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Editorial

A 100 años del Partido Comunista Mexicano

Al cumplirse cien años de la fundación del Partido Comunista Mexicano (1919), hoy inexistente, algunos ecos de aquella filosofía y aspiraciones políticas encuentran hoy débil resonancia en algunas expresiones y figuras del partido en el Gobierno: MORENA (Movimiento de Renovación Nacional). Un siglo ha pasado y el comunismo como sistema triunfador en Rusia, luego China y varios más (Cuba aquí en América Latina) se ha derrumbado o ha adquirido una distinta fisonomía. Fue un desastre social y una tragedia totalitaria. ¿Qué podemos o debemos recordar y/o celebrar? Muchas cosas sin duda y no pocas de múltiples ilusiones, afanes, esfuerzos por impulsar sus objetivos igualitarios y redentores. Hubo heroísmos notables y sacrificios encomiables, pero también desilusiones enormes. Fue el PCM por muchos años la organización emblemática de la izquierda mexicana.

Aquí interesa destacar solamente un aspecto que bien puede auxiliarnos en entender mejor qué proceso estamos atravesando en México. ¿Qué significa hoy, qué es la izquierda en México? Conceptos como “izquierda” o “derecha” están muy manoseados y con frecuencia ilustran poco, aunque son útiles para la diatriba y la clasificación del oponente. Pero aún así, veamos una o dos de sus características centrales.

Por decenios, la izquierda condensada en el PCM estuvo condicionada por al menos dos referentes: por la Revolución rusa de 1917 y las ideas de Marx-Lenin y la obligada consecuencia era la defensa de aquella gesta con la búsqueda de hacer lo mismo en el propio país. Por otro lado, el peso y trayectoria de la Revolución mexicana de 1910 que originó una ideología absorbente: el nacionalismo revolucionario que tuvo con el General Lázaro Cárdenas momentos de expresiones populares singulares –reparto agrario, por ejemplo– y momentos de antiimperialismo emblematizada por la expropiación petrolera. Tuvimos, pues, una izquierda geminada, dividida en dos cuerpos existenciales (nacionalismo y antiimperialismo).

Por años la izquierda transitó por esas dos sendas y cuando el socialismo soviético se derrumbó (1989, fecha convencional) los derroteros de lucha quedaron sin brújula pues por decenios el PCM había girado en torno a los dictados de la política exterior de la Unión Soviética, en tanto que otros giraron en torno al maoísmo o al castrismo.

Y esa izquierda se fue diluyendo para reacomodarse a los tiempos de apertura político-electoral en México. El PCM desapareció al ceder su registro a lo que sería luego el Partido de la Revolución Democrática, pero nunca esa izquierda hizo una revisión crítica de su trayectoria política e ideológica, y cómodamente se deslizó por las competencias electorales, conservando, eso sí, una postura antiimperialista, de denuncia, y combate a las políticas norteamericanas y neoliberales de predominio internacional.

Justamente por haberse desparramado en múltiples acciones de partidos competitivos, esa izquierda se desdibujó sin ajustar cuentas incluso con el sistema político y social que por años añoró impulsar en México. La arquitectura de su personalidad política, pues, quedó maltrecha y sin concluir para pervivir en contiendas con el régimen político dominante, el priísta.

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