(Misael Tamayo Hernández, in memóriam)
Caso ejemplar el de Emilio Lozoya, ex director de Pemex,
sobre quien pesa una fuerte acusación por desfalcos comprobados a la
paraestatal, coludido con un empresario metalúrgico y otros, usando la fraudulenta
compra de una empresa productora de fertilizante, a un precio 100 veces
superior a su valor.
Decimos que es ejemplar, porque Lozoya pensó que estaba
blindado por el caso Odebretch, empresa que además ya fue vetada para operar en
México, pero le salió el tiro por la culata, y bastó una investigación acerca
de la compra de Fertinal, a Altos Hornos de México, en un esquema de 3 bandas
para robar a la empresa paraestatal, para que la Secretaría de la Función
Pública primero lo inhabilitara para ocupar cargos públicos. Luego, Hacienda le
congeló sus cuentas bancarias, así como las de su esposa, y este martes un juez
federal liberó orden de aprehensión en su contra, por lo que es cuestión de
días para que sea detenido.
Su cómplice, Alfonso Encira Elizondo, ya fue detenido ayer
en España, para que responda por este desfalco.
Según el presidente Andrés Manuel López Obrador, tan sabían
los implicados de las irregularidades, que el 31 de marzo de 2016 el Comité de
Información de Pemex reservó por seis años toda la información relativa a la
transacción.
Pero al cambio de gobierno el caso fue necesariamente
revisado y derivó en una demanda penal en contra de Lozoya y sus cómplices.
Así, el que fue el principal operador de la campaña de Enrique Peña Nieto en 2012,
y para lo cual recibió varios millones de dólares de Odebretch, a cambio de
contratos en Pemex, quedó automáticamente a manos de la justicia mexicana, sin
importar que en el gobierno anterior se le blindó para no ser perseguido por el
caso de la empresa brasileña, una de las más grandes corruptoras de políticos
de Latinoamérica, y por investigaciones varios ex presidentes han ido a la
cárcel o enfrentan procesos penales en sus países, e incluso uno de ellos se
suicidó.
Pero pese a esa estela de denuncias, en México no pasaba
nada, hasta que llegó Morena al poder y comenzó el desmantelamiento del viejo y
corrupto régimen de gobierno, que como se observa en el caso de Lozoya, no sólo
involucra a la clase política, sino también a la clase empresarial y bancaria.
El presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó el 7 de
marzo que existía una denuncia presentada ante la FGR por la compra de esta
planta (Fertilizantes Nacionales-Fertinal) que, afirmó, “estaba en desuso y
abandonada”.
“Se compra la planta (que) valía, cuando mucho 50 millones
de dólares y la compraron en 500 millones de dólares”, aseguró el mandatario en
su conferencia de prensa.
“Nosotros no podemos recibir esto sin que se haga una
investigación, porque si nos quedamos callados, si no actuamos, estaríamos
siendo encubridores”, agregó.
La cantidad que dio el presidente es sólo para efectos de
ejemplificación. El asunto lo describe Proceso de la siguiente manera: “A
través de un fideicomiso abierto en Banco Azteca, propiedad de Ricardo Salinas
Pliego, los accionistas de Fertinal, encabezados por el empresario Fabio
Massimo Covarrubias Piffer vendieron a Pemex su empresa por 203.4 millones de
dólares, cuando en realidad valía 15 millones; es decir, menos de una décima
parte.
“Dos: Pemex compró la empresa aun cuando ésta tenía una
deuda de 425.8 millones de dólares, de los cuales 406 millones eran créditos
contratados con Banco Azteca y Arrendadora Internacional Azteca (AIA), ambas de
Salinas Pliego. Según el proyecto, Pemex deberá reembolsar ese monto durante
los próximos 16 años mediante dos créditos: uno de ellos celebrado con Nacional
Financiera (Nafin), Bancomext y… el propio Banco Azteca, por 360 millones de
dólares.
“Tres: El 25 de septiembre de 2015, unas semanas antes de la
transacción y mientras Grupo Fertinal estaba sujeto a auditorías para cumplir
con el proceso de due diligence, los accionistas se otorgaron a sí mismos un
dividendo por 871 millones 500 mil pesos –poco más de 51 millones de dólares–,
que Pemex pagó el día que compró la empresa”.
¿Qué tal?
En realidad, Fertinal era una empresa paraestatal, mediante
la cual se proveía de fertilizante al campo mexicano. La empresa se vendió en
el marco del proceso de privatizaciones de Salinas, pero sólo para dejarla
morir. Actualmente, México importa los abonos que se necesitan para hacer
producir el campo, y aunque Pemex volvió a comprar la planta, está
inhabilitada. Aquello sólo fue una manera de lavar dinero.