidad.

El agua es también el coco del norte. Guadalajara, por ejemplo, está en el filo de la navaja, acarreando agua de los pobres ríos de la desértica zona alteña, colindante con Aguascalientes y Guanajuato, porque dependía del lago de Chapala paro ya se lo acabaron.

Lo que también se ignora es que esas economías estatales son las que más contaminan con sus aguas negras. Son las que más descargan aguas venenosas a las cuencas acuíferas de sus territorios, envenenando todo a su paso, pero amparados en el manto de impunidad que los protege.

Sería bueno revisar el pacto federal, claro, y que se deslinden de la Federación, para que busquen sus propios energéticos.

Palabra de Mujer

Ruth Tamayo Hernández

México, frente a una gran crisis económica

“El miedo es uno de los mayores lastres que tenemos que superar para lograr la libertad”: Raúl de la Rosa.

Mis estimados, refieren los expertos que la mente del ser humano es la que marca la fortaleza y las debilidades de una persona, porque no hay poder más fuerte para ser capaz o para no serlo.

El comentario, mis estimados, nada personal con nadie; sin embargo, es necesario orientarnos para estar listos y recibir los macanazos que se acercan a nuestro país, como una tempestad que amenaza con devastarlo todo; y es ahora cuando la clase política debe estar firme para recibir los trancazos que se avecinan. Es el momento de que los políticos y de los funcionarios de cualquier nivel de gobierno, saquen la casta por sus gobernados y representados, este es el momento de mostrar al pueblo su lealtad. Porque es un honor ser autoridad de tu pueblo, pero muchos funcionarios no agradecen el distintivo, varios de ellos solamente andan merodeando como pájaros locos, no están activados en el mismo espacio de los ciudadanos, traman cómo llevar agua a su molino, pues quieren mantenerse en los cargos.

En medio de una pandemia de coronavirus que amenaza a la sociedad, los grupos de poder ensoberbecidos andan en franca campaña para mantenerse en el poder.

Lo grave y triste del cuadro, es que el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, volvió a mostrar que no le importan los mexicanos ni las consecuencias que deje el coronavirus a los mexicanos. El mandatario federal anda en un plan distinto; incluso, hasta con la misma secretaría de Salud tiene diferencias, así como con los economistas de su gabinete, pues sabe que se acerca la fase 3 del Covid-19, que los expertos indican que entrará primero en algunas ciudades como la Ciudad de México. Sin embargo, el mandatario reclama sus proyectos políticos, pide que la fecha de consulta de revocación de su mandato sea para las elecciones federales del 2021, y no como está programado, para marzo del 2022. Es decir, quiere aparecer en la boleta electoral de las elecciones del año entrante, pero en la reforma constitucional que le autorizó la revocación, se fijó la fecha hasta para después de que cumpla los 3 años, que será hasta diciembre de 2021 y las elecciones serán en julio.

Volvió con su mismo chiste: “Pido a los conservadores adelantar la revocación de mi mandato para el próximo año, espero me respondan hoy miércoles, para yo enviar la iniciativa de reforma constitucional”.

Indicó el presidente AMLO, que es en estas elecciones federales se podría hacer uso de una boleta adicional donde se le pregunte a los electores si se desea que el presidente continúe o no en el gobierno. “Nosotros vamos a estar aquí hasta que el pueblo decida, dijo.

Pues el pueblo decidió presidente AMLO, en julio de 2018, que usted gobernaría por 6 años. Así que ahora cumple los años de gobierno, a rajarse a su rancho.

El momento que vive el país es peligroso, no son tiempos de politiquería como usted mismo dice. Usted es presidente de todos los mexicanos, no es sólo de los pobres, ni tampoco tiene que pedir a los conservadores si le aprueban la revocación de mandato, usted fue elegido en las urnas como presidente de los Estados Unidos Mexicanos, por casi seis años, y ahora cumple.

Nada de andar pensado en elecciones futuras. Su trabajo es velar por el bienestar de los mexicanos, todos, no sólo de un sector.

Tristemente en nuestro país ningún partido político sabe ser oposición, no existe la oposición en México; si hubiera partidos opuestos al gobierno en turno, otro gallo nos cantará a los mexicanos, pero estamos perdidos, porque ningún político tiene calidad moral para señar al presidente de la República.

Asimismo, en México, si brincas las trancas de más, te agarra la trampa; o sea, te sale el tiro por la culata. Ahí tienen a un desubicado Felipe Calderón, tantito abre la boca y le llueven maldiciones y hasta de qué se va a morir le dicen. El más cuerdo al momento es el dirigente del PAN, Marko Cortés, quien indicó: “El presidente AMLO no ha entendido que es jefe del Estado Mexicano. Debería convocarnos a construir un frente común y dejar a un lado temas electorales, es irresponsable hablar de revocación cuando urge saber cómo superar la pandemia del Covid-19 y la peor crisis económica que generará”.

Sin duda el tema generó un gran enojo en casi todos los sectores que llevan semanas viendo cómo se diluyen su patrimonio que construyeron en años, con mucho esfuerzo, y que en esos escasos meses lo están perdiendo todo. El temor sigue apoderándose de la gente, pues también ven con desilusión que la primera autoridad del país no está a la altura del problema.

Hablemos de la Costa Grande, región que vive en su mayoría del turismo. Bien pocos se emplean en corte del mango, pesca, entre otros, sino más bien en el sector servicios. La gente se quedó sin empleo, fueron despedidos sin goce de sueldo. En algunos municipios incluso prohibieron pescar, entonces la gente no tiene qué comer. Y si un padre de familia ve que no tienen alimento sus hijos, hace dos cosas: roba o exige al gobierno.

La falta de alimentos se agravará en municipios sobre todo de Guerrero, en grandes dimensiones, al grado de que la situación se puede tornar insostenible.

Por eso es el momento en que los políticos saquen la cara por su gente, ir a verlos hasta su casa o comunidad como cuando andan buscando el voto, ver lo urgente que ocupa cada familia: alimentos, agua, medicina, servicios de corte de pelo, un largo etcétera. Hay mucha necesidad, señores políticos, salgan a las colonias, sirvan a la gente, no se van a volver pobres si ponen un comedor comunicatorio donde salga la gente a comer. Hay familias enteras que están dando una comida al día, no tienen trabajo ni el padre de familia ni la madre, y no basta una despensa.

Si piensan que no se debe aglomerar la gente, entonces pídanles que lleven un trasto para llevarse la comida. Se pueden organizar, si quieren lo pueden hacer y van a alimentar a la gente. Insisto, no se van a volver pobres. La gente la recibe con gusto lo que le den.

Sin el afán de desdecir a nadie, en las colonias los dirigentes y hasta servidores públicos no están dando las despensas a la gente necesitada, se las dan a sus conocidos y los verdaderos necesitados se quedan como el chinito.

En Acapulco existe una guerra entre aspirantes políticos, quienes andan peleándose a la gente; y por andar con pleitos no llevan un censo como control para no darle a las despensas a las mismas personas. Incluso exhibieron en las redes a aspirantes dando despensas del DIF municipal.

En otros medios critican que las despensas las otorgó el gobernador Héctor Astudillo Flores, y que los funcionarios municipales las regalan diciendo que son del DIF municipal; no obstante, que vengan del gobierno, que vengan de donde venga, el dinero sigue siendo del pueblo.

Lo que deben hacer los políticos es invertir de su dinero, tienen mucho, bien harían al compartir con los que menos tienen.

Les decía que la insistencia del presidente AMLO para adelantar la consulta de revocación, también es para llamar a la atención, pues al mandatario federal el Covid-19 le vino a mover el panorama político, hizo que a su gobierno se le hiciera bolas el engrudo; y de no tomar decisiones claras y precisas, nos cargará más pronto el payaso a los mexicanos.

Por eso debemos estar alertas, mis estimados. El tema del coronavirus es serio y peligroso, no es de risas locas ni de politiquerías. Es un problema de salud letal y tómenlo así, por piedad, sean serios y quédense en casa.

No me queda duda que el presidente añora conservar el poder en la cámaras alta y baja del Congreso federal; sin embargo, como bien dice él mismo, no son tiempos de politiquerías baratas, es el momento para que el mandatario federal ratifique su poder ante los mexicanos o pierde más credibilidad de la que ya perdió por sus incoherencias.

Insisto, si alguien cómo el país necesita de una buena dirección en este momento, es el presidente AMLO, y sabe bien lo que puede ocurrir si el coronavirus contagia a un gran número de mexicanos, que ni Dios lo permita, porque tendríamos una estela de muertos.

Sin embargo, esperamos que el mandatario haga un llamado a todos los grupos de poder para que enfrenten juntos y unidos la fase 3 de la pandemia.

Por el bien de México deseo que el mandatario federal ratifique su gobierno y que la clase política y empresarios de nivel millonario, apoyen al presidente AMLO; y que juntos se solidaricen con los mexicanos. Se vale soñar.  ¡Feliz miércoles para todos! 

EDITORIAL

La hora de la verdad

Las crisis nos permiten identificar las fallas estructurales dentro de los distintos sistemas. Para el periodismo mexicano esta es la hora de la verdad. Durante la pandemia se pone en evidencia la “esencialidad” de la profesión por la importancia que supone una sociedad informada y capaz de tomar decisiones sobre su salud y su vida; también las fallas históricas que han hecho que el periodismo se desvincule con la sociedad por una relación perversa con el poder y la falta de apego a la verdad.

En México, la prensa ha cargado con estigmas históricos. Durante el movimiento cívico estudiantil de 1968 la consigna fue “prensa vendida”. Luego, tras la masacre de estudiantes en la Plaza de las tres culturas en Tlatelelolco y su consecuente negación mediática, el lema se arraigó en la población. Con el paso de los años, en el sexenio de Enrique Peña Nieto, la proliferación de un periodismo independiente en diversas partes del país, llenó de aire los pulmones de la sociedad y empezó a tejer nuevos vínculos de confianza que dieron lugar, incluso, a la defensa de periodistas. Fue gracias al periodismo que pudimos observar los primeros dejos de verdad y justicia en el país como lo fue en el caso de Javier Valdez en Sinaloa que contó la tragedia de las desapariciones y de las secuelas del narco en el país.

Sin embargo, la violencia económica que se ejerció desde el gobierno hacia algunos medios de comunicación y que, además, deriva en una relación de amor/odio del “no te pago para que me pegues”, sigue permeando en sus líneas editoriales y por lo tanto en la información que recibe la gente.

La conflictividad, el miedo, la intensidad de la noticia y el pánico son una prueba para ver si el periodismo mexicano y los medios de comunicación están a la altura de las circunstancias. En los últimos días, hemos visto cómo las fallas estructurales del sistema de medios son más identificables que nunca.

La precariedad a la que se enfrenta el periodismo; la desigualdad entre las reporterías que no cuentan con seguro social y los dueños de los medios que hoy se podrían ver beneficiados por la condonación de los “tiempos fiscales del Ejecutivo”; la perversidad de la relación económica entre medios, periodistas y gobiernos que se traducen en “golpes mediáticos” de aquellos que buscan publicidad oficial y; la falta de códigos de ética y del reconocimiento del derecho de réplica y corrección, son solamente algunos de los problemas no resueltos que explican los sesgos informativos que leemos y escuchamos en este momento.

Es ahora cuando podemos leer y escuchar a aquellos que buscan aprovechar la crisis para sacar una ventaja política o económica como oposición generando pánico y desinformando a la población o aquellos que por congraciarse con el gobierno en turno comentan sus acciones como si fueran las de Corea del Sur.

Hoy más que nunca necesitamos un periodismo ético, que ceda al interés personal y al interés económico, que reconozca su función social. Requerimos un periodismo que haga las preguntas correctas a funcionarios públicos y sirva de intérprete de esas políticas nacionales que impactarán en lo local, en la vida de las comunidades, principalmente las más vulnerables (indígenas, migrantes, niñez, población penitenciaria). Un periodismo que funja como el mediador entre los informes oficiales y la sociedad.

El periodismo tiene que mediar entre el pánico y la intensidad de la noticia. Es cierto, hay temor por lo desconocido, por lo que viene que parece ser terrible. Por esto, este es el momento en el que sociedad mexicana reconoce la “esencialidad” de la prensa o reafirma sus estigmas.

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

La Costa Grande ya tiene presencia de Covid-19. La noche de ayer martes, la Secretaría de Salud Federal, usando un sistema de información abierto, dio a conocer que, en Guerrero, son 14 los municipios con contagios, entre ellos Coyuca de Benítez, el primer municipio de esta región desde Acapulco.

A la nueva cuenta se agregan con un casoXochihuehuetlán, en la región de La Montaña, donde ya estaba Huamuxtitlán con 2 casos.

Además, se agregan con un caso cada uno, Iguala y Atenango del Río, en la zona Norte

Asimismo, con un caso, Chilapa, Ahuacuotzingo y Quechultenango, en la zona Centro, así como Coyuca de Benítez, en Costa Grande.

Taxco suma ya 3 casos, mientras que Acapulco suma 43 y Chilpancingo 20.

Las defunciones suman 7 en este momento, así como 88 casos positivos que, como ya dijimos, se distribuyen en 14 municipios.

Afortunadamente, la Secretaría de Salud Federal determinó usar el formato de “Datos abiertos”, por lo cual pudimos saber la distribución de los nuevos casos, porque hasta ahorita los costagrandeños seguíamos pensando en que nuestra región estaba libre del padecimiento, y que solamente la Costa Chica, por el lado de San Marcos, estaba afectada, hablando de los municipios costeros.

La sorpresa de este martes es que la Costa Grande ya tiene presencia del virus y que también avanza el Covid por la zona Norte.

Una vez que se supo del caso de Cocula, de una mujer de avanzada edad proveniente de Chicago, ahora sabemos que Iguala ya tiene un caso, así como Atenango del Río.

En la Zona Centro, además de Chilpancingo y Tixtla, se suman Chilapa, Quechultenango y Ahuacotzingo.

Y, en La Montaña, además de Huamuxtitlán, se suma Xochihuehuetlán.

Ahora mal, esto no lo sabíamos los ciudadanos, aunque tal vez sí lo sepan los alcaldes, y debido a ello están tomando precauciones extremas de sus pueblos.

En Teloloapan, por ejemplo, cerraron todo contacto con el resto de los municipios, y únicamente entra la gente local, así como también permiten el paso de los de Tierra Caliente, porque hasta el momento en aquella región no se tiene ningún caso, afortunadamente, y los alcaldes cerraron desde hace dos semanas sus municipios, al grado de que ni siquiera entre pueblos puede andar la gente, mucho menos reciben gente de fuera, o migrantes, pues las líneas de autobuses fueron suspendidas.

Ayer decíamos que se debatía si era necesario cerrar la conexión entre la Costa Grande y el estado de Michoacán, pero por lo visto nos estamos cuidando de los vecinos, cuando ya lo tenemos de este lado.

Era natural que el Covid 19 avanzara por Acapulco, que es el municipio con más casos diagnosticados. No estamos hablando de casos reales, porque recuerden que se habla de que hay un subregistro de entre 10 y 12 personas por cada caso comprobado por pruebas de laboratorio. Entonces en Acapulco de plano estaríamos hablando de unos 400 o 500 casos.

Y dado que las costas tienen un amplio trasiego de personas con el puerto de Acapulco, este municipio es el foco de infección natural en la zona costera.

Por el bien de todos, apelamos a que la información no se nos oculte. ¿O como para cuándo nos iban a informar del avance del Covid?

Afortunadamente el gobierno federal, que hizo el compromiso de hablar con la verdad, nos está corrigiendo la página. Y ahora sabemos que no son 80 casos, como se informó ayer al mediodía, sino 88. Y que además hay 6 nuevos municipios con registros de Covid.

La información es vida. Y nos permitirá tomar las precauciones, tanto a nivel comunitario como gubernamental. Lo que procede es ocuparnos, no tanto preocuparnos. Y aunque sabemos que una pandemia difícilmente se detiene, sobre todo ésta que es de tipo viral y respiratorio, lo que buscamos es que sean los menos los casos, y menos los muertos.

Coronavirus y globalización

Pablo Gómez

La pandemia covid-19, como emergencia de salud, durará unos meses, pero su impronta podrá perdurar varios años y provocar cambios imprevistos. No se trata de la recesión a la que ha llevado la alerta sanitaria, ya que, al fin, la bajada de la producción y de los servicios será superada y paulatinamente se recuperará la economía mundial.

El problema que tenemos enfrente es que la globalización económica galopante no contiene un acuerdo político suficiente para establecer normas admitidas por todos y mecanismos comunes para la gestión de las condiciones básicas de la vida, incluyendo, naturalmente, la seguridad en su más amplia acepción.

Lo hemos visto con mayor claridad en la coyuntura sanitaria. El organismo de salud de Naciones Unidas (OMS) está prácticamente dedicado a emitir un boletín diario con algunas recomendaciones. Ningún gobierno ha hecho un pronunciamiento sobre la forma titubeante en que él mismo reaccionó al principio. Los sistemas de salud de casi todo el mundo se encuentran colapsados o lo estarán pronto porque están mal hechos.

La gran pandemia de 1918-20 se produjo luego de una terrible guerra que había arrojado al menos 14 millones de muertos entre militares y civiles. Se calcula que de aquella gripe enfermaron 50 millones y otros cinco millones fallecieron. No existía entonces el transporte aéreo de pasajeros como industria mundial, no obstante la enfermedad abarcó muchos países: viajó en ferrocarril y en barco.

El covid-19 llegó en avión a casi todos los países y, consecuentemente, lo hizo con una rapidez muy previsible pero que no se quería admitir al principio. La OMS tardó días en anunciar la pandemia, tal como el gobierno de China, antes, se había demorado mucho en reconocer el brote epidémico por temor a que se afectara su economía.

El sistema de globalización económica no sirve para proteger a los humanos, es decir, al sustento básico de la humanidad que es la salud para vivir. Esto es así al tiempo en que tampoco sirve para proteger el medio ambiente, evitar la guerra, garantizar la paz, superar la pobreza, combatir las violencias, igualar las condiciones de vida básicas, redistribuir la riqueza entre las naciones, los pueblos y las clases. ¿Para qué sirve, entonces, si ha fracasado también en lo más vital: la salud de la humanidad?

La globalidad es una forma de relación del capitalismo interconectado. Ningún país puede ser autosuficiente porque, al consumir todos mercancías iguales o semejantes, se imponen las diferencias tecnológicas, de materias primas y de nivel de vida de los productores, todo lo cual se expresa en los costos. El encadenamiento productivo es capitalista, no tiene que ver con la salud ni con el planeta sino con la ganancia. Esto se sabe de tiempo atrás, pero hoy quizá sea mucho más claro. De cualquier forma, esa globalidad es frágil, pues una pandemia la lleva al desequilibrio. Un desajuste productivo, comercial o de servicios conduce a otros desajustes y así sucesivamente, tal como ocurre con el contagio viral.

Una globalización así no tiene futuro en tanto pacto, ya que, como ahora, ni siquiera se pueden tomar medidas globales sobre un virus emergente que se desplaza en forma de enfermedad pandémica, es decir, global, y puede enfermar a cualquier persona en cualquier país, aunque al final el número de fallecimientos sea estadísticamente “marginal”.

Por lo pronto, la pandemia paraliza una parte grande de la economía y es ahí donde está radicado el debate de un mundo globalizado que se organiza como maquinaria de producción de plusvalor, es decir, de apropiación privada del producto excedente de la humanidad.

La Unión Europea es la más alta expresión de la globalidad actual: la asociación política de Estados independientes sin fronteras ni aranceles. Está, sin embargo, a las puertas de una crisis vital porque no es “natural” la ausencia de acuerdo suficiente para que los costos sociales sean cubiertos en condiciones equitativas entre sus integrantes. Los salvamentos europeos suelen consistir en prestar dinero para asegurar los pagos a los bancos alemanes y franceses, tal como lo vimos en Grecia. Las primas de riesgo que sólo pagan algunos por sus deudas dividen entre sí a los países de la Unión como si fueran adversarios, sometidos sólo a la dictadura de los mercados. No se trata de falta de solidaridad sino de ausencia de un gobierno compartido basado en reglas democráticas suficientes para ser en verdad una unión.

La globalización como instrumento de las clases dominantes no podrá nunca arrojar un gobierno internacional democrático porque la democracia de esas clases, las propietarias, no va mucho más lejos que algunos derechos históricamente alcanzados, por cierto, en su mayor parte, por quienes no son propietarios.

Es por ello que no hay acuerdo suficiente sobre Estado social, distribución del ingreso, medio ambiente, armamentismo, hegemonismos internacionales, y ahora sobre sanidad, sino sólo en cuanto a las esferas conectadas directamente con el funcionamiento de la maquinaria de exacción mundial de excedentes económicos. En el fondo, el pacto global se basa en la unión de los capitalistas de los países miembros para dar seguridad y estabilidad al sistema de producción de plusvalor. Luego de la pandemia, en Europa habrá mucha más gente que se pregunte sobre el valor, significado y alcance de la Unión Europea, a la vista de la falta de normas y de gobierno común para hacer frente a todos los problemas humanos.

En verdad, en la emergencia, cada gobierno europeo ha estado solo, decretando las medidas sanitarias que buenamente considera pertinentes, tratando de salvar lo más que se pueda de la producción, el comercio y los servicios, y, finalmente, subsidiando empresas, otorgando garantías públicas sobre el crédito bancario y cubriendo una parte del consumo de trabajadores formales e informales desplazados.

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