La codicia en Morena

Decía el némesis de la 4T, Felipe Calderón Hinojosa, que el reto del Partido Acción Nacional, era, entrada la década de los 2000, ganar el Gobierno sin perder el partido. En Morena ganaron el Gobierno con un incipiente partido que hoy se está perdiendo en la avaricia electoral por los procesos electivos del 2021 y el 2024.

Morena para el 2021 tiene la jugosa carnada de 15 gubernaturas y la Cámara de Diputados, los aspirantes, ya enrutados en el 2024, también aspiran a convertirse en el líder que ganó por primera vez más gubernaturas para ese partido desconociendo de manera intencional que la fuerza electoral radica en el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y no en un partido que, de hecho, ni estructura electoral posee al haberse fundado en liderazgos locales en los estados, sacados de la agenda del hoy Presidente y entonces fundador de Morena.

Yeidckol Polevnsky presume haber ganado, como dirigente de Morena, la Presidencia de la República, la mayoría en la Cámara de Diputados, en la de Senadores, 17 congresos estatales y dos gubernaturas en el 2019, la de Puebla y la de Baja California, también restándole mérito al que fue hombre orquesta de Morena y hoy radica en Palacio Nacional.

Dos grupos se pelean la dirigencia nacional de Morena con mayor ahínco. El que tiene al Diputado Mario Delgado como fuerte aspirante, pero que encabeza el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien se asume como candidato natural para suceder al Presidente López Obrador en el 2024. El otro grupo lo encabeza la prosapia de don Porfirio Muñoz Ledo y es auspiciado por los más románticos del movimiento encabezado por el Presidente, entre ellos, la Gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, quien también aspira a suceder a  su líder fundacional.

En la primera encuesta después que el Instituto Nacional Electoral se hiciera cargo de la elección interna, aquel ejercicio de reconocimiento de nombre, dejó como mejor posicionado a Muñoz Ledo. En la segunda, ya para elegir a un dirigente de entre cinco, Mario Delgado, Hilda Díaz Caballero, Adriana Menéndez, Porfirio Muñoz Ledo y Yeidkcol Polevnsky, fue Muñoz Ledo quien ganó por décimas con un 25.34 de las preferencias, contra 25.29 logrado por Delgado.

Muñoz Ledo se hizo del triunfo por décimas pero él obtuvo la mayoría, recordando aquella elección constitucional a la Presidencia de la República en la que tanto el IFE y como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación concedieron al 35.91 de la votación lograda por Felipe Calderón Hinojosa, contra el 35.29 obtenido por el hoy Presidente, Andrés Manuel López Obrador, en el que sería su primer intento por hacerse de la Silla del Águila.

En estricto sentido, Porfirio Muñoz Ledo fue el ganador de la interna de Morena, pero en las nuevas bases del Instituto Nacional Electoral el resulto fue un empate técnico que habrá de dirimirse en una nueva encuesta que se desarrollará del viernes 16 de octubre al 22 del mismo mes, presentando los resultados definitivos el 24 de octubre.

Lo que está en juego pues son las candidaturas que se habrán de asignar, sea por designación, por encuesta o por dedazo (también en Morena hay dedazo, y para ejemplo, el Gobernador de Baja California, Jaime Bonilla, pues no hay pruebas de haber ganado una encuesta pero sí fue electo, al más estilo priista, por aclamación).

Del triunfo que se señale el 24 de octubre dependerán las renuncias y solicitudes de licencia de morenistas enquistados en cualquier orden de Gobierno y que aspiren a una candidatura para el 21, pues en los grupos que ya se definen en Morena, hay aspirantes que simpatizan con Delgado y aquellos que lo hacen por Muñoz Ledo, es de esperar que quienes pertenezcan al bando ganador serán eliminados o minimizados de las contiendas internas en estados y municipios, y por supuesto de las listas para integrar las candidaturas representativas a la Cámara de Diputados Federal.

La codicia y la avaricia electoral ha pegado fuerte en Morena, donde en varios estados se comienzan a presentar rupturas que no son ideológicas, sino de poder. Encaminándose a perder el partido por la búsqueda de ganar el Gobierno.

El manejo financiero de Morena tampoco es cualquier cosa. Para 2020, le fueron destinados por el INE en prerrogativas más de mil 600 millones de pesos, con lo que se situó como el instituto político con mayores recursos, aun en época de recesión, de crisis o de contingencia sanitaria. Al haber renunciado al 50 por ciento de sus prerrogativas, y el INE aceptado esa condicionante, se quedaron con poco más de 785 millones de pesos para Morena, lo cual, de nueva cuenta, no es una bicoca, sino una abundancia financiera en tiempos de crisis económica, y en el preámbulo de la elección más grande que se desarrolle en México.

Para el 2024 la elección de la dirigencia nacional de Morena también es determinante. Marcelo Ebrard aspira a convertirse en el candidato de ese partido para suceder al Presidente López Obrador, y la llegada de Mario Delgado le allanaría el camino electoral en la sucesión presidencial. El triunfo de don Porfirio, por otra parte, significaría una línea más institucional y de menos acarrea hacia un tapado o candidato natural. Muñoz Ledo sería el primer mexicano en haber dirigido en el comité ejecutivo nacional de tres partidos políticos, el PRI de 1975 a 1976, el PRD de 1993 a 1996, y ahora, de lograr ganar la encuesta por tercera ocasión, Morena.

Las cartas ya están echadas, los nombres dados y toca una nueva votación dentro de un partido joven, pero viejo en las prácticas políticas y electorales, que significan el acarreo, los intereses de grupos, el manejo de los recursos y, por supuesto, la lucha por el poder, una acción que el Presidente de la República quería evitar, al hacer un llamado a que Morena no fuera como el resto de los partidos, pero que ante su ausencia de liderazgo político –él ha dicho que no entra en las decisiones de partido porque está ocupando su tiempo en gobernar–, se está dividiendo y entrando a una lucha insana en la carrera electoral del 2021 y el 2024. Como todos los partidos en el poder siempre.

Fallas de la memoria

La historia la escriben los vencedores, es cierto, pero más lo es que la historia es un animal vivo que nunca termina de escribirse, que es siempre una visión construida desde el presente y con los lentes de la ideología dominante. Digamos simplemente que los vencedores de ayer son los derrotados de mañana y viceversa y por ello la historia es parte también en la rueda de la fortuna del poder. Puede cambiar la interpretación, lo que no puede cambiar son los hechos, y eso es lo que distingue a los historiadores serios de los que no son tanto.

Una de las obsesiones del gobierno de Morena, empeñado en convertir a este gobierno en un nuevo régimen político, es reinterpretar la historia, tener un nuevo relato oficial que se adecue a su pensamiento político. La cabeza de este proyecto es Beatriz Gutiérrez, la primera dama que no es primera dama pero que actúa como primera dama y representante del Estado mexicano cuando así le conviene (si rifamos un avión sin avión por qué no podemos tener una primera dama que no es primera dama). Comenzó con el tema de las disculpas de la iglesia y la corona española, siguió con la idea de que en 2021 se conmemoran los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, 500 de la conquista (caída de Tenochtitlan) y 200 de la consumación de la independencia y recientemente con la repatriación del penacho de Moctezuma.

De entrada. el circo está un poco forzado, porque si consideramos como fecha de fundación de la Gran Tenochtitlan el momento en que se encontró un águila posada en un tunal la fecha no coincide con la voluntad presidencial. Como bien dice el arqueólogo Leonardo López Luján, se trata de leyendas y mitos fundantes que difícilmente pueden ubicarse en una fecha precisa, pero de acuerdo con las interpretaciones y traducciones a la cronología gregoriana de los códices y crónicas hay una discusión que refleja muy bien Patrick Johansson en el artículo “La fundación de México-Tenochtitlán. Consideraciones Crono-Lógicas” (Arqueología Mexicana 135) sobre si el año de tal evento es 1324 o 1325 o incluso 1363 o 1364, pero en ningún caso el año es 1321 como pretenden en la interpretación del nuevo régimen.

Lo mismo sucede con el mítico penacho de Moctezuma que se encuentra en Viena, cuyo arte plumario ha sido completamente restituido y reconstruido. Al “sombrero morisco de largas y verdes plumas verde brillantes y oro”, como se describe el primer inventario de la colección Ambras en 1526, nada le queda del original. El presidente Abelardo Rodríguez ordenó hacer una copia que es la que está en el museo de Antropología y que para efectos prácticos es tan fake como el de Viena. Sin embargo, la batalla por la recuperación del penacho la inició el presidente Echeverría en 1974 y hoy regresa con fuerza como símbolo de la descolonización de la historia.

Recuperar la memoria de los pueblos originarios siempre tendrá sentido. Manipular la historia para fortalecer el relato del régimen ideológico es siempre un peligro. Abusar de la memoria es uno de los síntomas del ejercicio autoritario del poder.

García Luna, comedia en dos actos

La comparecencia virtual de Genaro García Luna en Nueva York el miércoles pasado, fue una comedia en dos actos. En el primero, el Juez Brian Cogan, claramente contrariado, suspendió momentáneamente la audiencia debido a la cacofonía de voces en español en la línea telefónica, que el magistrado atribuyó a “reporteros mexicanos”, y al ruido de una emisión radial en vivo, en el mismo idioma. En el segundo acto, el ex secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón se declaró “no culpable” de la acusación de colusión con el Cartel de Sinaloa para traficar cocaína. La próxima comparecencia en la Corte del Distrito Este de Brooklyn está programada para el 7 de diciembre.

Primer acto:

Cogan: Hay alguien que está hablando en español y no es la interprete. ¿Qué está pasando? Quizá sea un eco de la interprete. Si alguien está utilizando teléfono y computadora para escuchar, por favor silencien el teléfono.

Segunda llamada: Hay una tremenda cantidad de interferencia. No podemos escuchar lo que está diciendo la corte o la parte. Estoy escuchando voces de reporteros. Oigo a gente hablar español. No quiero escucharla. Los reporteros van a tener que permanecer en silencio o voy a tener que cerrar la sesión.

Dirigiéndose a García Luna: Usted se encuentra aquí porque el jurado acusatorio le ha hecho cargos en una acusación formal sustituta. Lo acusa de haber cometido cinco delitos. Si no entiende algo, alce la mano y se lo explico.

Tercera y última llamada: Le he pedido repetidamente a la prensa mexicana que deje de hablar, de tal manera que se pueda escuchar. Es un obstáculo para la vista. No puedo continuar y ahora escucho toser a alguien de la prensa. Levanto la sesión y la haré en otro momento.

Reportero mexicano: Ya nos está regañando.

Interprete: Un hombre dijo, nos está regañando.

Cogan: Está bien que lo diga, pero yo no quiero escucharlo. Levanto la sesión. La retomaremos más adelante. Gracias.

Fiscales y defensa: De acuerdo, su Señoría.

Poco después, la audiencia de reanudó, con una severa advertencia.

Juez Cogan: Creo que la prensa mexicana sigue en la línea escuchando, no se le puede oír (aparentemente la corte silenció el audio de los enlazados), quiero advertirles a ellos que, bajo las reglas de este tribunal y del gobierno federal, se les prohíbe tomar fotografías, grabar o transmitir los procedimientos de la corte. Violación de ese código puede resultar en castigo, incluyendo el retiro de credenciales de prensa, restricciones de acceso a audiencias y prohibición del ingreso a futuras vistas, o cualquier otro tipo de sanción que el juez considere pertinente.

Cogan asumió que las personas que provocaron la interrupción eran reporteros mexicanos porque el número telefónico que proporciona la corte suele ser para uso de la prensa y personas relacionadas a las partes. La difusión mediática en México del teléfono y código de acceso dio lugar a que un volumen alto de enlaces. No todos necesariamente periodistas.

El noticiero nocturno de Milenio TV publicó en pantalla el número y el código de acceso, exhortando a llamar al “hot line” (sic) para “enlazarse en vivo” y escuchar la voz de García Luna (video @mileniotv 23/09/2020). Machacó con un artículo que tituló: “A través de un hot line (sic): así se podrán conocer todos los detalles del caso García Luna (Milenio 23/09/2020).

No encontré precedente de un caso así en medios estadounidenses o extranjeros. Se sobrentiende que es para uso profesional. ¿Está permitido? Sólo la Corte del Distrito Este de Nueva York puede responder, me dijo una fuente legal.

Lo que es un hecho es que no es un “hot line” (sic), similar a los hotlines para alertar sobre suicidios o pedir ayuda de emergencia. Debido a la pandemia, Pacer, el sistema de pago de acceso a documentos judiciales no confidenciales de las cortes federales, ha estado publicando los números telefónicos para las audiencias virtuales, como parte de la agenda de las cortes.

El desacato a las órdenes del juez y el caos que generó, sienta un mal precedente que pudiera tener consecuencias para el acceso de los reporteros mexicanos. Es un comportamiento incompatible con la cultura legal de Estados Unidos donde los jueces federales son tratados con respeto y reverencia, y las cortes como templos del Estado de Derecho.

Segundo acto:

García Luna se declaró no culpable en la instrucción de los cinco cargos que se le imputan sobre una presunta asociación delictuosa para distribuir cocaína cuando fue alto funcionario en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, y perjurio a la autoridad migratoria. Los cargos provienen del encausamiento actualizado del 30 de julio (¿Puede ser completamente imparcial el juicio de García Luna? Sin Embargo, 11/09/2020).

Si García Luna mantiene su posición de no pactar, habrá juicio, aunque no pronto. Cuestión de recordar que el juicio de Joaquín El Chapo Guzmán empezó en noviembre de 2018, 22 meses después de su extradición. Y eran tiempos normales. García Luna lleva 10 meses tras las rejas. La pandemia ha prolongado el proceso de descubrimiento de evidencia e impedido reuniones regulares de García Luna con su abogado defensor, Cesar de Castro. Al margen de cuando pueda empezar, los fiscales estiman durará entre 2 y 3 meses, por encima del promedio y similar al de El Chapo.

El caso de García Luna está catalogado como “complejo” con base en la abundancia de pruebas, que incluyen cerca de 80 kilos de cocaína y heroína física, intercepciones de comunicaciones, registros financieros, así como entrevistas de testigos presos. Los fiscales llamaron “tedioso” su inspección. Informaron que recién completaron la entrega a de Castro de un expediente de 12 mil cuartillas y 1,500 comunicaciones interceptadas (llamadas, textos, correos electrónicos, etc.).

A la fecha, la Fiscalía ha producido un total de 189 mil hojas y “voluminosas” intercepciones. Asimismo, ponto proporcionarán aparatos electrónicos (celular, computadora, etc.) confiscados a García Luna cuando fue arrestado en 2019. Revisar el material confidencial bajo la Ley de Procedimientos de Información Clasificada, necesario para completar los preparativos de juicio, “tomará algunos meses”. A eso seguirá una moción de anticipación de juicio y la selección de un jurado (carta de fiscales a Cogan 2/10/2020).

Aunque no se descarta que, ante el brutal peso de la montaña de evidencia García Luna acepte pactar, es poco probable. Enfrentar un juicio, que lleva la de perder, es cuestión de honor. Asumir responsabilidad por sus actos no está en el ADN del hombre que esgrimió tanto poder que se creyó infalible, que nunca aceptó equivocarse o dar un paso en falso. Admitir delitos que dice no cometió es darle la razón al tribunal de la opinión pública que hace tiempo lo juzgó y condenó.

Familia real

Alejandro Páez Varela

Contra lo que cualquier despistado pudiera pensar, dado que la reaparición mediática genera un espejismo, el futuro de Felipe Calderón es incierto y si lleva una ruta, no parece que sea hacia mejor. Durante seis años guardó silencio para permitir que Enrique Peña Nieto operara; la corrupción desmedida no llamó su atención –quizás es porque varios de los casos más emblemáticos tienen su huella– y ahora ha regresado a la prensa. Pareciera que está más colocado que nunca desde que hizo maletas y dejó Los Pinos. Pero, como digo, esa ilusión es mediática y se apoya en una cantidad importante de medios y periodistas que juegan su juego con él. Les sirve (se sirven) para plantear posiciones personales contra una administración con la que no simpatizan. Y avanzan con él hacia un camino sin salida.

¿Qué vende Felipe Calderón? No es el regreso al panismo, porque ni es panista ni plantea al PAN como opción. No es un nuevo liderazgo en la Presidencia para 2024 porque él no tiene nada de nuevo y tampoco puede aspirar a Palacio Nacional. ¿Acabar con la violencia? Él es el culpable de esta violencia. ¿Un cambio de rumbo para la economía y beneficiar a las mayorías? Él es la versión más depurada del regreso al capitalismo salvaje, conocido como neoliberalismo. ¿Acabar la corrupción? Sólo que él mismo se meta a la cárcel. ¿Libertad de expresión? Pregúntenle a Carmen Aristegui qué significó su sexenio; pregúntenle a varios.

¿Qué vende Calderón, entonces? Vende un solo producto. Vende a su esposa para la Presidencia en 2024. Y cualquiera que se afilie a su causa debe entender que esa candidatura está reservada. Como en una monarquía: la familia es la identidad de la marca y el poder no se discute: se delega, es una herencia. Qué ofrece Calderón, ¿democracia contra lo que llama “dictadura”? La respuesta da risa.

Cualquiera que se afilie a su causa debe entender, de entrada, que es menos que doña Margarita Ester Zavala Gómez del Campo. En ella recaen los planes de futuro. Si ganan en el Tribunal Electoral y queda México Libre como partido, es por ella y para ella. Si alguien reparte volantes o vende galletitas casa por casa y se gana unos pesos; o si el INE entrega al membrete miles de millones en prerrogativas, ese dinero es para trabajar en una sola causa: la causa de doña Margarita Ester Zavala Gómez del Campo. Su consorte, don Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, con apellidos menos rimbombantes pero con los mismos aires de grandeza, trabaja para ello. Y cualquier mexicolibrista o mexicolibrero o mexicolibrante debe aprenderse el código interno y en el código interno –para ir directo a la materia–, el artículo 1.1 dice:

“La candidatura presidencial está reservada para aquel o aquella (de preferencia aquella) cuyos apellidos sean Zavala Gómez del Campo y cuyos nombres sean Margarita Ester, éste último sin hache. Y cualquier diferendo con respecto a este artículo será resuelto por don Felipe de Jesús, de apellidos Calderón Hinojosa”.

***

Contra lo que cualquiera piense, dado que la reaparición mediática genera un espejismo, el futuro de Calderón es incierto. La ruta, su ruta, no parece encaminarlo hacia mejor.

Primero está el caso obvio: todo lo que viene desde una corte en Estados Unidos. Allá se juzga a la élite de su equipo de seguridad: a Genaro García Luna y a todos los que lo acompañaron en sus andanzas: Luis Cárdenas Palomino, Ramón Pequeño García, Maribel Cervantes Guerrero, etcétera. Pero el juez Brian Cogan juzga más, sin proponérselo: juzga un sexenio. Su veredicto confirmará –si es condenatorio– lo que muchos supusieron: que la guerra, la guerra de Calderón, no era contra el crimen organizado sino para dar poder hegemónico a un sólo cártel: el de Sinaloa. El Departamento de Justicia y sus fiscales creen tener evidencia que hunde a García Luna; miles y miles de hojas y grabaciones y audios que no conocemos, hasta ahora. Eso que viene, que parece un golpazo, no se lo quita Calderón ni con Pomada de la Campana. Y falta ver si en la evidencia no sale incriminado porque eso lo lleva a otro nivel. Hablo, simplemente, del juicio y el fallo sobre García Luna.

En segundo lugar, a Calderón se le atraviesa la aprobación o no de México Libre. Cada día más enterados me dicen que no lo logrará. El Tribunal Electoral no se atreverá a someterse a la presión pública si se inclina por favorecerlo. Desatará la furia. Habrá una exigencia durísima para que se apresure su renovación inmediata, dado a que existe un vínculo claro de varios de sus integrantes con los Calderón-Zavala. El caso Reyes Rodríguez Mondragón es el más obvio pero no el único. Si aprueban México Libre atraparán los ojos de todos y provocarán una furia que sólo Lorenzo Córdova tenía reservada para sí.

Y queda otra piedra en su camino. Y esa es Margarita. ¿Qué vende Calderón?, preguntaba. Vende a Margarita, que es quien puede garantizarle el regreso (incluso físicamente) a la Presidencia. México Libre es para ella, por ella, pero Margarita ya estuvo en el estante; ya la ofertó. Y no tuvo aceptación. No tiene aceptación popular. Y como México Libre será un partido (cuando sea, si es que lo es) sin más opción que Margarita, entonces es una apuesta dificilísima: irá con ella salga como salga en las encuestas.

Además, lo que está viviendo toda la oposición, que no es fácil. Con todo el desastre que trae Morena, Andrés Manuel López Obrador es un motor brutal. Sigue siendo un tsunami. Según El Financiero, ni todos los partidos juntos le ganan a Morena. Subió 20 puntos en medio de la pandemia y de la crisis económica. Qué cosa.

La ilusión, como digo, es mediática. Y se apoya en una cantidad importante de medios y periodistas que juegan el juego con él. Pero veo más piedras que adoquines en el camino real del consorte. Quizás nunca pueda acariciar esa corona que tanto anhela. Quizás deba conformarse con verla en fotos. Fotos del recuerdo. Aquellas de 2006 a 2012, cuando tuvieron la Presidencia. Qué pachangas, aquellas, para él. Y qué desastre para el resto de los mexicanos.

Morena frente a su fantasma

La palabra fraude es parte esencial de la cultura política mexicana. No es gratuito, por supuesto, que durante muchos años el PRI ganaba por las buenas o por las malas. En la mayoría de las ocasiones el triunfo les favorecía, pues sólo había un partido de oposición: el PAN y dos comparsas, PARM y PPS, con lo que iba siempre en caballo de hacienda. Cuando el PAN tomaba fuerza en algún distrito o municipio se aplicaba el fraude patriótico.

Cuando las elecciones se volvieron más complejas y competitivas tras la reforma electoral de Reyes Heroles en el sexenio de López Portillo, el fraude se convirtió en un complejo mecanismo que comenzaba por el control y manipulación del padrón electoral, seguía con la compra de votos, se operaba el día de la elección con diversas maniobras que dieron pie a todo un léxico para describir la trampa: ratón loco, urnas embarazadas, carrusel, robo de urnas, etcétera y ,finalmente, cuando todo fallaba, se aplicaba la aplanadora en el colegio electoral que no eran otros sino los diputados del partidazo. Fraude era la palabra más escuchada durante un proceso electoral. Primero los panistas y luego otros partidos de oposición aprendieron a reclamar el fraude aún antes de que éste se consumara incluso en las elecciones que no habían ganado. Nuestra democracia, tan cara, pero a la vez tan meticulosa, es producto de esa cultura de la trampa y la desconfianza y de fraudes operados con toda la mano desde gobernación (y sí, recordamos a Bartlett como el gran operador).

Pero la cultura del fraude no se terminó con las sucesivas reformas electorales, ni para los que lo operan ni para los que lo reclaman. En nuestra democracia no hay, pues, vencedores y vencidos, sino faudulentos y fraudeados.

La palabra más recurrida en la elección para determinar al presidente de Morena es fraude. Los contendientes no están dispuestos a aceptar los resultados. Pero, por qué habrán de estarlo si la cultura política de Morena nace de la alegata de un fraude. Para López Obrador sólo existen dos tipos de elecciones, las que ganó él y en las que le hicieron fraude, nunca aceptó una derrota, ¿por qué sus compañeros de partido tendrían que pensar distinto? Emulando a López Obrador, Gibrán Ramírez alegó fraude en las encuestas porque resultó no ser tan conocido como él se imaginaba.

Porfirio Muñoz Ledo, viejo lobo de mar y operador de algunos fraudes cuando él era presidente del PRI, sabe que nada desarticula tanto el discurso de Morena como la palabra fraude, por ello se declaró presidente legítimo, en alusión directa a la estrategia que uso el propio presidente en 2006.

Dicen que para que la cuña apriete ha de ser del mismo palo. El discurso del fraude es la kriptonita de Morena, pues lo enfrenta cara a cara con su propio fantasma.

Salto al pasado

Lo lograron. Los diputados se despacharon de un plumazo, al más puro estilo de la administración morenista, con más enjundia que argumentos, 109 fideicomisos con los que el Gobierno Federal operaba todo tipo de asuntos, desde la atención a víctimas hasta el fomento al deporte. Falta la opinión del Senado, pero no∫ hay mucha esperanza de que el nivel de discusión sea distinto. 

Los fideicomisos se pusieron de moda en los años noventa y principios de los dos miles para solventar la falta de programas multianuales en el presupuesto. Un fideicomiso permitía, por ejemplo, acumular dinero de un año a otro para un obra de larga duración. El mismo López Obrador los usó para construir los segundos pisos de la ciudad de México, la obra más polémica y opaca de sus paso por la capital. Con el argumentos de que en los fideicomisos había corrupción, aviadores y privilegios, dictado desde el púlpito del presidente, los diputados de Morena se fueron contra los ellos sin distinciones ni argumentos, solo con obediencia y coraje. 

La desaparición de los fideicomisos no es un asunto de combate a la corrupción. No podemos dudar que ésta exista, como en todos los rincones del país y del gobierno, pasado y actual. En todo caso los fideicomisos están más vigilados que otros ámbitos de la administración pública. De lo que se trata realmente esta medida es de control. El ejecutivo no soporta que alguien más decida, que algo se salga del de la vista de ojo de Sauron. Controlar cada peso del presupuesto y tener el mayor margen de discrecionalidad en su uso es un asunto de poder, no de eficiencia administrativa ni combate a loa corrupción. 

Nadie se quedará sin su apoyo, dice el presidente. Vamos a suponer que es cierto, pero en adelante el alcalde quiera apoyo para su municipio en caso de sufrir un desastre natural tendrá que pedirle el favor a la secretaría de Gobernación o al mismo presidente; el director de cine que quiera apoyo del gobierno para filmar tendrá que pasar por el matiz ideológico del funcionario en turno; quien quiera apoyo para investigar deberá pasar por el tamiz de un Conacyt que cree a pie juntillas que existe ciencia neoliberal y que la función de los científicos no es generar conocimiento sino apoyar la transformación que el presidente tiene en su cabeza.

Es cierto que los 68 mil millones en el presupuesto del gobierno federal son como un cacahuate en el hocico de un cocodrilo: le va a saber a nada, se lo van a tragar sin darse cuenta. Pero la perversidad de la decisión está no solo en el efecto de control que hablábamos arriba sino en lo que desarticula, en las redes que rompe. Al desaparecer estos fideicomisos se les quita independencia real a los centros de investigación, burocratiza los mecanismos de protección a periodistas y defensores de derechos humanos, mina la capacidad de decisión de los municipios en materia metropolitana y en cambio genera relaciones clientelares, esas que con mucho con trabajo y esfuerzo habíamos comenzado a desterrar. 

Matar como se está haciendo a los fideicomisos, más allá de cuáles funcionaban y cuáles no, es una gran salto al pasado y un peligroso paso hacia un gobierno autoritario y unipersonal.

Trump, un peligro para el mundo

Rubén Martín

Donald Trump no es solo un ser humano despreciable por sus comportamientos racistas, machistas, clasistas y vulgares. También parece que el peor Presidente en la historia de Estados Unidos ahora pretende convertirse en un gobernante autócrata y tiránico de la peor ralea.

A pesar de todas las imperfecciones y descomposturas que tiene, el sistema político de Estados Unidos se presenta como la “democracia más antigua del mundo”. Esto a pesar de que la Presidencia de esa nación no la elige el voto popular, sino un Colegio Electoral añejo y viciado que en más de una vez ha dado la victoria a quien no ganó la mayoría de votos, como Donald Trump en 2016 que tuvo 3 millones de votos menos que su oponente demócrata Hillary Clinton. Una de la supuestas razones que el sistema político estadounidense se presenta como democrático es la práctica de las transiciones ordenadas y pacíficas de poder.

Un ejemplo de ello ocurrió en la elección presidencial del año 2000 en la que se enfrentaron el republicano George W. Bush y el demócrata Al Gore y cuya victoria se adjudicó al primero a pesar de que Gore obtuvo más votos populares y a pesar de las evidencias de fraude en el recuento de boletas en estados como Florida. Con todo y estas agravantes los demócratas reconocieron la adjudicación del triunfo a Bush hijo y evitaron un conflicto poselectoral y con ello una crisis política.

En la elección presidencial de Estados Unidos, que se celebrará en tres semanas, todo apunta a que se creará un escenario inédito donde no se tendrán resultados electorales la misma noche de los comicios, como ha sido tradición. De hecho funcionarios de Estados Unidos han anticipado que los resultados finales podrían tardar en conocerse dos o tres semanas, es decir hasta el final del mes.

Este escenario de retraso en los resultados finales se debe a que por el contexto de la crisis sanitaria derivada de la pandemia de COVID-19 muchos electores estadounidense pretenden votar en sus casas y enviar su voto mediante correo tradicional o depositarlo en urnas dispuestas anticipadamente.

El prestigiado show de John Oliver presentó un reportaje donde se explica lo lento y tardado que puede ser el proceso de identificar, autentificar y clasificar los votos de millones de electores que manden su sufragio por el servicio postal.

Varias encuestas indican que la mayoría de los que votarán a través del correo son de tendencia demócrata, porque es la población que también acata más las medidas de distanciamiento sanitario, contrario a los republicanos que haciendo eco de sus dirigentes, con Trump a la cabeza, han mandado mensajes confusos en acatar el confinamiento y la emergencia sanitaria.

De tal modo que se prevé que los primeros votos que se cuenten la misma noche del 4 de noviembre sean los que se saquen de las urnas instaladas para el voto presencial y que eventualmente esas tendencias favorezcan al actual ocupante de la Casa Blanca, Donald Trump, pero que conforme vayan llegando y contándose los votos emitidos a través del correo pueden ser favorables al demócrata Joe Biden.

Consientes de ese escenario, varios periodistas han preguntado a ambos candidatos presidenciales si respetarán el recuento y admitirán los resultados electorales cabalmente. Joe Biden ha respondido afirmativamente, pero Donald Trump ha dado respuestas no solo evasivas, sino que apuntan claramente a que no reconocerá el resultado de la elección, a menos que lo favorezca. Es una postura que tiene el potencial para generar una crisis política de gran envergadura que tenga impacto no solo en Estados Unidos y en el resto del mundo, especialmente en naciones como México y Canadá relacionados por la frontera y amplias relaciones económicas y personales.

De hecho ha sugerido que en lugar de transferencia, podría haber continuidad de poder. “Francamente no habrá una transferencia. Habrá una continuación”, dijo Trump en respuesta al periodista de Playboy Brian Karem (New York Times, 24 septiembre 2020).

No es la única vez que Trump deliberadamente siembra la duda de que aceptará el resultado electoral. Pero además de ello, ha dicho a sus simpatizantes que “La única forma en que pueden quitarnos esta elección es si se trata de una elección amañada”, exclamó durante la Convención Nacional Republicana en agosto pasado.

Dicho este recuento, podemos imaginarnos la situación política que se puede crear la noche de y los días posteriores de la elección: un Trump que se proclama triunfador con datos parciales del resultado electoral, movilizaciones de “triunfo” de sus simpatizantes y el inicio de un conflicto poselectoral una vez que los votos a favor de Biden puedan ir aumentando, y si finalmente los resultados proclamaran vencedor el demócrata, el escenario está puesto para que Trump denuncie trampa y fraude electoral, y se niegue a ceder el poder. Es una maniobra equivalente a un golpe de Estado, pues significa quedarse por la fuerza con la presidencia.

Es cierto que puede ocurrir un triunfo mayoritario y sorpresivo de Donald Trump, tal como el que ocurrió en noviembre de 2016 al vencer a Hillary Clinton.

Pero el mero hecho de que Trump esté amenazando con no dejar el poder y dar este virtual golpe de Estado da idea de sus nociones de democracia y de su deseo de apoderarse de la presidencia de Estados Unidos para beneficio suyo, de sus partidarios y de su base electoral compuesta de supremacistas blancos, racistas, cristianos, católicos, fundamentalistas, terraplanistas y derecha radical. Su amenaza de no dejar el poder desnuda sus pasiones tiránica y autoritarias.

Lamentablemente un conflicto político así no queda encerrado en las fronteras de Estados Unidos. Tendrá repercusiones mundiales tanto en la economía como en la política. En lo económico se pude esperar turbulencias en los mercados y fuertes consecuencias financieras. En lo político, la postura tiránica y autoritaria de Trump, alentará aún más a los grupos extremistas de derecha radical y fascistas. Este es el peligro que genera Trump para el mundo: un renacimiento de un fascismo mundial. El antifascismo es hoy más necesario que en mucho tiempo.

Mario Morena Cantinflas

Jorge Zepeda Patterson

Que un partido político tenga que recurrir a una autoridad externa para realizar sus elecciones internas dice mucho del encono reinante, de su precariedad institucional y de la escasa confianza que les merece a los participantes la honestidad de sus correligionarios. Más aún cuando uno de los candidatos, Porfirio Muñoz Ledo, clama que ha sido robado pese a haber intervenido un árbitro externo (encuestadoras profesionales contratadas por el INE). Algo así como los serbios quejándose de los cascos azules de la ONU porque no les dejan ganar su guerra.

Más allá de la molestia de Porfirio y las razones que le asistan o no, se trata del último de los incidentes de una larga crisis de Morena, un partido fundado para hacer ganar elecciones al lopezobradorismo pero no para gobernar. Y no podría ser de otra manera. Para empezar, debido a su reciente creación todos sus miembros son “chapulines” por definición, brincaron de otro lado. Eso en sí mismo no es un problema. Muchas organizaciones políticas evolucionan, se escinden, se desdoblan. Pero no es el caso de Morena, aunque algunos quieran encontrar en el PRD su versión original. No concuerdo.

Pese a que muchos de sus cuadros derivan del PRD y el propio AMLO fue presidente de este partido (1996-1999), en realidad el lopezobradorismo nunca estuvo cabalmente contenido en la organización política de los llamados Chuchos. López Obrador y el PRD con sus variadas tribus se usaron mutuamente a lo largo de los años, hasta que la fuerza del primero fue tal que pudo construir su propia organización. Pero nunca estuvieron integrados del todo. AMLO sostenía alianzas con otras organizaciones, tenía su propia agenda y construía sus candidaturas presidenciales de acuerdo a su buen entender, no al del PRD. Para efectos del asalto final, Morena se convirtió en una gran arca de Noé en la que tuvieron cabida todos los que pudieran ayudar a remar sin mayor requisito que subirse al barco. La proliferación de especies es, consecuentemente, enorme. Si revisamos el ADN político de los cien candidatos que se presentaron para competir por la dirigencia del partido encontraremos una sopa genética representativa de la clase política mexicana en su conjunto: activistas, empresarios, excomunistas, socialistas, académicos, líderes sindicales, burócratas, tecnócratas, líderes religiosos. En suma, centro, derecha e izquierda; exmiembros de todos los partidos políticos. ¿Por qué tendrían que tener confianza unos en otros?

Otra parte de la explicación es la propia ambigüedad doctrinaria del partido, fundada en torno a un líder, lo cual dificulta la construcción de consensos por parte de las distintas corrientes, como podría suceder en muchos partidos políticos en el mundo. No hay un corpus doctrinario sobre el cual ponerse de acuerdo, porque el pensamiento o la voluntad del fundador es mucho más importante que cualquier agenda institucional. Por supuesto, existen principios fundantes del partido, pero la manera en que se entienden, la intensidad con la que se aplican o la forma en que se relacionan con otros actores políticos depende más de las expresiones del Presidente y de la interpretación que cada grupo quiera hacer de ellas. De allí el cantifleo que se advierte en muchas de las declaraciones de los cuadros del partido: no quieren contravenir los deseos del líder, pero tampoco quieren quedarse fuera de la jugada.

Y justamente este sería otro problema. ¿Cómo interpretar al Presidente? En alguna otra columna lo describía como un hombre plagado de misterios y contradicciones. López Obrador es una suma de ambigüedades expresada siempre de manera categórica: desconfía de la iniciativa privada y es un estatista convencido, pero está dedicado a adelgazar al Estado; un nacionalista genuino pero convertido en amigo del enemigo de los mexicanos, Donald Trump; es un hombre progresista arraigado en el pasado; un luchador social que rechaza cualquier camino que no sea la democracia, empeñado en debilitar a los órganos democráticos; un fiero opositor de los neoliberales pero en materia de finanzas públicas más ortodoxo que los neoliberales; un permanente rijoso que pregona abrazos en lugar de balazos; un hombre inflexible en sus ideas que repudia todo acto de represión; un intransigente que nunca pierde la paciencia; un amante de la naturaleza obsesionado con las energías más contaminantes. En suma, una persona difícil de interpretar. Y además, un hombre que no gusta imponerse, pese a los que creen lo contrario.

Morena tiene muchos de los vicios que tenía el PRI, pero sin el freno que representaba el jefe máximo. Para la mayoría de sus militantes es una agencia de colocaciones y un trampolín de ascenso político, como lo fue el tricolor, pero con un agravante: a diferencia del PRI, en donde el presidente en turno se convertía en tlatoani, López Obrador ha preferido mantenerse al margen. Esto, que es un gesto democrático que se agradece, se convierte por desgracia en un vacío favorecedor del caos que estamos viendo. La tradición dictaba que el Presidente definía al líder del partido en el poder y fungía como árbitro último y definitivo de todas las disputas, ahora no es el caso. El exceso de ambiciones, el contraste de los grupos y la enorme ambigüedad han convertido la disputa en una rebatinga en la que muchas cosas huelen mal.

Ahora bien, lo que está en disputa no es algo menor. La presidencia del partido otorga una influencia que puede ser decisiva en la definición de candidaturas en las elecciones próximas y por lo mismo constituye una fuente de poder importante para la facción que la obtenga. Sin embargo, para nadie es un secreto que esta es la primera escaramuza de la madre de todas las batallas: la sucesión presidencial. Porfirio Muñoz Ledo y Mario Delgado, los dos finalistas para dirigir al partido, responden a proyectos políticos distintos en todos los sentidos, pero sobretodo para efectos de definir al sucesor de AMLO. Delgado forma parte del equipo de Marcelo Ebrard, un político moderado y experimentado, serio aspirante a la Presidencia del país; por su parte, Muñoz Ledo solo se representa a sí mismo, pero ha sido un furibundo enemigo de Ebrard, lo cual lo convierte en aliado tácito de los rivales del Canciller y de los grupos más radicales entre los que se encuentra Claudia Sheinbaum, a quien muchos consideran la preferida del Presidente. Pero las crecientes críticas de Muñoz Ledo al propio López Obrador pondrán a prueba el talante presidencial; una cosa es que no quiera dar manotazos a su partido, otra distinta que esté dispuesto a que se convierta en fuente de ataques a su persona y a su proyecto. Esta historia apenas comienza y, esa sí, no se parece nada a la priista. Veremos.

Equilibrios pandémicos

Pocas cosas más complicadas y controvertidas como tomar decisiones en una pandemia como la que estamos viviendo. La única certeza es la ausencia de ésta, por lo que el camino es siempre a tentaleo, casi a ciegas y con información incompleta, tardía y no pocas veces contradictoria. Así, cada gobierno va sorteando el temporal como mejor considera para mantener el equilibrio entre cuidar la salud de la población, la funcionalidad del sistema hospitalario y la economía -que no es sino la suma de lo que producimos y gastamos todos. Metafóricamente imaginemos a un equilibrista en la cuerda floja mientras hace malabares con tres pelotas que tienen la particularidad de cambiar de tamaño en el aire. El gobierno federal optó por poner un show en otra pista, para entretener al respetable narrando las hazañas del equilibrista, para no dejar un hueco de silencio que pueda generar angustia entre el público. López-Gatell habla todos los días, y a pesar de que va perdiendo la atención de la audiencia por repetitivo y contradictorio, de que comienza a recibir chiflidos y abucheo, no deja espacio para la angustia. El gobierno de Jalisco optó por poner al encargado del circo como malabarista y vocero. Es el propio gobernador quien regularmente comunica cómo van los malabares allá en las alturas de la cuerda floja.

El problema en el manejo de una pandemia como la que estamos viviendo es que no hay principio y fin. Parafraseando lo que dice Dante Delgado de la política, la pandemia no es, va siendo: todos los días es distinta, todos los días requiere ajustar la estrategia, todos los días hay cambios en uno u otro frente que obligan a ajustar la ruta. 

¿Ha sido bueno el manejo de la pandemia en Jalisco? Hasta ahora podemos decir que sí, pero la evaluación final sólo podrá hacerse con la distancia del tiempo. Hasta ahora los datos de mortalidad por cien mil habitantes y los datos económicos son mejores que el nacional y que la mayoría de los estados. Sin embargo, esto puede cambiar en cuestión de días. La decisión de abrir indiscriminadamente e invitar a la población a conocer la Línea 3 del Tren Ligero, la falta de aplicación de medidas en el transporte público, la reapertura de bares y la relajación de medidas en general producto del cansancio de siete meses de anormalidad normalizada han generado alertas de parte de los especialistas. 

El esfuerzo colectivo de siete meses puede venirse abajo en quince días si no tomamos en serio el riesgo. Todos estamos en la misma cuerda que nuestros gobernantes. El equilibrio en cada casa es también precario, por lo mismo requiere que todos tomemos decisiones cada día. Lo que era válido ayer quizá no lo sea hoy y lo de hoy muy probablemente no será válido para mañana. Esa incertidumbre es lo que llamamos nueva normalidad.

La civilización dopada

¿Qué está detrás de las personas que sufren de diabetes y no pueden dejar de tomar “su coca”, a pesar de saber el daño que les hace?. Esto lo hemos observado directamente en muchos casos donde estas personas ya tienen graves daños a su salud por la enfermedad. En el otro extremo: ¿Qué está detrás de los niños que no pueden dejar de ver su celular, las redes sociales, hasta muy altas horas de la noche, afectando su sueño, su tiempo de descanso, su salud? Esto lo sabemos porque es una situación ya muy común. Detrás está la intención corporativa de provocar el placer sacrificando el bienestar, está el diseño de sus productos para generar la adicción.

En la sociedad de hiperconsumo, gobernada por un puñado de megacorporaciones, el objetivo es que los individuos -que en algún momento fueron ciudadanos y ahora son considerados simples consumidores- consuman cada vez más los productos y servicios puestos en el mercado internacional, nacional, regional y local por estas empresas globales. Para que esos productos y servicios puedan venderse y consumirse, cada vez más, se requiere que sean adictivos y fugaces. La maquinaria corporativa requiere que consumamos y que desechemos cada vez más rápido. Ésta es la lógica del crecimiento de la economía, una lógica que se basa en la adicción y en la obsolescencia programada de los productos. De por medio está los daños extremos a los que hemos llegado en salud de la especie y el planeta.

Entonces, el objetivo, en todos los casos, es provocar placer, que ese consumo placentero se vuelva adictivo y generar la confusión en los individuos de que ese placer es la felicidad. De Erich Fromm a Robert Lustig se explica la dimensión del consumo como falsa “felicidad” y cómo el diseño de los productos está dirigido para activar la segregación de dopamina y, así, jaquear nuestra mente desde pequeños, confundiendo el placer con la felicidad. De ahí que se estén formando generaciones fijadas en el consumo de estímulos placenteros mientras se sumergen en la ansiedad e insatisfacción de la vida. No hay tiempo para el silencio, para el contentamiento que perdura, para compartir, es la búsqueda del placer individual que una y otra vez tiene una vida efímera y que cada vez es más difícil de lograr, porque nuestro sistema de recompensa se agota con tanto estímulo.

Una de las manifestaciones más evidentes de este proceso es la sustitución de nuestros alimentos y nuestras culturas culinarias construidas durante milenios y siglospor productos comestibles ultraprocesados dirigidos ya no a alimentar, si no a generar placer. ¿Cómo se ha logrado que desde Nepal hasta la sierra mixteca en Oaxaca los niños sean inducidos al consumo de los mismos productos de las mismas marcas?

En una investigación se le dieron cámaras de video a varios niños de diversas regiones del mundo para que grabaran lo que compraban y consumían. Vea usted el testimonio de dos niñas de Nepal, una situación que se pudo constatar en todos los demás casos: Las imágenes hablan por sí mismas de la penetración y modificación de los hábitos de lo que puede ser explicado como nuestra relación más profunda con nuestro entorno, con la naturaleza: la alimentación.

Tanto en el consumo de comida chatarra y bebidas azucaradas, como de tabaco, alcohol y las redes sociales, el común denominador es su impacto en la generación de dopamina, la llamada hormona del placer. La acción constante de generación de dopamina por un estímulo externo lleva a la adicción. Es decir, la búsqueda repetida y constante de placer, a partir de un producto o de un estímulo externo, provoca adicción.

Como lo comentamos anteriormente, tanto los expertos en el diseño de los productos de las grandes corporaciones de la comida chatarra (Salt, Sugar, Fat. Michel Moss.Random House 2013), como los expertos en el diseño de las redes sociales, de Silicon Valley (The Social Dilemma. Netflix, 2020), han reconocido públicamente dos cosas en común: que lo que han hecho son productos adictivos y que esos productos no se los dan a sus hijos. Es decir, quienes diseñan la comida chatarra evitan que sus hijos la consuman, quienes han diseñado las redes sociales evitan que sus hijos las usen. La razón es que saben muy bien que les hacen daño, que no es fácil dejar de consumirlos y que afectan su desarrollo.

Sí, el dopaje de la comida chatarra ha llevado a la epidemia global de obesidad y diabetes en el mundo, el dopaje del tabaco ha provocado la muerte masiva de 7 millones de personas cada año, el del alcohol se lleva a 3.3 millones de personas anualmente y el de las redes sociales y los videojuegos está provocando epidemias de depresión y déficit de atención en niños y adolescentes, y cada vez más en adultos.

Aparte del diseño adictivo del producto, el hiperconsumo se refuerza con la publicidad aspiracional, con el sentido de pertenencia al adquirir el producto de la marca deseada, al entrar a formar parte de un mundo mostrado como modelo, demostrando que uno no es del todo un excluido. En el mundo de la profunda desigualdad en que vivimos, y de la exclusión en la que se encuentra la mayor parte de la humanidad, en relación al mundo que se ofrece como modelo en la publicidad, el sentido de no ser un excluido se da a través de la ilusión de pertenencia. Se ofrece que la felicidad se puede comprar en una botella de Coca Cola o uno se puede sentir cerca del héroe del deporte calzando la misma marca de tenis, una madre puede sentir cierta pertenencia al mundo feliz de la mujer que aparece en el anuncio de televisión sirviéndole el cereal a sus hijos o el niño que come el cereal sentirse por un momento parte del mundo del Tigre Toño que realiza  extraordinarias hazañas físicas.

Robert Lustig, uno de los científicos norteamericanos más lúcidos en el ámbito de la alimentación y el cerebro, pediatra endocrinólogo, especializado en neuroendocrinlogía y obesidad infantil, de la Universidad de California, publicó el libro The Hacking of the American Mind que lleva como subtítulo “La ciencia detrás de la captura corporativa de los cuerpos y las almas”. Lustig expone cómo, por todos los medios, las corporaciones han venido capturando la mente de las personas induciéndolas a la búsqueda desenfrenada del placer. Detrás de esta estrategia está generar una confusión entre el placer y la felicidad. El objetivo corporativo está en activar la descarga de dopamina a partir del consumo de los productos y servicios que están diseñados y dirigidos a provocar esa sensación fugaz de placer. Desde las personas con diabetes que no pueden dejar la Coca Cola, hasta los niños, adolescentes o adultos que no pueden dejar el videojuego o las redes sociales sacrificando sus horas de descanso, encontramos el efecto de los daños masivos causados por el dopaje de las corporaciones. Y esta es no es nuestra conclusión, proviene de los mismos diseñadores de esos productos.

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