México suma 2,271 decesos por la COVID-19

CIUDAD DE MÉXICO. Nuestro país acumula 2 mil 271 decesos por COVID-19, con 24 mil 905 casos confirmados acumulados y 6 mil 696 casos activos, es decir los que se produjeron en los últimos 14 días, informó José Luis Alomía Zegarra, director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud federal.

Por casos acumulados, la Ciudad de México permanece a la cabeza, con 6 mil 785; seguido del Estado de México, con 4 mil 202; Baja California con mil 808; Tabasco, con 1747; y Sinaloa, con 1161.

Mientras Colima tiene 30 casos, Durango 80; y Zacatecas con 111.

Alomía Zegarra detalló que en sólo 24 horas, los casos confirmados aumentaron en mil 434, una tasa de incremento del 6.1 por ciento.

En los últimos 14 días, el país posee 6 mil 696 casos activos.

Por casos activos, la capital del país acumula mil 801; El Estado de México, mil 031; Tabasco, 325; Veracruz, 298; Yucatán, 254; y Sinaloa, 245.

Sobre la ocupación y disponibilidad hospitalaria, la Red IRAG arrojó que el 31 por ciento, o 6 mil 222, de las camas disponibles para pacientes con COVID-19 han sido ocupadas.

Nuevamente, la Ciudad de México presenta la mayor ocupación de camas para pacientes con COVId-19, con el 69 por ciento; Baja California es El Segundo lugar, con el 63 por ciento; El estado de México, con el 32; Sinaloa, con el 40 y Quintana Roo, con el 39 por ciento.

Hasta el 3 de mayo, 634 unidades médicas han reportado sus datos de ocupación en el país.

Sobre las camas con ventilador, la Ciudad de México presenta una ocupación del 61 por ciento; Sinaloa, con el 58 por ciento; Baja California, con el 48; Estado de México, con el 44; Tlaxcala y Quintana Roo, con el 29 por ciento.

Personal médico del IMSS llega a hospedarse a Los Pinos

Agencias

CIUDAD DE MÉXICO. El primer grupo de personal médico del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) que atiende pacientes con la COVID-19, llegó al Complejo Cultural Los Pinos para hospedarse durante la fase más critica de la contingencia sanitaria.

Cuatro enfermeras del Centro Nacional de la Raza y el Hospital Zona 27 en Tlatelolco, fueron las primeras en arribar  con maletas de ropa y otros enseres personales, al lugar que fue habilitado para fungir como hotel durante la pandemia.

El personal médico señaló que respondieron a la convocatoria con el fin de proporcionar seguridad sanitaria a sus familias y tener un lugar seguro a donde llegar después de su jornada laboral.

“Que bueno que se le dé un uso útil a estos inmuebles que, finalmente, son del pueblo de México y que en estos momentos se están aprovechando”, señaló a medios Carolina Gutiérrez, enfermera del Hospital de Tlatelolco.

“Sobre todo eso, la familia, el poder estar en un lugar más tranquilo, más seguro, y un poco alejados de la cuestión de la población general. También para la misma salud mental”, dijo.

Se espera que en el trascurso del día Los Pinos reciba a 58 profesionales de la salud provenientes principalmente del Centro Médico Nacional La Raza, del Centro Médico Nacional Siglo XXI y del Hospital General del Zona de Tlatelolco.

Este lunes Zoé Robledo, director general del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), informó que el Complejo Cultural Los Pinos hospedará a personal de salud durante la emergencia sanitaria por coronavirus.

Robledo dijo que, con el apoyo de la Secretaría de Cultura, se consiguió la habilitación de la ex residencia presidencial como un centro de descanso y estadía que permitirá a las médicas, médicos, enfermeras y enfermeros acortar traslados y tener mayor descanso.

Escuelas de futbol, impacientes por reanudar actividades

ATOYAC. Alumnos de escuelas de futbol esperan que se reanuden las actividades deportivas en el municipio.

Como se recordará, los inscritos en escuelas de futbol han participado en torneos regular de ligas y de convivencias con la finalidad de promover la actividad futbolistican en donde los pupilos interactúan con otros alumnos compartiendo deportivamente.

Actualmente permanecen en espera de la autorización de las autoridades de los tres órdenes de gobierno de salud para la reapertura de los espacios deportivos.

Al igual se encuentran pequeños de otros municipios vecinos al municipio como San Jerónimo y Tecpan.

JORGE REYNADA GALEANA

EDITORIAL

El modito

En teoría cualquier persona razonablemente decente tendría que estar de acuerdo con el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador. En teoría, insisto. ¿Quién podría estar en contra de un soberano obsesionado por combatir la corrupción, quitar el boato a los usos y costumbres de los políticos y el gasto suntuario a los funcionarios, rendir cuentas durante dos horas al día, eliminar los chayotes de la prensa, quitar prebendas fiscales a las grandes empresas abusadoras, mejorar o intentar mejorar el poder adquisitivo de los pobres? ¿Cómo no coincidir con las premisas de un Gobierno que intenta hacer un cambio a favor de la justicia social sin nacionalizar empresas privadas, sin endeudar las finanzas públicas, sin engrosar el gasto público y las filas de la burocracia, sin desestabilizar a la sociedad en su conjunto?

Son banderas en las que casi todos los mexicanos coincidirían y, sin embargo, muchos están en desacuerdo y no son pocos los que dicen arrepentirse de haber votado por él.

Se entendería, desde luego, si López Obrador se hubiese comprometido a luchar por estos objetivos y luego los hubiese abandonado, pero no es el caso. Por el contrario, se le puede acusar de muchas cosas pero no de haber traicionado sus obsesiones.

¿Por qué entonces el Presidente produce verdadera urticaria en tantos ciudadanos que no necesariamente estarían en contra de un gobierno que busca una sociedad más justa, honesta y equilibrada?

Permítaseme un paréntesis antes de continuar: no hablo de los que ideológicamente siempre han estado en contra de sus posiciones; aquellos que creían que México iba bien, salvo algunas taras que desaparecerían con el tiempo cuando ingresáramos al primer mundo, incapaces de ver que en el modelo que seguíamos no cabía la mitad inferior de México y que la situación para los de abajo se había hecho insostenible. Hablo de los que entendían que el país necesitaba un cambio urgente, pero ahora no están de acuerdo con la manera en que se está llevando a cabo.

Y no obstante, es un cambio que está en marcha. ¿Dónde se descompuso el engrudo?

Entiendo que hay decisiones polémicas de parte de López Obrador, desde la clausura de un aeropuerto en construcción hasta la rifa forzada de un avión sin avión, la construcción de una refinería a contrapelo de lo que dicen los especialistas y un largo etcétera. Pero cualquiera de esas medidas palidece frente a la corrupción sistemática de administraciones anteriores, el gasto suntuario, la compra de refinerías chatarra, los abusos faraónicos de los gobernadores, el desvío de fondos de salud y un largo ,y ese sí, infame etcétera. Y sin embargo a Peña Nieto en el mejor de los casos se le desprecia, a López Obrador se le odia. ¿Por qué? ¿Porque está transfiriendo masivamente recursos a los pobres? ¿Porque está combatiendo a la corrupción? No, lo execran por el modito, para decirlo en sus propios términos. Es su estilo, sus desplantes verbales, sus provocaciones, ocurrencias y acusaciones lo que verdaderamente les produce ronchas.

ESTRICTAMENTE PERSONAL

Malas noticias

Raymundo Riva Palacio

La aprobación del presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo un repunte de ocho puntos en un solo mes. Fue un gran respiro mañanero este lunes cuando se enteró de la encuesta de El Financiero, que debió caerle como bálsamo, ante los humores en Palacio Nacional que parecen oscilar –por sus arrebatos públicos-, entre la atribulación, la cólera y la vendetta. Sesenta y ocho por ciento de apoyo es un gran dato para estos tiempos de crisis, en buena medida, se puede inferir, porque el 53% aprueba como ha manejado la crisis del coronavirus. El miedo y la esperanza de una sociedad que se debate entre el miedo y la incredulidad que el Covid-19 sea real, deben ayudar ese alto nivel de aprobación, alimentada por la propaganda permanente que lanzan sobre la sociedad.

Esa es la buena noticia, como apunta Alejandro Moreno, jefe del Departamento de Encuestas de El Financiero. La mala es el malestar económico que se acentúa y las perspectivas que se han vuelto pesimistas. El 55% de los encuestados reprueba el manejo de la economía, que ya superó ampliamente a la seguridad como el principal tema de preocupación, hoy únicamente rebasados por el coronavirus, que llena el cuerpo de ansiedades e incertidumbres. La encuesta, con su carga de malos presagios económicos, navegó acompañada este lunes. 

Ayer fue uno de esos días ominosos para el futuro inmediato. El Banco de México dio a conocer las expectativas de los especialistas del sector privado, donde el estimado de contracción en el crecimiento para este año cayó 100% a lo calculado hace 30 días, y se situó en 7.10%. En paralelo, el INEGI dio a conocer los indicadores de Confianza Empresarial, tampoco nada alentadores. La confianza anualizada en el sector de las manufacturas y del comercio se redujeron 15.2 puntos, y en el de la construcción 11.5 puntos. Estos datos son el principio de la carretera hacia el despeñadero económico, al estar reflejando apenas los primeros momentos de la crisis interna y global que nos arrastrará.

El primer impacto ya se resintió, de acuerdo con la misma encuesta. En marzo, a la pregunta si tenían un familiar que hubiera perdido su empleo o su fuente de ingreso, respondió positivamente el 11%. En abril, esa misma pregunta triplica la respuesta positiva a 32%. Se resienten los primeros embates en aquellos negocios que menos posibilidades tenían para resistir la primera ola negativa de la economía. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha empezado a repartir créditos de 25 mil pesos, lo que serán un paliativo que quizás puedan dar oxígeno por algunas semanas a microempresas, que se quedarán pronto sin dinero y con una deuda que paga intereses de 6%. 

López Obrador cree que las grandes empresas van a absorber la carga para mantener funcionando la economía, pero está equivocado. Al inhibirlas, con la Magnum 357 que carga todas las mañanas para impedir ajustes en sus nóminas y costos de operación –para sacrificar los menos y salvar los más-, lo que está haciendo es irlas deshidratando hasta que definitivamente tengan que tomar medidas extremas, antes de quebrar. Lo que es natural, cómo van a poder seguir operando si las actividades económicas en México y en el mundo están paradas, el presidente no lo comprende. Cree que el grueso de sus ingresos –los que tenían-, iban directo a los bolsillos de los dueños –tampoco entiende muy bien eso de los miles de accionistas a los que los principales accionistas tienen que rendir cuentas todo el tiempo-, y no se utilizaban para reinvertir y seguir creciendo. 

La deshidratación, porque no hay programa de estímulos que les permitan un puente para brincar la crisis doble sanitaria y económica, está acabando también con corporaciones, incluso multinacionales. Una de las grandes empresas de México tiene recursos para resistir, cuando más, a mediados de junio, pues de no reactivarse las actividades este mes, como dice López Obrador que sucederá a fines de mayo, tendrá que despedir a miles de empleados. Hay otros casos que ejemplifican la dimensión del problema.

Cemex está apalancada seis veces su Ebitda –utilidades antes de restar intereses, impuestos y amortizaciones-, y prácticamente toda su deuda está contratada en moneda extranjera. Alsea está apalancada 4.1 veces, con una deuda de 29 mil millones de pesos y vencimientos de 800 millones en mayo, sin contar que sus ventas en Europa, por el coronavirus, cayeron 94%. Los escenarios para las empresas son muy complicados, y no han encontrado ningún tipo de receptividad en el presidente, sino al contrario, hay crecientes fricciones porque le molesta que exploren vías de sobrevivencia sin su autorización. 

Al presidente sólo le interesa la expansión de los programas sociales –una palanca clientelar importante-, que buscan colocar un piso en la pérdida de ingresos de los que menos tienen, pero que necesitarán recursos adicionales para mantenerse. Pero como ya lo han explicado los expertos en los periódicos especializados, no habrá impuestos que pagar cuando desaparezcan salarios y empresas. Tampoco hay márgenes para seguir achicando al gobierno y apretándose el cinturón como cree López Obrador que es una de las soluciones. Si sigue queriendo sacar dinero de donde ya no hay, terminará ahorcando a la administración pública.

Ya se huelen problemas delante, como lo muestra la encuesta de El Financiero,  donde el 69% está a favor que se suspenda la obra del aeropuerto en Santa Lucía, el 60% la del Tren Maya, y el 66% la de la refinería de Dos Bocas. Esto no va a suceder. Las evidencias del rumbo al despeñadero no son tomadas en cuenta por López Obrador, aunque en el pasado ha modificado posturas rígidas cuando se siente ahogado. Pero hoy ya está ahogándose y no ha cambiado. Tampoco se ha dado cuenta. Igual que la sociedad, que sigue separándolo de su gestión como presidente.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

twitter: @rivapa

SOS COSTA GRANDE

(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)

Para quienes nos vamos con la finta de que solamente los casos de Covid-19 que nos informan cada tarde son los que existen, pues habría que recordar que el subregistro de hasta 10 o 12 casos positivos que no han llegado a las estadísticas nacionales.

En este tenor, el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, tuvo que reconocer que en realidad, en México podría haber 104 mil 562 personas que han presentado casos leves de Covid 19 y que no han sido notificados en alguno de los sistemas de monitoreo con los que cuenta la dependencia.

¿Qué tal?

Estos 104 mil 562 casos son adicionales a los 23 mil 471 casos confirmados acumulados que fueron sometidos a pruebas de laboratorio hasta este domingo 3 de mayo.

Gatell nunca mintió. Siempre dejó en claro que el gobierno estaba basándose en un programa epidemiológico denominado “Centinela”, que sólo va tomando en cuenta los casos que llegan a consulta.

En lo personal, siempre consideré que los números del “Centinela” del gobierno (según los expertos) eran insostenibles desde el principio. Pero no creí que terminarían matando “su método”.

Inútil, absolutamente inútil resulta estar al pendiente de la conferencia de las 7:00 de la noche, si el gobierno nos va a negar el instrumento fundamental, que tanto en países europeos, como Canadá e incluso las universidades en EEUU sí dan: Una medición transparente y sólida (matemáticamente) de la epidemia del Covid-19.

No sabemos efectivamente cuál es el número real de contagios en el país -no el número que se nos pide asumir por fe religiosa en lo que dice el gobierno-, el que surge de la metodología científica como dato confiable, pues para empezar no cuentan con un método de muestreo claro.

No sabremos la verdad, por ejemplo, del momento en que “estemos en la fase de crecimiento vertical”, que nos dicen es esta semana. Que nos digan la verdad, no la que los políticos nos quieran decir.

¿Cuántos casos podría haber en México realmente?

¿Acaso Donald Trump sabe más que nosotros, y por eso dijo ayer que México estaba en serios aprietos por la pandemia de Covid-19? ¿A quién creerle?

Insistimos que merecemos saber la verdad. Que no nos tutelen. Que no nos decidan por nosotros, que nos hablen con la verdad.

Siempre ha parecido sospechoso que mientras en otras partes del mundo los casos se desataron, al grado de colapsar el sistema de salud de países tan poderosos como Estados Unidos e Inglaterra (salvo Alemania, que parece que es el que mejor ha manejado la crisis), en México estemos en la calma chicha, y que se nos diga que todo ha sido por el adecuado manejo de la pandemia, mandándonos a la cuarentena hasta con 2 semanas de anticipación en cada fase.

No es que la pandemia se haya detenido. Simplemente, los casos no están siendo registrados en ninguna parte. Así de sencillo.

Entonces, en ese contexto todos estamos bajo un riesgo constante y permanente. Y de ahí la insistencia de las autoridades para que todos tomemos las debidas precauciones.

Al contrario, los ciudadanos -siendo que son tan quejumbrosos- se llenan la boca diciendo que no creen en el Covid-19, que es mentira, que es una puesta en escena. Cuando enferman, y por desgracia llegan a morir, entonces su familia niega que hayan sido víctimas de la epidemia, y hasta amenazan a los médicos, como sucedió recientemente en Ecatepec, Estado de México, a donde llegó enfermo un ex presidiario, que fue liberado de manera anticipada para que no enfermera de Covid en la prisión.

Pues resulta que ese joven se puso una guarapeta en un fiestón marca llorarás, donde estuvieron sus familiares, los mismos que luego se metieron al anfiteatro del hospital donde murió, para reclamar su cuerpo y acusar a los médicos de haberlo matado.

Así nos las gastamos los mexicanos.

Esta es la semana de mayor riesgo, según el gobierno. Cada quien que decida si se protege, o le juega al valiente.

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