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Editorial

Plan Cuauhtémoc

El pasado 5 de marzo Cuauhtémoc Cárdenas publicó un artículo titulado “Petróleo: prioridades” en La Jornada, en el cual ofreció un recuento del desastre en que se encuentra Pemex desde hace años: “Recuperar Petróleos Mexicanos y. el crecimiento de nuestra economía -escribió– tienen, como condición ineludible, poner en marcha una nueva política sobre hidrocarburos.”

         El diagnóstico lo comparto, pero me sorprendieron las propuestas de solución. “Un primer paso, indispensable, es conceder, de manera efectiva, autonomía de gestión y presupuestal a Petróleos Mexicanos.” No podría yo estar más de acuerdo. “Prioritario en este momento -añadió-es frenar la caída de la producción y volver a una tendencia de crecimiento que se sostenga en el largo plazo.”

El ingeniero se refirió a los pozos de la cuenca Tampico-Misantla que se pueden reactivar con nuevas tecnologías “mediante acuerdos” y declaró: “la inversión total para ello no tiene que proceder de Pemex sino de la iniciativa privada”. Mi sorpresa aumenta: “Para trabajar otros campos se debe pensar en asignar recursos de inversión a Pemex o que este se asocie con inversionistas, preferentemente nacionales, para elevar la producción donde sea posible en campos de bajos rendimientos o en aquellos que por falta de inversión no se abren al aprovechamiento.” Sí, asociaciones con inversionistas privados.

         El ingeniero sostiene que deben mantenerse los proyectos para elevar la capacidad de refinación, por razones de seguridad energética y nacional, pero “la construcción de nuevas refinerías debiera empezar cuando se tengan las seguridades de haber frenado la caída de la producción y cuando esta se encuentre en una tendencia de franco crecimiento sostenido”. Sí, diferir las nuevas refinerías. Y en lugar de seguir saqueando Pemex para financiar el gasto gubernamental, Cuauhtémoc propone una “reforma hacendaria. que debe ser el eje de la gran reforma progresista y democrática que el país está demandando”.

         Dar autonomía a Pemex, hacer contratos con empresas privadas (farmouts), concentrar la inversión inmediata en crudo en vez de refinerías y llevar a cabo una reforma fiscal para que el gobierno deje de saquear a Pemex son propuestas razonables. El gobierno de López Obrador, sin embargo, es alérgico a las instituciones autónomas, quiere controlar Pemex desde Palacio, no desea inversión privada en petróleo, busca construir refinerías aunque no haya crudo para alimentarlas y no desea una reforma fiscal.

El pasado 15 de febrero López Obrador anunció un programa de fortalecimiento para Pemex que proponía capitalizar a la empresa con 25 mil millones de pesos y reducir su carga fiscal “por 15 mil millones de pesos anuales acumulativa hasta 90 mil millones de pesos por el sexenio”. También monetizaría “pagarés por concepto de pasivo laboral por 35 mil millones de pesos” y tendría “ingresos” de 32 mil millones de pesos “por el combate al robo de combustible”.

         Los analistas encontraron el plan insuficiente. La empresa tiene una deuda de 104 mil millones, pero no de pesos sino de dólares. Su producción de crudo y gasolina ha venido declinando. Las licitaciones de nuevos proyectos de inversión privada se han suspendido. El patrimonio de la empresa es negativo desde hace años; desde un punto de vista contable está quebrada. Todo esto ha llevado al ingeniero Cárdenas a proponer un plan de rescate que hace de lado la ideología y promueve medidas pragmáticas para sacar adelante la empresa. Hay que escucharlo.

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