SERAPIO

JORGE LUIS REYES LOPEZ

​​a Ruth Tamayo: gracias por tu generosidad del espacio

​“Los amigos así, como tú, como yo, de toda la vida. Pocas veces se ven, como tú, como yo, y nunca se olvidan…”

​La voz de José Luis Rodríguez González, El Puma, cantando la circunstancia que prevalece entre dos amigos, golpea la cabeza de Serapio, como si tuviera un amplificador invisible que abraza toda su existencia. Solo acierta a raspar el suelo con la punta roma de un bordón que usa para auxiliarse cuando sube la cuesta del cerro hasta llegar a la sombra de un jovero, desde donde su mirada abarca la bahía plenamente, hasta los recovecos que la bordean. Se sienta en el suelo, en medio de dos gruesas raíces. Dejando descansar su espaldaen la base del tronco del frondoso árbol. 

Miércoles y sábado sostuvo conversaciones que le dieron la oportunidad de ver el alma del amigo. ¿Cómo será ese lugar llamado Ixtlahuahuey, en el municipio del Cabo Corrientes, en el estado de Jalisco? Se pregunta si el presente del pueblito será tan parecido al Zihuatanejo de por allá de 1940. Quizá la diferencia más marcada sea la altura sobre el nivel del mar. Ese lugar de Jalisco alcanza los 640 metros, mientras que el centro de Zihuatanejo puede variar desde cero hasta unos pocos metros. Con 27 años de edad Justo llegó de Ixtlahuahueya Zihuatanejo. Precisa que fue un 28 de febrero de 1979 más claramente un día miércoles de hace casi 47 años. El muchacho casi tenía los 27 años. Hoy ronda los 74 años. Había nacido un 24 de julio de 1952. Antes de llegar a Zihuatanejo, Justo Rodríguez Castillón trabajaba como auditor del hotel Holiday Inn, Ixtapa, comandado por el armenio Henry S. Berberian, y como subgerente Samir Saab. Era la época dorada de las relaciones interinstitucionales entre el sector hotelero y la presidencia municipal administrada por el arquitecto Armando Federico González Rodríguez, en su primer periodo. Para el 30 de mayo, tres meses después de su llegada, une su vida con María de Jesús, en conversación telefónica con su mamá le dijo “conocí a la mujer con la que me voy a casar” aún antes de si quiera haber echo la propuesta matrimonial, permaneciendo unidos hasta el día de hoy. 

Su verdadera pasión ni el la sabía, ciertamente no era la hotelería. Sin tener conciencia plena de que su destino estaba escrito en los libros de los grandes formadores de ciudadanos, de educandos, solía ser un lobo solitario practicando Karate por las tardes en la Unidad Deportiva, después del ajetreo laboral diario. Se había iniciado en las artes marciales en el occidente del pacífico mexicano alcanzando el grado de cinta verde. Pronto conoce a un compañero de trabajo, un barman, que más tarde se tituló como odontólogo: el doctor Barragán. Este colega le permitió practicar en la escuela de Karate que dirigía, situada en la casa de Natividad Blanco Espinoza, ubicada en la esquina de las calles de Antonia Nava y avenida Cuauhtémoc, en el centro de la ciudad. La vida continua y el tiempo sigue su ruta infinita. Nada lo detiene. Cabalgando a lomos del tiempo, la vida de justo avanza. Así es como regresa a la Unidad deportiva a practicar. Pronto surgen alumnos espontáneos con los que forma su primer grupo de karate. Esas clases eran gratuitas. Un buen día es invitado al Centro Para el Adiestramiento de la Industria Hotelera (CAPIH), del Instituto Mexicano del Seguro Social, para que charlara sobre el tema Auditoria hotelera. Así conoce a Amparo Batani directora del centro. La visión de Justo le permite aprovechar la coyuntura para solicitarle al presidente municipal su intervención para poder tener un espacio donde enseñar gratuitamente. El presidente accede y la señora Batani también. Ahí inicia otro ciclo de su inquieta vida de educador. Ese lugar es hoy una guardería del IMSS. Ocho meses después, al terminar la administración municipal, las puertas se cerraron para toda actividad deportiva y cultural. Entonces el SenseiJusto, el maestro, el instructor, “el que ha nacido antes, el que ha recorrido el camino”, se reinventa y se traslada a la calle de Ignacio Manuel Altamirano y establece su primer grupo de veinticinco jóvenes, a los que les cobra una mensualidad. Cada mes viajaba a México Distrito Federal a tomar clases con el profesor Antonio MárquezLópez, cinta negra, séptimo dan, en su dojo de avenida Coyoacán 515 altos. Era el club Okinawa Karate Do. Pasa los exámenes de cinta azul, y en el año de 1980 obtiene la cinta café. Dos años más tarde, en 1982, obtiene el primer dan cinta negra. La primera generación de alumnos hizo su promoción de grados desde cinta blanca, hasta cinta naranja, en el año de 1980. Ya tenía la autorización para aperturar como Club Okinawa Karate Do. La celebración fue en la explanada del antiguo hotel Zafari, en donde antaño estuvo el bar. Esa camada por primera vez asistió a un torneo nacional en el gimnasio Juan de la Barrera en México D.F. Al siguiente año se realiza el primer torneo nacional de clubes Okinawa en Ixtapa, en el hotel Kristal, y durante los siguiente catorce años continuo la tradición. En 1995 crea su propia organización denominada Shibana Karate Do, en honor del Sensei japones Choshin Shibana. Su hijo Justo Alberto fue medalla de plata en la olimpiada de 1994 en San Luis Potosí; En la olimpiada del 2019, Patricio Melero, nieto de la arquitecta Socorro Aguado, obtuvo medalla de plata. El año pasado 2025, Anette Catalán Barrientos obtuvo el bronce en el torneo internacional Jhon Lee, celebrado en Monterrey Nuevo León, ganando el derecho a participar en la justa de Venecia Italia, sin embargo, los tiempos rebasaron su limite de edad quedando así imposibilitada para asistir. 

Justo es un educador, de esos que lo traen en su ADN. Es, no solo su pasión, es su vida misma. Dio clases en  CETIS, en el CONALEP, y actualmente en la Preparatoria #13 de la UAG. Su búsqueda de conocimiento no para. Obtuvo la licenciatura en pedagogía y la maestría en cultura física y deporte. Sus inquietudes lo llevaron a colaborar en la administración municipal de Eric Fernández Gómez.

Nunca ha tenido conflictos callejeros, ni necesidad de hacer uso de su conocimiento de artes marciales para defenderse. Recuerda que las batallas están en el interior de cada hombre, y que en karate la mejor batalla es aquella que no se celebra.

“Me da gusto decirlo, en esta tierra vive un amigo. Tu ya sabes que sí, que en ti y en mi hay un parecido. Aunque a veces por ir y venir por ahí no somos los mismos. Los amigos así que no se ven muy seguido, cuando nos encontramos lo festejamos ¡vente conmigo!…”. No es frecuente ver al amigo aun viviendo en la misma ciudad. La voz del Puma y la letra me estremece: “Nuestra vida es así, viajar, cantar es nuestro destino”. Si, lo oí cantar el 24 de diciembre por la noche. Me causó un grato asombró su enorme valentía ante los contratiempos que la vida tiene. “A veces llorar, a veces reír, seguir el camino”. A llorado la perdida de seres amados, y a reídoante las alegrías que da la vida, y el Sensei no deja de caminar siguiendo su camino. “Nuestra vida es así, ganar, perder, es siempre lo mismo”.  Nada cambia, pero todo es movimiento, “Y al final los amigos no se olvidan de sus amigos. ¡Imposible hacerlo! No con un amigo como el Sensei Justo Rodríguez Castillón”. “Cuando nos encontramos lo festejamos ¡Vente conmigo!”. ¡Ven pronto a casa amigo, necesitamos festejar Sensei!.

Bendito Dios por habernos concedido la dicha de reunirnos de nuevo en casa y juntos poder celebrar.

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