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La #TransformaciónParticipativa

Armando Ríos Piter

La transformación del país será participativa o simplemente no será. Dado que La gran participación del 2018 exigió una transformación de fondo. Cansados de la vieja forma de hacer política, millones de mexicanes salieron a votar con el fin de impulsar un cambio. Una sociedad más consciente, informada, comunicada y organizada manifestó un contundente ya basta. Con ello, entregó a López Obrador el bastón de mando para redirigir el rumbo nacional.

Como respuesta a esta exigencia, el nuevo gobierno propuso una “cuarta transformación”, que en su dicho tendría la profundidad de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Desde entonces, un amplio despliegue propagandístico, aderezado con fuertes símbolos que contrastan con el pasado, han marcado la forma en la que AMLO y su equipo han intentado dar cauce a la exigencia social de hace unos años.

Sin embargo, en los hechos que afectan la vida cotidiana de madres solteras, vecinos, comerciantes, por solo mencionar algunos, la mayoría de las decisiones y políticas públicas han quedado -como siempre- sujetas al mandato de unos cuantos. La mayoría de las decisiones se toman de la misma forma en la que lo hicieron los gobiernos predecesores, sin generar un diálogo que construya de manera circular propuestas y soluciones, sin un diagnóstico compartido ni la participación de todos los puntos de vista.

En lugar de aprovechar el potencial de millones de personas, se limitan las capacidades. La improvisación e incluso la soberbia de los pocos que toman decisiones, profundiza el riesgo de cometer errores, incrementa las tensiones a falta de conciliación y desencanta ante la insuficiencia de resultados. Vivimos un momento de transición, donde una sociedad que aspira a convivir y organizarse de una forma mucho más horizontal, sufre del verticalismo gubernamental que no logra visualizar la evolución de lo preestablecido.

En el caso de la CDMX, el gobierno central, las alcaldías y el Congreso Local reproducen estas fallas. Ante el drama de la pandemia, han dado muestra de una nula capacidad de consensuar nuevos mecanismos que involucren a la sociedad para construir respuestas. En el ámbito económico, el cierre de negocios da muestra clara de este drama. De las 345 mil empresas que existían en 2019, en 2020 sólo sobrevivieron 224 mil. El grito de restauranteros, meseros, cocineros con el #abrimosomorimos ha dado muestra del grado de emergencia que vive la actividad económica en el centro del país, donde el cierre de tiendas, centros comerciales, escuelas, gimnasios, estéticas, entre otros, ha significado la pérdida de miles de empleos. ¿No podríamos organizarnos mejor para enfrentar el problema?

Estoy convencido que sí, pero necesitaríamos propiciar una acción colectiva, con propuestas de todos los actores, no solo con la decisión de unos cuantos burócratas o líderes políticos. Todos los sectores afectados deben involucrarse de manera decisiva.

Si dos cabezas piensan mas que una, imaginemos lo que lograríamos con mil o un millón de ellas involucradas. Hoy que existen nuevas herramientas tecnológicas, seguir esta ruta es lo único que hace sentido para enfrentar los nuevos retos.

Hoy podemos convocar a una transformación participativa porque la sociedad cambió y el centro del poder hoy lo tiene la gente. La nueva forma de informarse, comunicarse y organizarse gracias a mecanismos como el whatsapp da cuenta de ello. El despliegue que han logrado las mujeres o los restauranteros con acciones que rebasan las capacidades institucionales tradicionales, es testimonio de esa nueva fuerza.

Por eso afirmo que la transformación será participativa o no será. Hoy debemos involucrar a todas las voces, escuchar las propuestas de quienes sufren los problemas y pensar juntos cómo enfrentar la crisis económica que vivimos en la CDMX, así como en todo el país.

La nueva era implica tener una consciencia diferente sobre nuestra vida en comunidad y el compromiso que tenemos con los demás. Las herramientas que nos ofrece la tecnología, nos permitirá trabajar mano con mano, con solidaridad y género-sidad para lograr una nueva economía del cuidado, donde todos cuidemos de todos.

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