México y su desventaja competitiva
El TLC y ahora el AUMEC o USMCA (en inglés), además de
tener acrónimos imposibles de pronunciar, tienen su lado oscuro para México.
Como País, una cosa es perseguir una ventaja competitiva y la otra es
invertirle, a lo que podría llamarse, desventaja competitiva.
México es, en buena medida, un país de subcontratistas,
por lo que la maquila debería ser sólo una parte o una fase del plan de
desarrollo, pero no su destino. Eso de que nos tuvo en vilo la negociación del
tratado con EUA, influido por las ideas y voluntad de una sola persona (el
Presidente en turno), es una muestra de la dependencia que tenemos y de que el
modelo que hemos seguido ha sido inadecuado y/o insuficiente.
No todas las inversiones extranjeras son “buenas o
malas”, el caso es que hay unas mejores que otras, si se consideran bajo
la perspectiva del corto y el largo plazo.
La maquiladora genera empleos en el corto plazo, aunque
mal pagados, o por lo menos se mantienen lo suficientemente bajos para seguir
atrayendo inversiones; pero el costo para el País en el largo plazo es enorme.
Es que el valor ya no está en la maquila ni en la
manufactura; el valor migró hacia las marcas, el canal de distribución, el
diseño y la propiedad intelectual.
Hemos aceptado, con la ilusión de “progreso”,
que otros países desarrollados nos mantengan dependientes y tomados. Mientras
nosotros hacemos lo que menos valor tiene, ellos se reservan, o se llevan, los
salarios altos, el talento, la propiedad intelectual, el control de la cadena
de distribución, las utilidades y así sucesivamente.
Ya no es la era del productor y menos la del maquilador.
Bajo el escenario actual, si a una marca extranjera le va mal, digamos General
Motors, Volkswagen o Carrier, nos termina afectando. Los que estamos atrás,
invisibles en el back-office, estamos colgados de ellos y sólo nos resta
padecer los embates de su mala gestión y/o de la erosión de sus marcas.
Somos de los países más invertidos en la producción de
autopartes y ensamble, pero no hemos sido capaces de sacar una marca nacional o
no se diga internacional.
A México no le conviene competir como maquilador; la
escala subordinada no debe ser nuestra fortaleza. Lo que conviene es crecer en
nichos especializados donde se tengan elementos diferenciados y de propiedad
intelectual.
Viene al caso recordar lo que dijo el Embajador anterior
de Corea en México, Seong Hoa Hong. Cuando le preguntaron: ¿Qué piensa de que
los coreanos usan los bajos salarios de México para manufacturar y exportar
desde nuestro País llevándose las ganancias?
El Embajador, muy tranquilo, contesta: “Corea fue un
país maquilador y nosotros evolucionamos y cambiamos el rumbo. Los mexicanos
tienen que hacer lo mismo”. Todos los ahí presentes, guardamos silencio
mientras el coreano se servía un vaso de agua.
Además de su gran inversión en educación (un proyecto de
casi 30 años), los coreanos seleccionaron cinco industrias detonadoras:
astilleros, automóviles, químicos, industria pesada y electrónica, y ahora son
líderes en todas. Los mexicanos tendremos que escoger las propias.
Japón, Taiwán y Singapore también fueron maquiladores,
pero ya dejaron ese modelo atrás y por el mismo camino andan los chinos.
En símil, la riqueza en reservas petroleras debería ser
una fortaleza y una palanca de desarrollo pero en muchos países acaba por ser
una maldición. Es que los países petroleros se diseñan y se configuran
alrededor de sólo un ángulo competitivo que subsidia y atrapa en un ciclo a la
nación.
No debe pasar lo mismo que ya nos pasó con el TLC y ahora
con el AUMEC. El tratado comercial ayuda en la medida en que México convierta
la maquila en palanca.
La estrategia de país aún está por articularse.