(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
Por fin, la Asociación de Secretarios de Turismo de México
(ASETUR), puso en marcha un plan preventivo ante la amenaza que representa el
eventual arribo del coronavirus al país.
Apenas este lunes, a 5 días de que la OMS declaró alerta
mundial por el coronavirus de Wuhan, China, que ya se expandió a más de 20
países, los encargados de la promoción y del desarrollo turístico de México se
reunieron para tomar decisiones al respecto.
No obstante los riesgos que nuestro país muestra, por ser
una potencia turística, y por tener relaciones comerciales con los países del
lejano Oriente, parece que las autoridades de este país ni sudan ni se
abochornan, ante lo que será inevitablemente una pandemia.
Cuando hablamos de pandemia, nos referimos a una enfermedad
que va más allá de un brote o de una epidemia, y que se extiende a muchos
países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región, como
está sucediendo en China, donde ayer se notificaban cerca de 20 mil infectados
y más de 300 muertes.
A los familiares de las víctimas del coronavirus, por
cierto, ni siquiera se les está dando la opción de velar a sus difuntos, sino
que por orden del gobierno estos son incinerados irremediablemente.
Así de grave es la situación. Y lo peor es que se están
divulgando el resultado de una investigación realizada por infectólogos de
India, en la que señala que el coronavirus de China tiene muestras de que es en
realidad una recombinación con el VIH, virus que provoca el SIDA, lo cual
señalan que su aparición y propagación no fue algo fortuito, sino que fue algo
creado en un laboratorio con fines de ser usado como arma biológica.
Aunque de esto, desde luego, no hay mucho en los medios
formales, tarde o temprano los expertos tendrán que explicar cómo y cuándo
surgió este virus, que vino a sorprendernos en el inicio de este año 2020.
Entre tanto, China llegó al límite de su capacidad de
atención a las víctimas, pues aunque ya construyó un hospital y está en proceso
otro, se le agotan las reservas de máscaras y equipo de aislamiento, por lo
cual está pidiendo ayuda a todas las naciones.
Y eso también nos muestra la gravedad del problema, y nos
permite discernir que no se nos está informando toda la verdad.
Por lo tanto, es urgente que nuestro país tome medidas
contundentes de control, como lo están haciendo países como Estados Unidos y
Francia, quienes están cuarentenando a todo visitante que llega desde China,
sobre todo si estuvieron en la provincia de Wuhan.
Frente al titular de Turismo, Miguel Torruco Marqués, los
secretarios del ramo en los estados coincidieron en que se debe establecer un
protocolo general para todo el país, en el que también participen los
prestadores de servicios turísticos, agencias de viajes, líneas aéreas y
navieras, pero sin causar pánico.
La verdad que en ocasiones coincidimos en que el pánico es
innecesario, pero la experiencia demuestra que sólo ante el miedo la gente
actúa. Cuando surgió el cólera a inicios de a los años 90 en el país, el miedo
a la muerte arregló muchos problemas que tenía este país, como el regar frutas
y verduras con aguas negras, pero también que la gente no tenía un control
adecuado de estos productos en sus hogares.
Incluso, recordamos que por aquella época podíamos beber
agua de la llave directamente, sin tener que hervirla. Fue en aquella época
cuando se recomendó comprar agua purificada, y entonces proliferaron las
empresas purificadoras del vital líquido, propio para consumo humano.
En los ranchos la gente comenzó a construir sus letrinas y a
dejar de defecar al aire libre.
Y todo eso se consiguió en cuestión de meses, tan sólo por
el temor al cólera.
Hoy, la gente debe ir haciendo conciencia de los síntomas
del coronavirus, y una vez que se detecte el primer caso en este país (ayer se
tenía otro caso sospechoso en Jalisco), entonces todos comenzar a ser parte de
la solución, en lugar de ser parte del problema.
Ante cualquier síntoma, la gente debe actuar y dejar de
automedicarse.
Los controles son necesarios, pero lo son más los hábitos
preventivos. Estos hacen la diferencia entre un brote, una epidemia y una
pandemia.
En tanto no haya una vacuna contra el coronavirus de China,
todo lo que hagamos al respecto queda pequeño, pues todavía no se conoce la
magnitud de la infestación.