Madián Jiménez
Amanecía en Acapulco, un día medio nublado con pronóstico de lluvia. Pero desde muy temprano, las mochilas y bolsas llenaban el vehículo para dirigirse a la pequeña escuela ubicada en la colonia “Fuerza Aérea”. La adrenalina corriendo por las venas auguraba un día caluroso de sensaciones y emociones.
En la escuela esperaban atentos, 50 niños, maestros y algunas madres de familia a quienes, por un pequeño gesto, se les dibujaba una sonrisa en el rostro.
Sonó el timbre y niños entre 6 y 12 años salieron de sus aulas para reunirse en la cancha de la escuela. Después del protocolo, compartimos con ellos, una breve charla acerca de valores y todos participaron de una dinámica en relación al mismo tema.
Llegado el momento, uno a uno, niños y niñas fueron desfilando para recibir una mochila o una bolsa con útiles escolares, que hacían brotar una sonrisa de gratitud de sus rostros infantiles, pero que también producían inmensas sonrisas en nuestros corazones.
Al ver lo mucho, que lo poquito que hacemos, puede lograr, cobra sentido la frase: “Cambiemos el mundo, una sonrisa a la vez”.
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