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Editorial

Gasoductos, de leoninos a propagandísticos

Con la renegociación del costo del transporte de gas de Estados Unidos a México, el presidente Andrés Manuel López Obrador dio un golpe de efecto a favor de su administración de cara a su primer informe de Gobierno, pero generó dudas sobre los costos a largo plazo.

Acompañado por directivos de las empresas con las que renegoció, el presidente lucía feliz en su conferencia de prensa del martes 27 de agosto y hasta demandó aplausos a los periodistas al momento de la foto con la que celebraba el anuncio de un ahorro de 4 mil 500 millones de dólares por la reducción de las tarifas de transporte de gas para la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

El anuncio puso a la polémica iniciada en febrero, cuando el presidente López Obrador los acusó de cobrar “intereses leoninos” y tener beneficios “draconianos”, detonando amagos de controversias judiciales y arbitrajes internacionales. Ayer, las empresas Carso Energy, TransCanadá y IEnova, alcanzaron el acuerdo para modificar las tarifas.

En la retórica presidencial, el acuerdo es “benéfico para la nación”. Pero lo que no se detalló fueron los costos que en las próximas dos décadas pueden tener los acuerdos con Grupo Carso, de Carlos Slim, IEnova y TransCanada, dueñas de cinco de los siete gasoductos con los que el gobierno federal generó en febrero pasado un conflicto que ahora se da por resuelto. El acuerdo que queda pendiente es con la empresa Fermaca.

El gobierno calificó entonces como “leoninos” los contratos en los que se establecieron tarifas con incrementos anuales, independientemente de que por causas ajenas a las empresas no entregaran gas a la CFE.

Ahora, como si se tratara solo de que las empresas decidieran sacrificar sus tarifas, el presidente López Obrador y el director de la CFE, Manuel Bartlett Díaz, hablan hasta de la entrega de ocho mil 200 millones de pies cúbicos de gas, como si el abasto no estuviera garantizado en el anterior esquema.

La renegociación implicó un cambio de la tarifa que se incrementaba año con año a una tarifa promedio anual. Sobre ésta aplicará una reducción de entre 19 y 38 por ciento, en un esquema que se aplicará por empresa.

Pero la ganancia para las firmas está en el plazo, que se incrementó hasta en 10 años, como en el caso del gasoducto Guaymas-El Oro y Sur de Texas-Tuxpan, ambos de IEnova. Es decir, las empresas ganarán menos, pero durante más tiempo.

Habrá que conocer los detalles para saber si al final de cuentas, México se ahorrará los cuatro mil 500 millones de dólares anunciados por López Obrador o con los años terminará pagando más. El ahorro está garantizado para el actual gobierno. No para los próximos.

El acuerdo genera otras dudas y sienta precedente, pues si ya se renegoció una vez, nada asegura que no se vaya a modificar después si alguno de los siguientes gobiernos considera injusto el precio comprometido, tal como lo hizo el gobierno de la llamada 4T. La experiencia podría replicarse en otros sectores.

Aun cuando la renegociación haya sido necesaria, hasta ahora lo que queda claro es que la ganancia inmediata abona a la propaganda gubernamental sin importar lo que venga después.

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