(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
Urge un cambio para las políticas de seguridad locales.
Tanto estados como municipios no deben estar al margen de los vientos de cambio
que está impulsando el presidente López Obrador en esta materia, y mucho menos
dejar que la Guardia Nacional venga a solucionar todos nuestros problemas. Eso,
por donde se le vea, sería un terrible error que abortará cualquier esfuerzo
que se haga desde el nivel central, como ya sucedió en el gobierno de Felipe
Calderón Hinojosa, que primero se puso a sacar al Ejército a las calles en
contra del crimen organizado, y después se puso a resolver el gravísimo
problema de las policías locales; mejor dicho, los problemas, en plural, porque
son muchos los asuntos que deben resolverse en lo local, sobre todo la falta de
capacitación de los uniformados, la falta de certificación, someterlos a los
programas de control y confianza, entre otros aspectos.
Si estados y municipios insisten en seguir como hasta ahora,
serán parte del problema y no parte de la solución.
Y si lo dudamos, veamos cómo por un lado bajan los
homicidios, pero por el otro lado aumenta el secuestro a niveles alarmantes. Y
ya no sabemos qué es peor, que se maten entre ellos, o que la tomen contra la
sociedad civil, porque un secuestro atenta contra la gente que no tiene nada
que ver con grupos delincuenciales, sino que se les utiliza precisamente para
sostenerlos.
Era lógico que esto pasaría. A mayor presencia de la Guardia
Nacional, inhibiendo la actividad delincuencial, entonces aumentarán los
delitos que se puedan hacer en lo oculto, y el secuestro se presta para ello.
De ahí que sean las policías estatales y municipales las que
deban activarse en la disuasión de los delitos, en lugar de estar esperando a
que la Guardia Nacional venga a hacerles el trabajo.
El deterioro de la seguridad es sumamente alarmante. De
acuerdo con la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública (Inegi, 2019), el
76.8% de la población se siente insegura. En ciudades como Cancún, Tapachula y
Villahermosa, la situación es terrible. Estos municipios habían sido gobernados
por el PRI y el PRD, pero ahora son gobernados por Morena y las cosas no han
mejorado. Lo mismo sucede en Acapulco y Chilpancingo, uno en manos de Morena y
otro en manos del PRD.
Sabemos que esto no es nuevo, claro. No se puede decir que a
la llegada del gobierno federal de Morena, todo comenzó a deteriorarse, porque
sería mentir. La inseguridad viene de tiempo atrás y es uno de los principales
retos de esta administración. Al contrario, de parte del presidente de la
República ya se está actuando en consecuencia, con la creación de la Guardia
Nacional, cuyas leyes secundarias todavía están a discusión, ¿pero qué están
haciendo los gobiernos estatales en esta materia? Nada. Siguen con sus policías
raquíticas, mal formadas y mal equipadas.
Hace falta mayor compromiso de los gobiernos locales, sin
duda, y no se ve por ningún lado. El mejoramiento de la seguridad requiere una
mayor inversión en recursos. Las condiciones de las policías estatales y
municipales es muy deficiente, y eso lo reconocen ellos mismos.
Un estudio del Inegi que data del año pasado revela que los
policías laboran, en promedio, 70 horas a la semana, con ingresos apenas
suficientes para satisfacer las necesidades básicas de sus hogares (67.4%);
tienen poca formación, pues el 25.9% no recibió cursos de formación inicial; el
nivel educativo promedio de educación media superior; tienen sobrepeso (52.2%)
u otro tipo de afectaciones a su salud (18.4%) e incluso ellos deben poner de
su bolsa para la compra de equipo de trabajo y de su uniforme (42.3%).
En resumen, tenemos policías con una gran carga de trabajo,
bajos ingresos, poco capacitados y salud deficiente.
Pero si nos vamos a los estándares internacionales, nos va
peor, porque en México se tienen pocos policías. Por ejemplo, hay 236.2
policías por cada 100 mil habitantes, pero la recomendación de la ONU es que
haya por lo menos 300 policías debidamente capacitados, para esa cantidad de
personas.
En cuanto al nivel de confianza de que gozan policías estatales
y municipales, son las peores evaluadas. 55 por ciento de la gente no les
tienen confianza, y sólo cuatro de cada 10 personas consideran efectivo su
desempeño.
¿Por qué insistimos en esto? Porque la tarea de las policías
municipales es fundamental, porque son el eslabón más importante del sistema de
seguridad de nuestro país debido a que son los más cercanos a la ciudadanía.
Pero parece que lo han olvidado.