(Misael Tamayo Hernández, in
memóriam)
Hablemos, amable lector, de un tema que tendrá enorme
importancia este año, y es el juicio de Genaro García Luna.
En su primera comparecencia ante la Corte de Nueva York, el
exsecretario de seguridad se declaró inocente, y se iría a un juicio que
determinará si es culpable o no de los delitos de los que se le acusa, juicio
que todo México está esperando.
Pero ayer trascendió que en realidad Genaro maniobra para
negociar su declaratoria de culpabilidad; es decir, que espera beneficios a
cambio de declararse culpable y, por lo tanto, facilitar el trabajo del jurado
que revisará las pruebas en su contra ya como un mero trámite, pues una vez que
una persona acepta los cargos que se le imputan, lo que queda es solamente
revisar las condiciones de su condena.
Pero, obviamente, Genaro no está dispuesto a facilitarle el
trabajo a ese nivel a la Fiscalía de los Estados Unidos, sino es a cambio de
ciertos beneficios.
Cita The New York Times: “Los documentos judiciales
presentados hoy (este lunes) en la Corte del caso de Genaro García, acusado de
tomar millones del Cártel de Sinaloa, confirman que participa en negociaciones
de declaración de culpabilidad para resolver su caso con los fiscales federales
en Brooklyn”, señaló el periodista Alan Feuer en su cuenta de Twitter.
¿Qué beneficios busca Genaro? No está claro qué quiere, pero
lo más obvio es que no quiere él o sus compinches que haya un juicio abierto,
cuyos detalles tendrán que darse a conocer.
Al declararse culpable, decíamos, lo que sigue es un mero
protocolo de sentencia. Y si esto sucede, difícilmente conoceremos los
entretelones por los que Genaro García Luna fue el hombre más poderoso en
materia de seguridad en los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón, y cómo
durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se convirtió en un acaudalado
empresario, cuyas firmas recibieron dinero de varias secretarías del gobierno
peñista, entre ellas la que dirigía el senador Miguel Ángel Osorio Chong, la
Secretaría de Gobernación, algo que todavía investiga la Unidad de Inteligencia
Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Refiere el documento citado por el periodista Alan Feur:
“Estados Unidos de América y el acusado solicitan conjuntamente que el
periodo del 3 de enero de 2020 al 21 de enero de 2020 sea excluido del cálculo
del periodo en el que el juicio contra defendido debe comenzar.
“Las partes solicitan que se excluya el periodo
anterior porque están celebrando negociaciones sobre la declaración de
culpabilidad, que pueden dar lugar a una resolución de este caso sin juicio. Y
requieren una exclusión de tiempo para centrar los esfuerzos en las
negociaciones de la condena sin el riesgo de que, a pesar de su diligencia, no
dispongan de un tiempo razonable para la preparación efectiva del juicio”.
Ahí está la explicación. Genaro se va a autosacrificar. El
suyo es un suicidio judicial y lo está haciendo para proteger a quienes fueron
sus cómplices y socios en su meteórica carrera como el jefe policiaco federal
de la era panista, en la cual fue liberado El Chapo Guzmán del penal de Puente
Grande, Jalisco, para retomar el control del Cartel de Sinaloa.
El Chapo le habría dicho al general Arturo Acosta Chaparro,
cuando Felipe Calderón lo mandó a negociar con todos los jefes de los cárteles,
que su libertad le costó 20 millones de dólares, que fueron a parar a las manos
de Vicente Fox, según se relata en unos de los libros de Anabel Hernández, la
periodista que siempre estuvo señalando a García Luna como el verdadero capo
del país, el que les cuidaba el negocio sucio a Fox y Calderón.
Al declararse culpable, no habrá juicio para Genaro, sólo
sentencia.
Y entonces, si esperábamos que éste echara de cabeza a sus
patrones, Vicente y Felipe, nos quedaremos esperando.
Ante la sociedad, será como si Genaro hubiese actuado solo,
por su cuenta, a sus anchas, sin el conocimiento de sus patrones, los
presidentes de la República que le dieron un poder plenipotenciario.
Debe haber mucho excremento debajo de la punta de este
iceber llamado Genaro García Luna, como para que el hombre fuerte del
calderonato decida que se le condene sin un juicio justo, como es su derecho.
Entiéndase, que aunque ya le incautaron sus cuentas, y
posiblemente le incauten sus propiedades, sus familia está de por medio.
Y más que reducir las sospechas, su decisión las aumenta. Si
Genaro hablara, medio México caería. Pero no sólo funcionarios, jefes
policiacos y militares sino también empresarios. Y entonces entenderemos que el
Cartel de Sinaloa no era El Chapo, ni ninguno de sus jefes, sino que se trata
de una empresa trasnacional, que opera en la ilegalidad, pero que involucra a
muchísima más gente que en este momento opera en la legalidad, y cuya secrecía
es fundamental para el futuro de la organización.