(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
La nota roja desalienta la inversión en Acapulco, criticó
ayer el titular de la Secretaría de Turismo, Miguel Torruco Marqués, durante su
visita al puerto para inaugurar un nuevo hotel, que tuvo una inversión de 25
millones de dólares.
Dicho así de simple, el problema de la desaceleración
económica en el puerto, y en cualquier otro destino turístico de México, se
resolvería entonces de una manera muy fácil; esto es, limitando la nota roja en
todos los medios de comunicación, tanto convencionales como digitales, y hasta
en las redes sociales.
Nótese la postura facilona del secretario. No es que los
muertos, secuestros, asaltos y robos, así como la trata de personas se aun
problema. El problema es que se divulguen estas noticias.
Luego entonces, el remedio está en limitarlas y hasta
prohibirlas.
Así, los gorilas de la delincuencia podrán seguir asesinando
gente, secuestrándola, descuartizándola, quemándola viva…podrán seguir
secuestrando mujeres, violándolas, matándolas, etcétera, etcétera, sin que eso
sea realmente el problema a atender. Lo grave es la información de todos estos
hechos que dañan y perjudican a la sociedad.
Como en las peores dictaduras, lo malo y lo feo se puede
echar debajo de la alfombra, mientras solamente se exalta lo bueno, para tener
contento a un gobierno que quiere resolver los problemas heredados, de manera
fácil.
Así vivimos engañados durante decenios en las dictaduras
comunistas. Los de occidente pensábamos que los rusos, los yugoslavos y los de
Alemania Oriental, y todos los países que formaban parte de aquel gran y
fallido experimento político-social y económico llamado Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas (URSS), era mucho mejor de lo que nosotros estábamos
viviendo con el capitalismo. Hasta las universidades públicas le entraron a esa
mentira, exaltando figuras como la de Marx, Lenin, Fidel Castro y la del Ché
Guevara, marcando a toda una generación que creía en la revolución armada como
la vía de cambio para nuestros pueblos, y en el comunismo como la panacea para
la desigualdad social.
A todos ellos –y a nosotros los crédulos- los puso la
historia en su lugar. Sus países son cementerios, y podemos afirmar que Stalin
mató a más rusos con su política de control interno, que los que murieron en
guerras con occidente.
¿Luego entonces qué hacer en el caso de la inseguridad sin
control en México? Enfrentarla y combatirla. Lo demás es demagogia. Basta
reconocer que el problema existe, para avanzar 50 por ciento en ello.
Es una lástima que mientras el presidente de la República,
Andrés Manuel López Obrador, acepte que el país está tan degradado, y sus
instituciones tan infiltradas, que ya no bastaba con llegar al poder y hacer
más de lo mismo –cosa que le sucedió a Enrique Peña Nieto, quien se dedicó a
imitar lo que hicieron los panistas en materia de seguridad-, sino que era
necesario una transformación, comenzando por cambios constitucionales profundos.
Es una lástima, decíamos, que mientras la cabeza del
gobierno federal reconoce que hay un problema que resolver, el secretario de
Turismo se salga por la tangente y responsabilice a los medios de comunicación
por divulgar lo que es una realidad.
Vamos, ni siquiera dijo que sean mentiras lo que se
divulgan, sino sólo que se publican. Es decir, que difundir una verdad, algo
que nos está afectando directamente como sociedad, es el problema y no la
verdad en sí misma.
¿Quién entiende a los políticos? Parece como paridos en otro
planeta. La mente les trabaja de manera distinta, porque en todo quehacer
humano hay una lógica que seguir, pero parece que para los políticos todo es
ilógico.
Ninguna vida vale menos que una millonaria inversión. Las
cifras de homicidios actuales revelan que cada hora mueren 4 mexicanos en este
país, producto de la violencia. Y lo seguiremos divulgando, aunque los
millonarios se lleven sus millones a Andorra. Y de paso, se pueden llevar
también a Torruco.