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SOS COSTA GRANDE

 (Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Mientras el caso Rosario Robles eclipsó el notición del triunfo de Alejandro Moreno Cárdenas “Alito”, en la elección interna del PRI, en Guerrero comenzó a tejerse una fuerte tenebra por el relevo en 2021.

Por un lado, el PRI festejaba el “planchadito” relevo en su dirigencia nacional; pero por el otro sufría el derechazo por el encarcelamiento de la ex secretaria de Desarrollo Social, por el caso de la Estafa Maestra.

Por lo tanto, el momento es para hacer una profunda reflexión en un partido minado por tanto escándalo. El reto es precisamente para Alito, gobernador con licencia de Campeche, quien ayer prometió reanimar al partido y levantarlo hasta que vuelva a ganar elecciones.

Y sí, ese es el reto: ganar elecciones. Pero el proceso será largo y tortuoso, sobre todo si el caso Rosario Robles se desboca y alcanza las más altas esferas del poder político priísta, incluyendo al presidente de la República, pues no olvidemos que la Estafa Maestra tiene el grado de “máster en corrupción”, porque no se limita a la ex perredista, sino que es toda una red de corrupción inimaginable, que  no sólo incluye a dependencias federales -12 hasta ahora-, sino a un puñado de universidades públicas y de éstas a diversas empresas fantasmas.

5 mil millones de pesos –más lo que se acumulen-, es tanto dinero que no puede ocultarse. Y para eso está el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera del nuevo régimen, rastreando con lupa el dinero, para lo cual se ha pedido la colaboración de entidades similares en otros países.

De hecho, esa es fácil de hacer, pues en la ruta del dinero está la verdad.

Volviendo al tema, la elección del domingo en que el PRI hizo un fallido intento de democratización –abortado por las élites del poder desde que se anunció, en demérito de la militancia y en general de todo México, porque si se tienen partidos políticos que son las puertas principales de nuestra democracia, viviendo en una democracia simulada, o en una antidemocracia, el daño se traslada a la sociedad en su conjunto. La elección del domingo, decíamos, marcó el inicio de lo que será una muy larga precampaña política en Guerrero que, si bien por ahora parece tenue, se irá dibujando con fuerza rumbo a esa fecha en que se demostrará si la oposición es capaz de conciliar sus intereses tan disímbolos, y si Morena es de superar sus divisiones internas y pelear, ahora sí, el poder local, tanto en el gobierno estatal, como en municipios y distritos.

Esto luego de que en julio de 2018 dejaron pasar una oportunidad de oro, y fueron avergonzados los morenos que presumían que Guerrero era el partido más lópezobradorista del país. Pero resultó un fiasco, porque aunque ganó el presidente, la población optó por el voto diferenciado y terminó favoreciendo al PRD en municipios y distritos, y en segundo lugar al PRI.

Vamos, hasta el PT obtuvo espacios, pese a que se salió de la alianza con Morena, algo que al inicio parecía un suicidio, pero que le sirvió para deslindarse de los líderes del partido guinda, con quienes ahora no quieren ir ni a la esquina y veremos a los petistas aliándose con el proyecto del ex gobernador Aguirre, quien de hecho ya ha estado tejiendo esas alianzas discretamente.

Lo que procede es que el PRI no vea hacia atrás. Que no haga lo de la mujer de Lot, quien volteó para ver la destrucción de Sodoma y Gomorra, y terminó convertida en estatua de sal.

Ante tanto cochinero detrás, Alito tendría que demostrar que en verdad es parte de una nueva generación de políticos y no más de lo mismo, y que es capaz de llevar al partido a ese nuevo estadío.

De lo contrario, si se permite obedecer a sus jefes políticos, sobre todo a quien se dice es el rey de la selva (Ruth Tamayo dixit), el campechano será una golondrina sin verano, y el PRI se convertirá en un partido enano y satélite.

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