Influencias
Bienvenido a “El Sistema”. Ése que te regula,
que te dicta costumbres, que te dice cómo vestir, cómo vivir, cuánto trabajar y
cuándo retirarte; entre otras cosas.
El sistema se esconde a plena vista pero te engulle hasta
el final de tus días, te atrapa y no te suelta. Para el sistema eres, soy,
somos, un insumo enfocado a la producción especializada, se alimentará de la
fuerza de tu juventud hasta que envejezcas, para luego reemplazarte. Te pedirá
que trabajes de lunes a viernes, de 9 am
a 7 pm, durante 50 semanas al año y descansarás 2; te retirarás a los 65 años y
más vale que te alcance para el retiro.
Apabullados por el sistema, pareciera que las personas
traemos perdida nuestra vocación, la buscamos a diestra y siniestra pero nada.
Vocatio en latín significa “llamado, voz”, pero el bullicio, los
roles predeterminados y el acelere urbano nos impiden escucharlo.
La mejor herramienta que tiene el sistema es la ilusión
de control que nos proporciona y la supuesta autodeterminación. ¿Somos, nos
definen, o nos autodefinimos? ¿Existe el libre albedrío?
Podría decirse que existe el libre albedrío siempre y
cuando sea dentro de un marco preestablecido, como si fuera el guión de una
película que espera desdoblarse.
Se requiere de audacia y sobre todo de valor para romper
con el guión, con la existencia no cuestionada.
Lo primero es reconocer las fuerzas que están
sobreimpuestas a nuestra voluntad, de manera consciente o inconsciente. En el
mejor de los casos nos influyen, en el peor nos dominan.
Se podría empezar hablando del ambiente de una era,
también conocido como Zeitegeist: espíritu (Geist) del tiempo (Zeit), el cual
se refiere al clima intelectual y cultural de cierto tiempo.
Por otro lado, Jung hablaba de un inconsciente colectivo.
Así como existe el subconsciente personal, existe uno colectivo que se trasmina
y se asienta en la sociedad.
También están los arquetipos, que podrían definirse como
instintos psíquicos que nos predisponen o condicionan alrededor de las
experiencias humanas típicas.
Luego viene el meme; pero no de los que circulan por las
redes sociales de manera temporal y superficial. Según R. Dawkins el meme es la
unidad teórica de información cultural transmisible de un individuo a otro y de
una generación a la siguiente. Los memes también se replican, como si fueran
una especie y tuvieran vida propia.
Está también la corriente psicológica donde Freud resalta
las influencias desde la infancia, Adler se enfoca en la compensación y
búsqueda de poder, Frankl en la búsqueda de sentido, Skinner en los
reforzamientos positivos y negativos.
La influencia más controversial tiene que ser la
neurobiológica. Esta corriente afirma que nuestros genes son destino. Pinker,
psicólogo de Harvard, afirma que “es una falacia pensar que el hambre, la
sed y el deseo sexual son biológicos, pero que la capacidad de raciocinio, la
toma de decisiones y el aprendizaje no son biológicos”. En este caso el
guión está determinado por la genética.
En medio de la confusión que podría generar esta amalgama
de influencias, considero que el conocerlas obliga al final a tomar una actitud
o postura ante ellas. Independientemente de corriente en la que creamos o no,
el caso es que, dependiendo de la variable y su grado de influencia, se verá
impactada nuestra percepción de la realidad.
Se convierte entonces en un tema existencial: entre más
mi vida se pueda explicar por los cromosomas, por lo que mis padres hicieron o
dejaron de hacer, por las vivencias de la infancia; más mi biografía será la
historia de una víctima.
Saber el camino no es lo mismo que andar el camino; mejor
andar y, con suerte, lo entenderemos.