Don Timoteo, 51 años moldeando barro y resistencia en Atoyac

Cuauhtémoc Rea Salgado

Atoyac de Álvarez— Aunque las ventas de tabique y adobe han disminuido hasta en un 60 por ciento, don Timoteo Rodríguez López se niega a abandonar el oficio que durante décadas le permitió sacar adelante a su familia. A sus 80 años, continúa trabajando el barro con la misma dedicación de siempre. “Ya no es lo mismo, pero me gusta hacerlo”, dice con una sonrisa cargada de nostalgia.

En la colonia Pindecua se encuentra su hogar, un espacio donde el tiempo parece medirse por historias y recuerdos más que por calendarios. En un rincón conserva dos pantalones y un cobertor que trajo consigo en 1972, prendas que no guarda por simple apego, sino porque representan el inicio de una nueva vida lejos de su tierra natal.

Don Timoteo nació en 1946 en San Juan Omiapa, municipio de Tixtla de Guerrero. A los 13 años dejó su comunidad para buscar trabajo y apoyar a su madre, Matilde López Tircio. Sin un destino fijo entre Acapulco y la Ciudad de México, el camino lo llevó finalmente a Atoyac, lugar que adoptó como su hogar definitivo.

Sus primeros años no fueron sencillos. En San Juan de las Flores encontró empleo en una huerta de café gracias al señor Manuel Díaz. Ganaba apenas dos pesos con cincuenta centavos, pero era suficiente para enviar algo de ayuda a su madre. Más adelante, participó en la construcción de una vivienda de adobe junto a Acripiano Castro y Josefina León, experiencia que marcaría el rumbo de su vida.

Desde entonces, durante 51 años, sus manos han dado forma al barro para convertirlo en tabiques y adobes. Con ellos se han levantado casas, escuelas y bardas en distintas comunidades. Cada pieza representa no solo trabajo, sino también confianza y esfuerzo compartido.

Hoy, lejos de pensar en el retiro, don Timoteo y su familia han decidido donar tabique para la construcción de un tanque elevado en la colonia Pindecua, donde existe un venero de agua. Para él, no se trata de caridad, sino de gratitud hacia la comunidad que le permitió construir su historia.

En medio de la modernidad y los cambios en la construcción, don Timoteo sigue moldeando barro, pero también ejemplo y perseverancia.

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